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mi amada Nueva Orleans

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default mi amada Nueva Orleans

Mensaje por Lestat de Lioncourt el Mar Jun 01, 2010 11:24 am

Recuerdo del primer mensaje :

“Ah mi amada Nueva Orleans, pasear por tus calles es la delicia encarnada” me decía mientras paseaba en busca de alimento.
Las calles estaban vacías y el silencio se rompía cada vez que la punta de metal de mi bastón se precipitaba contra el suelo produciendo un corto sonido y hueco.
Nueva Orleans se había puesto de moda, lo que antes era una congregación de colonias europeas había pasado ser un centro neurálgico para todos los americanos. ¿Pero dónde estaba mi dulce sangre Criolla? Mi paladar pedía a gritos aquella deliciosa sangre, pero por el camino solo me encontraba a adinerados turistas o a mercantes americanos… un desperdició.

Silbando doblé la esquina tomando la ancha avenida que me conduciría a casa, pero antes debía alimentarme. Aquella noche había ido a ver una comedia en el teatro de Nueva Orleans. Los comediantes me habían alegrado la noche y mi cuerpo hervía en deseos de culminar la noche con un buen manjar.

Fue casi enfrente de la verja de mi casa donde encontré mi cena. Una pareja cogida del brazo paseaban tranquilos a la luz de la luna. El hombre, un anciano que le quedarían dos inviernos de vida, se sujetaba torpemente a la joven mujer que estaba ataviada de negro. Extraño color para los tiempos que corrían. Los colores vivos y claros eran la moda actual y me encantaba. Vestir con colores chillones era un placer para mí.
Si la mujer vestía de negro era porque estaba de luto ¿de luto teniendo a su anciano marido agarrado del brazo? La respuesta estaba en su mente.

La pobre mujer sí que estaba de luto por la muerte de su marido… de uno de sus múltiples maridos. Me encantaban las viudas negras, sus crímenes por dinero saciaban mi sed gratificándome.

Les seguí con cautela, iba en dirección contraria a mi casa pero que mas daba, quedaba mucho tiempo para el amanecer.
Seguí silbando mientras les seguía.
Al cabo de unos minutos, la mujer dejó reposar al anciano sobre una pared. El desdichado hombre se aferró a ella como si de la vida le fuera en ello… más bien para no acabar de bruces en el sucio suelo.
La mujer iba a pedir un carruaje… el momento había llegado.
Pasando de largo al hombre, la mujer y yo seguimos caminando, uno al lado del otro. Notaba su mirada pegada a mí y pensamientos lascivos surgían de su mente. Picarona.

En el momento en que la entrada a un callejón conectaba con la avenida, empujé a la viuda a su oscuridad a la velocidad de un parpadeo.
La tenía inmovilizada en un abrazo de piedra y ella seguía debatiéndose sin éxito.

-Oh chérie, pero que picarona que sois…- le dije en un susurro- habéis sido una niña muy mala todos estos años, y a las niñas malas hay que castigarlas. Sois hermosa… pero ahora entregaros a los brazos de la muerte- perforé su cuello con mis colmillos y di un largo trago. Cerré mi corazón para no ver las imágenes de su vida, no quería saber nada de ella, solo me importaba el presente. Como dos amantes, le daba mi beso de mortal que la debilitaba por momentos. Jugué con el momento de su muerte. ¿Cuánto tiempo pasó? ¿10, 15 minutos? Seguro que a ella le pareció una eternidad. Cuando acabamos el cuerpo sin vida de la viuda cayó al suelo como una muñeca de trapo.

-Descansa en paz chérie…- me arreglé las ropas y silbando salí del callejón retomando el constante golpeteo de mi alegre bastón contra el suelo.

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default Re: mi amada Nueva Orleans

Mensaje por Kory Bouguereau el Sáb Jul 31, 2010 1:35 pm

Me gustaba que me tratase con delicadeza aunque no fuera necesario dada nuestra naturaleza, no sé, creo que me hacia sentir más humana. Lo más seguro era que desde el baño hasta su cuarto en el suelo habría quedado el rastro del goteo de mis pies aún mojados.
No me preocupó porque sabía que no tardaría en secarme ya que el agua no se adhiere lo suficiente a mi piel.
Ya en su cama, mi cuerpo se relajó por completo, me percaté de que perdía rápidamente el calor que la toalla me había dado por un corto espacio de tiempo, era una sensación rara, así que me pegué más al cuerpo de Lestat por si así sentía algo de calidez, pero no lo conseguí, me resigné a ello besando su piel.
Sus brazos me rodeaban, yo me consideraba el ser más feliz del mundo en ese momento, no habría pedido nada más, podría quedarme así sin alimentarme, arriesgando mi propia vida si la razón era él. Pero lo que se quiere no siempre se consigue.
Apoyé mi cabeza sobre su pecho como tenía por costumbre y reposé mi fría mano ahí.

