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Asuntos pendientes. [M. de Romanus]

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Mensaje por Katherine Lefevre el Sáb Ene 15, 2011 9:51 pm

Una noche como cualquiera. De temperatura veraniega y cielo estrellado. Era una vampira aristócrata y/o burguesa. Los negocios eran sumamente fáciles de realizar. Leer las mentes de los empresarios siempre me traía ventaja. Tenía varios negocios – no llevados por mí – en distintas partes del mundo. Esos negocios de trataban de la industria textil. Sí, necesitaba tener alguna afición y diseñar ropa era lo que me entretenía. Mis pautas eran mandadas a cada institución y ellos realizaban el resto del trabajo. Normalmente no tenía quejas, todos eran buenos trabajadores. Hasta que me enviaron una carta desde Italia. Hubo un incendio en la fábrica de Venecia. Tendría que ir a hacer papeleos para que todo volviera a la normalidad. Se preguntaban el por qué no podía quedar con ellos por el dia, una razón muy sencilla, pero que era inconfesable. Nada más me enteré de la noticia, hice los preparativos para acudir a Venecia el día siguiente. Ya que iba a ir me quedaría un tiempo, echaba de menos los hermosos canales de Venecia.

Todas mis maletas habían sido enviadas al hotel Villa Albertina. Yo tendría que hacer un pequeño viaje para llegar a mi destino. Venecia no estaba tan lejos de París como otros destino, por lo que, perfectamente, podía ir en volandas. Gastabas mucha energía, pero conseguías llegar a un destino cercano en poco tiempo. Dos o tres horas… y ya estaba en Venecia. La luna se reflejaba en las oscuras aguas de los canales venecianos. Me resultaba hermoso, muy hermoso. Faltaba una hora escasa para reunirme con mi abogado, los policías y vete tú a saber quién más. Catástrofe. Suspiré. Mis pasos me llevaron al hotel donde me resguardaba cuando asistía a Venecia, un hotel en el que te acogían con los brazos abiertos – el dinero hacía milagros. Mi habitación era esplendorosa, como siempre. Y mis maletas estaban ahí como predije. Decidí ponerme otro vestido, uno más formal y elegante. De mi maleta saqué un vestido de tonos dorados y beige, me pareció de lo más adecuado.

Spoiler:

Con el entretenimiento, ya había llegado la hora de dirigirme a los juzgados, donde habíamos quedado para conversar. El ambiente parecía cargante cuando llegué, pero según me vieron sus pensamientos se volvieron más… ¿tranquilizadores? Cuan maravillosa llegaba a ser la figura de una joven parisina.
-Oh, Miss Lefevre. Estamos encantados de que hayáis venido aquí. Pocas personas se preocupan por el bienestar de sus empleados.- Era mi abogado, Giovanni Regetti.
-Por supuesto, signore Regetti. Buonanotte signori. Y bien, ¿sabéis qué ha podido ocurrir?
-Sergente Colaianni, Miss Lefevre. Consideramos que ha sido un incendio provocado.
-Comprendo. ¿Existen pruebas que lo corroboren?
-Aún estamos investigando en ello… Tenemos a dos posibles sospechosos.- Parecía nervioso, pues mi mirada estaba fija en la suya.
-Mostrádmelos.- Ordené.
-Pero… puede ser peligroso miss…- Mi mirada le indicó que no me importaban sus reproches, no quería que nadie inocente estuviera encarcelado.- Está bien, os llevaré a los calabozos.- Asentí.

Seguí al sargento a los calabozos. Miré hacia los presos. Varios de ellos eran inocentes, acusados por peticiones firmadas a la fuerza, otros, sin embargo, eran completos malhechores que seguirían con sus crímenes si les soltaban. Entristecedor… Por fin llegamos al calabozo de los dos sospechosos, en condiciones mundanas e insanas. Me agaché frente a ellos y les miré a los ojos.
-No deberíais acercaros mucho a ellos… no son de fiar.
-Shh… Sergente, estos dos hombres son inocentes, el fuego no fue provocado por ellos.
-¿Pero cómo podéis saber eso?
-Confiad en mí, sus miradas lo dicen todo. Soltadles, no son peligrosos.
-Lo siento Miss… pero no estoy autorizado para poder soltarlos, y menos por simples palabras.- Mi mirada se volvió más fiera, daría miedo sin duda, tanto, que accedió a soltarlos. Dejé que hiciera su cometido, yo volví a la gran sala de los juzgados.

Había seis hombres en la sala ahora que el sargento y sus dos hombres habían acudido a los calabozos. Sus miradas se posaron en mí, sus pensamientos llegaban a ser censurables, por lo que mi sonrisa solo aumentó. Los hombres siempre pensaban en lo mismo, que enternecedor.
-Miss Katherine Lefevre, estoy encantado de conoceros.- Tomó mi mano y se la llevó a sus labios para besarla. Se trataba del juez.- Me han comunicado que habéis ido a los calabozos, un acto imperdonable, hablaré con el sargento seriamente.- Sabía qué significaba ese seriamente. Su cargo se le arrebataría.
-No os preocupéis, yo decidí bajar, necesitaba ver a los sospechosos. Al parecer, resultan ser inocentes.
-¿Inocentes? ¡Qué ultraje! ¡Eso no puede ser! Cada día estoy más disgustado con el sargento Colaianni.
-Son personas inocentes, no podéis culparles porque vosotros queráis.- Risas.
-Querida mía, nosotros juzgamos, nosotros hacemos las leyes y castigamos a quienes deben ser castigados.- Así va el mundo….- Dejadnos a nosotros decidid si son culpables o no, vos no podríais saberlo, nosotros, sin embargo, sí.- Odiaba el machismo y la ignorancia, pero en mi rostro no desapareció mi sonrisa.
-Por supuesto, señor juez. Si me permitís, debo hablar con el señor Regetti. Me despido de todos vosotros, tengo otros asuntos pendientes...- Hice una pequeña reverencia, Giovanni ya estaba a mi lado. Nos dirigimos a una habitación a solas.

-Eso es inaceptable, Giovanni. ¿No podrías hacer algo para salvar a esos hombres?
-Claro que sí, Katherine. Sé que sabes que son inocentes, ese don tuyo puede permitirte hacer cualquier cosa.- Sonreí satisfecha. Aquel hombre sabía lo qué era. Era de confianza, y un buen y fiel amante.
-Lo dejo en tus manos chéri.- Mi sonrisa se hizo algo más seductora, me acercaba a él a paso lento. Mi voz se cargó en un tono seductor.- Giovanni… ven aquí conmigo… Sabes que eres un hombre capaz, puedes controlar a la perfección la situación… Te he echado de menos, Giovanni… ¿Tú me has echado de menos?
-Sí… te he recordado cada día y noche, esperando volver a verte… Katherine…- Mi seducción era muy fuerte, y Giovanni siempre caía rendido por mí.
-Así me gusta mon chére… ¿Me deseas?- Asintió con la cabeza, estaba un poco ido.- Poséeme… Giovanni…- Dije pasando un dedo por sus labios.
Al instante tuve la respuesta. Me besó descontroladamente, casi arrancándome el vestido por el impulso. Y allí, hicimos el amor descontroladamente en el suelo del salón. Con él practicaba el pequeño sorbo de sangre, le agotaba, pero no podía dejar de gustarle. Tras aquel rato de pasión incontrolable, me despedí de él, saliendo a las nocturnas calles venecianas.

Cuanta belleza había en aquella ciudad. Me encantaba pasar tiempo paseando por las oscuras calles y navegar en una góndola. Era algo perfecto. Pero lo que ahora necesitaba era alimentarme. Un desdichado, perdido en las sombras… Él fue mi víctima. Su sangre entró en mí hasta la última gota, dejándome paralizada por el placer unos instantes. Aquello era la vida en Venecia… Era la ciudad de la pasión…


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default Re: Asuntos pendientes. [M. de Romanus]

Mensaje por Marius de Romanus el Sáb Ene 15, 2011 11:49 pm

Estás loco Marius, loco. Pero loco porque ¿A caso no me he enfrentado ya a los fantasmas del pasado? Hacía poco más de 1 mes que me había presentado ante mi Amadeo, había superado mi temor y había regresado a la vida. Era hora de que el Mago de Venecia regresara.
Las maletas estaban preparadas y mis sirvientes humanos ya las estaban cargando en el barco que las llevarían hasta Grecia y de allí a Italia directamente.
Sin demora, les pedí, no os detengáis por nada del mundo.
El equipaje tardaría 4 días como máximo en llegar a Venecia, era el tiempo que tenía para preparar mi llegada a allí.
Junto al equipaje iban tres cartas firmadas y escritas por mi puño y letra. La primera iba dirigida al hotel Villa Albertina, pidiendo una habitación, junto a una buena suma de dinero. La segunda iba dirigida a los juzgados de Venecia. Mi contacto humano allí había muerto hacía muchos siglos, debía conseguir un nuevo abogado para que me ayudara con mis preparativos. Ésta también iba junto a otra cuantiosa suma de dinero.
Y la tercera y última carta iba dirigida al mejor arquitecto y decorador de Venecia que pude encontrar, había tenido buenas opiniones suyas. A este último ya le pagaría más tarde.
Desde lo alto del castillo podía escuchar como el barco surcaba el mar hasta alejarse por fin hasta las costas griegas. La cuenta atrás había comenzado.
Tardé tres noches en dejarlo todo preparado. Lo primero que hice fue cerrar todas las entradas posibles al castillo. Las ventanas estaban protegidas por verjas y cerradas por gruesas chapas de metal. Las gruesas puertas tenían el cerrojo y la cerradura bien cerrados. Luego de comprobarlo y recomprobarlo, me dirigí al santuario.
Expresé mis intenciones a los padres, y como supuse, no reaccionaron. Parecía que no les importaba mucho que me marchara, aún así prometí volver de vez en cuando para asegurarme de que todo estaba a la perfección.
A la tercera noche, aseguraba el santuario para evitar intrusiones si conseguían, cosa imposible, penetrar en el castillo. Luego dormí y al atardecer del cuarto día, me puse en camino a Venecia.
Volé todo lo rápido que pude. Si las cartas habían llegado a su destino, esta noche tenía que reunirme junto a mi nuevo abogado y con el arquitecto. Pero primero iría al Hotel a comprobar que mis pertenencias habían llegado.

“Venecia, e aquí la Venecia de mi época dorada ¿Acaso tus canales han cambiado con el paso de los años? No mi amada ciudad, 400 años no han conseguido arrebatarte el esplendor. Te has vuelto más hermosa, querida… tu mago a regresado.”

Presa de una felicidad y tristeza enormes, evite quedarme embobado con aquella ciudad y disponerme a terminar mis tareas.
En el hotel me recibieron con los brazos abiertos y grandes sonrisas. Ellos mismos habían sido tan amables de hacer llegar mis cartas. La carta que iba dirigida a los juzgados, se la dieron a un abogado de buena fama: Giovanni Regetti que me esperaba en la Piazza San Marcos en una hora. La última carta se la entregaron en mano a Franelo di Pazzi, el arquitecto.
Todo iba como la seda.
Agradecí sus intenciones y fui a reunirme con el abogado.

“Vuelvo a recorrer tus estrechas calles, Venecia ¿Me recuerdas? Seguro que sí, siento tu afecto en cada brisa que acaricia mi cara… puedo escuchar tu bienvenida en susurros mezclados con el silbido del viento. Oh Venecia, cuanto te he echado de menos.”

Giovanni Regetti me esperaba puntual junto a la Basílica, admirando a la luz de la luna sus dorados decorados.

