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Mensaje por Colin Diamond el Dom Ene 02, 2011 9:59 pm

I. Advenimiento
“Si no esperas lo inesperado no lo reconocerás cuando llegue.” Heráclito de Efeso
Italia
Julio, verano de 1802
Castillo Sant'Angelo en Roma:
________________________________________________________________________

E
l enorme cielo nocturno se vistió de negro para recibir al príncipe de la milicia celestial; los seres terrestres observaban los indicios de la tormenta más fuerte que habría ese verano. Donde fuera que empezara, los agricultores temían por sus cosechas, los ganaderos por sus animales, los ricos por sus propiedades y los vagabundos buscaban refugio en las iglesias; todos la esperaban, si no por los rayos, sí por el instinto que adivinaba que algo pasaría.

El día coincidió casualmente con un tenebroso eclipse lunar; la gran esfera que suele verse blanca, se tornó color sangre. No faltó quien pensara que se acercaba el juicio final para diversión de los ángeles que sabían que era lo que en realidad se avecinaba.

Ante tal espectáculo, Colin Diamond se arrepentía de haber dado el sí que causaba tanta euforia. No tenía nada que perder; se le había ofrecido perdonar sus pecados y darle un lugar en el paraíso, parecía un buen trato para alguien a quien no le queda cosa alguna en la vida. Lo que no sabía el hombre era que de no haberlo aceptado los hermanos del arcángel lo habrían tratado de convencer de otras formas más drásticas, como una avanzada y dolorosa cirrosis.

Miguel en lugar de entrar al cuerpo de inmediato, se tomó varios minutos para despedirse de su padre; aunque podía entrar y salir del hogar cuantas veces quisiera, su misión actual lo obligaba a permanecer más tiempo en la tierra del que deseaba. Sospechaba que era un pretexto de Dios para orillarlo a conocer más a las criaturas terrícolas que tan indiferentes le eran, después de todo él era un arcángel estratega y guerrero, no una niñera. Podrían haber mandado a miles antes que a él para un propósito tan simple.

Si bien era cierto que unos cuantos demonios habían escapado del infierno, no se estaba acabando el mundo, ¿o sí? Obedeció la orden como siempre sin hacer preguntas pero se encontraba enfadado y era demasiado notorio. Se sentía rebajado pero su amor a Dios siempre sería mayor que el enojo.

El condado de Laois en Irlanda se iluminó con una luz cegadora que asustó a sus habitantes, en segundos el jefe de los ejércitos ya gozaba de una complexión mortal. No tenía idea de por donde empezar; hacerle una visita a Pío VII y pedirle que asesinara a Napoleón, que era uno de los problemas principales en esos momentos, causaría estragos en el rumbo del destino el cual se le prohibía modificar.

Igual eligió Italia. Desapareció de la isla, antes de que algún curioso pudiera investigar, para aparecer en la cima del castillo de Sant'Angelo, lugar en que fue visto en el 590 por Gregorio I. En esa ocasión anunciaba el fin de una peste y ahora parado junto a su estatua, para aquel que lo pudiera ver y comprendiera el significado, revelaba que se acercaba la consumación de otra calamidad puesto que mientras permaneciera en la tierra no permitiría que nada se saliera del rumbo designado por su padre.

Se manifestó después en el puente homónimo adornado con estatuas de ángeles e inició una caminata por el mismo con dirección a la Capilla Sixtina, sin poder evitar que sus ojos se posaran sobre ese interesante escenario pero sin bajar jamás la guardia.

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Mensaje por Gabriel el Dom Ene 02, 2011 11:16 pm

Un nuevo mundo me daba la bienvenida entre sus cálidos brazos: ¡El infierno se extendía ante mis ojos! ¿Cómo habíamos dejado que ocurriese tal cosa?; Un mundo necesitado, empobrecido y corrompido por almas perdidas, avariciosa y extremadamente egoístas, me azotó lacerándome en lo más profundo de mi Ser; rezad por ellos para que se arrepientan a tiempo, de otro modo, serán condenados a un sinfín de calamidades, ya que sólo los puros de corazón verán al Padre, en su Majestuosidad, solo ellos disfrutarán de la vida Eterna.

Hacía demasiado tiempo que no me dejaba ver por la tierra, desde la última orden de prioridad…aunque ahora mi cometido era otro, ahora sobre nuestros hombros recaía una misión cardinal: restablecer el orden en el mundo y devolver a los demonios al Tártaro, como Padre nos ordenó.

Nunca antes había poseído cuerpo extraño, pero el buen Angelo me recibió con el corazón abierto y arrodillado ante el altar (bendito sea) y así todo me resultó más fácil. Su cuerpo era perfecto para mi espíritu, no me rechazó en ningún momento, pues él había sido elegido entre los creyentes para acogerme.

Sus ojos se abrieron perezosamente, y supe que había vuelto. La luz que traspasaba tímidamente por el Vitral del monasterio me colmó de Paz, creí sentir que alguien invisible acariciaba mis cabellos, Padre… susurré para mí, ni siquiera moví los labios, aún no me había hecho al recipiente, y me asustaba que pudiera estropearlo todo. Me pasé las manos por el rostro, me quedé así largas horas con los ojos llorosos. Me incorporé apoyándome en el altar, al alzar la vista encontré al hijo del Padre crucificado, nunca entendí ese afán por el dolor, definitivamente no lograba entender lo que me rodeaba. Me di media vuelta y salí del monasterio, llevaba el oscuro hábito de Angelo, no me incomodó de forma alguna. No quería perder más tiempo. No sabía cuánto tiempo nos llevaría concluir el mandato, pero pondría todo mi empeño para que mi estancia en la tierra fuese lo más breve posible, necesitaba contarle al Padre lo que había visto al surcar los cielos.

Caminé por las calles con premura, sin que se me escapase el mínimo detalle, ciertamente la creación seguía latente en Roma, todo era esplendor y alardes de grandeza por los sucesivos pontífices ¿No se dan cuenta que eso no es lo que quiere mi Dios? ¿Y luego se atrevían a hablar y a sentenciar por su boca? Cerré los ojos, furioso, el suelo vibró bajo mis pies, tuve que llevarme las manos a la cabeza para no desbordarme, sentía demasiado, sufría demasiado, al pasar por un callejón descuidado no pude sino lamentarme de la pena, me arrodillé ante un grupo de familias que se repartían las sobras de un festín, fue el colmo saber que esas sobras fueron arrojadas al suelo, para estas pobres gentes, ¿así se sentían mejor? ¿Eso les hacía dormir plácidamente en sus mullidas camas? Uno de los niños se me quedó mirando y me ofreció la mitad que sostenía en sus manos, me sorprendí a mi mismo cuando de mis ojos se derramó algo, me llevé la mano a la mejilla estremecido. Negué con la cabeza, incapaz de decir nada. Cuán inmenso era el contraste en una Roma podrida por el ansia de poder y riquezas. Les di lo que tenía en los bolsillos, prometiéndoles con el poder de la mente que serían recompensados. Aquellas familias no dieron crédito, lo mejor era marcharse.