Sus palabras me sorprendieron y me conmovieron, me coloqué a su altura dejando mi cabeza al lado de la suya para mirarle intensamente, mientras mis dedos pasaban por sus cabellos aún humedecidos. Le sonreí para reconfortarle. – Mi vida…- Comencé a decir, pero no pude seguir, mis labios se pegaron a los suyos, sentí una terrible tristeza al hacerlo.
Al rato me separé de ellos, y atraje hacia mi pecho su cuerpo para abrazarle, besé su cabeza con angustia. Mis ojos se quedaron vacíos mirando a la nada, no podía llorar, mi tristeza iba mucho más allá que las impías lágrimas, ésta tristeza me paralizaba, pero tenía que mantenerme de una pieza, mis penas no tenían consuelo suficiente, así que hablé:

– Lestat, lo que ves es real, pero no puedo asegurarte que en un futuro puedas recordarme, posiblemente me pierda en tu corazón. – le abracé con más fuerza al decir esto.
- Puede que… algún día nos volvamos a encontrar, y al verme recuerdes estas noches.
Hice una larga pausa mientras acariciaba sus mechones rubios. – No sé lo que nos pasará, no sé si habrá una próxima vez, – acuné su rostro entre mis manos para que me mirase a los ojos. - pero si alguna vez caes en la locura intenta llamarme con todas tus fuerzas, y volveré a ti lo más rápido posible, no lo dudes mi amor. Nunca me habré ido.

De nuevo sentí como me rompía por dentro, le volví a besar en los labios abrazándome con fuerza a él, yo no deseaba olvidarle, pero la memoria a veces juega malas pasadas, y lo que una vez pasó puede que lo sientas como un sueño.

- Necesito que me des algo tuyo para poder recordarte…algo físico.- Murmuré con mis labios pegados a los suyos. Reconozco que yo tampoco sabía si a mi regreso al castillo iba a perder el juicio, y consideraría esto algo irreal producido por mi condenada imaginación.

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default Re: mi amada Nueva Orleans

Mensaje por Lestat de Lioncourt el Lun Ago 02, 2010 11:44 am

– Mi vida…- quiso comenzar Kory pero selló sus labios con los míos. No hacían falta palabras. En sus acciones, sus movimientos, su beso, su forma de respirar, etc. Todo en ella me hacía percatarme de la tristeza que la estaba llenando en su interior y me sentí morir. Devolví sus besos, sus abrazos y sus miradas.

– Lestat, lo que ves es real, pero no puedo asegurarte que en un futuro puedas recordarme, posiblemente me pierda en tu corazón. Puede que… algún día nos volvamos a encontrar, y al verme recuerdes estas noches.- parecía que Kory no llegaba a conocerme lo suficiente, pero guardé silencio. Las meras palabras no hubieran explicado nada, que sean las palabras del tiempo las que demuestren que lo que dice es imposible. – No sé lo que nos pasará, no sé si habrá una próxima vez. Pero si alguna vez caes en la locura intenta llamarme con todas tus fuerzas, y volveré a ti lo más rápido posible, no lo dudes mi amor. Nunca me habré ido.- ¿caer en la locura? ¿No estábamos ya todos un poco locos? Ya me enterré hacía poco porque caí en una pequeña crisis, pero me salvaron. Si volvía a sucederme tendría otro ángel de la guarda que me ayudaría. Ahora mismo estaba entre los brazos de aquel ángel.

- Necesito que me des algo tuyo para poder recordarte…algo físico.- sonreí levemente y me levanté de la cama. La toalla se escurrió de mi cintura y cayó al suelo pero seguí caminando.

-Espera aquí- le pedí.
Bajé hasta el estudia y de uno de los cajones saqué un pequeño diario forrado en piel de color marrón.
Abrí las páginas de aquel bonito libro que guardaba toda mi vida escrita por mí y me propuse a redactar todo lo que había sucedido desde que había conocido a Kory. Detallé cada lugar, cada momento, cada palabra, cada gesto, cada sentimiento… Todo quedó plasmado en aquel libro.
Con un cuchillo corté uno de mis rubios mechones y con cera derretida lo pegué al comienzo del diario y de una de mis chaquetas saqué un pañuelo que contenía mi aroma y lo metí entre las páginas para que éstas guardaran su olor.
Subí a zancadas hasta la habitación donde estaba Kory me senté a un lado de la cama junto a ella.

