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I want you now (K. Bouguereau)

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default I want you now (K. Bouguereau)

Mensaje por Kory Bouguereau el Lun Jun 21, 2010 9:26 am

Kory salió de su habitación con calma, en sus manos llevaba su viejo diario de cuero, y un cuaderno de bocetos, con sus respectivos grafitos, por si se aburría en un momento dado, o para cualquier cosa que le llamase la atención, ella lo esbozaría con breves trazos para luego pintarlo en su casa.

Estaba feliz, hoy hacía un día agradable, con una brisa primaveral, pensó que nada malo podría pasarla.
Al salir por la gran puerta del caserón, su hermano pequeño Gabriel cruzó corriendo por delante de ella, “¡Pequeño bribonzuelo!”. Sus padres habían salido hace unas horas, no sabía exactamente para qué, tan poco le importó. Kory solía ir pendiente de sus cosas, inconsciente de lo que le rodeaba, no sentía que tuviera aún obligaciones para detenerse en esas cosas, que para ella eran asuntos de vacía importancia.

Corrió hasta el lago que cruzaba las tierras de su casa, en La Rochelle, se tumbó en la hierba, la cual le provocó leves cosquillas en las piernas, su fino vestido blanco se le subió hasta dejar sus piernas totalmente al descubierto, sin prisa se fue quitando las botas, pero sin usar las manos, se entretuvo hasta que logró quitárselas, tirándolas a unos metros de distancia. Kory no pudo evitar sonreír, hacia cada cosa cuando estaba sola.
Cogió su diario con desgana, el sol daba de lleno en las hojas, haciendo que sus ojos se cerrasen, podría cambiarse de sitio para ponerse bajo un árbol, pero se sentía demasiado vaga para moverse. Llegó hasta la página en blanco que tocaba en el día de hoy. Y comenzó a escribir.


“21-mayo-1886.

Querido diario, hoy me he levantado con una pereza enorme, la fiesta de ayer me dejó agotada. Me presentaron al Conde Gregory Piranesi, aclarando que nada tiene que ver con el grabador italiano, mi suerte no es tan grande.

Me miraba demasiado, no sé qué querría de mí, pero mis amigas insistían en que hablase más con él, pero a mí no me gusta hacer esas cosas, no soy así, si quieren pensar que me gusta que vayan detrás de mí, pues bueno ¡quizá así sea! Pero yo nunca iré detrás de un hombre, aunque claro, sabe bien querido diario, que nunca puedes decir nunca, el caso, es que de momento nadie me ha llamado tanto la atención como para que yo me rebaje ante sus encantos, pienso que ante todo está mí dignidad. Obstinada me dicen a veces, pero me da igual ¡me da igual lo que me digan!, en fin, soy una mujer libre que puede hacer lo que le venga en gana, dentro de unos límites.
Entre otras cosas bebí bastantes copas, bailé hasta caerme, me encantaba, espero que se vuelvan a repetir esas fiestas.”

Suspiró recordando aquello, dejó caer su rostro en la hierba, era todo tan verde, una sensación magnifica. Se dio la vuelta por la postura tan incomoda de antes. El sol le calentó la cara, así que puso los brazos en su rostro. Sin quererlo su cerebro la hizo revivir la fiesta, hasta quedar absolutamente dormida.


-¿Crees que esto es normal en una señorita? – su madre la despertó de su profundo sueño, Kory apartó lo brazos y miró a su madre confundida, miró donde su madre estaba mirando, el vestido se le había subido demasiando, mostrando descaradamente su ropa interior, avergonzada Kory se levantó. – Bueno, no pasa nada, nadie me ha visto ¿Por qué no me dejas vivir en paz?- dijo mientras se agachaba para coger el diario y el cuaderno. – ¿Dejarte en paz? Mira, tal vez debería, eres una jovencita demasiado arrogante, no te mereces nada de lo que tienes.- Se puso delante de su madre, y la hizo una pequeña reverencia, con lo que su madre se enfadó mucho más.- Deja de avergonzar a esta familia ¡tu actuación de ayer fue vergonzosa!- Kory no se acordaba de lo que había hecho al final de la noche, estaba tan ebria que no pudo recordarlo.
Su madre se apartó de ella, diciendo cosas entre dientes, pero Kory no las escuchó, aunque tampoco prestó mucha atención, y mejor era, porque solo habría traído más que discusiones.