Corrí hacia la Basílica de San Pedro, crucé a toda prisa los brazos del ejemplar Bernini, allí pude sentir con suma fuerza la presencia de mi querido hermano. “Miguel” le llamé. Como pude me abrí paso por la Basílica, hasta entrar en la Capilla Sixtina. Le vi con un chocante cuerpo. “Qué cambiado te veo, hermano.” Hice el amago de sonreír, pero era demasiado pronto, no sabía cómo hacerlo.
Alcé la cabeza hacía el techo de aquella Capilla, lucía un fresco de lo más sobrecogedor. Los mortales tenían una idea de lo celestial bastante sugestiva.
“Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni… ha estado tan cerca de la divinidad” pensé recogido entre tanto color y soltura.
Volví la cabeza hacia mi hermano. “Siempre preparado ¿no es así?”

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Mensaje por Colin Diamond el Lun Ene 03, 2011 2:18 am

La capilla no era tan ostentosa por fuera como muchos otros edificios de Roma; por un instante el arcángel creyó que el panorama interno sería semejante; pero no, las paredes estaban llenos de frescos grotescos. “Patético”.

Todo estaba demasiado colorido y sobrecargado para su gusto por lo que no fue extraño que la pintura de dos hombres apenas rozando sus dedos llamara su atención por ser lo más sobrio. Era tan insignificante el concepto humano sobre Dios. La boveda le causó una sensación que no reconocía bien pero provocaba sufrimiento, ¿celos?, ¿envidia? Llevaba unos minutos en ese mundo y ya quería regresar para quitarse esa emoción. Trató de distraerse observando a otro lado; no pensaba pecar en su primer día. Levantó la mano para quitar la cascada rojiza que le estorbaba en el rostro, le costaba adaptarse a tanto cabello.

Estaba muy claro que trataron tontamente de representar la creación y el juicio final. No estaba familiarizado con muchas cosas pero con siglos escuchando los rezos, pensamientos y los deseos más internos de esos seres imperfectos era difícil parecer un retrasado en su presencia. De pronto percibió que no estaba solo.

Antes de que entrara, ya sabía que se acercaba un semejante, uno muy poderoso al que conocía demasiado bien.. “Miguel” escuchó el llamado de su hermano y volteó de inmediato; con pocos entes tenía ese tipo de gestos; su preferencia por Luzbel, Gabriel e incluso Rafael, no era un secreto para los demás aunque ellos tres lo llegaran a dudar por su trato serio. “Qué cambiado te veo, hermano.”

No contestó a ello. Por mero reflejo arqueó una ceja; de por si se sentía lleno de defectos en ese cuerpo. “Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni… ha estado tan cerca de la divinidad” Miguel de nuevo observó el fresco, las caras de esos ángeles se inclinaban más a lo subnormal que a lo celestial; asintió suavemente con la cabeza. “Siempre preparado ¿no es así?” le lastimaba saber que ahora era su turno de romper el silencio con esa voz mortal tan despreciable que en cambio sonaba melodiosa para los humanos. Podría haberle contestado mentalmente pero debía acostumbrarse.

-“Entonces el Señor hizo que cayera del cielo una lluvia de fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra. Así destruyó a esas ciudades y a todos sus habitantes, junto con toda la llanura y la vegetación del suelo” – Recitó de memoria el Génesis; posteriormente continuó con su firmeza característica – Redujo a cenizas todo por menos que esto. A propósito, tampoco te ves mal.

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Mensaje por Gabriel el Mar Ene 04, 2011 1:53 am

Aún estaba acostumbrarme a la humanidad del cuerpo que me daba la vida. Creí ver todo lo que me rodeaba a través de unos ojos perecederos, que se abrían una y otra vez, con la pretensión de captar el colorido y la luz de la estancia. Vi insuficiente la capacidad que estos tenían, pero no seré yo quien juzgue la creación de mi Padre ¡Jamás!
-
“Entonces el Señor hizo que cayera del cielo una lluvia de fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra.- Asentí tranquilamente ante los versículos perfectamente recitados de sus labios, palabras que para mí lo eran todo. -Así destruyó a esas ciudades y a todos sus habitantes, junto con toda la llanura y la vegetación del suelo” Miré a mi hermano con un gesto neutro. Era chocante escuchar su nueva voz, eché de menos mi hogar, pero ¿qué iba a hacer? Mi voluntad estaba sometida, y así debía ser.
Redujo a cenizas todo por menos que esto.- Nunca debieron subestimar el poder de Dios.
- A propósito, tampoco te ves mal.
Agaché la cabeza observando mis manos y los zapatos que tan gastados llevaba. No supe qué decir, me vi poco original. –“El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus obras.”- Le contesté a propósito de lo anterior, me quedé sorprendido al escucharme; después sentí que unos pasos firmes se aproximaban a nosotros. Me giré con tranquilidad, para saber a qué se debía la ofuscación que creí percibir.

-¿Qué estáis haciendo aquí?- preguntó iracundo uno de los sacerdotes de la basílica, escrutó a mi hermano con desdén. Alcé la mano para calmar su espíritu, con quién se habría pensado que estaba tratando.
-“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.”- Aquel hombre se quedó boquiabierto.
- ¿Angelo Longoni?- Asentí obediente. Le miré gravemente, quería que se marchara, su presencia me era… ¿cómo expresarlo? Me incomodaba de forma alguna, y como esperé se alejó de allí, sin lograr entender porqué lo hacía. Quería estar a solas con mi hermano.

-No podemos tolerar este trato tan soez en lo que dicen que es la casa de Dios en la tierra.- Puse una mueca de disgusto, llevándome las manos a la espalda. -Arrogantes de corazón.- suspiré pesarosamente. – Si tuviera tiempo no dudaría en darles una lección…Pero no es para eso por lo que hemos venido.- Miré fugazmente el fresco. –No debemos perder un segundo más… ¿Por dónde deberíamos empezar?- quizá mi hermano tuviera las respuestas.

