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Peut bien être tenté du Diable [Libre]

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default Peut bien être tenté du Diable [Libre]

Mensaje por Pierre François Lacenaire el Vie Mar 18, 2011 3:50 am

“Je suis un voleur, un filou,
un scélérat, je le confesse,
mais quand j'ai fait quelque bassesse,
hélas, je n'avais pas le sou!”


“Soy un ladrón, un ratero,
un villano, lo confieso,
pero cuando hice una mezquindad,
¡Ay, yo no tenía dinero!”

Así comienzan los primeros versos de la noche. La pluma de Lacenaire rasgaba la superficie del papel amarillento, movido por la fuerza proveniente de la inspiración divina. O así pensaba él, cada vez que con suma tranquilidad mojaba su pluma de oca en el tintero. Su rostro reflejaba la concentración, de un acto tan virtuoso, como es la poesía, su poesía. Alejado del resto, en una robusta mesa pegada a la escalera de caracol, se encontraba nuestro protagonista, sentado, y sin ninguna preocupación. Apretaba su bastón entre las piernas, como si esa simple presión le recordase dónde estaba. Su oscuro sombrero de copa protegía sus guantes de las motas de polvo, que él creí ver. Iba perfectamente arreglado, con la vanidad que el mismo contraatacaba.

El día se le había hecho pesado. Al final tras intentar una y otra vez sacar beneficio de un cliente ricachón se había quedado con las manos vacías, pero mejor sea dicho, no quería pillarse los dedos más de lo necesario. Deseaba ahogar al maldito bastardo con sus propias manos, “así estarían bien llenas”. Rió por lo bajo, imaginándose entre las ganancias que supondría acabar con la vida de Mourchois. El sonido férreo de su pluma le sacó de sus ensoñaciones. Las pocas horas que sacaba para escribir, le evadía de su realidad, aunque más tarde arrojase lo escrito a la chimenea.

Al atardecer había decidido perderse entre las estanterías de la Biblioteca parisina. Sentía un placer casi erótico cuando asomaba sus ojos curiosos en libros de siglos pasados, el olor que desprendían le dejaban por unos momentos tambaleándose. Incluso de niño le había sucedido. Y ahora, sus manos manchadas de sangre, acariciaban la cubierta de las Santas Escrituras, una sonrisa apocopada dejaba entrever lo pútrido de su persona. Caminó por las hileras de estantes, pensando que algún día sus escritos estarían entre todos esos gruesos volúmenes ¿Por qué no? No consideraba que nadie estuviese por encima de él. Y sus conjeturas no estaban muy lejos de la realidad.
Levantó la pluma del papel unos segundos, perdiendo la vista en el inmenso ventanal, que enmarcaba una luna creciente. Suspiró con una extraña nostalgia, sin darse cuenta de que la tinta caía a goterones sobre lo ya escrito.
Farfulló unas cuantas maldiciones, recostando su espalda en el respaldo del asiento. Tomó el papel, arrugándolo hasta formar una bola, y lo arrojó tras de sí. Se crujió el cuello antes de coger otro papel en blanco.

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Mensaje por Luna Reverie Midnight el Vie Mar 18, 2011 7:23 am

El arte, en toda su inmensa variedad de expresión, le parecía no sólo lo más hermoso que preservaba la humanidad, sino de todos los seres existentes. Vivos o muertos, incluso. Y tenía cierta preferencia por la lectura conteporánea. Fue una de las razones por las cuales decidió quedarse, después de mucho tiempo vagando en paisajes exhuberantes totalmente ajenos a la civlización, demasiado como para recordarlo con exactitud. Encajar en la sociedad actual ciertamente no fue dificíl, pero todavía le faltaba aún más que descubrir. Tenía pocas semanas de haber sido adoptada en la familia Midnight y lo mejor que se le ocurría hacer era ir de un lado a otro, yendo a diferentes lugares con exquisita arquitectura, gozando de sus nuevos privilegios de la Clase Alta. En los últimos anoheceres se dio la tarea de investigar en las Bibliotecas todo el tiempo en que durara la oscuridad, antes de que el sol tuviese oportunidad de anunciarse. Detestaba que sucediera eso en medio de una lectura muy interesante. No le gustaba ninguna clase de interrupción, a pesar de que era bastante paciente como para que eso se notara. Esa era una de las ventajas de ir a un sitio público a altas horas de la noche; la gente era bastante supersticiosa y temerosa como para rondar desprotegida por ahí, aunque se trate de una biblioteca cualquiera. Y los que se llegasen a aventurar, ya sea por simple osadía o desinterés ante los posible riesgos, resultaban ser realmente interesantes. Y también era una razón más para que ella estuviera ahí. Además, podía sacarle su debido provecho. Mientras, ella, con toda la serenidad del mundo, se paseaba libremente por los, a veces estrechos, y en otras ocasiones muy amplios pasillos que parecían abrirse ante ella a cada paso que daba. La bilioteca estaba diseñada considerando primordialmente la comodidad y la inspiración artistíca de sus clientes. Comenzó a tararear en voz bajita y moderada alguna canción de huérfanos en tiempos de guerra, de hacía muchisímo tiempo, siglos tal vez. Una tonada inocente que fue compuesta a base de muchas lágrimas y las masacres de aquella época. Retumbaba por todas partes y provocaba un extraño eco susrrrante que se mezclaba con la noche misma. Sus pasos, ágiles y agraciados, no causaban ni el más minímo de los ruidos, al igual que el constante movimiento de su delicado vestido. En ocasiones repasaba con las yemas de los dedos los lomos de los libros que sobresalían en los estantes. Inspiró profundamente la agradable mezcla de los aromas de la madera, los encuadernados de cuero, los tapices de terciopelo y las páginas que poseían escrituras tan antiguas como ella misma.