Subió corriendo las escaleras hasta llegar a su cuarto, quería cambiarse de vestido, pero antes tenía que bañarse. El joven mayordomo, Roger, ya se lo habría preparado todo. Kory entró en la habitación contigua a la suya, la bañera estaba rebosando de agua. Era una de las pocas cosas que le hacían perder la constancia del tiempo, se desnudó dejando su vestido de algodón en el suelo, al entrar en el agua, el placer se hizo dueña de ella.
Paso el tiempo, hasta que se dio cuenta de que se le habían arrugado las manos, le hacia gracia mirárselas, pero a pesar de todo, decidió enjuagarse y salir.


Se sentía como nueva, se cubrió el cuerpo con una toalla, y descalza fue a su habitación, dejando un rastro de agua en el suelo, no le importó. Abrió el armario para ver qué se pondría hoy, su vestido azul cielo le iluminó el rostro, lo cogió con cuidado extendiéndolo en su cama, volvió al baño para peinarse el cabello, que por haber estado tumbada en la hierba tenía un par de nudos, se peleó con su cabello, hasta que le quedó como ella quiso, con unos pequeños bucles, humedecidos todavía por el baño, volvió a la habitación, por un infortunio se resbaló, pero tuvo la suerte de sujetarse con el pomo de la puerta. Miró a su alrededor y volvió a su acostumbrada posición erguida. Caminó hasta su cama y lentamente se puso el vestido, se miró en el espejo unos segundos, y salió de su habitación, no se había maquillado, pero no pensó que le hiciera falta, además ya era de noche, no se vería ese pequeño detalle.

Al llegar al salón vio a su padre sentado en su sofá con un caballero de pie delante suyo, le daba la espalda a Kory, así ella se quedó en el marco de la puerta quitando importancia a esa inoportuna visita. Dio un paso para continuar con su andadura, cuando…- Querida, tenemos un invitado, ¿puedes acercarte?- dijo levantando la mano para que su hija se acercase, ella caminó lentamente hasta colocarse a su lado, levantó la mirada desafiante, como de costumbre, para mirar al caballero, ella no pudo evitar entre abrir la boca, ¿estaría soñando? Se quedó totalmente paralizada ante la belleza del joven, y ella sin maquillar, maldijo en su interior sus vanidades particulares, en ese momento el joven inclinó la cabeza, y sonrió con amabilidad a Kory, dejándola totalmente sobrecogida. – Viene de Sicilia, está muy interesado en comprar unos cuadros y ayudarnos con el negocio.- Miró de reojo a su padre, ¿se le habría olvidado a decir el nombre del caballero? Se quedó extrañada, su padre solía presentarle a sus conocidos por sus nombres, aunque a ella no le importase en absoluto, pero justo cuando a ella le interesaba, insatisfecha se quedaba.
– Encantada.- dijo agachando la cabeza, no se atrevía a volver a mirarle a esos ojos azules, incalificables para ella, por miedo a quedarse paralizada, y que su padre lo notase.

Dio unos pasos atrás, para ir al comedor, pero al llegar al marco de la puerta del salón se quedó unos segundo para fijarse en el joven, él llevaba un traje negro con una camisa blanca, un pañuelo rojo se hacía destacar en su cuello, y un lazo negro ataba su rubio cabello. Ella suspiró, y de improvisto el joven giró la cabeza, Kory asustada se fue corriendo por el pasillo, procurando no hacer ruido con los tacones.