-Cuantísimo siento haberle pedido que se reúna conmigo a estas horas de la noche, mi días son…

-¿Sacrosantos?- me cortó el abogado- Lo siento señor de Romanus, no sois el único cliente que tiene los días ocupados- se disculpó el joven. Era un hombre con buena porte. Tenía el pelo corto, moreno, bien peinado y una sonrisa encantadora. Era hermoso y su mirada destilaba inteligencia- ¿Su viaje ha sido grato? De haber mandado la carta antes podríamos haber ido a buscarle.

-No se moleste señor Regetti, no me gusta tener niñera ¿tiene ahí los papeles que le pedí por carta?

-Aquí mismo, señor- De su maletín sacó unos papeles amarillos y desgastados- Me ha costado casi toda la mañana encontrarlos, ha tenido suerte que los archivos no se reciclen desde hace siglos… estos papeles son una verdadera antigüedad, tendrán unos…

-400 años de antigüedad, lo sé.- corté

-Esa mansión ha estado deshabitada desde hace mucho tiempo y es una verdadera pena, la he visitado esta tarde. Siento mi intrusión pero me ha entrado curiosidad al recibir la carta, es la primera vez que un descendiente del antiguo dueño reclama la casa. Es un lugar fantástico, pese a los daños que ha sufrido sigue siendo espléndida.- cogí los papeles amarillentos que el abogado me ofrecía y los guardé en el bolsillo interior de la levita- Ha tenido suerte que nada la haya querido habitar. Tendrá que perdonarme de nuevo mi intrusión pero al no comprender porque la casa no encontró de nuevo dueño, quise informarme de su historia. Parece que el antiguo señor de Romanus, era un magnífico hombre en aquella época. En la mansión residía junto a sus pupilos y montaba grandes fiestas que duraban muchas noches. Se decía que era algo excéntrico, algunos lo tomaban como un poderoso mago- me guiño un ojo y yo sonreí. Recordaba los rumores que Bianca me contaba cuando iba a visitarla.

-Muchas gracias señor Regetti, es un placer disponer de un abogado tan capaz- dejé en su mano un pequeño pellizco por sus servicios. Me seria muy útil en mi estancia en Venecia- Me gustaría que mañana mismo traspasara parte de mi dinero del banco de Grecia a aquí, el banco de Venecia. Necesito que usted se encargue del coste de las reformas y sepa invertir bien mi dinero- miré el reloj de la alta torre que se alzaba sobre la piazza- Dígame que es mentira, que tarde se hace. Adelante señor Regetti, vaya a su casa y descanse, mañana lo necesito con todas sus energías para que haga un trabajo eficiente, buona note- y me despedí. A paso rápido recorrí el camino que me llevaría a aquel espantoso lugar.

“Por mucho que te ame, querida, en tus calles aún veo reflejadas las penurias que pasé hace siglos. Siento como me ayudas a dar cada paso, mi amada, mi amante incondicional. Venecia, ayúdame a olvidar… devuélveme una época dorada”

La mansión se alzaba grandiosa en el mismo sitio de antes. Los siglos no habían conseguido deshacerse de las quemaduras que sufrían las paredes y algunas de las paredes y parte del techo se había derrumbado.
Las ventanas no tenían cristales y los pocos mubles que quedaban estaban destrozados y roídos.
Franelo di Pazzi me esperaba en el interior de la mansión, que abstraído, observaba con detenimiento las paredes de la mansión.

-Señor Marius- gritó el arquitecto en cuanto me vio- No puedo creer que por fin lo tenga delante, soy un gran admirador de usted, quiero decir de su antepasado- dijo mientras me agitaba la mano frenéticamente- Tengo muchas obras de su antepasado, el pintor excéntrico que residía en esta casa- por fin me soltó la mano y me dio la espalda para recorrer todo el piso en el que estábamos- No es fácil encontrar los cuadros del señor de Romanus, casi todos están colgados en las iglesias de Italia y no quieres deshacerse de ellos, pero yo he conseguido hacerme con algunos y he de decir que su arte es lo que me motivo para comenzar con mi carrera. Sabía que con el pincel no podría ser como él, pero quería hacer arte con los edificios. Es un honor poder reconstruir su casa para uno de sus descendientes.

-Pues dejémonos de cháchara Franelo y comencemos a hacer arte- piso por piso, le describí tal y como quería que reformara la casa. Le indicaba con pelos y señales cada detalle, en mi cabeza estaba dibujada el antiguo aspecto del que gozaba el edificio, quería que fuese exactamente igual- Me da igual como lo haga y que recursos gaste Franelo, quiero que sea tal y como se la describo. Los muebles no tienen que ser diferentes ni parecidos, los quiero iguales. Póngase en contacto con el señor Giovani Regetti, es mi abogado y el que le facilitara el dinero y la mano de obra. ¿Cuándo tendrá mi casa terminada?
Franelo se rascó la cabeza con la pluma y se mordió el labio inferior.

-No me lo ha puesto fácil, Marius, es usted muy quisquilloso con los detalles… más o menos 2 meses- ¿Dos meses? Bueno, tendría que esperar.
Me despedí de Franelo y me perdí por las calles de Venecia, me sentía de nuevo en casa

“Venecia, en esta espera de dos meses me dedico a dibujarte con tonos dulces y acaramelados. Mis fantasmas se han disuelto en la oscuridad de tus canales. Cuanto te he echado de menos, mi amante incondicional, de nuevo juntos. Disfruto limpiando tus calles de los sucios malhechores que osan manchar tu nombre y los castigo como merecen. No me acobardo ni me avergüenzo al escribir estas palabras: estamos de nuevo juntos, querida, ya puedo decir que te amo con todo mi corazón, Venecia”

Los dos meses que duraron las reformas las pasé en el hotel Villa Albertina.
No tenía mucho que hacer, así que cuando me levantaba solía escribir algunas palabras sobre mis sentimientos encontrados desde que llegué a Venecia. Más tarde me dedicaba a pintar los cuadros que decorarían las paredes de la casa, tendría que llevarlos a enmarcar.
En esos dos meses visité el santuario dos veces y en uno de esos viajes me traje uno de mis cuadros, presente para Franelo por el buen trabajo que estaba haciendo. Cada noche pasaba a visitar la mansión y me complacía ver que el arquitecto se las ingeniaba para cumplir todos mis deseos y a la vez cumplir también con el tiempo estipulado.
Las obras terminaron, la estancia en el hotel Villa Albertina acabada, mis maletas echas y los cuadros enmarcados.
Antes de irme del hotel, quemé las pocas hojas que había escrito, costumbre tenía desde hacía muchos años.
Los cuadros y las maletas salieron hacia la mansión antes que yo. Yo fui en góndola, queriendo entrar en la mansión por la puerta que daba al canal.
El agua era de color negro, como todas las noches. Pese a su oscuridad, me parecía más bello que nunca.
En cuestión de minutos llegamos a mi nuevo hogar y pude entrar en lo que fue también mi antigua casa. Estaba todo tal y como era hace 400 años. Los muebles estaban dispuestos como en el plano que le facilite a Franelo y en los tres pisos estaban tapizadas las paredes con papel de un color azulado que invitaba al relax y a la tranquilidad.
Que magnífica imagen, que bella mansión y que gozo sentir que era toda mía, de nuevo. Los fantasmas de la casa ya no me molestarían, había echo resurgir la magia de aquel lugar.
Como antaño, pensaba abrir las puertas de la mansión a toda la aristocracia de toda Venecia.
Me presenté a mi nuevo servicio, un mayordomo, un ama de llaves y un par de mozas que harían de ayudantes en la cocina con el ama al igual que con el mayordomo.
A una de esas jovencitas, a la más bonita que vi, le entregué una carta que iba dirigida a Giovanni. En ella le pedía que esa misma noche mandara invitaciones a toda la gente importante de la ciudad para una fiesta que se celebrara en la mansión pasado mañana al anochecer. No tenía que dejarse a nadie y confiaba en su criterio a la hora de elegir a los invitados.
El mayordomo se ofreció para acompañar a la joven sirvienta y le dejé ir.
Me sentía lleno de alegría, ebrio de felicidad.
Ocupé toda la noche para colocar los cuadros en diferentes lugares de la casa, tenía que ponerlo en el mejor lugar.
El mayordomo y la sirviente regresaron mientras yo seguía con mi tarea, que corté durante un momento para reunir al servicio completo de la casa. Informé de las reglas de su excéntrico señor. Por las mañanas no estaría en casa pero debían mantener el hogar limpio y reconfortante para cuando yo llegara, no me gustaban las preguntas y no las toleraría… si obedecían y no causaban problemas, a final de mes gozarían de un premio en su salario. Una vez informados, ordené que se retiraran y yo seguí con lo mío.
Quería que la casa estuviera perfecta para la fiesta de pasado mañana.



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Mensaje por Katherine Lefevre el Dom Ene 16, 2011 12:38 pm

Mi estancia en el hotel fue muy buena. Nadie me interrumpió durante el día y yo había descansado completamente. La energía que perdí al volar hacia Venecia se había atestado durante el día. Nada más levantarme oí que llamaban a la puerta. Antes de ir a abrir, capté los pensamientos del individuo. Era mi abogado, sonreí y me levanté a abrirle.
-Katherine, buona notte. ¿Has pasado un buen día? ¿Te ha molestado alguien?
-No, no te preocupes Giovanni, todo ha sido perfecto. Por favor, pasa y siéntate. ¿Qué te trae por aquí?
-Quería comunicarte que hoy hay una fiesta en la casa de un cliente. Él dejó a mi elección el mandar las invitaciones a quien quisiera. Me pidió exclusivamente que fueran gente de buena clase. He pensado que podrías venir conmigo… Si no tienes nada que hacer, claro está.
Sonreí con dulzura a Giovanni. Era una ricura de hombre, lo único que me quitaba el sueño era que estaba demasiado encandilado con mi persona. No aseguraba el estar enamorado, pero podría llegar con facilidad. Si eso ocurriese… ¿le convertiría? No lo creía, no quería condenar a nadie más por el momento.
-Sí, de acuerdo. Te acompañaré a esa fiesta. Si permites que me vista… No tardaré demasiado.- Giovanni asintió, y aunque no mediara palabras para que saliera de la habitación, él lo hizo.
¿Qué clase de fiesta sería aquella? ¿Típica aristocrática? Giovanni no me había dado más información. De momento, elegí el vestido que me pondría para ir a la fiesta. Un vestido rojo, en aquellos momentos me pareció perfecto. Aquel vestido me recordó algo. Me lo puse cuando Marius estaba en París, nunca olvidaría aquellos días. Recogí mi pelo por la mitad y acabé mirándome en el espejo. Ya estaba lista, hermosísima, como siempre.
Salí de la habitación y allí divisé a Giovanni. Estaba parado frente a la puerta, y ahora me miraba embobado. ¿Tanto deslumbraba a los hombres? Era una hazaña digna de mí. Me acerqué a él y le proporcioné un beso en los labios.
-Estás preciosa Katherine...
-Merci beaucoup mon amour... Vayámonos chéri…
Sus pensamientos me hicieron gracia. No quería ir a la fiesta, prefería quedarse conmigo encerrados en la habitación. Los hombres nunca cambiarían, y mi seducción seguiría siendo siempre la misma, lo veía venir.

Caminamos por las calles, sorteando los canales. No tardamos demasiado en llegar. Una mansión enorme y de aspecto maravilloso. Daba la enhorabuena a los trabajadores y al arquitecto, sin duda. Entramos a la fiesta, el mayordomo de la casa pedía las invitaciones, y sin ningún problema, pudimos pasar.
La mansión estaba bien provista en su interior, todo estaba perfectamente colocado y elegido al gusto, pues en estos tiempos, no se hacían muebles así. Me cogí al brazo de mi abogado, anduvimos entre la gente, conversamos con algunas personas… Pero aún no sabía quién era el señor de la casa. Algo me alertó. Había otro vampiro en aquella mansión… un vampiro cuyo aroma... ¡no podía ser! ¿¡Marius!? Me puse eufórica.
-Si me permites, Giovanni… Ahora mismo vuelvo.- Asintió con una sonrisa.