Pero había algo distinto en el aire, un olor humano. Dejó de cantar y prestó atención a los latidos de su corazón, caliente y bombardeando de cierta frustración. Silenciosamente se dirigió al lugar donde, cada vez más se escuchaba el sonoro palpitar de aquél órgano tan vital. Finalmente su mirada dio contra aquél inquieto mortal que yacía sentado desoladamente escaleras abajo. Comprendió en seguida el motivo de su estrés al verlo arrojar con desprecio una inofensiva bolita de papel, completamente libre de toda culpa, y la pluma con el tintero descansando a un lado de otra inocente hoja de papel. Tenía que salvarlo de la impaciencia del escritor.

Terminarás acabando con lo poco que te quede de inspiración. − comentó, desde el escalón más alto de aquella escalera de caracol. Su sedosa y platinada voz se escuchó muy clara y relajada. Una simple observación que no esperaba ser tomada en cuenta ni mucho menos. Algo que podria haber susurrado la oscuridad de cada rincón, sino fuese porque se escuahaba bastante real como para ser parte de la imaginación de alguien. Se dio cuenta de que la espontánea manera en que lo dijo podía matar del susto al hombre. Después de todo, no habían señales de vida aparente en aquél lugar más que él, y ella no se anunció de la manera en que regularmente haría cualquier otra persona. Cosas propias de un humano como el sonido de la suela de sus zapatos indicando que se acercaba cada vez más, o el simple movimiento agitado del aire en un lugar turbio y tranquilo como ese. Quizá el sujeto terminaría confundiéndola con alguna musa nocturna o algo similar. No sería la primera ni la última vez que se diera esa situación. Esperó serenamente por su reacción.



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Mensaje por Valery Dawson el Vie Mar 18, 2011 8:36 pm

Las manecillas del reloj se deslizaban lentamente pero sin pausa y poco a poco la claridad que entraba por las ventanas iba consumiéndose hasta dejar paso a la más absoluta oscuridad. Los candelabros de la biblioteca fueron encendidos uno a uno por el encargado y esa luz parpadeante y bailarina mezclada con un intenso olor a cera hizo sacar a Valery de su profunda concentración. Había llegado a primera hora de la mañana con el corazón latiendo a cien por hora. Jamás había estado en París y mucho menos viajando sola. Pero desde que murió su padre había aprendido a ser autosuficiente descubriendo así algunos de los pequeños placeres de la vida. Por ello, se encontraba allí, en una enorme biblioteca en el corazón de París, satisfaciendo uno de sus más anhelados deseos. Valery siempre había sentido una inmensa curiosidad por todo y le admiraba la forma de pensar de grandes escritores y filósofos de otras épocas.
El olor a libros parecía hacerla despegar del suelo y sumergirse en otros mundos completamente distintos. Sin darse cuenta, la biblioteca se había ido vaciando hasta quedarse prácticamente vacía. Con un suspiro cerró el libro que le había estado trayendo quebraderos de cabeza desde primera hora de la mañana y cerró durante un momento los ojos disimulando un bostezo. Era ya demasiado tarde como para que una mujer se aventurase a caminar sola por la noche pero por otra parte la perspectiva de quedarse a dormir en aquella biblioteca en una rígida silla no le seducía en absoluto. Finalmente una voz atrajo su atención y Valery no pudo evitar girarse a mirar. Una mujer extraña y de quizás una belleza demasiado sobrenatural como para ser de este mundo daba conversación a un hombre que por el montón de papeles acumulados y las manchas de tinta parecía tratar de escribir un ensayo.
Valery, haciendo honor a su carácter profundamente curioso, no pudo evitar la tentación de acercarse a ellos. Ambos parecían distinguidos y bien vestidos. Probablemente por su sangre correría linajes de nobleza y aquello llamó aún más su atención. Lentamente se levantó de su asiento y dejó el libro parsimoniosamente en la estantería de donde lo había cogido. Apenas sin hacer ruido al caminar se acercó a la extraña pareja limitándose prácticamente a saludar.
- Buenas noches.-dijo con una leve inclinación de cabeza mientras que en sus labios se dibujaba una dulce sonrisa que aniñaba aún más su rostro.- Veo que no soy la única que siente fascinación por este lugar hasta el punto de olvidar la hora que es…-dije medio bromeando observando la noche a través de las altas ventanas.

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Mensaje por Pierre François Lacenaire el Dom Mar 20, 2011 4:14 am

-Terminarás acabando con lo poco que te quede de inspiración. Lacenaire enmudeció, fijando sus ojos en la la punta de su pluma “¿De dónde provenía esa voz?” ¿De su cabeza? Debía serlo. Aunque tal vez se había vuelto loco. –Imposible.- murmuró para sí. Hundió dos de sus dedos en su sien, para posteriormente descansar la pluma en el tintero. Alzó lentamente sus ojos cansados ya del papel, y quedó impresionado. No podría describirlo de otra manera.
No fue temor lo que le inspiró aquella genuina mujer. Solo sorpresa. No la había escuchado bajar las escaleras, y desconocía que aún hubiese gente en la Biblioteca. En realidad desconocía mucho, pero de ningún modo Lacenaire iba a reconocer tal cosa. No tuvo que abrir la boca para suponer que aquella mujer gozaba de cierto nivel social.
Sin más, una sonrisa cordial, pero no por ello menos premeditada, se desplegó a lo largo de su rostro. Nuestro protagonista no tenía intención de dar pie a una conversación, más que nada por el respeto que le inspiraba este edificio, pero aún así contestó.
–Mi inspiración está lejos de agotarse, madame.- Según él, su cabeza era como un hervidero de ideas. “La inspiración debe encontrarte trabajando.” Tomó de nuevo la pluma, inclinando la cabeza, le venía otro torrente de palabras, que rápidamente escribió:


“Un voleur adroit et subtil
pour éviter toute surprise
sait déguiser la marchandise,
et la vendre ainsi sans péril.”