...
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default Re: I want you now (K. Bouguereau)

Mensaje por Kory Bouguereau el Jue Jun 24, 2010 10:50 pm

¿Habría supuesto aquel joven que le estaban observando? Kory se alejó por los pasillos haciendo aspavientos con las manos, quitándose sus estúpidas ideas de la cabeza. Por qué iba a perder su tiempo en hacer presuposiciones y conjeturas solo por un instante, no le conocía, solo se había guiado por su físico, y le había dejado harto sorprendida.
Se puso contra la pared,..recordar el rostro de aquel joven, era como tener una visión de un divino ángel, sonrió ampliamente, acto seguido se dio cuenta de que estaba perdiendo la cabeza, pero lo que ella no sabía es todo aquello sería el comienzo, de algo que le cambiaría la vida radicalmente.


Entró al comedor con la cabeza gacha, pensativa, su madre ya estaba en la mesa, sus dos hermanos ya se habían acostado, solo faltaba su padre, y el invitado. Kory se sentó en el extremo opuesto sin hacer ruido, su madre repentinamente dejó el tenedor en la mesa, y se llevo las manos a la boca, tal vez para no decir nada, su hija simplemente la miró sin ánimo de hacer el menor gesto, le era indiferente.
Al rato su padre entró sólo –
Bueno, parece que vamos a comer solos, los tres. Así que empecemos.

Kory miró su plato con tristeza, por qué no habría invitado al joven, por qué le parecían tan sumamente aburridas las comidas con su familia, se sintió totalmente desdichada, pero no por el hecho de comer con sus padres, sino, porque quizá no vería nunca más al rubio caballero.

Al terminar de cenar, subió a la terraza de la primera planta, necesitaba sentir la brisa en el rostro, el sol de esa tarde le había dorado la piel, pudo sentirlo solo con tocarla. Se apoyó en la barandilla, mirando las rosas que crecían abundantes allí, no pensó nada en especial, solo esperaba que el día de mañana fuera mucho mejor, sino se iría a pasar unos días con sus amigas a París.

La luna brillaba silenciosa, iluminando toda la fachada del balcón y a ella misma, no sintió que nadie rondara por la casa ni por los jardines, así que se tumbó en la barandilla porque era bastante ancha, y siempre había cabido, no había peligro de caerse, además siempre lo hacia cuando no había nadie, puesto que la gente solía asustarse al verla. Cerró los ojos, dejando su cuerpo totalmente relajado, sintió mucha paz en su interior.

Al abrir los ojos, vio dos brillantes ojos azules mirándola con atención, ella miró en todas direcciones asustada, queriendo averiguar dónde estaba, pues bien, colgaba de los brazos del caballero, justo debajo de la terraza.

– ¿Acaso no sabéis que es peligroso reposar en esos sitios? - dijo el joven con calma, ella no pudo decir absolutamente nada, le sorprendía tanto estar tan cerca de él, aparte de que no demostraba ningún síntoma de agotamiento por tenerla en brazos.
El caballero la bajó de sus brazos
-¿Estáis bien? Podría haber sido una gran caída.- ella se pasó la mano por el cabeza. - Podría, pero por suerte estabais por aquí cerca. – En ese momento se dio cuenta de lo raro que eso le resultaba, antes de preguntarle, él la interrumpió. - Me encanta salvar a damiselas en apuros- dijo riendo. Eso a Kory le provocó rabia, “¡Claro! Alguien como él solo se dedicaría a eso.”
-No lo dudo en absoluto, seguro que muchas de ellas se dejarían matar solo para que usted las salve. – dijo irónica mientras caminaba.
– No debéis sentir envidia, madame, en este momento no tenéis por qué. Es más ellas deberían envidiaros a vos.- Escuchaba su voz a sus espaldas, provocando en la joven multitud de escalofríos, se paró en seco, y como ensimismada balbuceó - ¿Por…por qué nos os habéis quedado a cenar?- El joven se colocó delante de ella para mirarla. – Porque…ya había cenado.- Sonrió de tal manera, que ella se arrepintió de habérselo preguntado.
-¿De dónde habéis salido?- el joven arqueó una ceja. – De Sicilia, madame, ya lo sabe.- Algo en el cuerpo de la joven hizo que olvidase lo que iba a decir, como en un sueño anduvo oscilando de un lado a otro, el caballero agarró del brazo a Kory.
– La caída os ha dejado algo atolondrada. -Pues no sé por qué lo decís, estoy perfectamente.– dijo mientras intentaba zafarse del brazo del joven. Él al ver sus intenciones la cogió en brazos colocándola suavemente en su hombro, agarrándola de las piernas, como si de un saco de patatas se tratase.