Caminé deprisa, yendo a un pasillo. Allí capté dónde estaba Marius, sin duda, tenía que ser él. Corrí, literalmente, por la casa. Subí las escaleras, debía de estar en una de las habitaciones. Me paré en seco. Estaba frente a una puerta… detrás estaría él. Educadamente llamé a la puerta. Y allí estaba Marius, tan esplendoroso como siempre. Quería mantener los modales, pero no pude resistirme. Corrí hacia él y le abracé, refugiando mi rostro entre su cuello.
-Qué sorpresa Marius.- Dije emocionada.- No me esperaba veros tan pronto, relativamente. Tres meses para los vampiros no es mucho tiempo, pero ha sido una eternidad… Me alegro de volver a veros…


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default Re: Asuntos pendientes. [M. de Romanus]

Mensaje por Marius de Romanus el Dom Ene 16, 2011 1:44 pm

“Me limito a escribir hojas que acaban ardiendo en el fuego de la chimenea, aún así, necesito expresar mis pensamientos en tinta. Mi estancia en Venecia está siendo productiva. Giovanni, mi fiel abogado, ha querido invertir mi dinero en los mercados de exportación y parece que estoy saliendo ganando. ¿Pero qué es el dinero para un vampiro? Nada tan preciado como la compañía.
Hoy al levantarme no e podido evitar pensar en Katherine y en las buenas noches que pasamos juntos en París. Añoro su compañía, el sonido de su voz y el dulce color de sus ojos. Pero no estoy solo en esta gran mansión de tres pisos, no. Giovanni consiguió una buena mano de obra.
Mi mayordomo, Petruccio, es un hombre de avanzada edad que su experiencia mantiene los pilares de esta casa bien firmes. Imparte respeto con la mirada y mantiene a las doncellas atareadas. Mi dulce ama de llaves, María. Una mujer bajita y regordeta que regala felicidad con sus sonrisas, siempre preocupada por mi bienestar y salud… que mujer tan encantadora. Y por último, mis dos preciosas doncellas, Claudia y Cristina. Dos jóvenes alocadas y libertinas cuyo propósito en muchas noches es hacerme compañía en el lecho y mantenerlo cálido con sus jóvenes cuerpos hermosos. Son dos flores de las que me he encaprichado y que he de cuidarme para no enamorarme.
He aquí mi nueva familia al completo, serviciales, eficientes y que gozan de todo el respeto de su amo.
Escribo esta hoja la misma noche en que pedí a Giovanni que invitara a las buenas gentes de Venecia a visitar mi casa reformada. Oigo los invitados llegar y como Petruccio deja pasar a todos aquellos que tienen invitación. Puedo leer en sus mentes la admiración por la casa y las ganas de conocer al dueño. No puedo más que regocijarme de alegría al ver que todo sale tal y como lo había imaginado. Venecia, mi amante, tu jamás me dejarás solo”

La hoja se ennegrecía y disminuía de tamaño por culpa de la acción del fuego. La chimenea que había mandado instalar en mi habitación, detalle que no contenía la casa, tenía como función entretenerme cuando no tenía nada mejor que hacer que observar el baile de las lenguas de fuego y el de destruir las hojas que solía escribir todas las noches. Su tinta avivaba el fuego que intentaba calentar mi fría piel.
Los invitados no dejaban de llegar, no me preocupaba. Había contratado más servicio solo para esta noche y mis queridos Petruccio, María, Claudia y Cristina no estarían tan atareados.
La puerta de mi habitación se abrió a la puerta y quise mirar con furia al osado que se había atrevido a entrar sin llamar. Pero no pude enfadarme, delante de mí tenía a la encantadora vampira que dejé en París meses atrás.

-¡¿Katherine?!- debía decirlo en voz alta para creérmelo yo mismo.
Katherine corrió hasta mi para darme un grato abrazo que devolví emocionado.

-Qué sorpresa Marius. No me esperaba veros tan pronto, relativamente. Tres meses para los vampiros no es mucho tiempo, pero ha sido una eternidad… Me alegro de volver a veros…- no pude contenerme y la besé con todas las ganas que me había guardado durante meses. Fue un beso largo, que al separarnos, me entraron ganas de repetirlo.

-Katherine, lo mismo digo. Creí que para volver a veros tendría que regresar a París. No me imaginaba que me encontraría con vos aquí en Venecia ¿Decidme, que os atraído a Italia? Creí que no saldríais de Francia en una temporada.



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Mensaje por Katherine Lefevre el Dom Ene 16, 2011 7:14 pm

Marius parecía igual de emocionado que yo. Correspondí su beso con mucho gusto.
-Katherine, lo mismo digo. Creí que para volver a veros tendría que regresar a París. No me imaginaba que me encontraría con vos aquí en Venecia ¿Decidme, que os atraído a Italia? Creí que no saldríais de Francia en una temporada.
-Veréis, hubo un incendio en una fábrica cuya propietaria esta delante de vos.- Reí débilmente al final.- Y tuve que venir a arreglar algunos asuntos con mi abogado… papeleo y demás. Ya que iba a venir a Venecia quería quedarme un tiempo, por lo que, aquí me tenéis. Así que vos sois el propietario de esta maravillosa mansión, bravísimo. Dadle la enhorabuena al arquitecto, hizo un buen trabajo, si aún sigue con vida.- Dije pensativa, ¿el arquitecto seguiría con vida? Si la mansión se construyó hace muchos años, lo dudaba.- Están preguntando por vos allí abajo, ¿no deberíais bajar, Marius?

La puerta de la habitación sonó un par de veces. Se abrió y entró un hombre. Era Giovanni, ¿qué hacía ahí? Al verme se quedó de un pálido enfermizo. Leí su mente. Al igual que yo, se preguntaba el por qué estaba yo en aquella habitación, en los aposentos de Marius. Los celos le invadieron, qué adorable.
-Giovanni, ¿qué haces aquí?- ”No, qué haces tú aquí. Pensó mi pobre abogado.
-He venido a avisar al Señor Marius, los invitados están impacientes por ver al propietario de la mansión, hay muy buenas críticas…- Al vernos juntos, se pensaba lo peor.- ¿Os conocíais ya?
-Sí, ya nos conocemos desde hace tres meses, en París.- ”Tres meses… menos mal, yo la conozco de mucho más tiempo… ¿Qué dije? Adorable.- Ahora mismo bajamos, Giovanni. Avisa a las personas de abajo, van a conocer al señor de la casa.- Sonreí con dulzura.
-De acuerdo, voy… a avisarles…- Se dio la vuelta, un tanto dubitativo, tenía miedo de dejarme sola con Marius. Salió de la habitación.
-Es adorable, ¿es vuestro abogado también?- La respuesta era obvia.- Bajad, Marius. Os están esperando.- Me cogí a su brazo y le guié hacia la salida de la habitación, volveríamos a la fiesta que estaba montada allí abajo.


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default Re: Asuntos pendientes. [M. de Romanus]

Mensaje por Marius de Romanus el Dom Ene 16, 2011 8:41 pm

-Veréis, hubo un incendio en una fábrica cuya propietaria esta delante de vos. Y tuve que venir a arreglar algunos asuntos con mi abogado… papeleo y demás. Ya que iba a venir a Venecia quería quedarme un tiempo, por lo que, aquí me tenéis. Así que vos sois el propietario de esta maravillosa mansión, bravísimo. Dadle la enhorabuena al arquitecto, hizo un buen trabajo, si aún sigue con vida.

-El arquitecto murió, pero el que la reconstruyó sigue con vida, será a él quien le de tu enhorabuena. Sigo tratando con él y por experiencia sé que le encantan los cumplidos.

-Están preguntando por vos allí abajo, ¿no deberíais bajar, Marius?

-Por su puesto, y ahora lo haré con más esplendor si voy acompañado de una bella dama como vos, Katherine. Si sois tan amable de aceptar mi invitación.- En esas llamaron a la puerta, se trataba de de Giovanni. Le mandé pasar

-Giovanni, ¿qué haces aquí?- Se conocían. Que celos pude sentir en el abogado. Miré a Katherine y luego a Giovanni. Oh Giovanni en que mar turbulento te has llegado a sumergir. Solo sacaras dolor con este amor que te corroe.

-He venido a avisar al Señor Marius, los invitados están impacientes por ver al propietario de la mansión, hay muy buenas críticas… ¿Os conocíais ya?

-Sí, ya nos conocemos desde hace tres meses, en París. Ahora mismo bajamos, Giovanni. Avisa a las personas de abajo, van a conocer al señor de la casa.

-De acuerdo, voy… a avisarles…

-Es adorable, ¿es vuestro abogado también?

-Sí, me lo recomendaron. Hace bien su trabajo y es muy eficiente. Cuidad de él, no valláis a enloquecerlo, juego con una buena suma de mi dinero- bromeé. Como si lo gastaba todo para su propio bien. No me importaba el dinero.

-Bajad, Marius. Os están esperando

-Tenéis razón, pero antes permitidme una pregunta ¿Tenéis alojamiento aquí en Venecia? Que demonios, me da igual. A partir de esta noche vais a ser mi invitada. No voy a aceptar un no por respuesta. Esta misma noche mandaré a Petruccio y a mis doncellas que vayan a por sus cosas al hotel. Es una alegría volver a tenerte bajo el mismo techo.- Juntos bajamos las escaleras hasta el piso de abajo donde todos los invitados esperaban la aparición del señor de la casa para que les diera el permiso para curiosear por la casa.
Katherine estaba espléndida con el vestido rojo que yo ya conocía, ambos parecíamos los hermosos señores de la casa, ella aferrada a mi brazo y ambos bajando las escaleras majestuosamente.
Reinó el silencio cuando bajamos las escaleras que daban al piso de abajo, y nos detuvimos a mitad escalera.

-Buenas gentes de Venecia, no sabéis lo agradecido que me siento de teneros esta noche bajo mi techo. Tengo que agradecer al señor Giovanni Regetti por su fantástico trabajo- todo el mundo aplaudió para vitorear al abogado que parecía estar pasándose con el champagne- No os conozco, todavía, pero ahora vosotros me conocéis a mi. Hoy pensaba que el destino no me depararía ninguna sorpresa, pero he aquí a mi invitada especial- dije mirando a Katherine con ternura- Una gran amiga que quiero con todo mi corazón. Esta noche me siento completo. Gentes de Venecia, Marius de Romanus os da la bienvenida a su humilde morada, diviértanse. Las puertas de mi casa estarán abiertas eternamente para ustedes- el silencio se rompió con fuertes vítores. La multitud se dispersó y comenzó a acumularse en grupos, charlando alegremente.
Yo me llevé a Katherine a un lugar más apartado, y volví a tastar sus dulces labios. Cuanto la había echado de menos.

-Dígame, Katherine ¿Cómo va la vida Parisina? No han pasado muchos meses desde que la abandoné, lo sé, pero siento curiosidad por si las cosas siguen igual de tranquilas que siempre.


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Mensaje por Katherine Lefevre el Dom Ene 16, 2011 9:55 pm

-Tenéis razón, pero antes permitidme una pregunta ¿Tenéis alojamiento aquí en Venecia?- Iba a contestar a su pregunta cuando me interrumpió.- Qué demonios, me da igual. A partir de esta noche vais a ser mi invitada. No voy a aceptar un no por respuesta. Esta misma noche mandaré a Petruccio y a mis doncellas que vayan a por sus cosas al hotel. Es una alegría volver a tenerte bajo el mismo techo.- Tan solo asentí, parecía eufórico porque me quedara con él en su mansión. Al fin y al cabo, iba a estar mucho más cómoda allí que en el hotel.
Bajamos las escaleras para recibir a los invitados. Me sentía una dueña más de aquella mansión, cuando en verdad, yo no pintaba nada allí – como dueña de la casa y su próxima presentación. Nos detuvimos a mitad de éstas, la muchedumbre permaneció en silencio, mirando hacia los dos.