“Un ladrón hábil y sutil,
para evitar toda sorpresa
sabe disfrazar la mercancía,
y venderla así sin riesgo.”
Esa noche era un no parar. Se tenía por un privilegiado. Movió el pie alegremente, pensando ya en el título de su pieza, cuando escuchó unos pasos a su espalda “¿Era hora de cerrar?” se preguntó.

- Buenas noches.- Haciendo gala de sus modales ladeó su torso, saludando con otra decaimiento de cabeza a la joven que se acercaba.-Veo que no soy la única que siente fascinación por este lugar hasta el punto de olvidar la hora que es…- Lacenaire contuvo la risa. Levantándose de la silla sin arrastrarla. Consideró que ya era hora de irse. Amontonó los papeles, sin borrar su sonrisa.
–El tiempo es nuestro acérrimo enemigo.-
murmuró de manera confidencial. Cerró el frasco de tinta mirando por la ventana. –No me importaría quedar encerrado aquí.- miró a su rededor. -¿Lo he dicho en alto?- se encogió de hombros. Era una idea demasiado absurda para que se hiciese realidad. Agarró su inseparable bastón. -¿Qué hora tenemos?- quiso saber. Se había olvidado el reloj de bolsillo en casa.


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Mensaje por Luna Reverie Midnight el Mar Mar 22, 2011 5:04 am

Mi inspiración está lejos de agotarse, madame.- Una pequeñisíma sonrisa se curvó ligeramente en sus labios, por algunos segundos, cuando lo observó reanudar su concentración y plasmarla casi con desesperación en papel. Debido a su avanzada capacidad visual, le fue sumamente fácil distinguir las letras que escribía aquél misterioso autor, aún a pesar de la distancia y la oscuridad. – Es una verdadera lástima que la Noche no perdure para siempre, monsieur.– utilizó un honorifíco francés en lugar de uno italiano, como ella acostumbraba. Después de todo, estaban en París. No le apatecía dar la impresión de ser extranjera.

Se recargó en el barandal de la escalera, permanciendo todavía entre penumbras. Otro humano estaba caminando hacia ellos, una mujer joven, seguramente de clase media. No inspiraba la misma elegancia ni arrogancia de alguien de alta alcurnia, y tampoco el olor de su sangre lo acreditaba. Le pareció una jovencita bastante decente y delicada, tal y como debería de ser una señorita sin importar su condición económica. De todas maneras no tenía interés de beber de ella. - Buenas noches.- escuchó que decía. Le sonrió con la educación y gentileza propia de su aspecto infantil y adorable. –Bonne Nuit. – respondió en francés otra vez. Podría acostumbrarse.

Mientras la chica que acercaba, él comenzó a recoger sus cosas a la vez que entablaba conversación con ella. Si, esa muchacha tenía mucha vida que disfrutar, armoniosa y jovial. Totalmente ingenua a muchos aspectos que demuestran lo crudo que puede ser la realidad. No podía decir lo mismo del hombre que se encontraba más próximo hacia ella; emanaba una larga y dura experiencia, y una alma manchada que le parecía ciertamente atractiva. Era una lástima también que estara por irse. -¿Qué hora tenemos?-.

No sabría decirle exactamente, pero me imagino que faltan aproximadamente ocho horas para que salga el sol. – Claro que lo sabía, no tenía que adivinarlo. Pero eso era algo que, por supuesto, ellos no necesitaban saber.


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Mensaje por Valery Dawson el Miér Mar 23, 2011 10:36 am

El tiempo siempre parecía correr en contra de Valery y aquella noche no iba a ser una excepción. Aquel pensamiento parecióbser correspondido por las palabras de aquel hombrr que tachaba al tiempo de enemigo.
Valery sosteniéndo sus cosas fuertemente así como el pesado libro que había decidido llevarse notó que ya era tiempo de irse de aquel lugar. ¿Desde cuando se había vuelto tan charlatana como para dar conversación a dos desconocidos? Y más teniendo en cualenta que aquella mujer tenía algo que le ponía los pelos de punta a pesar de su refinada apariencia.

Así pues decidió que ya era momento de despedirse y regresar a su casa por las oscuras calles de París.
- Me temo que me tengo que despedir ya.-dije esbozando una sonrisa.- Está ya muy oscuro y no quiero demorarme más para caminar por estas callejuelas.- repuse frunciendo lijeramente las cejas pensativa mientras miraba de reojo la oscuridad de la noche.

La noche y la oscuridad siempre me habían causado pavor desde niña. Claramente era una mujer que prefería el sol, la luz y el calor. Quizás era porque todo me parecía más bello y menos siniestro bajo la presencia del sol.

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Mensaje por Pierre François Lacenaire el Jue Mar 31, 2011 1:31 pm

No sabría decirle exactamente, pero me imagino que faltan aproximadamente ocho horas para que salga el sol. “¿Ocho horas?” Se enguantó las manos con primor.-Muchas gracias, madame.- Suponía un problema no tener ni pizca de sueño, los hábitos nocturnos primaban en sus planes. Por la noche todo resultaba más fácil, pero nunca descartó los perfectos ‘ires y venires’ de las madrugadas, cuando el parqué encharcado de oscura sangre, centelleaba por los primeros rayos de sol que se asomaban con reparo por las impolutas cristaleras. Y Lacenarie impertérrito, miraba el cuerpo sin vida de su víctima. Muchas veces en su locura les destripaba creyendo que dentro de ellos hallaría fajos de billetes “¿de qué sino estarían rellenos?” Una sonrisa deshonesta delató sus pensamientos.