-Aquí tienes, guárdalo con recelo pues tienes toda mi vida en tus manos- le susurré al oído. Yo también quería que me diera algo físico de ella. Pero me limité a morderle el lóbulo de su oreja y darle un pequeño beso en sus labios.

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default Re: mi amada Nueva Orleans

Mensaje por Kory Bouguereau el Lun Ago 02, 2010 5:00 pm

Me quedé mirando su figura desnuda saliendo de la habitación. Me recordó al Marte que esculpió Canova, perfectamente pulido, lo estaba comparando con el frío mármol, pero dentro de Lestat había la vida que en aquella obra faltaba. Suspiré al recordar las horas que me pasaba delante de las esculturas de los museos y las mías acariciándolas con los ojos, resignándome a que no podían ser reales, pero que poseían una belleza fuera de lo común, inalterable al paso del tiempo, eran inmutables, así era Lestat para mí.
Ni el más grande de los maestros podría reflejar el esplendor que emanaba de él, era la más perfecta obra, el sueño de todo apasionado del arte, era único.

Deshice la cama para taparme con una sabana, me gustaba el tacto que ofrecía, y volví a cerrar los ojos. Al abrirlos Lestat estaba sentado sobre la cama, yo sonreí al acto. -Aquí tienes, guárdalo con recelo pues tienes toda mi vida en tus manos- Me susurró al oído, me mordió el lóbulo de ésta, con lo cual no pude evitar reírme y terminó dándome un pequeño beso.

Me invadió una repentina curiosidad, lo tomé entre mis manos con cuidado, era un libro, o eso parecía a simple vista, me incorporé apoyando mi espalda en el cabecero de la cama.
Estaba forrado de piel, acaricie la cubierta con una mano, creo que siempre hacia ese tipo de ritual antes de abrir un libro, decía tanto la cubierta de ese libro que para mí simplemente con eso ya tenía distracción para rato, intentando descifrar de qué año podía ser, siempre me había parecido una artesanía interesante e enriquecedora.
Levanté un segundo la cabeza para mirar a Lestat, le sonreí con ternura y volví agachar la cabeza, al abrirlo pude ver un mechón de su pelo, me llevé una mano a la boca, no aparté mi mano de mis labios cuando iba pasando las hojas, me dí cuenta al instante de lo que era, estaba a punto de ponerme a llorar, entre sus hojas pude ver un pañuelo, no lo toqué para que no perdiera su esencia, seguí pasando las hojas, y mis ojos fueron recorriendo las palabras que allí había escritas, denotaba una hermosa caligrafía, no era de extrañar. No leí cada página profusamente, porque no era el momento, así que llegué a las últimas hojas escritas donde había escrito lo que había acontecido desde nuestro encuentro con sumo detalle, fue la gota que colmo el vaso, rompí silenciosamente a llorar.

Cerré el diario y me llevé una mano a los ojos para limpiarme las mejillas, aunque seguramente estarían inyectados en sangre. Tras esto en mi rostro se reflejó una dulce sonrisa, aún tenía en mis manos el diario. Giré mi cabeza para mirar detenidamente a Lestat, me quedé un largo rato en silencio intentando encontrar qué decirle, a parte de estar totalmente embriagada por su físico como dije antes, su interior me cegaba mucho más.
Dejé el diario en mi regazo y me acerqué a él. Apreté su mano izquierda con mi mano derecha, y la llevé a mis labios, la besé, clavé mis ojos en los suyos mientras lo hacia.

- Lestat, es demasiado personal, sabes que me habría conformado con cualquier cosa… Tú siempre logras superarte. – dije con una sonrisa mientras rodeaba su torso con mis brazos y escondí mi rostro en su cuello. – Te daré algo mío cuando vuelva al hotel, no sé si tendrá el mismo valor que tú diario, pero intención no le faltará.
¿Qué puede superar aquello? Cogí con una mis manos la sabana para cubrir de cintura para abajo a Lestat, no quería que se me escapasen miradas atrevidas, no podía pensar con claridad cuando estaba así, dejé el diario a un lado e hice que el cuerpo de Lestat cayese sobre el mío.

- Ahora seguro que no podré olvidarte.- acaricié su rostro con ambas manos mientras me acercaba a sus labios, los cuales besé con sensualidad, la carnosidad de ellos me volvía loca, lentamente jugué con su lengua.

¿Cuánto quedaría para el amanecer? ¿Qué haría a la noche siguiente sin nada que ponerme?