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Mensaje por Colin Diamond el Mar Ene 04, 2011 6:15 am

Notó que como a él, su voz también era molesta para su hermano, muchas peripecias tenían juntos como para no darse cuenta de esos detalles. –“El Señor es justo en todos sus caminos y bondadoso en todas sus obras.”- No pudo evitar volver a arquear una ceja, Gabriel era tan distinto a Luzbel e incluso a otros ángeles. “Tiene razón” pensó pero no se lo dijo, no había necesidad de hacerlo.

-¿Qué estáis haciendo aquí?- Resonó como los gritos del averno en toda la capilla aquella pregunta; el eco era impresionante. “Que molesto” se dijo para sí, le enojaba ser interrumpido. En otra circunstancia no le habría enfadado tanto pero se trataba de uno de los supuestos representantes de su padre; ahora sabía en carne propia lo que había sentido Cristo cuando tuvo que expulsar del templo a quienes ofendían la casa de su padre.

Gabriel tranquilizóal hombre y se alegró de ello porque si él no hubiera estado a su lado habría cometido una locura, no lograba acostumbrarse a tantas emociones encontradas. Se limitó a fulminarlo con la mirada, una tan helada que podría haberlo transformado en una estatua de sal, pero en ese cuerpo humano su poder era tenue.

-No podemos tolerar este trato tan soez en lo que dicen que es la casa de Dios en la tierra.- “Por supuesto que no”, no lograba calmarse.

-“No hay árbol bueno que pueda dar fruto malo, ni árbol malo que pueda dar fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto.”- Y si no se equivocaba estaban allí porque casi todos los árboles eran malos; su solución propuesta habría sido sacarlos de raíz pero él no era nadie para tomar esa decisión.

-Arrogantes de corazón.- él casi dudaba que tuvieran corazón –. Si tuviera tiempo no dudaría en darles una lección…Pero no es para eso por lo que hemos venido.- “Podemos hacer espacio...” pensó para enseguida sentirse culpable.

Sus razones eran muchas; cualquier alma afligida que necesitara consuelo debía acudir al Señor, pero si los templos permanecían con las puertas cerradas ¿Cómo lo podían hacer? Lugares como los burdeles y tabernas, toda la noche recibían clientela pero la morada de su padre estaba clausurada cuando los espíritus infames podían persuadir más fácil a los inocentes. “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

–No debemos perder un segundo más… ¿Por dónde deberíamos empezar?-
Le sorprendió la pregunta, él mismo no tenía idea, como podía responderle a su hermano qué deberían de hacer sin temor a errar.

- “El que entre ustedes quiera ser grande, deberá servir a los demás; y el que entre ustedes quiera ser el primero, deberá ser su esclavo. Porque, del mismo modo el hijo del hombre no vino para que le sirvan sino para servir.”- ¿estaba equivocado? – Creo que debemos ayudar Gabriel, eso es todo. Si hay suficientes justos, bastará para que el mundo se salve.

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default Re: Venit ad terram [Libre]

Mensaje por Gabriel el Dom Ene 09, 2011 8:51 pm

Y esperé con el aguardo de escuchar algo que me sacase de dudas.- “El que entre ustedes quiera ser grande, deberá servir a los demás;- así es…- y el que entre ustedes quiera ser el primero, deberá ser su esclavo. Porque, del mismo modo el hijo del hombre no vino para que le sirvan sino para servir.”- Parpadeé rápidamente, servir, esa palabra zumbó en mi cabeza. – Creo que debemos ayudar Gabriel, eso es todo. Si hay suficientes justos, bastará para que el mundo se salve.- Tenía razón. Y entre estos muros poco podíamos hacer, o eso pensé.
Era consciente de que el papa Pío VII andaba de un lugar a otro preocupado, como siempre. Pero no se no sería yo quien abriera sus ojos, porque esa tarea no me fue encomendada.

–Aún hay esperanza…- suspiré hallando mi propia luz.- pero temo que los demonios nos estén ganando terreno.- Di unos cuantos pasos saliendo de la Capilla, para llegar a la inmensa Basílica, me pareció curioso verme representado por doquier, tanto a mí como a mis hermanos.
Igualmente me detuve para admirar la Piedad que había esculpido el mismo Miguel Ángel. A pesar de que habían pasado siglos desde aquel fatídico día, el recuerdo aún ardía, cuando todos desde los cielos lloramos su muerte. Aún luchamos porque no fuese en vano.
También recordé el día en el que anuncié a María la buena nueva con estas mismas palabras “No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios, vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrá Jesús.” Alcé la cabeza buscando el empuje del Padre. Era duro que mis alas estuvieran en juego.

Hermano, deberíamos ponernos a la carga. Nuestro Padre confía en nosotros, no hagamos que se arrepienta de su decisión. – me transporté justo debajo del óculo de la cúpula, me quedé pasmado por el viajecito.
-¡Vaya! Antes tendré que practicar esto…- Exclamé alzando la voz, el corazón de Angelo latía fuertemente en mi pecho ¿sufriría? –No tendré que abusar de ti, pequeño.- O por lo menos no de momento.

Las puertas empezaron a abrirse, y poco a poco fueron entrando cardenales y más cardenales, el sonido de sus pasos se aglutinó resonando en toda la nave. Era fácil ver el aura de todos ellos. Con las manos unidas delante de mi cuerpo, me detuve en los rostros de aquellos hombres, éstos caminaban despreocupados; pensando solo en sus bienes, y su posición, muy pocos eran nobles de corazón.
Qué difícil iba a ser todo… y cuánta paciencia debíamos tener.

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Mensaje por Julia Laforeze el Lun Ene 10, 2011 5:15 am

Siempre estoy en el lugar menos preciso en la hora menos adecuada...
como ahora, corriendo desesperadamente por las oscuras calles, siempre huyendo, así lo habia hecho, justo como ahora.
Hacía unas horas mientras me encontraba deambulando por las calles buscando algun cliente, deseoso de pagar unas cuantas monedas por mi cuerpo, habia pasado por unas calles solitarias, avecez en esos sitios abundan los hombres cerdos, pero tambien los clientes que para el caso es lo mismo.