- Me temo que me tengo que despedir ya.-
Sí, eso tenía que hacer.” Nuestro protagonista echó un ojo a su vestimenta, calculando su precio, y nada llamó su atención más allá del sinuoso cuerpo que la envolvía. “No, esa chiquilla no descansará eternamente entre mis brazos esta noche.” Pensó divertido. Porque ¿qué le podría ofrecer a parte de una danza bestial de placeres? - Está ya muy oscuro y no quiero demorarme más para caminar por estas callejuelas.- Los ojos de Lacenaire recobraron un brillo incitante. Observó como la muchacha perdía su vista en el exterior.
–No tengáis miedo.-
¿qué habría que temer allí fuera, si el peligro lo corría entre estos estantes? “Tal vez en otra ocasión podamos encontrarnos a solas.” –Estoy seguro de que llegareis sana y salva a vuestro hogar.- Hizo el amago de acercase, pero se vio cohibido, por la presencia de la dama que permanecía tras suya. Giró la cabeza con soltura, doblando por cuatro partes los papeles escritos, y los guardó en el bolsillo interior de su gabán, igualmente hizo con la tinta y la pluma. Mientras tanto no dejó de ver los brillantes zapatos de la otra mujer, considerando que ella sí debía tener una gran suma de dinero en la caja fuerte de alguna de las habitaciones de su casa.

-Buenas noches.- se colocó el sombrero, haciendo una leve reverencia y salió de la estancia, pensando ya cómo actuar. Los menos testigos posibles. Con premura salió de la biblioteca, acechando tras un árbol estratégicamente colocado, la salida de las dos damas.

[Off: Es complicado estar en una biblioteca con dos pjs y mi personaje xD]

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Mensaje por Luna Reverie Midnight el Lun Abr 04, 2011 3:14 am

- Me temo que me tengo que despedir ya. - soltó de repente la muchacha, con algo de nerviosismo, ya que aquellas eran horas imprudentes para andar sola por la calle. La misteriosa presencia que se hallaba a un lado de las escaleras, a una distancia más alejada del par de humanos, sonrió ante su ingenuidad. Allí mismo, frente a su despistada e ignorante existencia mortal, se encontraba el ser más peligroso con el cual se podría cruzar en vida. Mil veces más cruel y atemorizante que un simple ladrón, asesino o violador. Y ella era completamente incosciente de ese hecho, del mismo modo que aquél sujeto de escencia corrompida. No había pasado por alto el gesto con el cual, discretamente, daba un vistazo hacia la joven en cuestión, examinando... buscando algo que no encontró. Percibió una pizca de diversión en su aura, y posteriormente él apartó su mirada de ella y continuó guardando su cosas. - Está ya muy oscuro y no quiero demorarme más para caminar por estas callejuelas. - Debería hacerlo inmediatamente, y no por las razones que le preocupaban. No tenía ni la más miníma sospecha de que sus dos acompañantes eran todo menos lo que ella pensaba. Porque, también fue consciente de la sutíl malicia que comenzaba a emerger del hombre; sus pensamientos pecaminosos completamente invisibles para la muchachita humana, y perfectamente evidentes para la pequeña niña inmortal.

No tengáis miedo. - Dijo. –Estoy seguro de que llegareis sana y salva a vuestro hogar.- ¿De verdad? La vida de ambos mortales pendía de un hilo definido por el ocio de una princesita oscura. Sus palabras no gozaban de certeza alguna. Entrelazó sus pequeñas y delicadas manos mientras daba un paso hacia el frente, del cual no se escuchó ruido alguno. Apesar de eso, la diminuta cercanía fue perceptible para los instintos del mortal, que detuvo su vago intento de acercarse a la otra humana. Su interesada mirada se dirigió hacia las zapatillas de charol de la doncella, que relucían ante la luz de la luna que se infiltraba por los ventanales. Lo único que era visible de ella a la incapacidad de sus ojos para contemplarla bien entre la penumbra. -Buenas noches. - se despidió cortesmente de las dos señoritas, sus intenciones tan claras como el cristal para la hija de la noche. Ella reconoce a la perfección a un depredador, sea donde sea. Cuando salió de la biblioteca, sabía que se ocultaría en las cercanías hasta el momento en que alguna de ellas saliera.

Predescible. Acompañó a una distancia prudente a la jovencita, sin que esta pudiera ver más que su pequeña y delicada silueta, para que se pudiera marchar libremente hacia su casa, inconsciente de que las acechaban. Una vez fuera del lugar, no le fue de niguna dificultad localizar al hombre de oscuros pensamientos. Comenzó a tararear distraídamente la misma melodía de hace rato atrás, mientras se internaba a la oscuridad de los callejones, esperando por la trampa. Ella se encontraba aburrida, simplemente, y siempre estaba en busca de algo que la entretuviera por algún rato. Faltaban alrededor de ocho horas para que acudiera el astro rey de los vivos, y ella no planeaba desperdiciar ese tiempo. El sujeto parecía el indicado de la noche.

{ Off: Deberías de estar alagado por abarcar la atención de dos bellas señoritas (?) A propósito, mi pj es una niña xDD }

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Mensaje por Pierre François Lacenaire el Miér Abr 06, 2011 12:59 am

[Off: Mmmmh xD…una niña… ¡da igual! Mi pj ¡no tiene piedad! xD]

Y esperó. Lacenarie, palpó su atuendo para verificar que permanecía impecable: el gorro colocado en su sitio, los guantes bien apretados, los ropajes sin la más mínima arruga. Perfecto. No estaba nervioso, pues siempre repetía las mismas encerronas, aunque con variantes, dependiendo de la presa a la que tratemos.
Por suerte, por la avenida, no pasaban más que unos cuantos carruajes con las cortinas echadas. Tranquilo, permanecía apoyado en el tronco del árbol. No pensaba asaltar a la joven sin ninguna razón, no, ya se inventaría algo. Pues en el año que estuvo en prisión tuvo que recurrir con asiduidad al engaño para sobrevivir, y más aún cuando quiso salir.
Lo peor que pudo hacer fue creer su propio engaño.
Aquella noche, sabría cómo actuar, siempre educado, a pesar de que la chiquilla aparentaba unos doce años, no supo calcularlo con un margen de error. Pero algo es seguro, ese dato no le pararía. Pensaba descubrir qué podía sacar de ella, por astucia o a la fuerza.