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default Re: mi amada Nueva Orleans

Mensaje por Lestat de Lioncourt el Mar Ago 03, 2010 10:45 am

Mi regalo le había gustado y yo estaba impaciente por recibir el mío.
El amanecer iba acercándose poco a poco, quedarían no más de un par de horas pero estábamos seguros. Estábamos en la habitación que la noche anterior había preparado para Kory. No había que preocuparse por nada… solo del paso del tiempo.
Saqué toda tristeza de mí ser durante unos minutos para concentrarme solo en el beso de Kory, en el juego de nuestras lenguas y de las caricias que quedaban ocultas bajo las sabanas.

Me prometí que volvería a ver a Kory antes de que mi vida acabase, que viajaría a Inglaterra y la buscaría por todo el país si hacía falta. Volvería a tener su cuerpo entre mis brazos antes de que este mundo acabara.
Tenía bien claro que nada se interpondría en nuestro camino en el momento que deseáramos volver a vernos.

-¿Qué harás cuando regreses a casa Kory?- le pregunté- porque yo aún no he asimilado que mañana ya no te tendré junto a mí, que ya no pasearé contigo por las calles de Nueva Orleans y que no podré compartir mi lecho contigo. Aún no he asimilado que Nueva Orleans ya no será la misma sin ti- en un intento vano de unir nuestros cuerpos para no separarnos jamás, me abalance sobre ella pegando mi cuerpo al suyo todo lo que pudiese. Besándola salvajemente y colocándome sobre ella sin llegar a aplastarla. Así quería quedarme, pegado al cuerpo de una diosa y no separarme de ella hasta el momento final en el que nuestras vidas quedarán separadas hasta sabe dios cuanto tiempo…

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default Re: mi amada Nueva Orleans

Mensaje por Kory Bouguereau el Mar Ago 03, 2010 2:14 pm

Me quedé mirándole desde abajo, después de aquel brote de pasión que había tenido Lestat y yo misma, diré que cada beso era como una afilada espada que me debilitaba, que me hería en lo más profundo, no pude hacer nada, en cierta manera me gustaba, pero realmente era una tortura, porque metafóricamente significaba que todo aquello acabaría. Tenía que aceptarlo desde ya, mi vida no podía acabar aquí.

- Cuando regrese… volveré a la vida que estaba llevando, comprando más obras, viajando, leyendo, pintando… Intentaré que nuestra separación no me cambie. – acaricié sus labios con la yema de los dedos. – Cada vez que lea tu diario será como si estuvieras conmigo, así que no me preocupa. – si me preocupaba, pero ¿qué iba a decir? Posiblemente al leer su diario podría hacerme una idea clara de lo que era Lestat, sabría todo sobre él hasta el momento, era demasiada información, posiblemente se lo devolvería en algún momento.

Nueva Orleáns se basta ella misma para brillar, no creí que Lestat tuviera que esperar demasiado para volver a estar en grata compañía, eso era así.

- El tiempo pasa sin que nos demos cuenta. - ¿cómo estarían mis gatos, y mi mayordomo? Se preguntarían dónde debía estar, seguro. - El conocerte ha sido el comienzo de otra forma de existencia para mí. Has abierto una brecha en mi corazón incurable. – Miré directamente a sus labios, los cuales volví a besar apretando mis manos a su espalda, lo adoraba ¿por qué tenían que pasarme estas cosas a mí? ¿Porque el Destino me hacia esto? ¿Qué clase de prueba era?

- Y tú, amor, volverás a la apacible vida en compañía que tienes junto a Louis y Claudia.
Con el vinculo tan especial que parecía que tenían. Me coloqué a un lado de la cama, de costado, el cuerpo de Lestat quedó en la posición contraria simétrica a la mía.
- Habría deseado hacer tantas cosas contigo.- Sonreí al decir esto, me resigné a que el tiempo nunca iba a mi favor. – Pero, me has hecho la mujer más feliz en estos días, y eso me es suficiente. – pasé uno de mis dedos por el contorno de sus ojos, que moldeable era,mis dedos descendieron hasta su mentón. – Te esperaré siempre.- ¡Dios! Aborrecía las despedidas.
Me acerqué a su cuerpo dejando mi cabeza debajo de la suya.

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default Re: mi amada Nueva Orleans

Mensaje por Lestat de Lioncourt el Jue Ago 05, 2010 10:27 am

Kory me contó sus intenciones cuando volviera a Londres. No quería que nuestra separación la cambiara, para nada. Quería que fuera la de siempre, que cuando nos volvamos a ver que siga siendo la misma Kory de siempre. La mujer de la que me había enamorado.
También nombro a Louis y Claudia. Me imaginé que cuando sintieran que Kory había abandonado Nueva Orleans mañana por la noche volverían a casa con cientos de preguntas.
Suspiré de abatimiento.