Gemidos ahogados, y el sonido seco de un cuerpo que cae al suelo me hizo aproximarme para ver la escena, un asesinato, dos hombres armados con cuchillos de pescador, arremetían contra el joven cuerpo de un catrín, el muchacho de facciones finas y delicadas como un angel, yacía en el suelo, como siendo devorado por aquellos dos demonios, ahogué un grito, y fue sellar mi sentencia, los dos hombres se percataron de mi presencia, lo ultimo que escuché antes de salir corriendo fue, deten a esa ramera, nos ha visto.

Corrí tan rápido como mis piernas me lo permitieron, los conjuros que conocía se arremolinaron en mi mente, y me impidieron decidirme por uno, mis tacones se hundían en el fango, salpicando mi vestido, mientras escuchaba los pasos y los jadeos de aquellos dos demonios encarnados en cuerpos humanos, persiguiendome, avidos de sangre y muerte.

Cerré los ojos, comenzé a trastabillar, me encontraba a escasos pasos de la magnífica capilla, nunca debí venir a Roma,jamás, volvería a embarcarme de nueva cuenta a mi ciudad natal, rogando a los cielos que me permitieran ver la luz de un nuevo amanecer.

La mano de uno de los truhanes se aferró de mi corsette y dió un fuerte tiron, escuché la tela desgarrándose de mi vestido, hice un violento movimiento y me logré zafar a duras penas de la mano de uno de los hombres, sujeté mi corsette para evitar que este callera al suelo, y me introduje al lugar, pronunciando un fuerte grito de auxilio.

Algunos párrocos se encontraban adentro, al verme en ese estado se escandalizaron, un joven sacristán se aproximó hacia mi y me tomó con fuerza por el brazo.
-que clase de escena es esta mujer, como se atreve una callejera a entrar en este estado a la casa de nuestro señor.-
Los dos hombres se habían quedado afuera, y me miraban entre dudosos de entrar o de marcharse del sitio.
-Por favor...por favor...necesito su ayuda..ahí...-
-largate de este lugar sagrado, no manches con tu presencia este recinto, tu vida mundana te ha traido ese problema ahora fuera.-
comenzó a jalarme hacia el exterior de la capilla, ante mi forcejeo, otro sacristán llego ayudarle...


( espero me pueda meter al roll)

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Mensaje por Selene Van der Ross el Lun Ene 10, 2011 10:35 pm

Caminaba por la gran plaza cuando las campanas de la Iglesia sonaronm anunciando la nueva misa.

Me fijé y el lugar estaba repleto de fieles, personas que lloraban, que pedía un socorro inmediato, pero también vi como mujeres que por más que comercializaban con su cuerpo mantenián sus creencias intactas eran rechazadas y como una joven, muy parecida a mí... una bruja claro, era maltratada y era alejada del edifcio.

Personalmente la Iglesia era un edificio..ya nada quedaba de su creencia y de su fé..solamente el ruido del vil metal resonaba en aquel lugar.
Me acerqué a ayudar a la muchacha, obviamente tenía que cuidar de que no me vieran usar magia ni nada por el estilo.

Me puse mi capa violeta y avancé por el lugar con la vista como si fuera un aguila.
- Alejense de ella...- murmuré mientras sacaba mi daga con un hechizo de muerte que me había ayudado a hacer Alema, aunque claro... que sólo era un sedante... yo era una bruja blanca....manejaba magia blanca aunque sea... una bruja de la noche y de sus secretos.

Apunté a los párrocos con la daga y me acerqué a ella.- ¿ Estas bien?.- pregunté con voz dulce mientras no apartaba mi mirada de los párrocos.

- O ... el poder incomprensible de la Iglesia que ha descuidado a sus fieles...porque sólo le interesa tener el control de las almas y de los bolsillos del pueblo...- dije elevando el tono de voz.

Llevaba mi rostro cubierto por la capucha de la capa, sólo se escuchaba una voz algo distinta a la mia. Me puse deltante de ella, sabía que las brujas éramos buscadas por todo tipo de seres... sobre todo por ángeles, para ver que seamos buenas personas y ayudarámos a los demás...o por demonios que querían su libertad y lo único que podían era trocar con una bruja o como también nos conocían...con una meiga.

off: Disculpen si molesto...pero me encantó el tema...xD

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Mensaje por Colin Diamond el Jue Ene 13, 2011 2:55 am

Off: Bienvenidas brujas, en el buen sentido.
________________________________________________________________________
Esperanza; muy cierto, cuando nada más quedara en el universo, la esperanza seguiría de pie para mostrar el camino-. Pero temo que los demonios nos estén ganando terreno.- La pura palabra le hizo sentir dolor de cabeza, porque eso eran para él, un estorbo a los planes. Gabriel comenzó a caminar y Miguel lo siguió a la distancia, mirando siempre al frente, tantas imágenes ya lo habían cansado.

–Hermano, deberíamos ponernos a la carga. Nuestro Padre confía en nosotros, no hagamos que se arrepienta de su decisión. – Dijo para transportarse de inmediato; no hubo necesidad de seguirlo con la vista puesto que seguía sintiéndolo y escuchándolo -¡Vaya! Antes tendré que practicar esto…- No era el único que tendría que practicar después de tanto tiempo sin hacerlo. –No tendré que abusar de ti, pequeño.

-No deberíais preocuparte, es la misión que tiene encomendada, es un honor que pocos llegan a conocer-. No por ello él pensaba sobrepasarse con su recipiente pero tampoco lo alarmaba, sabía muy bien que las posibilidades de que nunca volviera a ser la misma persona eran amplias, podría quedar loco, en uno de los mejores casos, pero estaban al tanto de la situación antes de aceptar. Tener el paraíso ganado le parecía un intercambio justo.

Se dio cuenta de que pronto tendrían visitas, los cardenales empezaban los oficios del día y con ello la gente comenzaba a desfilar por las naves. Aprovechó que el astro dorado no había terminado de alzarse para colocarse detrás de una de las columnas, tan sumidos estaban en sus pensamientos terrenales que dudaba que lo notaran, después pasaría desapercibido entre los fieles. “Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual, puesto que a ellos pertenece el reino de los cielos”, los cardenales en su idea de ser santos, ya habían olvidado como acercarse a Dios.

Aburrido los barrió a todos de pies a cabeza, pero la escena que se presentaría a continuación no estaba contemplada. Una prostituta entró a la casa de su padre en busca de ayuda, la respuesta de los representantes de Dios en la tierra fue tratar de sacarla casi arrastrando. Hipócritas, cuantos de ellos no habían recurrido ya a una noche de placer en los brazos de alguna o a simplemente pecar de pensamiento; ahora mismo varios la observaban con deseo. En seguida… ¿otra bruja? corrió en su auxilio. ¿Se había vuelto loca?, por menos que eso podían quemarla en la hoguera.