-Buenas gentes de Venecia, no sabéis lo agradecido que me siento de teneros esta noche bajo mi techo. Tengo que agradecer al señor Giovanni Regetti por su fantástico trabajo.- Todos aplaudieron, aclamando el gran trabajo que realizó Giovanni con las invitaciones e inversiones. Era uno de los abogados más capaces que conocía. Pero aquella noche estaba… extraño. Le veía beber champagne sin parar. Los celos le mataban.- No os conozco, todavía, pero ahora vosotros me conocéis a mí. Hoy pensaba que el destino no me depararía ninguna sorpresa, pero he aquí a mi invitada especial. Una gran amiga que quiero con todo mi corazón.- Marius miró hacia mí, bajé la mirada un tanto avergonzada, no esperaba que me presentase al público y de aquella manera.- Esta noche me siento completo. Gentes de Venecia, Marius de Romanus os da la bienvenida a su humilde morada, diviértanse. Las puertas de mi casa estarán abiertas eternamente para ustedes.- La gente aplaudió eufórica, ahora podrían deambular por la mansión sin acarrear ningún problema.

Marius me llevó a un lugar apartado de la gente. Volvió a besarme, yo no pude hacer otra cosa que corresponderle con toda la pasión que tenía guardada. Le había echado mucho de menos, y ahora, por fin, volvía a estar con él. No pudimos hacer otra cosa que separar nuestros labios. Si por nosotros fuera, seguiríamos besándonos sin control del tiempo.
-Dígame, Katherine ¿Cómo va la vida Parisina? No han pasado muchos meses desde que la abandoné, lo sé, pero siento curiosidad por si las cosas siguen igual de tranquilas que siempre.
-Por supuesto, todo va a la perfección. Armand está mucho mejor después de saber que estáis vivo, su felicidad ha aumentado considerablemente. Algún día deberíais volver a verle, seguro que vos también lo deseáis. En cuanto mi estado… sigo igual. No sé nada de Anette, ni creo que vaya a saber algo de ella. Llega a ser muy cabezota cuando quiere y acaba haciéndose daño ella y a los demás… Pero seguirá igual que siempre, estará bien, y más aún con vuestra sangre corriendo por sus venas… Nadie podrá hacerla daño. Me alegro mucho de eso…- Sonreí con dulzura. Mis ojos se clavaron en los suyos azules como el océano… no podía resistirme a él… Junté mis labios con los suyos, besándole con frenesí y amor, con todo el sentimiento que desbordaba en mi interior.
Pero de nuevo… aquellos pensamientos caóticos. Me separé de Marius. Miré a mi izquierda, allí estaba Giovanni. Se hizo el sueco, pero aún así, sabía que se moría de celos por dentro. Me llegaba a entristecer por él. Sus sentimientos hacia mí eran demasiado fuertes, no creí que llegara a suceder aquello. Pero los humanos eran celosos por naturaleza, lo ocultasen o no. Agaché un poco la cabeza, me sentía culpable.

Giovanni al fin se decidió. Se acercó a nosotros. Se tambaleaba un poco por el efecto del alcohol, ¿por qué mi querido abogado? ¿Por qué?
-Katherine, que sepas que no vas a volver a engañarme… Tú no me quieres… Eres un monstruo de pesadillas, nunca podrías hacerme feliz, ahora lo sé… Marius… solo te advierto que no es lo que parece ser… es mala, es diferente… Pero no la hagas daño, tampoco lo merece… Adiós.- Tambaleó hacia la salida, perdiéndose de nuestra vista.
-Pobrecillo… Mañana tendré que hablar con él, el alcohol se le ha subido a la cabeza…- Me quedé en silencio durante unos instantes. Deseaba quedarme a solas con Marius, volver a tener nuestras conversaciones… o incluso, permanecer uno junto al otro sin dejar de besarnos.- ¿Sabéis que seguís siendo igual de hermoso? No… creo que vuestra belleza aumenta cada día…- Ya no podía soportarlo más. Volví a besarle locamente, con cierta desesperación.


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Mensaje por Marius de Romanus el Dom Ene 16, 2011 10:21 pm

-Por supuesto, todo va a la perfección. Armand está mucho mejor después de saber que estáis vivo, su felicidad ha aumentado considerablemente. Algún día deberíais volver a verle, seguro que vos también lo deseáis. En cuanto mi estado… sigo igual. No sé nada de Anette, ni creo que vaya a saber algo de ella. Llega a ser muy cabezota cuando quiere y acaba haciéndose daño ella y a los demás… Pero seguirá igual que siempre, estará bien, y más aún con vuestra sangre corriendo por sus venas… Nadie podrá hacerla daño. Me alegro mucho de eso…

-Me encanta tu forma de ser Katherine, eres capaz de perdonar y seguir amando aunque el susodicho os haya echo daño. Os envidio, pero al fin y al cabo ¿no acabamos todos amando después del odio? La eternidad es muy larga para estar enfadado siempre. En cuanto Armand, deseo verlo de nuevo y se que sucederá, pero lo mejor que podemos hacer ahora es tomárnoslo con calma.
Oh Katherine, cambiaste mi vida cuando te conocí. No pudimos resistirnos más y volvimos a unirnos en un beso descontrolado que tuvo que terminar demasiado pronto por culpa de Giovanni. En estos momentos deseaba más que nunca que el abogado se marchara.

-Katherine, que sepas que no vas a volver a engañarme… Tú no me quieres… Eres un monstruo de pesadillas, nunca podrías hacerme feliz, ahora lo sé… Marius… solo te advierto que no es lo que parece ser… es mala, es diferente… Pero no la hagas daño, tampoco lo merece… Adiós- y se marchó tambaleándose. No podía suceder de otra forma, pero mañana se arrepentirá.

-Pobrecillo… Mañana tendré que hablar con él, el alcohol se le ha subido a la cabeza…- dijo Katherine.

-Yo no me preocuparía demasiado, mañana irá a buscarte para disculparse.

-¿Sabéis que seguís siendo igual de hermoso? No… creo que vuestra belleza aumenta cada día…

-Que cosas dices Katherine, pero yo siento lo mismo que tú, creo que mirarte es un privilegio y una necesidad- nos volvimos a besa y esta vez no hubo abogado que consiguiera separarnos.

Las horas de noche pasaron rápidas. Junto a Katherine, todo parecía ir mucho más deprisa… para mi desgracia, no quería que pasara el tiempo. Antes de que se hiciera más tarde, mandé a Petruccio ya las dos doncellas a por el equipaje de Katherine al hotel que ella misma indico. Además, pedí a Petruccio que dejara una nota al señor Giovanni en el hotel para hacerle saber que Katherine pasaría su tiempo en Venecia como mi invitada. Que se lo tomara como quisiera, aquí estaba la vampira por si quería buscarla.
Los invitados comenzaron a desaparecer avanzada la noche. Quedarían cuatro horas para el amanecer cuando la casa se quedó vacía. María insistía en comenzar a limpiar la casa ahora mismo. Al ver el nivel de cansancio de las dos doncellas tuve convencer al ama de llaves para que desistiera y se fueran ya a dormir. Las dos doncellas besaron mis manos agradecidas y se fueron corriendo a dormir, María se marcho maldiciendo por lo bajo.
En la casa nos habíamos quedado solos Katherine y yo y aún quedaba un poco de noche para disfrutarla.

-Vuelvo a repetir que ha sido toda una sorpresa encontrarte en Venecia Katherine… una sorpresa muy grata- comenté mientras la invitaba pasar al salón principal. Una habitación grande con muchas estanterías que me había concienciado para llenar de libros, con dos sofás grandes que estaban separados por una pequeña mesita colocada en el centro de estos- Bienvenida pues a mi casa, la casa en la que nació Armand y pasé mi época dorada. Volví y reconstruí la casa pensando que tal vez pudiera volver a repetirse la historia… y parece que todo va como la seda, ahora que Venecia nos ha reunido de nuevo, Katherine. Ven siéntate a mi lado, quiero disfrutar de tu contacto.


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Mensaje por Katherine Lefevre el Dom Ene 16, 2011 10:49 pm

La fiesta iba transcurriendo notablemente. Todo iba como la seda, la gente conversaba y deambulaba por la casa. Se estaba creando un ambiente de lo más espectacular. Pero el tiempo pasaba muy rápido, o eso me parecía a mí. Los invitados comenzaron a marcharse, dejando aquella grandiosa casa completamente vacía. Solo quedábamos las dos doncellas de Marius, su ama de llaves, su mayordomo, él y yo. Insistió en ir a recoger mis maletas, quise detenerle, eran altas horas de la noche y no quería que nadie saliera a la calle. Pero no pareció hacerme caso. Mis maletas estuvieron allí. Marius convenció a su ama de llaves para que dejara la limpieza para el día siguiente, a duras penas, aceptó la proposición de Marius. Pronto nos quedamos los dos solos.
-Vuelvo a repetir que ha sido toda una sorpresa encontrarte en Venecia Katherine… una sorpresa muy grata.- Comentó, invitándome a su salón.
-No puedo estar más de acuerdo que vos, ha sido una sorpresa muy agradable. No me esperaba encontraros por Venecia… después de todo lo que os pasó.
Me fijé en la decoración del salón. Las estanterías estaban repletas de libros, aquello sería un paraíso para mí. Los muebles estaban exquisitamente elegidos y los colores no desentonaban unos con otros. Era una estancia perfecta para descansar.
-Bienvenida pues a mi casa, la casa en la que nació Armand y pasé mi época dorada. Volví y reconstruí la casa pensando que tal vez pudiera volver a repetirse la historia… y parece que todo va como la seda, ahora que Venecia nos ha reunido de nuevo, Katherine. Ven siéntate a mi lado, quiero disfrutar de tu contacto.- Acepté su proposición y me senté junto a él.
Necesitaba estar junto a él, era una necesidad mayor, no podía explicarlo. Me sentía feliz estando cerca de él, recordaba las noches que pasé con él en mi casa de París, y más aún las mañanas que pasábamos uno junto al otro… Lo echaba de menos.
-Habéis hecho un gran trabajo, Marius. La casa es preciosa, perfectamente decorada y construida. Los espacios están muy bien emplazados y todo te inspira tranquilidad. Ha sido todo un éxito.- Pasé mi brazo alrededor del suyo, acaricié sus manos con mis dedos.- Decidme, ¿creéis que todo volverá a ser como antaño? ¿Estaréis igual de feliz como cuando estuvisteis con Armand? No creo que nadie os importune ahora… debéis estar alerta.- Le sonreí con ternura.
Mis labios deseaban besar su piel… ¿por qué Katherine? ¿No tienes autocontrol? No podía evitarlo. Posé mis labios en su cuello, esperé que no se molestara. Proporcioné varios besos en aquel lugar. Una de mis manos tomó su rostro e hice que me mirara. Le besé con una pasión incontrolable, deseando poder estar besándole toda la noche, disfrutar de él todo lo que pudiera permitírseme.
-Os amo Marius… Habéis influido mucho en mi vida…


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Mensaje por Marius de Romanus el Dom Ene 16, 2011 11:06 pm

-Habéis hecho un gran trabajo, Marius. La casa es preciosa, perfectamente decorada y construida. Los espacios están muy bien emplazados y todo te inspira tranquilidad. Ha sido todo un éxito. Decidme, ¿creéis que todo volverá a ser como antaño? ¿Estaréis igual de feliz como cuando estuvisteis con Armand? No creo que nadie os importune ahora… debéis estar alerta.