Escuchó como las señoritas salían de la biblioteca. Igualmente vio marchar a la atractiva jovencita, calle abajo. Ahora tenía el campo libre y bien sólido. Su objetivo se fue acercando, desconocedora de las intenciones de nuestro protagonista. Y según se iba acercando más le parecía que canturreaba. “Contenta ella, veremos hasta cuándo.”

Contó los segundos, marcados por sus pasos antes de salir de su ‘escondite’, nada precipitado. Detuvo el paso a la joven con una sonrisa monocorde a su porte.
– ¡Mon Dieu!- exclamó fingiendo sorpresa. La joven quedaba muy por debajo de él, se inclinó con amabilidad, como si realmente le importase, como si realmente quisiera ayudarla.
- ¡Qué grata casualidad!- Lo estaba haciendo a la perfección, creyéndose dueño de lo que sucedia a su alrededor. -¿Os dirigís por aquella dirección?- señaló la calle de su izquierda, con un elegante movimiento.- Permitidme, válgame la osadía, pero me veo obligado a acompañaros en vuestro agradable paseo.- No vio extraño que un adulto acompañase a su casa a una pueril jovencita. Así, y si todo salía según lo planeado, tendría la oportunidad de ver dónde vivía. Además vio adecuado presentarse:
–Lacenarie, mucho gusto.- se levantó grácilmente el sombrero, a modo de alusión a sí mismo. –Es admirable que una señorita de vuestra edad se quedé prendada de los libros hasta altas horas de la noche ¿Es consciente vuestra familia de vuestros placeres nocturnos?- Bien, lo que le interesaba, sacar el tema de la familia. Sonrió mostrando la blancura de sus dientes. Según él, la tenía en el bolsillo.

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Mensaje por Luna Reverie Midnight el Lun Abr 11, 2011 5:48 am

Dulce, inocente y frágil; la apariencia de una presa indónea, que avanza ingenuamente en la oscuridad... indefensa, a la merced de cualquier depredador que sepa aprovechar la oportunidad. Ella caminaba solitariamente por la poca alumbrada vereda, aparentemente inconsciente de la presencia de un monstruo. La clásica niña de cuento que se aventuraba en confines peligrosos, acechada por los demonios de sus pesadillas. Era el escenario perfecto para cometer un crímen. Y tal cual adiestrado oportunista, el asesino hizo su aparición. La pequeña victíma alzó su mirada hacia quien detuvo su andar, la diferencia de alturas era demasiado evidente. Vestido de traje fino y costosos accesorios, el depredador desbordaba elegancia en cada movimiento que realizaba, con cierto toque oscuro y palpable, dificíl de ignorar. Se inclinó ante ella con ficticia amabilidad, mientras fingía sorpresa. – ¡Mon Dieu!- exclamó. - ¡Qué grata casualidad! - La menor asintió con una sonrisa gentíl y completamente angelical, como si ella pensara lo mismo.

- ¿Os dirigís por aquella dirección?- el hombre de oscuras intenciones preguntó, señalando hacia una calle cuyo paradero era desconocido. La pequeña jovencita hizo un gesto afirmativo, sus enormes ojos como el záfiro resplandecían de inocencia. En realidad, a ella poco le importaba dónde se encontrara y hacia donde se dirigía; su larga existencia consistía en un constante ir y venir de un lugar a otro, sin ningún rumbo definido. .- Permitidme, válgame la osadía, pero me veo obligado a acompañaros en vuestro agradable paseo. - continuó, como quien repetía un guión improvisado, dicho tantas veces que decirlo una vez más era tan natural como respirar. Un detalle en el cual no cualquier persona se fijaría. Ella, por supuesto que aceptó caer en la trampa, tal y como ambos tenían planeado... sin embargo, con distintos desenlaces, claro está.

Comenzó a caminar, con el misterioso y educado sujeto a su lado. Ya habiéndose llegado hasta tal cercanía, aquél ingenuo mortal empezaría a experimentar las, primeramente instintivas, consecuencias que provocaría la doncella en él, caracteristícas de su especie. Porque después de todo, aún siendo un despiadado asesino y hurtador, seguía siendo nada más y nada menos que un humano. No tardó en volver a hablar para hacer plática con ella, seguramente buscando en la pequeña algo que no había encontrado en la otra muchachita. –Lacenarie, mucho gusto.- se presentó, como todo caballero que se respestara, descubriéndose del sombrero. Por un momento, pudo observar su rubio y delgado cabello, tonificado de un curioso tinte ceniza, antes de que se volviera a colocarse dicho objeto. Sus ojos azulados eran varios tonos más claros que los de ella, pero no tenía pinta de ser el celeste mañanero del cielo del que hablaban tanto las personas. Parecían, más que nada, dos piezas de hielo que siempre se conservaban fríos e intactos. – Igualmente, monsieur Lacenarie. Puede llamarme Alice. – respondió la doncella de mirada penetrante, a la vez en que realizaba una leve reverencia. Su bonito vestido de satén bordado con encaje se removió con gracia, aún con el largo abrigo negro que traía puesto. Con las porciones tan pequeñas y delicadas, la piel pálida y los finos ornamentos, la larguisíma y ondeante cabellera negra, parecía más muñeca que niña. Sus impactantes ojos oscuros y resplandecientes a la vez, tenían más aspecto de ser joyas también. Todo eso y más.

Es admirable que una señorita de vuestra edad se quedé prendada de los libros hasta altas horas de la noche ¿Es consciente vuestra familia de vuestros placeres nocturnos? - Una traviesa sonrisa se vislumbró en sus diminutos y rosaditos, casi rojizos, labios; tan atrayente y hechizante que resultaba peligroso para ser tan sólo un minuscúlo gesto. El asesino la creía tan inofensiva que ni siquiera se percató del doble sentido, inequívoco, que contenía de manera sublime su comentario. Fácilmente se interpretaría su reacción como una mera desobediencia ocasional de una cría que retaba a sus padres.