Miró en dirección a Gabriel, lo que veían no podía ser mera casualidad; los caminos del señor eran misteriosos. Con su tranquilidad característica que contrastaba con las emociones exaltadas de todos los presentes menos de su hermano, caminó y se puso delante del par de mujeres. – “El que esté libre de pecado, tire la primera piedra” – Eso bastó para ganar atención y silencio – Eso dicen las sagradas escrituras; toda persona es bienvenida en la casa de Dios – Dijo observando a los cardenales. En seguida se acercó a la bruja de la capucha y le arrebató la daga – No creo que sea necesaria la violencia.- Esperaba que lo comprendieran por las buenas, de lo contrario…

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Mensaje por Selene Van der Ross el Jue Ene 13, 2011 10:04 pm

Las voces de los presentes eran totalmente exaltadas, fuera de lugar, sonreí de forma sombría, por más que era ya de nacimiento una hija de la noche, mi esencia...mi alma era muy ingenua, no sabía si buena ya que, para algunos yo era una bendición y para otros lo peor de su vida.

Miré de reojo a los dos seres de aura totalmente blanca, la pureza, la luz que enmandaban era incluso más brillante que la del astro rey, pero algo en sus ojos era afilado, seguramente cumplián ciertas reglas que nadie podría entender pero sean lo que fuesen no eran seres humanos, ya que los seres humanos por más buenos que fueran no tenían el aura de esa forma.

Apreté la daga más fuerte, en cierta forma ya estaba en manos de los inquisidores, pero por lo menos podía decir que había ayudado a alguien, no me importaba morir por ayudar, eso en mí era cierto. El mismo hombre de aquella noche, apareció de repente, era tráslucido, casi espectral, en su mano llevaba una corona hecha de rosas blancas y negras...símbolo pleno de la magia, de ella sacó una rosa blanca y la otra de su opuesto y me las dio. LLegué a pensar que no pasaría nada puesto que era un espectro, pero ambas flores se materializaron cuando mi mano las apretó.

Escuché atentamente las palabras de aquel sujeto y solté la daga que al llegar al suelo hizo un horrible ruido. Me concentré y bajo mis pies se formó un pentáculo, una estrella de protección.

Era una lastima que no fueran las doce de la noche podría usar mis hechizos para que me olvidaran o alguna otra cosa.

Pero allí estaba yo, parada en una Iglesia con las estrella en mis pies y las dos flores en una de mis manos que ya estaba pinchada por las espinas que tenían.
Con mi voz, ya lastimaba por las rosas y sintiendo dentro el terrible fuego de la hoguera declaré.

- Ho l'orgoglio di essere una strega ...
chiedere pietà, se ho offeso magia.
Io sono un anima della notte, la vera speranza del bene e del male ...-


Ese párrafo significaba :Yo tengo el orgullo de ser una bruja...pido misericordia si la magia os ofende. Yo soy un alma de la noche, de la esperanza real, del bien y del mal...

Sabía que por muy inofensiva que era, pronto ardería en la hoguera.
De repente mis ojos se abrieron de par en par, me sentía en otro lugar, lleno de paz, el arrullo de las olas a lo lejos me tranquilizaba, estaba en casa. Volví en sí y aclaré.

- A mi... la Iglesia no me da miedo... sé lo que soy... y pido misericordia si no pueden comprenderme... nací así... me proteje la noche... pero no dej0 de ser como cualquier persona...- dije mirando la estrella que cada vez se hacia más fuerte, tiniéndose de un turquesa.

Las rosas me habían lastimado la mano y con la sangre habían caido en la estrella. Una estela de luz azul me rodeo, en forma de protección, todavía era una niña y mi miedo a la hoguera crecía cada vez más.

- Lo siento...- murmuré bajando la cabeza.

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default Re: Venit ad terram [Libre]

Mensaje por Gabriel el Mar Ene 18, 2011 12:10 am

-No deberíais preocuparte,- No, no debí hacerlo…- es la misión que tiene encomendada, es un honor que pocos llegan a conocer-Sí, ¿quién sabe cuándo tendría la ocasión de volver a la tierra? No hay regalo equiparable al amor de Dios. Tenía que aprovecharla y dar lo mejor de mí. Miguel se quedó tras una de las columnas, yo seguí hierático bajo la cúpula, no me movería por nada del mundo. Sólo cuando presentí que algo inesperado ocurriría, giré sobre mis talones. Las puertas de la basílica volvieron a abrirse. Ésta vez no eran más cardenales los que se internaban en los más cercano que podían estar de lo celestial, no. Era una mujer implorando auxilio, parpadeé conmovido.

Un sacristán se atrevió a tocarla. -Qué clase de escena es esta mujer, cómo se atreve una callejera a entrar en este estado a la casa de nuestro señor.- Fruncí el ceño, controlando el impulso de derribar a aquel infeliz. Miré hacia la puerta, visualizando a dos hombres, dos demonios habitaban en el interior de ambos, si daban un paso más las llamas del infierno se los llevarían consigo.

Volví de nuevo la cabeza -Por favor...por favor...necesito su ayuda…ahí...
-Lárgate de este lugar sagrado, no manches con tu presencia este recinto, tu vida mundana te ha traído ese problema ahora fuera,- Miré a mi hermano desconcertado. No tenía palabras para expresar lo que sentí. De pronto apareció otra mujer, volví a mirar a Miguel, comencé a avanzar hacía allí con paso tranquilo, apreté el paso cuándo vi como sacaba una daga ¿Qué pretendía?


- O... el poder incomprensible de la Iglesia que ha descuidado a sus fieles...porque sólo le interesa tener el control de las almas y de los bolsillos del pueblo…- Me quedé pensando en lo que había dicho, paralizando.