- Habría deseado hacer tantas cosas contigo. Pero, me has hecho la mujer más feliz en estos días, y eso me es suficiente. Te esperaré siempre.

-Haremos cientos de cosas juntos, mi amor, mi reina. Tendremos toda la eternidad para ello, eso no lo dudes nunca. Contigo he vivido un amor y una pasión que ni Louis ni Claudia pueden darme, eres demasiado importante para mí y no dejaré que te vayas de mi lado durante mucho tiempo.

Acaricié su pelo con mi mano mientras que mis brazos acunaban su cuerpo que estaba totalmente pegado al mío.
Intentaba imaginarme como sería la noche siguiente sin Kory ¿Qué haría? No lo sabía, no se me ocurría otra cosa que hacer que quedarme junto al fuego de una chimenea y quedar embobado viendo las cálidas llamas consumir la madera poco a poco. Louis y Claudia estarían quietos a ambos lados de mi sillón y esperarían el momento oportuno para comenzar su ataque de preguntas.

No me apetecía que llegase el día de mañana pero oía las campanas de infierno acercarse demasiado deprisa. Mis músculos se relajaban poco a poco y mis párpados se cerraban. El amanecer estaba llegando y con ella se marchaba el poco tiempo que me quedaba con Kory.

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default Re: mi amada Nueva Orleans

Mensaje por Kory Bouguereau el Jue Ago 05, 2010 6:55 pm

Tras sus palabras me sentí en cierta manera ‘mejor’. Posiblemente llevase bien la separación si sus promesas eran ciertas, aunque solo fueran meras palabras, deseé que no se perdieran en el insondable Tiempo. Podría confiar en él ciegamente hasta el momento que mis ojos se abrieran irremediablemente al ver una deslealtad por su parte, pero hasta ese día seguiría siendo totalmente suya, anhelando abrazarle, besarle, mirarle, escucharle así estaría el tiempo que hiciera falta, porque para mí valía la pena esa espera.
No me expliqué en qué ser me había convertido, todos estos sentimientos eran nuevos para mí, los sentía con una infinita fuerza. La distancia destruye todo a su paso, era cierto, pero “entre vampiros se lleva de otra manera”, me intenté convencer de ello.
Solo sentirme a su lado era el mejor de los regalos, Lestat era el regalo que los Dioses me habían otorgado, y mi sacrificio por haberle conocido era el inmenso dolor de alejarme de él. Así debía ser, yo no podía regir las reglas, era una esclava del Destino.
Las caprichosas flechas de Cupido se habían roto en un vago intento de que esto siguiese ardiendo como en un primer momento, pero poco a poco se iba consumiendo la llama que había entre nosotros, mil demonios sentí dentro, los latidos del fénix habían cesado. Un nuevo día había llegado.

No recuerdo qué soñé, solo sé que perdí el conocimiento. Al despertarme, Lestat aún tenía los ojos cerrados, no quise despertarle, ver de nuevo aquellas brillantes joyas me habría dejado en el sitio sin aliento, así que me separé dejando sus brazos en la cama, me acerqué para besar su hombro. Fui al baño para ponerme el vestido que se había echado a perder, también me puse la capa, descalza fue de nuevo a su lecho, dejé la toalla que me había rodeado el cuerpo en las manos de Lestat, le miré por última vez, cogí su diario y salí de allí. Deprisa fui al hotel, no deseaba que nadie me viese, y así fue. Llegué a mi suite, por fin me puse un vestido nuevo de mangas largas, era de terciopelo, toda la indumentaria era de un oscuro azul, casi negro. En una esquina vi los cuadros de la noche pasada, sonreí. Por último me peiné los cabellos recogiendo algunos mechones en un tocado con una redecilla de encaje que cubría mis ojos, me maquillé y comencé a buscar qué iba a regalarle a Lestat.

El diario que de joven había escrito se encontraba en mi castillo, aún así carecía de valor, pues había dejado de escribir en él la noche en que fui convertida.
Me quedé sentada delante de la mesa pensando, imaginé que Lestat ya se habría dado cuenta que me había ido ¿qué estaría pensando? Que duro me estaba resultando.
Cogí una de las planchas de madera que traía conmigo a los viajes, también abrí los frascos de óleo que tenía y me puse a pintar a la velocidad de un rayo, no tenía tiempo para escatimar en detalles. Me había retratado a mi misma, el cuadro tenía la influencia de mi abuelo, no me había quedado mal, gracias al Don Oscuro, el retrato podría pasar por mi viva imagen. Tenía el tamaño justo para ser manejable, lo cubrí con una tela de algodón.
Por la parte de atrás se lo dediqué, poniendo la fecha, su nombre y el mío, no estaba inspirada, ni tenía fuerzas para expresarle en unas líneas lo que sentía.
Me acerqué al baño y vi uno de los pequeños frascos de cristal que usaba para guardar pequeñas cosas, me quedé unos segundos pensando hasta que vertí en él unas gotas de sangre que corría por uno de los dedos, cuando estuvo lleno lo cerré, no sé por qué lo hice.
Me metí el frasco en uno de los bolsillos disimulados que tenía el vestido, cogí el retablo y salí de allí, no sin antes decirle al personal del hotel que tuviera todo preparado a mí vuelta.
Llegué a la casa de Lestat, entré en ella con facilidad, y decidí sentarme en un sillón del salón dejando mis dos regalos sobre la mesa.