Monsieur Lacenaire, la respuesta es más que evidente. – Un brillo juguetón cruzó en su atrapante mirada – Nadie conoce nada en lo absoluto acerca de mis.... placeres nocturnos. – Y no había cosa más cierta que ésa, pero para nada en el sentido en que se imaginaba aquél hombre tan desafortunado. Sus placeres nocturnos eran secretos, secretos que podían costar la vida averiguar. Y él, con su porte altivo y la mirada arrrogante, como si ya lo tuviera todo asegurado... no poseía ni la más remota idea de que, entre sus confiadas andanzas, estaba tratando con un ser mucho más oscuro y cruel del que él mismo era. De lo cerca que estaba de ser candidato ante un juego cuyas reglas eran impuestas únicamente por una pequeña, e inmortal doncella, del eterno anochecer.

{ Off: Pues, ¿Adivina qué? ¡Mi preciosa Petite demoiselle tampoco la tiene! xD }

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default Re: Peut bien être tenté du Diable [Libre]

Mensaje por Pierre François Lacenaire el Vie Abr 15, 2011 11:56 pm

La chiquilla se hacía llamar Alice, un dato poco revelador, pero no debía olvidarse de él bajo ninguna circunstancia. Todo debía ser perfecto.
Le resultó curioso el modo que tenía de mirarle, pareciera que quisiera seducirle ¿tan fácilmente? “Debo estar equivocado.” Pero en realidad la jovencita le atraía. Todo en ella llamaba poderosamente su atención: su larga y espesa cabellera, sus finos rasgos, su virginal rostro, incluso su cuerpecito de niña. “Es una locura” pensó para sí Lacenaire.
No supo explicárselo pero la tarea para con ella, no sería tan sencilla como creyó en un primer momento. Por no incomodarse, sonrió animosamente a la joven, pero en seguida apartó la mirada porque “otra vez no sé cómo había vuelto a cautivarme” reconoció. Los segundos se le hicieron eternos hasta que por fin separó los labios.

-Monsieur Lacenaire, la respuesta es más que evidente. “No tanto…no tanto.” Aferró su bastón con fuerza, al verse preso de nuevo por aquellos ojos. Algo estaba saliendo mal.
Nadie conoce nada en lo absoluto acerca de mis.... placeres nocturnos.- Esas palabras llanas ,pero llenas de sentido fueron tomadas por Lacenaire como una sincera invitación. Porque...¿Qué criatura de su edad coquetería así con un hombre como él? ¿Una niña con falta de cariño? "Tal vez…" ¿una niña caprichosa que hacía lo posible por conseguir lo que quería? No supo responderse.
Carraspeó un poco dando paso a una sonrisa amable, no perdería las formas a pesar de esos pensamientos impúdicos que le avergonzaban. De ella lo que sólo podía aspirar era a su dinero ¡su bendito dinero!

–Entonces lleváis una doble vida…-
“Como yo…sí” ¿Cómo iba a imaginarse que tenían más cosas en común de las que se pensaba? –Una pequeña caja de sorpresas.- murmuró analizándola de arriba abajo con un evidente descaro. –Ocultáis muy bien esos… placeres, Alice.- ¿Quién iba a imaginarse cuáles serían? Retomó la marcha, volviendo a la realidad, localizar su mansión.
–Pero imagino que debéis ser un angelito en vuestra casa para que os dejen solita. Y muy madura…-
Ahora sí que tenía un marcado doble sentido. "¿Madura en todos los sentidos?" Se le borró la sonrisa de los labios al ser consciente de su desatino.
–Y decidme ¿por cuál género literario os decantáis?-
“La literatura siempre es un buen tema…” Aunque no le interesase lo más mínimo su respuesta, pues él mismo era un poeta de capa y espada. Hizo un ademán con el brazo para que la jovencita se agarrase. “Perfecto, no está todo perdido.”


`[Off: Peeeeerfecto xD, pero no le mates, eso le pasará dentro de unos años.]

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Mensaje por Luna Reverie Midnight el Miér Abr 20, 2011 12:18 pm

Faltaba poco tiempo para que dieran las doce de la noche y las calles ya estaban desiertas desde hace un par de horas. La figura altiva de un hombre caminando junto a una pequeña jovencita eran las única sombra que se lograba visualizar entre las penumbras de tan peligrosas callejuelas. Solamente se podía escuchar la suave brisa veranea, acompañando el constante movimiento de sus vestimentas oscuras. El nocturno silencio se vio interrumpido por el inquietante remover del bastón del hombre, quien lo sujetaba repentinamente con fuerza, producto de la incomodidad al que se veía inmerso. La misteriosa chica a su lado no se sorprendió, entretenida por sus morbosos pensamientos.

Entonces lleváis una doble vida…- Ella solo respondió con otra enigmática sonrisa. Si ella no poseía vida alguna, menos podría tener dos. Era una cruda ironía que él tampoco sería capaz de entender. –Una pequeña caja de sorpresas.- murmuró para sí. No, en realidad no lo era. Pero su desafortunado acompañante no se enteraría de una manera muy agradable. Para él, por lo menos. No sintió ni una pizca de ofensa por la desagradable forma con la cual la recorría con la mirada. Su bello rostro de porcelana permanecía siempre sereno e imperturdable. –Ocultáis muy bien esos… placeres, Alice.- Habrá que tener muchisímo cuidado con eso. Podrían salir a relucir en cualquier momento.

Pero imagino que debéis ser un angelito en vuestra casa para que os dejen solita. Y muy madura…- se detuvo a sí mismo al darse cuenta del doble sentido que contenía su comentario. La sonrisilla soberbia se le iba de la cara conforme más se lo pensaba, para entretenimiento de la niña inmortal. Intentó de maquillar su error cambiando de tema de conversación. –Y decidme ¿por cuál género literario os decantáis? - pero eso a ella ya no le gustó. Él pensaba que podía manipular la situación a placer, pero la realidad era otra; ella era en realidad era la que lo decidía absolutamente todo.