– “El que esté libre de pecado, tire la primera piedra” – Liquidé visualmente a todos los presentes, tropiezan y tropiezan ¡una y otra vez! No hay remedio. – Eso dicen las sagradas escrituras; toda persona es bienvenida en la casa de Dios – Observé cómo Miguel le arrebataba la daga. Ciertamente la Iglesia había tomado como suyo el poder del Padre, tergiversando el mensaje y la finalidad de la vida, los preceptos y las virtudes, así como los mandamientos habían quedado en la nada. ¿Quién tenía la culpa de aquello? A mis oídos llegó el negocio de indulgencias que todavía seguía realizándose, la Iglesia prometía salvar a los familiares ya fallecidos del purgatorio, por unas monedas. Millones de personas cayeron en el engaño ¿pero qué iban a saber ellos? Si ignoran lo que les ocurre, el luteranismo logró abrir los ojos a una masa considerable del mundo ¿Bastaría? De ninguna manera. Mientras la Creación de mi Padre moría de hambre, éstos indeseables se llenaban el estómago con la sangre derramada de días de duro trabajo.

– No creo que sea necesaria la violencia.- La mujer de la capa morada, pareció darse cuenta de lo que éramos. Al mirar a ambas supe que había algo especial en ellas. Y ahora...¿Qué escondía una de ellas en sus manos? Se me escapaba de las manos lo que estaba sucediendo, un pentáculo se originó bajo ella, y de sus manos comenzó a brotar sangre.

- Ho l'orgoglio di essere una strega ...chiedere pietà, se ho offeso magia. Io sono un anima della notte, la vera speranza del bene e del male ...- La entendí a la perfección. Luego pude sentir como su espíritu se aquietaba, vi lo que sus ojos vieron. - A mi... la Iglesia no me da miedo...- No debe dártelo.- sé lo que soy... y pido misericordia si no pueden comprenderme... nací así... me protege la noche... pero no dej0 de ser como cualquier persona…- Inocente, escuché revuelo a mis espaldas, los párrocos y demás dignatarios de la basílica comenzaron a balbucear su confusión. El pentáculo se iluminó, como queriendo proteger a la joven.- Lo siento...- Negué con la cabeza, mirando a Miguel, desconocía el uso de la magia, milenaria desde que Dios la creó. Rodeé el pentáculo, prevenido. Y me agaché para ayudar a la muchacha que había quedado en el suelo, pasé la palma de la mano de Angelo por su rostro, cerrándole los ojos transmitiéndole mi energía.

-Dios no os ha descuidado. No los dudéis nunca.- También miré a la joven del pentáculo, deseoso de que acabara con esa demostración.- Combatid contra quién se atreva a injuriar el nombre de mi Padre bajo el orbe celeste. – Dejé que abriera los ojos, poco a poco. –Juliette estáis a salvo.- La ayudé a ponerse en pie, cubriéndola con mi túnica, pues me había fijado que aquellos demonios habían rasgado sus frágiles vestiduras. Miré colérico a los embusteros.
– ¡Sois una vergüenza!, ¡No sois dignos del suelo que pisáis!

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Mensaje por Selene Van der Ross el Mar Ene 18, 2011 3:06 am

La angustia me llegó a lo profundo del corazón, podía sentir como algunos hombres pedían a gritos la hoguera, pero esos gritos se tapaban por las súplicas de los hombres y mujeres que allí pelegrinaban. Desée con todas mis fuerzas de que fuera un sueño, un terrible sueño pero que después de todo me despertaría de el y estaría en la Residencia Van der Ross, o con mi nana Alema, en aquellos días de paseo.

Sentía el frío del pentáculo, era de día y practicamente no tenía fuerzas para extender más la protección, estaría a su merced de un momento al otro.

No tardaron en aparecer las sencillas lágrimas de alguien que será torturado, y luego quemado, me preguntaba sobre mi verdadera madre... sobre... el porque de mi escencia y el rechazo de quienes no comprendían.

Aquel ángel que me había indicado que no había que proceder con violencia no me inspiraba temor, pero el otro, el que caminaba rodeando el pentáculo provocaba en mí un frío de ultratumba, como si el cielo y el mar se hubieran unido para destruirlo todo...En esos momentos...no podía hacer otra cosa que llorar.

Cada vez más mis lágrimas iban apagando el pentáculo. Ahora estaba indefenza. Me tiré en el suelo, presa del miedo, sin fuerza...sin nada. Sentí un gran pinchazo en mi abdomén, abrí mis ojos y vi una silueta, parecía un hombre que tenía desenvainada su espada.

- ¡Muerte a la bruja!.- gritó despiadadamente.
Mis lágrimas aumentaban y comencé a gritar.

- Perdón... perdón....- En mi vida jamás me había imaginado ésto. Mi mano recorrió la herida que había traspasado el corset. Miré mi mano y estaba cubierta de sangre pero la herida no era tan profunda como había creido al principio.

Volví a colocar mi mano en la herida.- guarigione...- susurré pero no pude sicatrizar la herida, me dolía y mucho. Tomé aire y sentí como mi alma elevaba, aunque, era muy consciente de lo que estaba pasando allí.

Me vi tirada en el suelo, con una mancha roja carmesí, la daga lejos de donde había estado en pentáculo, las rosas a cada lado de las manos. Miré todo a mi alrededor, estaba oscuro, menos aquella escena.

Bajé hasta mi cuerpo y un viento místico apagó todas las velas del lugar, no era malo...eso lo sabía.

Una mujer de rostro amigable apareció vestida de blanco y celeste... parecía una virgen y me di cuenta que era mi virgen. Desde niña era creyente en la virgen del mar y allí estaba, tan fina y tan angelical como nunca antes pensé que sería. Sentí como mi corazón empezó a latir con nueva fuerza y como mis ojos se tiñeron de violeta, coloqué mi capucha sobre mi cabeza para que nadie me viera, después de todo había sido salvada por ella.

LLoraba, pero ahora no por miedo, sino de gratitud y devoción. Todo había desaparecido, excepto la rosa blanca, señal de mi magia. La tomé y la puse en mi cabello. Tenía las marcas de las heridas de las flores y de la otra, pero el dolor había parado un poco.

Miré a la joven y sonreí, ahora estaba en buenas manos.
Miré a los dos ángeles y me quedé solo observándolos, con mis ojos que nadie podía ver.


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Mensaje por Colin Diamond el Miér Ene 19, 2011 3:11 am

Un espectro apareció ante la joven; el arcángel estaba confundido, había temas de los que no tenía pleno conocimiento y la magia era uno de ellos. Se quedó pasmado cuando las rosas se materializaron; habían pasado de un plano a otro tan fácil que era sorprendente.

Roto el silencio por la voz de la joven que habló en un perfecto y fluido italiano confesando sus dotes de hechicera, volvió a prestar atención a lo demás; Gabriel ya había bajado de su escondite y lo observaba. Se dio cuenta de que estaba intrigado por el pentáculo pero ambos navegaban en aguas que siempre habían ignorado.