-Gracias por tu opinión Katherine, es importante para mi.- Levanté la mirada de ella para contemplar las paredes que tantas veces había vito ya- Dudo que la felicidad de antaño regrese. Cuando estoy solo en casa, me parece escuchar las voces y gritos de mis pequeños pupilos… odio la soledad Katherine y no puedo pedir al servicio que se quede toda la noche conmigo y además exigirles que mantengan la casa limpia por el día. Tú has inyectado felicidad a estas antiguas paredes. Puede que no pueda copiar un estado como el que tuve años atrás, pero puedo crear uno nuevo con compañías como la tuya… sobretodo la tuya.
Katherine comenzó a besar mi cuello, me hacía cosquillas y a la vez sentía como aumentaba la temperatura.
Hizo que girase la cabeza para poder besarme con pasión irrefrenable. Katherine, que sabrosos labios tienes, de que piel más suave gozas y que grato es tu olor… sí, quiero que impregnes esta casa con tu olor.

-Os amo Marius… Habéis influido mucho en mi vida…

-El amor es mutuo, mi dulce corazón… quiero decirte que te quiero desde el momento que partí de París y que bien me siento ahora al poder decirlo- Me habría recostado contra su cuerpo ahora mismo dejándome llevar por la pasión, pero debía guardar las formas con Katherine, la amaba demasiado como para molestarla y perderla. Me entretuvo acariciando sus sedosos cabellos cobrizos. Que hermosa que eres mi amada vampira- ¿Cuánto tiempo vas a querer quedarte Katherine? Mi casa será tu casa todo el tiempo que desees… quédate toda la eternidad si así lo deseas… no tengo reparos en compartir mi sarcófago contigo… cuanto he echado de menos nuestros días en París, anhelo volver a dormir contigo.


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Mensaje por Katherine Lefevre el Dom Ene 16, 2011 11:32 pm

-El amor es mutuo, mi dulce corazón… quiero decirte que te quiero desde el momento que partí de París y que bien me siento ahora al poder decirlo.- Le adoraba, estaba asumido. Era el vampiro más amable, considerado y tierno que había conocido nunca.- ¿Cuánto tiempo vas a querer quedarte Katherine? Mi casa será tu casa todo el tiempo que desees… quédate toda la eternidad si así lo deseas… no tengo reparos en compartir mi sarcófago contigo… cuanto he echado de menos nuestros días en París, anhelo volver a dormir contigo.- Sonreí tras sus palabras, afirmado, era el ser más dulce que conocía.
-Siento no poder quedarme toda la eternidad, mon amour, pero asuntos en París me requieren con gran necesidad… Había pensado en quedarme unas dos semanas, no es mucho tiempo pero ¿no sería fantástico pasarlo juntos? Pero prometo buscaros, volver a veros y disfrutar con vos todas las noches que deseemos, hasta que nos cansemos el uno del otro. Ya deseaba volver a sentir vuestra piel junto la mía…- Y volví a besarle, esta vez, fue un beso corto, lleno de dulzura.- Marius, me gustaría hacer una cosa con vos… ¿Querríais pasear en góndola por las oscuras aguas venecianas junto a mí?- Su afirmativa me llenó de ilusión.

Al fin y al cabo, aún faltaban unas tres horas para el amanecer. Había algo en lo que no había caído. ¿A esas alturas de la noche habría gondoleros? Lo dudaba. Pero aún así, Marius me guiaba cogido de mi mano. Había una góndola en parte de su propiedad. ¿Sería él el gondolero? Me hacía mucha gracia, sería una imagen muy sensible. Subimos a la góndola, yo me senté. Observé a Marius comenzar a remar, moviéndonos por aquel canal de lúgubres aguas. Miraba al cielo estrellado, me relajaba, aquello era un rato muy bien aprovechado. Marius se sentó junto a mí una vez la góndola cogió velocidad. La corriente nos llevaba en aquellos momentos.
-Cumplís los caprichos de esta vampira sin pedir nada a cambio… ¿No queréis que cumpla algún capricho vuestro?- Pregunté con una sonrisa en los labios.- Sí queréis algo, solo pedídmelo, cruzaré tierra y mar para conseguir lo que haga falta…- Me recosté en su hombro, acariciaba sus manos entre las mías.- Surcar los canales en góndola es muy romántico… ¿no os parece?

¿Cuánto tiempo estuvimos navegando por los canales? Demasiado… el tiempo junto a Marius se hacía muy corto, era exasperante. Por lo que, decidió volver hacia su mansión. Faltaba una hora escasa para el amanecer… vaya fastidio. Al entrar en la mansión, Marius me preguntó algo. Un sarcófago para mí sola, o dormir junto a él todo el día. Echaba mucho de menos sentir su piel con la mía, descansar junto a su persona… Prefería la segunda opción.
Una vez llegamos a su habitación, comenzamos a hacer lo que ocurría en las noches parisinas. Nos desnudábamos, no con demasiada prisa. Ya ansiaba ver su cuerpo desnudo, aquella belleza que tenía enfrente… Era hermosísimo. Los dos estábamos desnudos, sí… mi deseo se disparó. Echaba mucho de menos sentir su tacto. Comencé a besarle con pasión, mis manos exploraban las partes de su cuerpo. Acariciaba cada zona, besaba cada trozo de piel que encontraban mis labios… Le deseaba junto a mí.


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Mensaje por Marius de Romanus el Lun Ene 17, 2011 12:01 am

-Siento no poder quedarme toda la eternidad, mon amour, pero asuntos en París me requieren con gran necesidad… Había pensado en quedarme unas dos semanas, no es mucho tiempo pero ¿no sería fantástico pasarlo juntos? Pero prometo buscaros, volver a veros y disfrutar con vos todas las noches que deseemos, hasta que nos cansemos el uno del otro. Ya deseaba volver a sentir vuestra piel junto la mía. Marius, me gustaría hacer una cosa con vos… ¿Querríais pasear en góndola por las oscuras aguas venecianas junto a mí?- me pidió Katherine de tal forma que no pude negarme a su petición. No me importó que el amanecer estuviera cerca, estando con ella me sentía positivo y estaba seguro que tendríamos tiempo de sobra para volver.
Guié a Katherine hasta la entrada a la casa que daba a los canales donde había amarrada una góndola que era de mi propiedad.
Ayudé a Katherine a subirse al pequeño navío y cuando estuvo acomodada, me coloqué en mi puesto y comencé a remar por las oscuras aguas de los canales.
Me sentía cohibido de nuevo al ver la mirada de Katherine posada en mí. Tenía ganas de ella así que solté el remo y me acerqué a Katherine para poder descansar junto a ella.

-Cumplís los caprichos de esta vampira sin pedir nada a cambio… ¿No queréis que cumpla algún capricho vuestro? Sí queréis algo, solo pedídmelo, cruzaré tierra y mar para conseguir lo que haga falta…

-No quiero que cruces ni mares ni tierras, no te alejes de mi Katherine. Soy feliz y dichoso con solo verte sonreír… no necesito nada más a cambio- Katherine se recostó sobre mi hombro y me acarició las manos con ternura

-Surcar los canales en góndola es muy romántico… ¿no os parece?

-Contigo cualquier cosa es romántica, mi amor.

El tiempo volvió a pasar demasiado deprisa y el amanecer estaba demasiado cerca. Remando todo lo rápido que pude, volví a casa deseoso de pasar un rato más junto a Katherine antes de dormir.
Antes de ir directos a mis aposentos, le dí la opción a Katherine de tener su propio sarcófago, pero lo rechazó para mi gran alegría.
Subimos a mi habitación donde en el armario, tras un falso fondo, estaba mi ataúd de piedra. Había espacio suficiente para los dos.
Como las noches que pasamos en París, Katherine y yo nos desnudamos el uno al otro. En esta ocasión compartíamos más besos y caricias y nuestro aliento se entrecortaba cuando acariciábamos partes sensibles de nuestro cuerpo.
Cuanto la deseaba, quería que fuera mía y en cada beso se lo hacía saber.

-Oh Katherine, cuanto te amo- pasé las manos a lo largo de su espalda desnuda y hundí mi cara en sus cabellos. Que dulce fragancia, no me cansaría de aspirarla.


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Mensaje por Katherine Lefevre el Lun Ene 17, 2011 6:05 pm

-Oh Katherine, cuanto te amo.- Sonreí tras la revelación. Sus manos pasaron por mi espalda, su rostro se refugiaba entre mis cabellos…
Ojalá supieras todo lo que siento por ti, cuánto ansiaba poder verte, escucharte y sentirte de nuevo… Separarme de ti es una tortura divina y estar a tu lado lo es aún más. Cuánto deseaba poseerle, tenerle entre mis brazos, volver a sentirnos uno junto al otro sin tener la sensación de que íbamos a escabullirnos… Era mi amado Marius.

Me agaché llevándome su cuerpo conmigo, acabando los dos de rodillas encima de la alfombra. Le guié para que se tumbara, yo aún me había quedado de rodillas, sin embargo, aquello pronto cambiaría. Me recosté encima de un brazo, pero no del todo. La mitad de mi cuerpo estaba encima del de Marius – para ser más exactos, mi torso. Volví a saborear sus labios, pero esta vez fue diferente. Mi lengua estaba herida por la presión que hice con mis colmillos, deseaba que saboreara mi sangre mientras disfrutábamos del beso. Aquello era una delicia, debo decir. Mi mano pasaba por su torso, acariciando cada centímetro de piel. Adoraba sentir su tacto, su calidez para con mi piel… Era reconfortante. Mis besos cambiaron de lugar. Sus labios eran una delicatesen, pero deseaba poder besar cada zona de su cuerpo. Y así lo hice. Mis labios pasaron por sus mejillas y cuello, besando y succionando débilmente su piel… Su olor me hipnotizaba, perdía el poco control que me quedaba. Le miré. ¿Dejaría que probase su sangre como la otra vez? No lo pensé dos veces… actué. Hice una pequeña herida en su cuello, tan solo para poder probar su sangre, sin que fuera demasiada la sangre que fluyera de su cuerpo. Con pequeños besos y la acción de mi lengua pude recoger pequeños rastros de aquel líquido carmesí. Deslicé una uña desde su pecho hasta su vientre, causando un hilillo de sangre como consecuencia. Aquello estaba siendo una gozada, poder probar su sangre era un milagro de la naturaleza, la envidia de los Dioses. Bajé mi rostro y con ello mi cuerpo, deseaba comenzar desde abajo. Mi lengua pasó por su herida de abajo arriba, parándose alguna vez para succionar su piel. ¿Le estaría gustando tanto como a mí? Esperaba que sí, pues no quería parar, no podía dejarlo.

Una vez llegué al inicio de aquella herida que ya estaba sanada, subí el rostro. Quería observarle, toda una hermosura dispuesta para mí, para disfrutar del placer de la sangre, para entregarse a mí en cuerpo y alma. Eso quería de él, quería que su amor fuera tan fuerte que quisiera demostrármelo. Pasé el dedo pulgar por su labio inferior, mirándole con sensualidad. Tras una sonrisa acerqué mis labios a los suyos. Y de nuevo nos entregamos en un beso lleno de pasión, profundo y lleno de sentimiento. Mis manos seguían rozando su piel con las yemas de los dedos, provocando ciertos impulsos eléctricos que le hacían estremecer.
-¿Me deseáis Marius? ¿Os entregaríais a esta vampira…? Sois una adicción para mí… Provocáis en mí, sentimientos que temía manifestar a un bebedor de sangre…- Mis palabras adquirieron un tono seductivo, cerca de su oído pronunciadas correctamente y con pausas. ¿Se rendiría a mí?


