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Una oración por las almas

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default Una oración por las almas

Mensaje por Uriel el Vie Feb 04, 2011 3:43 am

Llegué al un claro del bosque, alejándome de la ciudad montado a caballo, últimamente había estado realizando sanaciones en los hospitales y cada vez la presencia de las fuerzas demoníacas me era más evidente, París estaba infestada, no era solo el ambiente decadente que se podía ver en las calles, no era que incluso los pobres estuviesen matándose entre ellos por pan...no, era algo más perverso, yo mismo estaba empezando a no tener esperanzas en la humanidad, yo...que amaba tanto a la raza humana y que no podía negarme a perdonar todos sus pecados.

Cuando me aseguré que nadie me había seguido ni había nadie a la vista bajé del caballo con prisa, había permanecido demasiado tiempo en mi recipiente y podía notar como el corazón de ella estaba a punto de quebrar por el excesivo uso que había estado haciendo de mis sanaciones.Mi recipiente, cayó de rodillas al suelo para precipitarse contra las hojas caídas de los árboles del claro.
Una vez liberado de aquel cuerpo que se me antojaba estrecho y pequeño desplegué mis alas, que sentía entumecidas mientras crujían al desplegarse.Intenté recuperar el aliento medio ahogándome, había pasado un año desde que salí por última vez de ella y me estaba pasando factura

Empapado en sudor noté mi cuerpo acalorado y sudoroso entre mis túnicas, aparté tembloroso mi pelo del rostro, sacudiéndome con pequeñas convulsiones y alcé la vista, sintiéndome pequeño, débil, cuasi inútil...por mucho que me esforzaba siempre había más, siempre más....el mal parecía extenderse como un cáncer sin remedio en la sociedad parisina, y su mano negra tocaba a todas las clases...desde el más mísero hasta el más pudiente

Como pude me puse de rodillas y con parte de la túnica de mi manga izquierda limpié el sudor de mi frente, observé mi cuerpo humano que se hallaba tumbado boca-abajo en el suelo, y pensé : "Que frágiles sois pequeñas criaturas, si solo pudiese hacerme yo cargo de todos vuestros pecados y redimiros por ellos..".Cerré los ojos solemnemente y oré en silencio por la salvación de su alma....por la salvación de Francia...por la salvación de la Humanidad
El caballo en el que había venido hasta allí se encabritó ligeramente mas no huyó al ver mi presencia verdadera, pude notar como se amansaba cuando empecé a orar y como se echaba a descansar cuando finalmente oí la voz de Padre
Mantuve unos minutos mi oración por la salvación de las almas mientras oía como Padre me indicaba que debía hacerlo con la misma frecuencia de siempre, alentándome a permanecer fuerte...luego dejé de escuchar su voz pero seguí allí....arrodillado....en paz conmigo mismo


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default Re: Una oración por las almas

Mensaje por Alma Dupont el Jue Feb 10, 2011 11:31 pm

Debía solucionar una serie de asuntos, atar cabos y cubrirme las espaldas. Pero mis métodos eran poco ortodoxos. El bandido y yo estábamos metidos en un buen lio y, nadie como Kaled, para solventarlos. Era mi escolta personal, mi as de tréboles, mi ratero y asesino por excelencia, cuando no deseaba mancharme más las manos. Un tipo que, por un puñado de dólares, se tira de cabeza y con los ojos vendados, aunque la profundidad esté repleta de cuchillos afilados. Nos parecíamos en cierto modo. El Inmortal, así le llamaban. Un tipo de tres metros de altura que vivía en una casucha en pleno bosque.
Esa noche, me adentré en la espesura para llamar a las puertas de mi salvador. Mejor dicho, nuestro salvador. Si existía un Dios, era él. Porque me negaba a rezar por el alma de Tristán. Yo ya estaba sentenciada y lo tenía más que asumido. Pero él... no permitiría que le hiciesen daño.
Apenas corría el aire y, aún así, sentí mis ojos hinchados, como si un millón de ráfagas se colaran a través de las cuencas de mis ojos, provocándome el llanto. Se respiraba tranquilidad taciturna si no fuera por mi congoja. Si no fuera porque, escuché un hilo de voz. Un rezo sabido y resabido. Ridículo...
Lo ignoré por completo y sostuve entre las manos un pequeño papel donde apunté el camino hasta la casa de Kaled. Hacía meses que no acudía en su ayuda y temía perderme. Y con ello que el tiempo transcurriese. Pero los cánticos no cesaban, desconcentrándome en la lectura ¡Maldición! ¿No tenía casa? -Perdonad - grité enfurecida, secándome las lágrimas -¿Os importaría rezar más bajo? gracias - contesté muy seca, antes de que respondiese. Hay que joderse...

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