Los cardenales estaban tan confundidos como ellos mismos, la diferencia radicaba en que su temor a lo desconocido los hacía agredir en lugar de comprender; un instinto animal que los humanos debían ser capaces de controlar pero no lo intentaban y por ello desataron desde la antigüedad su inquisición sin sentido.

-Dios no os ha descuidado. No los dudéis nunca.- Su hermano ya estaba dando consuelo al par de jóvenes. Dios no se olvidaba de ningún ser sin importar lo pequeño e insignificante que a ojos de otros pudiera parecer.

La opinión de los presentes se dividía en dos; los que buscaban que la bruja fuera quemada en la hoguera y los feligreses que suplicantes trataban de evitarlo. Lamentablemente el mundo era de los poderosos y ellos eran los que destacaban en el primer grupo. Ay de aquellos que implorarían perdón en el juicio final siendo tan injustos y sin sentirlo de corazón; porque para ellos las puertas del infierno estarían abiertas esperando devorarlos.

Con la angustia de la hechicera, menguaba su poder hasta hacer desaparecer el símbolo que con anterioridad brillaba con tanto esplendor. Los ánimos se agitaban y las armas empezaban a ir a las manos de sus dueños en busca de sangre, una de ellas logró su cometido.

Ante la vista incrédula de los mensajeros de Dios; una vida se perdía pero Gabriel que estaba más cerca de ellas seguro podía cerrar sin ningún problema la herida. Furioso, Miguel apareció la espada que por tantos milenios lo había acompañado; forjada con la fuerza para arrojar a Lucifer al infierno. De un golpe quebró la del hombre y de no ser porque se tranquilizó, habría perdido algo más que su arma.

Algunos cayeron de rodillas; los papeles se invertían, ahora ellos buscaban el perdón. Fariseos mentirosos, muchos no estaban arrepentidos de verdad, el temor en lugar del amor, dirigía sus acciones. Otros en cambio comenzaron a pensar que eran demonios que protegían a la bruja pero de igual manera decidieron no acercarse.

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Mensaje por Selene Van der Ross el Dom Ene 23, 2011 3:23 am

Mis lágrimas brotaban sin consuelo, ya estaba a salvo, o por lo menos eso pensaba.
Uno de los ángeles sacó una espada. Me asombré de lo que podía ver con mis ojos hundidos de magia.

Pensaba que los ángeles eran seres dulces, pero me equivocaba. La hoja reluciente de una espada me llamó la atención.

Adolorida, me levanté del suelo y tomé la mano del ángel.

Miré a las personas que estaban allí, podía sentir su miedo, su asombro, sus habladurías.

- Por favor...señor... no haga nada... que pueda lastimar a alguien.- dije con un hilo de voz.

Miré a los niños y a los ancianos...no quería que pasaran tormentos. Me saqué la capucha por más que mis ojos tuvieran un tono violaceo.

Me sentía iluminada, diferente a como era antes. La luz era impresionante ,más cegadora que antes, tuve que semi cerrar mis ojos para no quedarme ciega.
Podía salir de ese lugar, pero en esos momentos sólo se me cruzaba una pregunta, no pude evitarlo y lo dije en voz alta.-¿ Qué me pasó?.

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Mensaje por Julia Laforeze el Lun Feb 07, 2011 10:18 pm

Todo habia sucedido demasiado rápido, primero una mujer se hacercó hacia mi, un estremicimiento recorrió mi espalda, sentí mariposas en el estomago, esa sensación que tenía al estar frente a personas que no son lo que en realidad aparentan, sacó una daga, o era una especie de asesina o quizá era una hechicera, sin duda no era una prostituta como yo, por que al menos en mi caso no suelo cargar con armas encima.

El sacristán estaba a punto de responderle airadamente, cuando en ese momento la presencia de un hombre, era hermoso, fisicamente hermoso, y poseía una energía inmensa, comparada con la del segundo hombre que en cuestión de minutos se presentó ante mi, observé el simbolo de la muchacha y lo comprendí, era una bruja.-Bueno...quizá entonces nos condenaran a las llamas purificantes a las dos...escapé de las tierras del oeste, donde las brujas somos perseguidas como una plaga...sin embargo creo que mis poderes se han especializado en otras cosas a diferencia de los tuyos linda.-levanté un poco el rostro, acomodando mis cabellos rojos como el fuego detrás de mi espalda, dejando visible las facciones finas y delicadas de mi rostro, sabía muy bien que pese a lo raído de mis vestidos, y desaliñado de mi aspecto, tenía aun cierta belleza que me habia hecho conseguir un grupo bastante numeroso de buenos clientes, entre ellos se encontraban también principes, duques y condes...y al parecer ahora no solo la inquisición me seguía los pasos en Francia, también lo hacia la corona inglesa.
Otro hombre tan hermoso como el primero se hacercó a mi, sus palabras sonaron como las de un patriarca y no pude evitar recordar a mi padre, hacia muchisimos años que el habia muerto en un accidente de la fábrica donde trabajaba, pero tenía ese mismo tono de voz, o al menos muy similar, durante breves instantes me esfumé de aquella escena, olvidando por completo que sin duda alguna aquel grupo de matones que me perseguían debían de encontrarse ahi, esperando a que volviera sola sobre mis pasos...recordé a mis tres hermanos menores, a mi mama, y quizá en la vida que debían de estar llevando si es que no hubiesen muerto ya debido a la pobreza extrema en que viviamos, me sorprendía no haber compartido el mismo fin que mi papa...tal vez sería mejor entregarse a las fauces del lobo.

Fue cuando escuché mi nombre en los labios de aquel hombre que regresé a la realidad, pero esta vez nerviosa, cruzé mis manos sobre mi pecho, notando como el corsette que portaba se habia aflojado un poco, lo miré un poco asustada, y retrocedi colocandome tras la espalda de la jovencita que habia llegado.
-Como...como sabe mi nombre monseñor...es acaso también un perseguidor de herejes...o es un asesino de la corona inglesa...-no era que no estuviera agradecida por lo que acababan de hacer, pero me habia llamado justamente por mi nombre verdadero...Juliette, solo me conocían por ese nombre mis pocas y verdaderas amistades y mi familia...Marie Juliette, aunque el Marie habia dejado de usarlo hace mucho tiempo.