–Yo no sé quién se ha creído que sois vos. –dijo sin alzar la voz.
– Pues ya se lo dije, soy vuestro salvador, vuestro caballero andante, vuestro Romeo.
dijo sonriente, mientras caminaba hacia el interior de la casa.
-¿Mi Tristán?.
- Claro madame, lo que vos queráis, Isolda mía.- Kory se sonrojó, pero dio gracias de estar a su espalda, así no podía verla, su corazón latía con fuerza. El joven comenzó a subir las escaleras, ella simplemente dejó sus brazos caer, ¿qué iba haber? No podía moverse, y tampoco quería gritar, no si lo que quería era despertar a su familia.

- Buena chica. – ¿Estaría escuchando los pensamientos de la joven, o simplemente la felicitaba por no haberse movido? Abrió la puerta de la habitación, y se dirigió a la cama, dejando caer el cuerpo de Kory en ella.

– Ningún hombre ha estado tan cerca de mi lecho como lo estáis vos ahora. – dijo mientras se acomodaba en la cama, el joven la miró sorprendido.
– Pues debo estar de suerte, hoy es mi día sin duda. – Kory sonrió tímidamente, pensó en quitarse los tacones, y en ese momento, el joven se sentó a su lado para quitárselos, de nuevo no sabía que decir, si darle las gracias o decirle que parase, y aunque hubiera dicho algo, él ya había terminado, se quedó en silencio mirando las cosas de la joven.

– Debo irme, madame, ya es tarde.- Kory se inclinó para apoyarse en la espalda del joven.
- ¿Volveré a veros?
– Solo si vos queréis verme,- Giró la cabeza para mirarla, ella se quedó totalmente abducida, se acercó lentamente hasta sellarla un beso en la frente. – ahora debéis descansar. – Cuando dijo esto, se levantó de la cama y se dirigió a la puerta, unas palabras se escaparon de los labios de la joven – Bonne nuit, Tristán.- él al oírla se quedo unos segundos en la puerta pensativo, pero lo mejor era irse, así que inclinó la cabeza y salió de la habitación con mucha elegancia.

Kory se dejó caer en la cama suspirando fuertemente, real o irreal, se sentía tremendamente feliz, cerró los ojos, mientras daba vueltas en la cama, como si las mariposas de su estomago la movieran de un lado a otro. Descansar, eso debía hacer, mañana ya tendría tiempo de reflexionar sobre lo que había acontecido hoy.
Escondió el rostro en la almohada para ahogar su risa.



Off: Ausentada por los examenes...maldita sea! xDD
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Mensaje por Kory Bouguereau el Dom Jul 04, 2010 1:19 pm

A la mañana siguiente la joven abrió los ojos con lentitud, estaba tranquila, se desperezó en las sabanas y pausadamente posó sus pies en el tibio suelo, no miró nada en concreto, creía estar en el sueño todavía. Caminó arrastrando los pies hasta su baño particular, allí se lavó la cara, levantó el rostro para mirarse en el espejo que se hallaba allí colgado, no había nada extraño en él, pero sí se sentía cansada, algo confusa, no reparó en la noche anterior, el sueño que tuvo la había dejado tremendamente incapaz de distinguir la realidad, sonrió levemente, no quería que esos pensamientos la volvieran loca, quería estar lo más lucida posible en el día de hoy, aunque realmente no sabía lo que le depararía.

Cogió una de las toallas, quería bañarse, quiso preparar el baño ella misma, no le incomodaba la idea, por una vez quería sentir que podía hacer algo por ella misma. Tuvo un baño apacible y agradable, le vino bien para aclararse las ideas.

Se había puesto un vestido negro que tenía, con unos volantes blancos que caían de las mangas, eso le daba un toque de color al voluptuoso vestido. Se peinó y maquilló como de costumbre, salió de su cuarto cerrando la puerta tras suyo.