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Mensaje por Marius de Romanus el Lun Ene 17, 2011 6:41 pm

Quería seguir refugiado en sus cabellos eternamente, aspirar su olor y perderme en su fragancia. Divino sea este cuerpo que estrecho entre mis brazos y acaricio con mis manos ¿sería capaz de aguantarme y no hacerla mía esta noche?
Ambos fuimos agachándonos poco a poco hasta quedar de rodillas encima de la alfombra que decoraba la habitación.
Katherine pedía que me tumbara, no quería desobedecerla. Ella acabó tumbándose encima de mí, no del todo, solo medio cuerpo descansaba sobre mi torso. Podía sentir sus pechos pegados a mi piel.
Cuando miraba a Katherine me creía capaz de ver la sensualidad que emanaba de ella con mis propias manos, de poder cogerla y retenerla para que acabara con mi raciocinio y mi cordura.
Dame tus labios Katherine, los quiero, los necesito. Y por fin volvió a unirlos con los míos, pero aquel era un beso de sangre y me sentí sediento de ella. Oh, que dulce, que maravilla, que increíble néctar saboreaba mi lengua. Quería más, quería beber más de Katherine. Ella se me adelantó. Un dolor me atenazó en el cuello, pero de la herida botaba poca sangre que Katherine se ofreció a limpiar con sus labios y su lengua.
Uno de sus dedos, dibujó una línea imaginaria desde mi pecho hasta mi vientre, pronto esta línea quedó dibujada con un color carmesí.
Katherine bajó hasta el principio de la herida. Quería gemir, desde esa posición podía ver una parte erótica de Katherine que solo había podido imaginar en sueños. Sentía tantos estremecimientos con su contacto que me parecía morir.
Por fin su lengua se atrevió a tocar mi cuerpo y yo por fin me atreví a gemir.
Dios mío Katherine que me estás haciendo.
Cuando termino de lamer mi herida, Katherine permaneció mirándome. En aquella mirada, apartando el deseo y la sensualidad, era capaz de sentir un amor enorme que había nacido entre nosotros. Querida Katherine… que me haces. La tensión entre nosotros creció hasta que nos volvimos a entregar al fruto de nuestras pasiones, nuestros besos cargados de sentimiento.
-¿Me deseáis Marius? ¿Os entregaríais a esta vampira…? Sois una adicción para mí… Provocáis en mí, sentimientos que temía manifestar a un bebedor de sangre…- esas palabras me derritieron. Toda la frase era perfecta, cargada de sentimiento, con tono sensual y cerca de mi fino oído.

-Quiero poseerte Katherine, se mía esta noche y las venideras… quiero demostrarte cuando te quiero y te deseo-
y me lancé de cabeza al mar que eran sus labios. Aferrándome con fuerza al tronco que era su cuerpo, que me mantendría a flote en estas aguas que eran la locura y la perdición.
Pero que dulce tacto tenían sus pechos, mis manos pretendían querer agarrarlos y así lo hacían, estremeciendo el cuerpo de Katherine al jugar con partes sensibles de su cuerpo.
Aún notaba el sabor de su sangre en mi paladar y quería más de ese sabroso néctar.
Aparté una mano de uno de sus pechos, y por encima del seno, clavé mis colmillos haciendo brotar la sangre. Fue solo un pequeño sorbo. No eran mis intenciones que Katherine cayera agotada.
Su dulce avivaba el fuego de mi locura y mi mano libre se volvía más desobediente.
Su vientre era igual de increíble que cualquier parte de su cuerpo, y su sexo una bella flor que yo quería admirar.
Mi mano alabó su cuerpo acariciándolo con los dedos. Podía notar calidez en aquella parte del cuerpo y mi tacto estremecía aún más a Katherine- Quiero hacerte el amor, Katherine



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default Re: Asuntos pendientes. [M. de Romanus]

Mensaje por Katherine Lefevre el Lun Ene 17, 2011 7:04 pm

-Quiero poseerte Katherine, se mía esta noche y las venideras… quiero demostrarte cuando te quiero y te deseo.- Sonreí con cariño. Volví a besar aquellos dulces labios, parecía no querer separarme jamás de ellos.
Sus manos se posaron en mis senos, cerré los ojos y llevada por la excitación me sumí de lleno. Abrí los ojos, y fue entonces cuando sentí y observé los colmillos de Marius desgarrar la piel de uno de mis senos. Mordí mi labio inferior mientras un pequeño gemido proveniente de mi garganta surcaba la habitación. No bebió demasiada de mi sangre, por lo que se lo agradecí de corazón, no quería sentirme vulnerable, era algo que no me gustaba.
Su mano libre surcaba mi cuerpo, su tacto, aquel sentimiento y ardor que provenía de mi cuerpo hacían que perdiese la cabeza. Cerré los ojos de nuevo y me sumergí en mi mente, en el momento, en aquella habitación donde Marius y yo disfrutábamos de nuestros cuerpos y de la sangre. Oh, qué maravillosa noche fue aquella. Los momentos con Marius no tenían desperdicio. El romanticismo estaba asegurado cuando se trataba de nosotros dos.
-Quiero hacerte el amor, Katherine.- Aquellas sencillas pero a la vez sinceras palabras me estremecieron, hicieron temblar.

Me liberé de sus manos, mi mirada se posó en la suya, seductora y segura, no iba a haber contratiempos en lo que los dos deseábamos con tanto ahínco. Volví a saborear sus labios, proporcionando el sabor de mi sangre en aquel beso frenético. No debíamos perder la locura, no deberíamos sumirnos en una pasión carnal sin conciencia, fatuo. Me separé de sus labios, su rostro reflejaba el deseo y la hermosura, al igual que lo causaría el mío. Qué hermoso era, no podía resistirme a sus dotes de vampiro, ni su sangre ni su cuerpo eran un alivio para mí… Me volvían loca. Coloqué un dedo sobre sus labios.
-¿De verdad lo deseáis mon chér?... Mostradme pues la llama de vuestro amor, la viveza que florece en vuestro interior a causa de nuestro contacto. Soy vuestra, Marius, llevadme al cielo y no me traigáis de vuelta, quiero permanecer allí junto a vos todo lo que me permitan…- Y le mostré una pequeña sonrisa atrayente y cautivadora.
Mis labios volvieron a posarse en su cuello, mis manos, sin embargo, acariciaban sus hombros y brazos, bajando atrevidamente por su cuerpo. Quería que aquella noche fuera completa para nosotros, que ningún percance nos estropeara la pasión y el amor que sentíamos en aquellos momentos. Sé mío Marius, hazme tuya… Ahora y por siempre.


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Mensaje por Marius de Romanus el Lun Ene 17, 2011 7:27 pm

Katherine eres tan perfecta que me cuesta decidirme por donde comenzar contigo. Temo fallar a cada instante de hacerte mía
-¿De verdad lo deseáis mon chér?... Mostradme pues la llama de vuestro amor, la viveza que florece en vuestro interior a causa de nuestro contacto. Soy vuestra, Marius, llevadme al cielo y no me traigáis de vuelta, quiero permanecer allí junto a vos todo lo que me permitan…
Que bonitas palabras, me enrojecería si tuviera sangre suficiente como para que se me subiera hasta las mejillas.
Aquello fue la invitación a entrar en su templo, en su santuario privado donde solo los amantes y amores tenían derecho a entrar.
Mi mano siguió palpando su sexo, el calor que desprendía era tentador a ser saboreado con todo el cuerpo. Mi otra mano seguía enganchada a su seno, pero no con fuerza ni brusquedad, acariciaba su pecho con delicadeza y rozaba su pezón para estremecerla.
Los dedos de la mano más baja, se volvieron más pervertidos, introduciéndose uno de ellos por los labios de su vagina. La humedad era clara y me incitaba a entrar dentro de ella.
Tasté lo que más tarde tastaría con mi miembro. Mi dedo se introdujo dentro de ella, abriéndose paso hasta el fondo. Luego lo acompaño un compañero y juntos masturbaron a Katherine con lentitud. Mi deseo ahora era oírla gemir, escuchar la canción que salía de su boca en comparsa con mis dedos que no dejaban de moverse dentro de ella.
Disfruta Katherine, disfruta de lo que te doy porque te amo y quiero hacerte sentir única, darte todo el amor y el placer que este cuerpo pueda darte.
Con mi boca besé su pecho libre y succioné su pezón rosado excitándolo y volviéndolo duro.
Yo mismo acompañaba los jadeos de Katherine, con solo ver su cara congestionada por el placer y escuchar sus gemidos que salían de su garganta, ya me excitaba. Cuantas noches había soñado con esta escena, con Katherine disfrutando de mis placeres.
Sellé su boca con mis labios, pese a todo, sus gemidos de placer seguían resonando desde su garganta.
Katherine me cogía fuerte del brazo y a la vez hacía presión con su mano sobre la mía, la que le daba placer, pidiéndome con gestos que fuera más rápido. Cuan excitado me sentía en aquellos momentos y las ganas que sentía de introducirme dentro de ella eran enormes


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Mensaje por Katherine Lefevre el Lun Ene 17, 2011 11:24 pm

Sus manos no parecían querer quedarse quietas. Hacía que temblase por el placer que me daba. La mano que tenía posada en mi seno, apretándolo con suavidad mientras acariciaba con sus dedos el pezón, me excitaba por momentos. Su otra mano, más atrevida, bajó a mi sexo. Dos de sus dedos se introdujeron dentro de mí, de mi garganta salió un gemido quedo por la sensación. Hazme disfrutar Marius… déjame visitar el Cielo por una noche… aunque solo sea una noche…. Y fue entonces cuando su mano se avivó, masturbándome despacio en un principio y sin piedad poco después. Arrancaba gemidos de mi garganta sin poder remediarlo, sus manos eran la gloria santificada. Sus labios se posaron ahora en el pezón del seno que quedaba libre, lo succionó, me hacía sentir completamente extasiada. Su boca selló la mía, ahogando los gemidos que por ella producía. Pero eso no conseguía hacerme olvidar el placer que me daba y que quería seguir sintiendo, sin duda alguna. Bajé mi mano para ayudar a la de Marius, más deprisa… lo quería mucho más deprisa… y parecía cumplir mis deseos. Ya era hora de intercambiar un poco de placer, ¿verdad?

Con brusquedad, le tumbé en el suelo, aquella fue la única manera que tenía para que dejara de masturbarme, un gran sacrificio por mi parte, había que decir. Mi mirada estaba cargada de deseo y mis labios se curvaron en una media sonrisa. Tras un último beso en sus labios, bajé por su cuerpo. Por mi camino besaba y succionaba su piel, era una delicia, algo que no quería dejar de besar. Mi rostro llegó a su pubis, donde mis besos también tenían un lugar concedido. Con una de mis manos tomé su miembro, la moví de arriba abajo, un continuo movimiento que no pararía hasta que yo lo decidiese. Ese movimiento de vaivén aumentó, masturbándole con más velocidad, sin llegar a extremos. Mi lengua deseaba salir de mi boca y probar aquel fruto prohibido. Recorrí su miembro de abajo arriba con la lengua, llegando finalmente a su glande, mi lengua, juguetona, lo recorrió en círculos, y mis labios lo aprisionaron débilmente. ¿Un buen comienzo? ¿Le gustaría? Ya lo descubriríamos. Mis labios se abrieron dejando paso a su miembro. Lo metí por completo en la boca, todo lo que podía permitirme. Mi lengua jugaba con la subida y bajada de mi cabeza. Mantuve los ojos cerrados durante unos instantes, después me fije en su rostro, en aquel rostro congestionado por el placer. Seguí con mi acto con mucho gusto, deseaba proporcionarle el mayor placer posible. Y parecía conseguirlo. Saqué su miembro de mi boca y lo eché hacia atrás con la mano, dejando paso a mi lengua jugar en su zona baja. Con delicadeza pasaba mi lengua por sus testículos, subiéndola después un poco por su tronco y volviendo a metérmelo en la boca. Succioné su miembro mientras movía mi cabeza a ritmo más acelerado, arrancando gemidos de placer de los labios de Marius. Yo también quería darle todo el placer posible, era lo que más me inspiraba… oír sus gemidos de placer.