Se acercó a Lacenaire con agraciada elegancia y soltura, completamente inusual debido a la edad que supuestamente ella debería tener. –Le respondería en el lejano caso de que a usted le interesara la respuesa, y a mí contestar a su pregunta. – entrelazó ambos brazos en el ya ofrecido por el criminal. El delicado y frío tacto, aún a través de la abrigadora prenda, lo hizo estremecer. – Por lo tanto, le recomiendo que comience a explicarme la finalidad que persigue esta noche, monsieur. A no ser que sea de su preferencia continuar con el rodeo en la conversación mientras nos encaminamos hacia ninguna parte.– Sus diminutos e intrigantes labios se fruncieron ligeramente, en un gesto claramente infantil y adorable. La forma que tomaban éstos asemejaban el de una pequeña rosa. – De resultar de esa manera la naturaleza de la situación, temo decirlo que, – hizo un pausa, con la cual el suave eso de su hipnotizante y sedosa voz, se terminaba de desvanecer entre la oscuridad. Usted corre el riesgo de que me aburra. – sentenció. Alzó su penetrante mirada zafira hacia los ojos fríos y soberbios del asesino, imponiendo especial énfasis en lo mencionado. El enigma y la poderosa atracción que rodeaba a la hermosa doncella ofrecía una oscura intriga, imposible de resistir para cualquier mortal e inmortal. Una silenciosa oferta que avecinaba el comienzo del verdadero juego que ella esperaba realizar...

{ Off: Dudo que logres salvarlo de alguna que otra "tierna mordidita" xDDD }


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Mensaje por Pierre François Lacenaire el Jue Abr 28, 2011 1:28 am

Si por algún giro inesperado de la vida, la joven demostraba tener unas inquietudes “afines” con el intrépido Lacenaire, todo le sería más cómodo. Porque podría invitarla a tomar un café, eso siempre ayuda a unir lazos, con la escusa de conversar sobre… qué se yo, poetas de prestigio. Se le ocurrían multitud de temas de interés, con tal de llevarla a su cenagoso territorio. Por lo general las jovencitas que había conocido no eran demasiado brillantes a la hora de interactuar con él, o muy “cortitas de mentes”, o presumiblemente desconfiadas. Pero eso nada le importaba, estaba acostumbrado, no veía en ellas más que una buena suma de dinero de fácil acceso. Otro sentimiento más allá de lo interesado no tenía cabida en su cabeza impecable.

La jovencísima señorita se acercó descolocando los esquemas del asesino. Y se preguntó quién era exactamente. Bueno sería su nuevo desafío, en el caso de que llamase su interés. Le respondería en el lejano caso de que a usted le interesara la respuesta,- Lacenaire, hizo un fingido gesto de disculpa “¿cómo supo que…?”- y a mí contestar a su pregunta. Se quedó con la palabra en la boca dubitativo, mientras la señorita se enganchaba de su brazo. Se dio cuenta de éste hecho al notar fría su extremidad. Lacenaire sonrió por pura educación. Resultó ser que tenía frío, una escusa más para la danza del apego. Por lo tanto, le recomiendo que comience a explicarme la finalidad que persigue esta noche, monsieur.- “No creo que sea necesario…” Además no le iba a gustar. Era mejor dejarse llevar, le convenía. De esta manera Lacenaire no revelaría el fin de su paseo.- A no ser que sea de su preferencia continuar con el rodeo en la conversación mientras nos encaminamos hacia ninguna parte.- “¿A ninguna parte?” Él había supuesto que habían tomado rumbo a la casa de la joven, pero al parecer no, y eso suponía una pérdida de tiempo palpable. Pero al mirarla pudo ver un rastro infantil que le hizo pensar que la estaba extraviando a propósito, y esa no era su idea en primera instancia, él solo quería ver a qué se enfrentaba. Cómo de grande tenía el bolsillo...

De resultar de esa manera la naturaleza de la situación, temo decirlo que, se quedó vacilando unos segundos hasta que volvió a separar los labios, que se movían como el ir y venir de las olas en la orilla. O eso creyó él, ya no sabía ni lo que pensaba. Usted corre el riesgo de que me aburra.- Eso sí que le hizo gracia. Y dejó que los ojos de aquella desconocida se taladraran en él, ¿qué tipo de juego era ese? Pero como arrancado de una fuerza que le anclaba a un lugar inexplorado, volvió la cabeza a otro lado. Se llevó su mano enguantada a los ojos, por una inexplicable razón los sentía cansados.

Esos segundos también le ayudaron a pensar. –Por lo que puedo aventurarme a decir que sería más conveniente entreteneros de alguna forma.- sonrió sin querer hacerlo. –Pues, no me gustaría aburriros… por supuesto que no. Pero no sé qué clase de juegos podrían causarle interés a una señorita de vuestra edad…- ¿los trabalenguas, el escondite…juegos de magia? –En cambio conozco otro tipo de juegos…- planeó quedarse a su espalda, quieto, y mal intencionado. Acercó su rostro al oído de la joven, inclinándose aún sin rozarla.- más…divertidos. Puede que incluso los conozcáis...- susurró con una sonrisa grotesca. –Puedo aseguraros que no quedareis insatisfecha. Además…debo aclararos que yo no corro riesgo alguno, si no más bien vos al dejaros ver tan lisonjera conmigo.- echó un vistazo a un grupo de personas que cruzaban la calle.- Podrían sospechar que tenemos alguna clase de compromiso…- giró entorno suya, para poder verle el rostro. –pero creo que ese detalle…importa bien poco.- no era él quien se jugaba su decencia. La perdió hace mucho tiempo. – Si queréis entrar en mi juego, sería preferible encontrar un rincón apartado.- ¿se atrevería…o era demasiado sensata?