[pffff]

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default Re: mi amada Nueva Orleans

Mensaje por Lestat de Lioncourt el Dom Ago 08, 2010 11:12 am

Las campanas del infierno repicaban en mis oídos. El amanecer estaba llegando y con él el sueño que me haría caer en un estado parecido al de la muerte. Me abracé más fuerte a Kory cuando mis parpados se cerraron poco a poco y hundí mi rostro en su cabello.

Cuando desperté sentí que me faltaba algo.
A mi lado no había rastro de Kory. Me desesperé.
Salté de la cama y bajé corriendo las escaleras. Sin importarme que estuviera completamente desnudo, salí a la calle y me acerqué a la valla de la casa. Miré a ambos lados de la calle, no había rastro de Kory ni de ningún ser vivo. Entré cabizbajo en la casa y cerré la puerta tras de mí.
Iría a buscarla. Subí a zancadas las escaleras, cogí cualquier conjunto que estuviera en el armario y me vestí deprisa y corriendo. ¿Estaría en el hotel? Lo más seguro.
Por favor que no se marche sin haberla visto una vez más, me decía una y otra vez mientras me abotonaba la camisa deprisa y corriendo.
Cuando bajé de nuevo por la escalera y fui directo a la puerta, distinguí por el rabillo del ojo una silueta que jamás olvidaría. Era Kory. Estaba sentada en uno de los sillones del salón sosteniendo algo que me pareció un retablo con las manos.
Corrí hasta ella y me coloqué de rodillas junto al sillón.
Tomé su manos y la besé varias veces, los mismo hice con su rostro y sus manos. N dejé centímetro de piel sin besar.

-Casi muero del susto. Al abrir los ojos y no ver tu cuerpo entre mis brazos me ha producido un temor que hacía tiempo no sentía. Temía que no volviera a verte una vez más antes de marcharte. Que intentando evitar una dolorosa despedida, te hubieras ido directa al barco dejándome una nota para mí en tu hotel. Pero estás aquí y el temor ha desaparecido- volví a besar varias veces su rostro para después acabar en sus labios y disfrutar de un apasionado beso de los labios frio de Kory.

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default Re: mi amada Nueva Orleans

Mensaje por Kory Bouguereau el Dom Ago 08, 2010 7:42 pm

Sentí tal explosión de emociones al verle, como si mi ausencia hubiese sido de semanas, ahora me daba cuenta de la locura tan grande que iba a cometer, pero aún así no había otra.
Corrió desesperado hacia mi quedando de rodillas, mis ojos reflejaban mi tristeza, mientras me besaba las manos mi cuerpo se estaba muriendo, tomé aire con dificultad para afrontar su presencia, mi desquiciado amor por él no cesaba, qué ingenua fui al pensar que esto sería fácil.

Le ayudé a sentarse a mi lado, mientras escuchaba sus palabras llenas de angustia, todo era por mi culpa, debí quizá haber dejado una nota.
Sí, quizá lo mejor habría sido irme, irme sin más, dejarlo todo atrás, arrancando todo deseo de mí, pero no tuve el valor suficiente, lo mínimo que podía hacer era verle por última vez, por lo menos aquí.

Le abracé mientras él besaba mi rostro para terminar uniendo nuestro labios, no podía más, me estaba consumiendo, ¿lo mejor era acabar con los besos? No lo supe. Una de mis manos acariciaba su mejilla mientras seguía besando delicadamente sus labios. Ya había llorado suficiente estas noches, no lo iba a hacer ahora, por lo menos no quise exteriorizarlas.