Sus ojos vagaban de un lugar a otro, ¿era posible que aún estuviera soñando? Le traía sin cuidado.

Llegó al salón donde se encontraba una criada, ésta la saludo respetuosamente, lo mismo hizo la joven. Se sentó en la mesa, y le fueron trayendo el desayuno, comió con un extraño ansia, saboreó cada bocado, la criada no salía de su asombro.
Dio el último sorbo a su café y se levantó de la mesa, salió distraída de la estancia, estaba como ida.

Anduvo hasta llegar a los establos, allí ordenó que preparasen un carruaje, deseaba ir al Parc Charruyer, que fue inaugurado recientemente. Deseaba caminar entre la naturaleza que rebosaba ese inusual brote de tierra. Un frondoso lugar cercano al río que regaba sus tierras.

No tardaron en traer el carro, subió a él, y se quedó sumida en el silencio. El viaje no duró mucho, quizá unas horas. Bajó del carro cabizbaja, el cochero le preguntó si quería que la acompañase, ella simplemente negó con la cabeza.

Mientras caminaba pensó el los lugares donde podía ir después de su paseo, abrió su blanco paraguas porque el sol brillaba con fuerza. Los niños jugaban con pelotas a su derecha, qué bella imagen, como deseaba grabar ese momento en su mente, deseó haber llevado consigo un cámara, para que después le dieran su daguerrotipo correspondiente "Otro día, no había prisa." El tiempo para ella pasaba rápido, pero aún así iba por la vida sin prisa, se tomaba algunas cosas con calma, otras con una irritante impaciencia, y ella era consciente.

Cruzando uno de los puentes de ese gran parque, un caballero se acercó a ella con ánimo de entablar conversación, la joven se quedó mirándole con asombro.



-¿Os ocurre algo mademoiselle? llevo rato observándoos, y no he podido evitar inmiscuirme. – El caballero se mostró amable, pero a ella no le sentó nada bien aquella intromisión.
– Perdóneme pero creo que no es de vuestra incumbencia lo que me pase o me deje de pasar, además no me gusta que me intercedan de esta manera, así que si no os importa quisiera continuar con mi paseo. – No le dio tiempo de responderla, quizá fue brusca, pero más inoportuno fue él con sus alardes de preocupación por alguien que ni si quiera conoce.
Caminó con buen ritmo por las losas que había colocadas entre la hierba, mirando al frente, como si nada pudiera hacerle cambiar de rumbo, como si nada pudiera perjudicarla, en ninguno de los sentidos.


A los veinte minutos volvió al coche, se quedo pensativa unos momentos, no sabía si quería coger el tren en Gare de la Rochelle e irse a donde fuera, quizá así se despejaría, pero no es acaso de cobardes el huir sin dar ninguna explicación ¿tan desconsiderada era ella?
Así, le dijo al cochero que la llevara a Le Beteau Ivre que no estaba lejos de donde estaban.

Era un magnifico restaurante, allí tomaría algo antes de volver a su casa.

Spoiler:


Allí comió lo más típico de su localidad, le encantaba pasear por el centro, el puerto estaba justo al lado, hileras de barcos de distintos tamaños se extendían en la inmensidad del paseo marítimo, Kory siempre sola, caminó sin dar importancia a las personas que pasaban a su lado, de lejos vio una vieja librera, decidió entrar en ella, tomó un libro de Tolstói, se titulaba “Felicidad conyugal”, que según ella tenía entendido aún seguía vivo.
Salió de la librería, y volvió a subirse en su carro, ya derecha a su casa, estaba cansada aunque realmente no había hecho mucho.