-Disculpe mi atrevimiento...mi nombre es Juliette Laforeze...o pueden decirme simplemente Julia...gracias por ayudarme a los tres...las calles no son un lugar muy seguro ultimamente...aun para...una bruja.-dije mirandolos un tanto avergonzada, guardé silencio unos momentos.
-Podría escuchar vuestros nombres...en verdad...que ustedes irradian santidad..son diferentes a muchos hombres que he conocido...son acaso cardenales u obispos-dije, aunque pensandolo bien no creía que anduvieran por ahi vestidos con ropas no eclesiasticas...

Angeles!!...eran angeles!, no estaba equivocada, la otra chica lo habia adivinado quizá antes que yo, no se si debía a que yo utilizaba la magia negra...el caso es que quizá por eso no habia podido averiguar la procedencia de algo tan sublime y puro.

Entonces las armas brillaron, me llevé una mano a los labios, cuando observé como uno de ellos blandía su espada contra Selene, fue todo tan rápido que ni tiempo me dio de gritar, lo único que deseaba era desencadenar las llamas, el granizo, el rayo y fulminar a todos los qu estaban ahi, arrasar con todos ellos, incluso con los hombres que me perseguían, pero no, uno de los angeles sacó una espada y destruyo la del hombre, caí de rodillas, mientras acomodaba la cabeza de Selene en mis piernas, y dirigía la mirada al suelo...-
Juzgará mi alma que es pecadora...y mi condena será las llamas eternas del averno por la vida que he elegido ...no es así...-cerré los ojos, en realidad lo esperaba el golpe letal de la espalda cercenando mi cabeza...y mi alma pecadora precipitandose a lo profundo de los infiernos de donde no podia escapar nunca más.

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Mensaje por Gabriel el Vie Feb 11, 2011 11:02 pm

-Como...como sabe mi nombre monseñor...- Preguntas y más preguntas, no era el momento indicado para responderle.-es acaso también un perseguidor de herejes...o es un asesino de la corona inglesa...- No comprendí a qué se refería con eso ¿Me temía? Yo estaba más lejos de lo que su raciocinio pudiese procesar. -Disculpe mi atrevimiento...- incliné la cabeza con firmeza. No creí oportuno revelar mi autentica identidad. –Me llamo Angelo Longoni.- Murmuré con gravedad. Pero Juliette, al igual que Selene, fue rápida, y ella misma se dio cuenta de lo que éramos.

Nada de lo que sucedió acontinuación pude predecirlo, fue una autentica locura. Deseé detener el tiempo, aunque solo fuesen unos segundos, pero no pude. Los sentimientos de cada uno de los presentes corrían por mi cabeza a gran velocidad, incluso imágenes desconcertantes. Todo tan nuevo para mí, que estaba obligado a acostumbrarme. Por esa razón me había quedado paralizado, hasta que sentí que algo no iba bien. Bajé la cabeza despacio, e inmediatamente, como atraído por la tierra, mis rodillas se clavaron en el suelo marmóreo, quedando delante de la joven herida. Coloqué una de mis manos sobre la brecha, la cual cicatrizó sin ningún contratiempo. Al levantar la cabeza vi lo que ocurría. La espada de Miguel, conocida en el Cielo y en el Infierno, hizo acto de presencia. Muchos se doblegaron, así debía ser.

-Juzgará mi alma que es pecadora...y mi condena será las llamas eternas del averno por la vida que he elegido... no es así...- La escuché decir. –No ha llegado tu hora todavía.- la reprendí con sequedad. Miré a Miguel, poniéndome en pie, colocándome a la derecha de mi hermano. Mis ojos delataron al grupo de fariseos, quienes me apartaron la mirada, más de uno allí estaba condenado por sus actos y su pensamiento. Y realmente me entraron ganas de arrancar la propia Basílica de San Pedro desde sus cimientos. No estaba controlando mis fuerzas, el descontrol me invadió. Un sacristán comenzó a gritar, ahogándose por la presión que estaba ejerciendo en su corazón con solo mirarle.

-Por favor...señor... no haga nada... que pueda lastimar a alguien.- Escuché esa voz, se dirigía a Miguel. Cerré los ojos, pensativo. Los gritos cesaron, pero el revuelo aún reinaba. ¿Cómo podía caber en ella un rastro de compasión por todos éstos herejes? Giré sobre mis talones, pasmado por la luz que le rodeaba. No tuve una respuesta para su pregunta, se me escapa de las manos. El llanto agonizante inundó el ambiente. -¡Callaos!- Ordené a todos, alzando la voz por encima de ellos, una voz transfigurada a la que me era propia en los Cielos. Todos enmudecieron, incluso las brujas. Necesitaba un minuto de tranquilidad. –En éste momento no sé qué sería lo correcto.- Dirigí estas palabras a mi hermano, y a las alturas. Era consciente que unidos podíamos arrasar todo a nuestro paso. Apreté los puños de Angelo impotente, hasta relajarlos del todo.

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Mensaje por Selene Van der Ross el Sáb Feb 12, 2011 12:57 am

Todo pareció deternse, el tiempo, los sentimientos, la magia... incluso los ángeles parecían sobrepasados de tantos acontecimientos ocurridos en tan poco tiempo.
Tomé aire, quería irme, hacer como que nada de ésto hubiera pasado. Me quedé abrazada a Julia, sinceramente era mayor que yo y aquella sensación de poder con ésto sola ahora sólo era una vaga ilusión. Mi cuerpo, mi alma...todo mi ser había dado un giro inexperado, no sabía qué era lo que había cambiado en mí...pero presentía con toda certeza que era un cambio de lo más profundo.

Me levanté tambaleante, había considerado que las palabras que había dicho eran innecesarias, pero me refería a los niños, aquellas criaturas que no tenían ninguna culpa en sus espaldas, que merecían poder vivir.

Me acerqué a los ángeles con cautela, sin hacer ningún ruido. Me volví a tapar con la capa y comencé a mirar a aquellas personas que deseaban que ésto no fuera ningún tipo de juicio final.

Caminando con mi paso de gacela llegué a donde estaban unos niños mirando a los ángeles con ojos maravillados. Por sorpresa aquellas criaturas se acercaron a mí para abrazarme, las madres sonreían con ternura..".¿ Acaso se habían vuelto todos locos?..."

Esperaba muchas respuestas y mientras jugaba con aquellos niños, miraba a los dos ángeles...y a mi hermana de magia... Julia.
"¿ Qué pasaría ahora?"

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