Cuando quise volver a mirarle aparte mi rostro del suyo unos centímetros, dejando mis manos en su cuello, le miré a los ojos, abrí mi boca un poco para recobrar el aliento.
– Tranquilo amor mío, ahora estoy aquí, contigo. – El ahora, no importaba lo que fuera a pasar después. – Siento haberte causado ese desasosiego, no lo pretendí. – Besé su mejilla cerrando mis ojos al contacto con su fría piel, me separé de su rostro agachando la cabeza, me mordí el labio para no empezar a proferir lamentaciones, era propensa a dramatizar con una facilidad abrumadora, me negué a hacerlo, antes mentiría con fingidas sonrisas a mostrar realmente como lo estaba pasando en mi interior.
Levanté de nuevo la cabeza con una renovada sonrisa, gracias a la especie de velo que llevaba no se me veían bien los ojos, mis ojos delatarían mi dolor, el resto de mí estaba dispuesto a convencer, le sonreí creíblemente.

- He venido a traerte mi regalo, o llamémoslo recuerdo. – Me incorporé en el sofá para coger el retablo y el pequeño frasco, éste último lo cerré en una de sus manos, y la madera se la coloqué encima de sus muslos.
Lo cubría la tela que le había puesto para que no sufriera irregularidades.
– Ten cuidado aún no está seco.-
El óleo tarda unos días en secarse. Apoyé mi costado en el respaldo del sofá para ver su reacción, junté mis manos intrigada.

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Mensaje por Lestat de Lioncourt el Mar Ago 10, 2010 2:39 am

- He venido a traerte mi regalo, o llamémoslo recuerdo.- me explicó incorporándose. Fue entonces cuando presté más atención al paquete que había visto cuando me había echado a los pies de Kory.
Podía oler la pintura y me imaginé de qué se trataría.
Luego, de su bolsillo, sacó un pequeño frasco que estaba lleno de un liquido color carmesí y me lo dejó en la mano.
Abrí el pequeño frasco y de él brotó el fuerte aroma de la sangre, de la propia sangre de Kory. Guardé el frasco en el bolsillo de mi levita, ya tenía un uso para aquella sangre.
Ahora tocaba el paquete grande.
Me deshice de la tela que cubría el retablo y me quedé ensimismado con aquel óleo.

– Ten cuidado aún no está seco- asentí la cabeza solo por educación pues toda mi atención estaba centrada en aquel cuadro. Era como mirar a un espejo.
Ante mi tenía una copia de Kory plasmada en óleo. Una copia que me miraba desde el retablo.
Tuve deseos de pasar mis dedos por el cuadro pero tenía que hacer caso de la advertencia de Kory, la pintura aún estaba húmeda y no quería destrozar aquella obra que tanto significaba para mí.

Colocaría el cuadro en medio del salón para verlo todas las noches. Y si Louis y Claudia preguntaran por él les diría: “Es la viva imagen de un amor que se ha ido pero que no significa que no regresará”
Di la vuelta al retablo y pasé mis dedos por encima de la dedicación que me había hecho Kory. Su caligrafía era bella, llena de adornos y florituras.

Dejé el cuadro descansando en el lateral del sillón, cubriéndolo con la tela para protegerlo.

-Gracias mi amada reina, guardaré tus regalos como tesoros- la besé en los labios. Aquellos labios que echaría de menos con todo mi corazón- no habrá mar que nos separe eternamente. Nos volveremos a ver Kory, te lo juro por lo que más quieras. No me olvides, pues yo pensaré en ti siempre que miré tu retrato.

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Mensaje por Kory Bouguereau el Mar Ago 10, 2010 2:29 pm

-Ojala que así sea.- le dije mientras acariciaba el reverso de su mano, y mis ojos se perdían en mí profundo dolor. – Ahora a ambos nos será imposible olvidar.- Donde una vez tuve dudas sobre si me acordaría de Lestat al llegar al castillo, ya fueron solventadas pues su diario me haría ver, me haría entender que es verdad, lo mismo le pasaría a Lestat. Me acerqué más a él para sentirle.
– Abrázame.- le pedí, coloqué mi cabeza sobre su pecho, y así me quedé un rato pasando mi mano por su camisa, ahí pude notar que se la debió poner deprisa y sin mirar pues había botones abrochados en lugares que no correspondían, aún así me encantaba y me llenaba de ternura.
Cerré mis ojos largos minutos, hasta que me di cuenta que necesitaba verle, por lo que alcé la cabeza para mirarle, Dios de Dioses. Aparté uno de los mechones que caían obstaculizándome la entera visión de su magnificencia. Toda palabra se queda pequeña para describirle, quizá debería buscar más sinónimos, aún así no llegaran nunca a ser dignos de relacionarse con alguien así, con el propio Lestat.