Ya estaba atardeciendo, se quedó en silencio mirando el crepúsculo, “cuanto color, cuanta hermosura” pensó. Subió las escaleras de mármol que la llevaban a la terraza, escuchó unas risas, no cabía duda que había venido visita, y que algunas risas le eran conocidas, sí, así era, habían venido dos de sus amigas, Irene y Cannelle, le hacía tanta ilusión que no dudo en abrazar a ambas, las echaba tanto de menos.
- ¡Qué alegría de verdad!- dijo esto mientras se le escapaban algunas lágrimas.
-¿Cómo estás querida? Hace tanto tiempo que no…- interrumpió Cannelle, - estoy bien, tenía pensado ir a visitaros un día de estos. –Besó a ambas en las mejillas. – Bueno contadme, qué es de vosotras.
Irene movió nerviosa las manos.- No te vas a creer lo que me ha pasado.- Kory la miró interrogativa- ¡Charles me ha pedido que me case con él!- Al oír la noticia se le quedó la boca abierta- Me alegro muchísimo amiga mía, imagino que habrás dicho que sí. – Por supuesto, Kory, esas oportunidades no se tienen todos los días. –La verdad es que no, ¡qué suerte tiene!
Kory cogió la mano de Cannelle- No te preocupes Cannelle algún día encontrarás a tu hombre ideal, estoy segura.- Las tres salieron del salón para hablar de sus asuntos, dentro de ellos, la boda.

Al rato de estar hablando, Cannelle propuso ir a la fiesta que daba Adrianne, a todas les pareció buena idea, por lo que decidieron verse después allí. Kory subió a su habitación y se puso su mejor vestido, o uno de los que más le gustaba, era esmeralda, le gustaba como le hacía juego con sus ojos, antes de ponerse el vestido se colocó un corset.
Estaba feliz, le hacía mucha ilusión estar de nuevo con sus amigas, e ir a una fiesta, y no una fiesta cualquiera, allí irían personalidades de la alta sociedad. Y por qué no, muchas chiquillas iban a esas fiestas para codearse y encontrar un buen partido.


Se despidió de sus padres, llegó al establo para coger su caballo, decidió ir sola, quizá fuera peligroso, pero no había nadie allí que pudiera negárselo. Ya no quedaba ninguna huella del sol en el cielo, las estrellas brillaban celosas en el cielo.

Mientras cabalgaba pudo pensar en lo que le había dicho Irene, se iba a casar, y tenía la misma edad que ella, ¿acaso le pasaba algo malo a Kory? Realmente se alegraba por la felicidad de su amiga, pero no pudo evitar sentir ese vacío y pensar “¿y yo qué?” ese brote de egoísmo que emerge en el alma de las jóvenes, pero decidió dejar el tema.
Vio de lejos la casa de Adrianne, su jardin estaba decorado con lámparas de gas de distintos colores, las mesas estaban repletas de comida, había ya bastante gente caminando con sus copas de cava, y otros tantos bailando, Kory sonrió al ver esto. Dejó el caballo a un criado para que lo llevara junto a los otros caballos.


Caminó despacio entre la multitud, buscando a alguien conocido, cogió una de las copas que había en una de las mesas, y dio un trago, me más que uno, la vació toda ¿qué estaba haciendo? ¿De nuevo bebiendo para olvidar? “y qué más da” se respondió a ella misma, cogió otra copa, esta vez de vino, y contoneándose al ritmo de los violines dio pequeñas vueltas, riéndose como si estuviera loca, la verdad, es que no le importaba lo que la gente pensase o dejase de pensar.
–Vamos Kory, acabas de venir y mira como estás, modérate un poco. – Kory arqueó una ceja al oír a Adrianne – No te preocupes no voy a estropear tu bonita fiesta. – Se apartó de ella, intentó no darla un codazo, ni parecer una desagradecida, pero no le gustaba que se metieran en sus asuntos.
Vio a Cannelle hablando con varias personas, Kory se acercó lentamente, intentando no llamar la atención esta vez entre la multitud, pero lo que ella no sabía es que aunque no lo quisiera, llamar la atención era su especialidad, por h o por b era algo que dominaba desde joven.


- Jajajaja Kory ya veo que te lo estás pasando estupendamente ¿Prometes dejarnos algo para beber? - ¿Qué intentaba decir con eso? Solo llevaba dos copas, Kory inclinó la cabeza pasando del asunto y se marchó a otro grupo de personas, esta vez cogió una copa de champagne.