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Mensaje por Marius de Romanus el Mar Ene 18, 2011 12:00 am

Katherine, pícara indomable ¿Por qué me haces esto? Eres la reencarnación del puro placer.
¿Cómo conseguía hacer eso con su boca? Me producía sensaciones que nunca vividas en este acto tan personal que estábamos compartiendo ambos, como dos amantes enamorados que deseaban el bienestar y placer del otro…
La viperina lengua de Katherine se enrollaba entorno a la musculatura de mi miembro, al menos esa era la sensación que tenía ya que tenía los ojos cerrados y pocas veces los abría. Si los abría, vería una escena demasiado erótica y reaccionaría por instinto. Más el instinto me pidió a gritos que era hora de cambiar, que Katherine había terminado su turno y comenzaba ahora el mío.
Lo que hacíamos ahora Katherine y yo era tantearnos, venerarnos el uno al otro antes de sentir placer los dos juntos.
La tomé de la nuca, apartando su boca de mi miembro. Luego atrayéndola hacia mi, la tentaba con mis labios guiándola hasta que mi espalda volvió a tocar la alfombra.
Katherine había quedado encima de mi, y empujándola con una pierna y un brazo, se deslizó a mi derecha y se quedó en la alfombra junto a mi.
Ahora fui yo el que colocó medio torso sobre su cuerpo, y también el que la beso para acallar la necesidad que tenía de sus labios. Una vez satisfecho, me deslicé por su cuello hasta llegar a sus pechos. Que decir de sus pechos, voluptuosos y alzados por su juventud eterna, partes muy sensibles del cuerpo de Katherine. Me entretuve rozando la punta de sus pezones con mis dedos, le producían torrentes de placer que subían por su pecho y a la vez bajaban hasta su sexo y allí es donde me dirigí.
Al llegar a su vientre, mordí sin llegar a causar herida, cerca del ombligo.
Bajé un poco más, pero me hice de rogar besando horizontalmente toda la parte de su pubis, bajando una fila cada vez que llegaba de lado a lado.
Poco a poco me iba acercando al destino, y cuando llegué a la parte superior, volví a comenzar desde el principio. Tuve que aguantarme al percibir el desagrado de Katherine y por sorpresa bajé del todo.
La humedad de Katherine, aumentada por mis besos, brotaba de su vagina humedecía la alfombra. Tanteé con el dedo apartando uno de los labios, acariciando la entrada de su vagina. Luego, con otro dedo, aparté el otro labio y subí en dirección contraria al anterior, encontrando un bultito que al rozarlo Katherine “brinco” levemente. Acababa de encontrar su clítoris… aquello se trataba de una exploración y ahora venía la aplicación del trabajo.
Acerqué mis labios a su sexo, primero lo besé, mojándome con sus fluidos y luego, después de apartar ambos labios vaginales con dos dedos de una mano, lamí todo el interior de su vagina. Mi boca se pego a su sexo, primero hizo succión y luego introduje toda mi lengua. Katherine no dejaba de moverse, tenía que cogerme con fuerza para que mi boca no se separaba del rico tentempié. Mi mano libre, al ver que no le agradaba estar sin hacer nada, encontró de nuevo el clítoris y lo “meneo”
Aquello era lo mínimo que podía hacer en pago por lo que Katherine había echo anteriormente y por sus gemidos y sus espasmos estaba claro que me gustaba. Yo también estaba disfrutando con aquello, era una forma de tastarla diferente a las demás, y oírla gemir se había convertido en un hobby que me gustaba en demasía.



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Mensaje por Katherine Lefevre el Mar Ene 18, 2011 9:54 pm

Marius me tomó de la nuca, atrayéndome a él a continuación. Mi sonrisa no había desaparecido de mi rostro. Le seguí hasta que su espalda volvió a tocar la alfombra. Aquellos labios suyos me hipnotizaban, ya lo tenía asumido, eran una perdición para la mente. Quería besarle, me dispuse a hacerlo, pero me sorprendieron sus acciones. Me hizo perder el equilibrio, empujándome hacia su derecha, quedándome encima de la alfombra junto a él. Pero así no quedó la cosa, como esperaba que sucediera. Su cuerpo también se movió. Su torso quedó sobre mi cuerpo, pero ahí llegó el beso que tanto ansiaba. Pasé una mano tras su nuca, agarrándole del pelo suavemente, sin rudeza. Pero se separó de mis labios. Un quejido se escapó de mis labios, le necesitaba. Apoyé la cabeza en el suelo, mientras Marius, se deslizaba por mi cuerpo. Se entretuvo durante unos momentos con mis senos, hacía que mi cuerpo se estremeciera hasta el punto de robarme la cordura. Pero sus intenciones eran otras. Bajó hasta mi vientre, mordiendo cerca de mi ombligo… Sí, la excitación y la presión me podían. Bajó más, aún más. Me torturaba con sus besos cerca de mi sexo, no llegaba, ese era el problema. Marius, por favor… No me hagas esto…, pensé, acompañado de un quejido. ¡Por fin se dio cuenta, Mon Dieu!, era cruel… pero acabó cumpliendo mis deseos. Sus dedos hacían magia conmigo, ya lo percibía, podía sentirlo en mis propias carnes… Sus labios, su lengua, sus dedos… todo me volvía loca. ¿Estaba mal rendirme en sus brazos? Que me llevase el mismísimo Diablo si lo que hacía era malévolo. Yo iba a disfrutarlo, lo estaba disfrutando… Los gemidos no dejaban de salir de mi boca, ¿cómo podía hacerme aquello? Malvado… cruel…

Pero la necesidad había aumentado, al igual que mi excitación y deseo. Quería poseerle, quería que me poseyera… Quería que fuera mío. Cerré las piernas instintivamente tras tomar su rostro con mis manos. Mis labios buscaron los suyos con ahínco, y me entregué en un beso de sangre lleno de pasión y frenesí.
-Marius… poséeme… hazme tuya… Quiero que nos convirtamos en uno solo, tú y yo… haciendo el amor en esta habitación, sin que nada nos detenga… que nuestros sentimientos guíen el paso que debemos dar…- Mi mirada era sensual, provocativa, llena de deseo…
Le dejé paso entre mis piernas, abriéndolas y manteniéndola a ambos lados de su cuerpo… Deseaba que lo hiciera, lo deseaba con todo mi corazón…


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Mensaje por Marius de Romanus el Miér Ene 19, 2011 1:40 am

-Marius… poséeme… hazme tuya… Quiero que nos convirtamos en uno solo, tú y yo… haciendo el amor en esta habitación, sin que nada nos detenga… que nuestros sentimientos guíen el paso que debemos dar…-¿Tendría fuerzas para negarme a aquella petición? Y si las tenía… ¿querría negarme? Por supuesto que no, mis sueños más privados con Katherine se estaban haciendo realidad en estos momentos y no quería desaprovecharlo.
Su contacto me parecía cálido, al estar a la misma temperatura que yo no era capaz de percibir el frío.
Mi miembro seguía excitado, como calmarse teniendo una belleza como Katherine pegada a mi cuerpo, el simple rozar de su aliento me trastornaba.
Me mordí el labio inferior, mirándola con deseo.
-Esta noche serás mía completamente Katherine.
Mi pene entró en contacto con su sexo, me estremecí. La entrada al cielo del placer lo tenía justo delante, pero me costaba dar el paso.
Por fin, armándome de valor, abrí un poco más las piernas de Katherine y mi miembro se abrió paso dentro de ella. Mi pene apartaba las paredes de su interior poco a poco, introduciéndose todo el tronco y desapareciendo en el interior de Katherine. Que cálido lo sentía, era increíble lo vivos que podías llegar a estar por dentro ¿A caso los placeres carnales podían llegar a hacernos sentir vivos? No conocía la respuesta pero en estos momentos me sentía más vivo que nunca.
Ya me encontraba completamente dentro de Katherine, así que me recosté sobre ella, pegando sus pechos contra mi torso y abrazándola como pude.
Era hora de comenzar, así que mis caderas obedecieron a mi deseo. Ésta iba i venía a un ritmo lento, dejando que su vagina se amoldara al tamaño de mi miembro. Cuando la lubricación y la dilatación permitieron una movilidad más fácil, comencé a utilizar mis caderas con más fuerza y velocidad. Pero que placer proporcionaba el rozar de mi glande con el interior de Katherine. Ella también parecía disfrutar, gemía con cada sacudida y cada vez lo hacía más fuerte.
Grita todo lo que quieras amor, la casa es toda nuestra y nadie detendrá nuestro arrebato de amor. Cuanto la deseaba, adorada Katherine.


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Mensaje por Katherine Lefevre el Miér Ene 19, 2011 9:19 pm

-Esta noche serás mía completamente Katherine.- Pronunció aquellas palabras que serían las últimas antes de hacerme suya.
Su miembro acarició mi sexo, cerré los ojos y disfruté del estremecimiento y de la excitación. Sus manos se encargaron de separar un poco más mis piernas. En la entrada de mi sexo estaba su miembro, que se abrió paso lentamente dentro de mí. De mis labios escapó un suspiro por la sensación. Abrí los ojos y le dediqué una mirada apasionada y llena de deseo. Su cuerpo se recostó encima de mi cuerpo, envolviéndonos en un abrazo pasional. Deseaba que se moviera, que me hiciera sentir viva de nuevo. Y así lo hizo, cumplió mi deseo. Movió su cadera a ritmo lento, haciéndose más rápidos después. Con cada sacudida de su cuerpo contra el mío, de mi boca escapaban pequeños gemidos que no pude controlar. Ni quería hacerlo. Quería disfrutar al máximo, sin limitaciones y sin miedos. Pasé mis brazos por sus costados, subiéndolos a su espalda y manteniendo las manos firmes sobre él. Mis labios buscaban los suyos en arrebatos de pasión y placer, quería mantenerme ocupada con sus besos pues mis gemidos me mataban, necesitaba concentrarme en otra cuestión. Aquel beso nos excitó aún más pues no era un simple beso, no. Era un beso de sangre. Sus movimientos tras el beso si hicieron algo más rudos, mis gemidos contenían un tono quedo. Mordí mi labio inferior débilmente, seguí mirándole con deseo. Un movimiento hizo que cerrara mis ojos y frunciera el ceño débilmente, como consecuencia, apreté mis uñas en su piel. Rodeé su cintura con mis piernas, subiéndolas un poco. Conocía el placer, sabía cómo conseguirlo y aumentarlo. Y yo quería más placer… solo un poco… Acerqué mi boca a su cuello, posando mis labios en él… Acerqué una mano y con mi uña hice un pequeño corte del que no manara demasiada sangre. Y lo probé… éxtasis, eso proporcionaba la sangre. Succioné su herida con paciencia, aún sin poder olvidar las sacudidas de Marius. Mátame querido mío… mátame una y otra vez pues lo único que llego a ver es el Cielo del vaivén de tus caderas… Hazme tuya una y otra vez, déjame tastar tus dulces labios y acariciar tu piel… Necesito tu elixir como la vida misma, entrégamelo, hazme el amor…

Bajé mis piernas de su cintura. Coloqué mis manos en sus costados e hice un pequeño impulso para colocarlo debajo de mí. Una vez conseguido quedé perpendicular a su cuerpo. Me llevé un dedo a los labios, mi pelo estaba algo alborotado y mi mirada fija en la suya. Una sonrisa, eso es lo que le dediqué. Pasé mis manos por su pecho, despacio, sin prisa. Llegué a sus hombros y seguí hacia delante, inclinando el cuerpo como consecuencia, quedando más cerca de él. Y mis manos se posaron en la alfombra. Empecé con un ritmo lento en el vaivén de mis caderas. Pero el cuerpo me pedía más, por lo que no tardé en moverme más deprisa, cada vez más deprisa… Al igual que antes, mis gemidos no dejaban de salir de mi boca, era una adicción que no quería dejar nunca. Besé su cuello, subiendo por su barbilla, acabando en sus labios. Atrapé su labio inferior con mis labios, acto seguido le besé con deseo, jugando con su lengua mientras nuestros cuerpos convulsionaban con el placer. Qué delicia es tú cuerpo, qué deseo y pasión siento contigo… Me hacéis sentir única entre las afortunadas… qué erotismo proporciona tu mirar… Todo atrae de tu persona… Afortunado.