- Te quiero tanto…que jamás podría olvidarte. – me acerqué lentamente a su rostro, atrayendo con mi mano derecha su nuca, me quedé unos segundo a escasos centímetros de sus labios, uniendo nuestros gélidos alientos, pues éramos lo mismo.
– No digamos nada más. – susurré acariciando sutilmente sus labios con los mios antes de perderme en ellos por última vez, un beso que empezó siendo suave y calmado, pero que luego perdió toda estabilidad, movido por nuestra desesperación, un desastre natural se estaba formando, pegué mi cuerpo más al suyo juntando mis manos por detrás de su cabeza.
Era como estar en una terrible pesadilla, donde Lestat era la única luz que te reconforta solo unos instantes, pues luego desaparece.
Bebí de sus labios, saboreé su boca como si hubiese olvidado a cómo era. No sé cuánto tiempo me tomé en perder la cabeza, pero no podía seguir, si lo seguía no podría moverme. Quebrantaría mi voluntad.
Me separé de él, acaricié su rostro con ambas manos y volví a darle un pequeño beso, cerré mi mente al mirarle a los ojos fueron escasos segundos, pues ya me había levantado. Me tragué todo sentimiento como dije que haría, no dije absolutamente nada porque no quería romper a llorar delante de él. Le dí la espalda y comencé a andar con paso firme hacia la puerta, no me giré en ningún momento, solo se escuchaban mis tacones resonando en el parqué. Al llegar a la puerta me quedé unos segundos quieta, hasta que levanté la mano para aferrarme al pomo, con toda la fuerza que me vi capaz abría la puerta, y rápidamente salí de allí cerrándola tras de mí.
Ahora sí, me quedé parada en el porche mirando a la nada, sentí que me podía derrumbar en cualquier momento, pero no era lugar para hacerlo, bajé los escalones lentamente, hasta dar unos pasos y cruzar la verja. Ya fui aumentando la velocidad, y con ello las lágrimas empezaron a cubrir mi rostro, irremediablemente mis pasos se dirigían al hotel.

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Mensaje por Lestat de Lioncourt el Miér Ago 11, 2010 11:57 am

Aquello ya era la despedida.
Mi corazón no quería saberlo pero mi mente ya estaba enterada.
Sus dedos acariciando mis labios fue la última de todas las caricias.
Aquel beso suave que adquirió pasión cuando nuestras lenguas entraron en contacto, cuando nuestros cuerpos se pegaron el uno con el otro y nuestras manos se perdieron en el cuerpo del otro. Aquel fue el último de todos nuestros besos.
Y cuando se separó y me miró a los ojos durante unos segundos, mi cabeza supo que aquella sería la última de todas las miradas.

Vi su silueta acercarse hasta la puerta, escuché el ruido de la manivela al girarse para abrir la puerta y fue cuando temí escuchar el ruido de la puerta al cerrarse.
“Por favor que no se escuche, que no se escuche, que no se escuche…” rogaba a todos los dioses de las religiones, que en su benevolencia concedieran un milagro a este diablo de la sangre.
Pero la puerta se cerró con un sonido sordo.
Me derrumbé, no pude evitarlo. Las lágrimas caían de mis ojos a mares manchando mi ropa con lágrimas de sangre, lágrimas de sangre por la ausencia de Kory.

Sentí unos bracitos rodear mi cuello, y una mano de un adulto apretar mi hombro amistosamente.
Alcé la mirada para encontrarme los ojitos azules de Claudia y los ojos verdes de Louis, mirándome ambos con un amor que hacía tiempo que no veía en ellos.
Quise preguntarles donde habían estado, si estaban bien, cuánto tiempo llevaban en casa… pero estaba claro que habían visto a Kory. Aunque no conociesen toda la historia en su actitud podía adivinar que sabían lo suficiente como para comprender mi tristeza.
Besé los pequeños labios de Claudia y lo mismo hice con Louis. Me alejé de ellos sin mediar palabra y me acerqué a la puerta por donde se había marchado Kory, la abrí y me apoyé en el marco de la puerta.

En el bolsillo aún estaba el frasco que Kory me había regalado, lo saqué y abrí la tapa. Me llevé el recipiente a los labios y bebí todo su contenido de un trago. Kory estaría siempre en mi interior, su sangre daría vida a mi corazón al igual que su amor.
Fue entonces cuando comprendí que aquella caricia no sería la última que sintiera, que aquel beso no sería el último que disfrutara y que aquella mirada no sería la última en la que me perdiera. Tenía toda una eternidad para ir a buscarla y volver a sentir sus caricias, sus besos y miradas.
Miré al firmamento y en silencio hice la promesa de volver a verla antes de que nuestras vidas acabaran.

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Mensaje por Marius de Romanus el Jue Ago 12, 2010 12:40 am

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