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Mensaje por Luna Reverie Midnight el Jue Mayo 05, 2011 11:43 am

El hombre se frotó los ojos con un repentino dejo de cansancio, pero no se mostró más afectado de lo que debería estar. La penetrante mirada de un ser sobrenatural no era algo fácil de sostener. La pequeña doncella lo miró con renovado interés. Hubo un momento de silencio en el que su acompañante aprovechó para reacomodar sus pensamientos. –Por lo que puedo aventurarme a decir que sería más conveniente entreteneros de alguna forma.- Sonrió por inercia. –Pues, no me gustaría aburriros… por supuesto que no. Pero no sé qué clase de juegos podrían causarle interés a una señorita de vuestra edad…- Esta vez fue ella quien sonrió, de una manera menos infantil y mucho más enigmática. ¡Qué persona tan ingenua! Como todos los demás. No podía imaginar la gran cantidad de significados que se escondían en sus palabras. Pero más tarde los descubriría, se aseguraría de eso. –En cambio conozco otro tipo de juegos…- Se colocó detrás de ella, para acompañar sus acciones con sus crueles intenciones. Su oscura y enorme figura en comparación a la pequeñez de la doncella le otorgaba un poder muy palpable sobre la indefensa menor que ella representaba, como un monstruo de cuento. Una sonrisa despiadada asomó en los finos labios del depredador, mientras se inclinaba con soberbia al oído de su presunta presa. – Más…divertidos. – La peligrosa cercanía del asesino provocó que se desprendiera el aroma de su cuello, sangre caliente y dispuesta. El hambre la golpeó con fuerza, pero no tambaleó ante ella ni cometió ningún tipo de desliz en sus reacciones. Se conservó serena e imperturbable, mientras pensaba fríamente en la manera de arrancar el juego. La paciencia era una habilidad que requería varias décadas de práctica. - Puede que incluso los conozcáis... Puedo aseguraros que no quedareis insatisfecha. – Eso esperaba, sería una verdadera lástima desperdiciar la noche si el asesino se mostraba decepcionante a la hora de jugar, y también… su sangre… –Además…debo aclararos que yo no corro riesgo alguno, sino más bien vos al dejaros ver tan lisonjera conmigo.- Hizo referencia a los transeúntes que miraba de reojo. -Podrían sospechar que tenemos alguna clase de compromiso…- Con un elegante movimiento, se interpuso en el frente de la pequeña jovencita. –pero creo que ese detalle…importa bien poco.- Mucho menos que poco. – Si queréis entrar en mi juego, sería preferible encontrar un rincón apartado.- Qué adorable, se ofrecía como un jugoso y simpático pedazo de carne. Una burlona y sarcástica sonrisa bailoteó en los diminutos labios de la niña inmortal. Estaba bastante claro que por “Deseos carnales” ambos comprendían conceptos algo… distintos. Al humano no se le encendían las luces de la conciencia y sus instintos ocupaban alterarse más de lo que ya estaban por su simple presencia.

Alzó sus pequeñas manitas blanquecinas y acunó entre ellas con delicadeza el rostro de Lacenaire. No quería desagarrarle las mejillas en un minúsculo descuido. Le sonrió con el habitual encanto infantil propio de la edad que ella aparentaba, la supuesta inocencia brillando en sus enormes ojos azules. Comenzó a hablarle con voz dulce, paciente, como quien le habla a un niño pequeño. – Para situaciones indecentes y placeres corporales tan pasajeros como las estrellas fugaces, existe la amable disposición de las cortesanas y el flirteo con las señoritas de sociedad, cualquiera sea su antojo. Sin embargo, usted busca otra cosa, muy distinta, y por eso está aquí. Y de mí no conseguirá más que lo yo quiera. – Un destello travieso y burlón apareció en su mirada zafiro y fue acompañado por un nuevo tinte de cruel diversión. –Además, ya se encuentra dentro de mi juego. De nada servirá retirarse, pues no lo hará. Porque ya ha dado inicio. – Un tono que sólo utilizaría un adulto de macabras intenciones y desconcertante en la voz aterciopelada de una niña. Pero solamente duró un corto instante, ya que fue reemplazada por una sonrisa juguetona. Se paró de puntitas y aprovechó que él estaba inclinado hacia ella para poder quitarle el sombrero. Velozmente se apartó algunos metros en unos cuantos brinquitos de conejo para que el dueño no pudiera recuperar el objeto. Se giró para verlo a directamente a distancia, y elevó la voz para que pudiera escucharlo. – Esto – señaló el sombrero.– Es una niñería. – Dijo con simpleza– Ninguno de los dos espera que venga hasta acá únicamente para rescatarlo. Se puede comprar otro. Quizás tenga más de estos. De todas maneras me lo quedaré porque me gustó, y también porque se me apeteció quitárselo. – Entrecerró los ojos. – Y nada de regalármelo, porque el secuestro perderá su gracia. – agitó la desafortunada pertenencia en el aire. – Considérelo un… ¿Huhm? ¿Cómo se dice en estos tiempos? Ah, sí, rehén político.
Comenzó a juguetear con el sombrero mientras lo pasaba de una mano a otra. – Si se pregunta qué ha sido todo esto, fue un arranque infantil del momento. Suele ocurrir muy seguido. –Ensanchó su adorable sonrisa. A los pocos segundos, dejó caer ambos brazos a sus costados, y su rostro volvió a tener expresiones relajadas y maduras. Su mirada se tornó penetrante otra vez. – Deseo jugar un juego. – Utilizó su influencia vampírica para que el hombre no se negara. – Las reglas son muy sencillas. No está ni cerca de imaginarse qué clase de juego es, Monsieur. Precisamente por eso será bastante entretenido. –se colocó el sombrero e hizo una leve reverencia. Luego, le dio la espalda al asesino. – Le recomiendo no perder de vista al conejo, porque usted se podría perder. –Se refirió a sí misma. Sin esperar respuesta, se puso en marcha hacia unos jardines ocultos cuya existencia no era muy conocida. El lugar perfecto para realizar juegos atroces...

{ Off: Lo sé, por alguna extraña razón, el post suena bastante descabellado... pero nunca dije que Luna estuviera cuerda xDDD }

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