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default Re: Asuntos pendientes. [M. de Romanus]

Mensaje por Marius de Romanus el Jue Ene 20, 2011 12:54 pm

Al placer que nos daba el rozar de nuestros sexos en las embestidas, había que sumarle la adicción a la sangre. Convertir aquel acto de amor en una orgía de sangre hubiera sido fácil, pero el caso era que se trataba de un acto de amor no lo contrario.
Aún así la tentación de intercambiar fluidos durante la unión de nuestros cuerpos era demasiada y alta.
Los besos de sangre de Katherine eran como mi combustible. Cada vez que notaba el dulce sabor de su sangre en mi boca, mis embestidas se volvían más fuertes y rápidas y mi propia lengua se volvía loca en el interior de su boca pues, desesperada, intentaba buscar la herida en la boca de Katherine para poder degustar más su increíble sabor.
El camino de la sangre era el camino de la locura y el placer solo nos ayudaba a seguir con nuestro paseo.
Katherine se tomaba toda libertad para beber de mí, no la detenía, no quería. Quería que ella bebiera de mi sangre, que se excitara más y más hasta hacerla enloquecer.
Katherine nos impulsó y de nuevo cambiamos de posición.
Ahora ella se había quedado encima de mí, perpendicular a mi cuerpo. Desde allí, me miraba juguetona.
La caricia de sus manos por mi cuerpo me transportaba a un paraíso digno de observar y del que no quería salir nunca. De una forma u otra, aquella habitación se había convertido en nuestro paraíso y no acabaría si nosotros no lo deseábamos.
Sus manos dejaron de hacer contacto con mi piel, y se dejaron caer sobre la alfombra, a ambos lados de mi cabeza.
Mis manos subieron desde sus caderas, por su espalda, hasta llegar a su nuca ¿No me cansaría de tocar aquel cuerpo? Cada centímetro de piel me enseñaba un nuevo mundo de sensaciones.
Vamos Katherine, mátame… ahora soy tu víctima. Y comenzó la tortura. Sí, el movimiento de sus caderas era una tortura. Cualquier acción que osara robarme el raciocinio era digna de ser conocida como tal.
Aún así, quería más y más. Katherine no me lo negó, tampoco se lo negó a si misma.
Mis manos recorrían su espalda continuamente y mis ojos se quedaban fijos en sus preciosos senos que no dejaban de moverse a causa de las embestidas.
Me entraron ganas de succionarlos, con una mano cogí uno de ellos y me lo llevé a la boca. Atrapado uno de sus pezones entre mis labios, no pude contener mis colmillos.
Mordí su pezón hasta que brotó sangre y mamé de su pecho hasta que la herida cerró. Lamí el pezón limpiando la sangre reseca y miré a Katherine que tenía la cara congestionada de placer, como la tendría yo pues, como ella, tampoco dejaba de gemir y cerrar los ojos para disfrutar más de las corrientes que surcaban mi cuerpo de arriba a bajo.


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default Re: Asuntos pendientes. [M. de Romanus]

Mensaje por Katherine Lefevre el Jue Ene 20, 2011 9:54 pm

Sus manos pasaban por mi espalda, le sentía cálido, pero no podía pensar en sus caricias ahora. La pasión me cegaba, me estaba embargando de placer con cada sacudida, cada vez que su miembro entraba en mí… Era una sensación que no quería dejar de sentir en todo lo que quedaba de noche. Una de sus manos tomó uno de mis senos, llevándoselo a la boca para encerrar entre sus labios mi pezón… Tras morderlo con sus colmillos dejé escapar un gemido de erótico placer. Bebió la sangre hasta el cerrar de la herida… Me estremecía su contacto, cada uno de sus actos… sabía cómo enloquecerme y a qué puntos atacar. Cerré los ojos disfrutando de aquel placer que me recorría, no del éxtasis del sexo, sino de sus mordiscos, el pasar de sus manos por mi cuerpo… Abrí los ojos. Le miré con erotismo, con un movimiento de la cabeza, eché el pelo hacia atrás para que no me molestase. Deseaba besarle, no tardé en hacerlo… El ardor de la pasión con la que le besaba era un deleite, más aún, me atreví a morder su labio inferior, probando la sangre desde sus labios… aquello era mucho mejor pues sus besos te devolvían el dulce sabor del líquido carmesí.

Cuando acabé de besarle, me coloqué perpendicularmente a su cuerpo. Pasé las manos lentamente por sus brazos, llegando a sus manos. Las así y tiré de él para que quedase sentado, yo encima de él. Sonreí con cariño, estaba un poco ida del placer. Sin moverme aún, besé su cuello, pasando mi lengua a lo largo de él… Llegando a su oído…
-Os amo con todo mi oscuro corazón, Marius… No sé qué habéis hecho en mí… pero no hago más que pensar en vos. Tus caricias, tus besos… Sois delicioso…- Una pequeña risita se escapó de mis labios.
Pasé mis manos por sus hombros, dejando que me sujetase desde las caderas. Y comencé a moverme. Aquella postura era la más romántica. El abrazo mutuo, los besos que nos proporcionábamos… Todo era mucho más fácil. Sentía su piel suave, tersa, cálida… no quería dejar de acariciarle. Los gemidos seguían saliendo de mi boca sin poder eludirlos. Maldita agónica pasión y éxtasis carnal. Pero lo adoraba.
Mis uñas se clavaron en su espalda débilmente, no pretendía causarle ningún daño. Mantuve la cabeza apoyada en su hombro, suspirando y gimiendo, cerrando los ojos y envolviéndome en el placer que me daba Marius. El placer y amor con un vampiro era mucho mayor que el de un humano, no tenía límites… Y el nuestro no debía tener límite…


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Mensaje por Marius de Romanus el Vie Ene 21, 2011 1:48 pm

-Os amo con todo mi oscuro corazón, Marius… No sé qué habéis hecho en mí… pero no hago más que pensar en vos. Tus caricias, tus besos… Sois delicioso…
Quise contestarle, deseaba corresponder aquellas palabras que harían sentir especial a cualquiera, más a mí que tan solo me sentía estos últimos años. Saber que de nuevo había echo nacer un amor hacia otra persona conseguía volver a sentirme vivo.
Fue el movimiento de sus caderas lo que me hizo callar. Aquella posición en la que nuestros cuerpos se pegaban para formar una sola me pareció sensual, erótica y romántica a la vez. Querer fundirme con su cuerpo era el objetivo de la noche y no separarme el modo de llevar a cabo mi misión.
Katherine tenía la cabeza apoyada en mi hombro, sus gemidos iban directos a mis oídos y su cuello se cernía sobre mi boca peligrosamente. Aquella mezcla explosiva no traería nada nuevo, y se hicieron realidad mis temores cuando la sangre de Katherine inundo de nuevo mi boca.
Sin poder evitarlo había llevado mi boca hasta su cuello y herido su piel para hacer brotar sangre.
Conseguí controlarme, no reabriendo la herida una vez cerrada, me limité a saborear con mi lengua los restos que se habían quedado en su dulce piel.
Me estaba nublando y significaba que comenzaba a perderme. Separé a Katherine de mi lado, me las ingenié para tumbarla de lado y yo colocarme a su espalda, pegándola contra mi pecho.
Mis manos recorrieron su pierna, desde su cadera hasta casi llegar a su rodilla.
Que increíbles curvas poseía su cuerpo, envidia de millones de mujeres en el mundo. Un cuerpo perfecto y eterno.
Besé su hombro y luego su brazo.
-Hablas de amor y entonces yo consigo abrir los ojos de nuevo. Has conseguido que vuelva a vivir, oh mi eterno amor. Cuanto te amo bella Katherine, no te separes de mí- la mano que acariciaba su pierna la aferró para levantarla. Con mi otra mano cogí mi miembro y busqué su seco con mi glande. En cuestión de segundos había entrado de nuevo en ella y volví a embestirla para continuar robándonos gemidos el uno al otro.
¿Cuánto tiempo llevábamos demostrando nuestro amor? Podía escuchar las campanas del amanecer acercándose veloces, pero quedaba tiempo suficiente para seguir amándola un poco más.



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Mensaje por Katherine Lefevre el Sáb Ene 22, 2011 1:31 pm

En toda aquella maravillosa escena, me veía venir un acto por parte de Marius. En efecto, mi cuello quedó demasiado cerca de su boca, lo que Marius aprovechó para rasguñar mi piel con sus colmillos y dejar que la sangre saliera para su propio deleite. Debía ser sincera, adoraba la sensación de que probaran mi sangre, aunque no la de vulnerabilidad. Él lo sabía y cumplía mis deseos. No parecía querer desangrarme como si fuese una víctima, no… Su acto era mucho más sensual, amoroso y placentero. Tras un largo rato degustando mi sangre se separó de mi lado. Un cambio de postura, sí… Se puso detrás de mí, sus brazos abrazaron mi cuerpo, mi espalda estaba pegada a su pecho. Sonreí débilmente, tenía más trucos de la manga de lo que yo creía. Su mano pasó por la curvatura de mi cuerpo, llegando a mi pierna. Después posó sus labios en mi hombro y en mi brazo en un dulce beso.
-Hablas de amor y entonces yo consigo abrir los ojos de nuevo. Has conseguido que vuelva a vivir, oh mi eterno amor. Cuanto te amo bella Katherine, no te separes de mí.- Oh, querido mío, jamás podría separarme de ti. Eres la luz que ilumina mi oscuridad en la vida eterna. No me dejes, permanece a mi lado y vivamos en la senda del jardín salvaje…
La mano que estaba en contacto con mi pierna hizo lo posible para levantarla débilmente. Le ayudé. Flexionando mi rodilla coloqué la pierna tras las suyas, permaneciendo los dos más cómodos. Escasos segundos… y su miembro volvió a mi interior. Cerré los ojos y me dejé llevar por el placer que Marius me regalaba. Era una sensación más placentera que las anteriores, el cambio había merecido la pena. Y volver a demostrarnos el amor y el placer que queremos entregarnos era algo que no parecíamos querer dejar escapar. Y no lo dejaría.
Sabía que el amanecer estaba cerca, y que nuestra hora de sueño debía comenzar en aquellos momentos… Pero no podíamos, en nuestras mentes solo estaba el poder entregarnos el amor que tanto tiempo deseábamos entregarnos… Y así transcurría los últimos momentos de la noche. Marius y yo haciendo el amor, deseando poder sentir el dulce éxtasis del final. Ya llegaba… Sí, se notaba. Vamos Marius… haz que sienta el placer infinito del amor, muéstrame el camino…


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