Decidió sentarse en uno de los divanes, dejó la copa en la mesa baja que tenía delante para poder apoyar el rostro en sus manos, cerró los ojos para volver a encontrarse a sí misma. Alguien se sentó a su lado y pasó la mano por su espalda.
– No te preocupes Kory, todo va bien, ¿es posible que estés así por mi repentina boda? A mi no me engañas querida.- dijo Irene sonriendo con ternura, Kory movió la cabeza para mirarla, Irene siempre tan comprensiva. – Pensé que quizá nos casaríamos todas a la vez, que tendríamos una familia a la vez. Una idea estúpida, pero ya sabes como soy.- Kory sonrió débilmente.
– Venga mujer, si quisieras tendrías a quién deseases, lo que pasa es que aún no has encontrado al idóneo, y sé que tienes que estar segura para dar ese paso.
– Muy segura, eso es. Espero que no sea tarde cuando lo encuentre, o él me encuentre a mí. El amor de verdad es tan difícil de encontrar.

Irene abrazó a Kory mientras la besaba en la cabeza.
– Disfrutemos de la fiesta, ¿si?- levantó a Kory del diván, no sin antes haber cogido su copa de champagne “¡Cómo quiero a esta mujer!” ella nunca la juzgaba por sus actos, ella sabía que Kory no hacia nada sin tener una razón. Se apoyaron en una chimenea para ver mejor las personalidades de la fiesta.
-
¿Dónde está Charles?
– De caza con su padre.
Kory asintió con la cabeza. Irene dejó su copa en la superficie que cubría la chimenea al ver algo que la dejó atónita.
-¿Has visto algún vez a aquel caballero?- con el dedo señaló a un hombre, Kory se quedó perpleja al verlo “No puede ser, dios mío, no fue un sueño…”
-¿Qué te ocurre? Mira, está la mar de bien, entablando conversación con Anne. – Dijo Irene sonriente, a Kory esto le sentó fatal, Anne se acercaba al oído del caballero para hablarle, aunque Kory sabía perfectamente que no era necesario hacerlo, puesto que la música no era tan molesta. Él caballero respondía a Irene acariciando su mano, Kory inconscientemente apretó con fuerza su copa, hasta tal punto que la rompió en pedazos haciendo sangrar su mano en abundancia.
-¡Dios Kory! Vamos a la cocina vaya ser que se te haya clavado algún cristal…- Kory no escuchaba a su amiga, aunque dejó que la llevara a la cocina, el joven miró rápidamente en dirección a Kory e Irene, pero ambas estaban de espaldas, caminando para ir a la cocina.

- No sé qué demonios te pasa, esto no creo que haya sido por mi boda. En serio Kory, no te entiendo. –dijo mientras sacaba con unas pinzas los pedazos de cristales que tenía en la mano, y echaba alcohol en la mano, produciendo en un inmenso dolor en Kory, su rostro lo reflejaba.
– Sí, sé que duele, pero ¿me podrías explicar qué ha pasado?
- Kory miraba su mano con tristeza, no sabía si debía contarle aquello con aquel caballero o callárselo. Su amiga vendó la herida con cuidado, Kory abrió la boca para contárselo, pero en aquel momento una deliciosa melodía llegó a los oídos de la joven.
-¿…Pero qué?- eso se preguntó también Kory, quién era aquel que tocaba el violín como si fuera el propio Apolo.
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Mensaje por Kory Bouguereau el Dom Jul 11, 2010 1:05 pm

Kory empezó a abrir lentamente la puerta de la cocina, temerosa de ver realmente quien podía ser, su amiga abrió de golpe la puerta, y la miró sonriente. Irene también se había perdido el capitulo sobre pasar desapercibida.
Kory avanzó sola por el gran salón, intentaba ver algo entre toda la aglomeración de personas que rodeaban al músico. Hasta que entre varias cabezas logró ver al joven que le había hecho perder el control. Él llevaba una chaqueta de un azul claro, casi grisáceo, también una camisa blanca con encajes, una indumentaria de todo un caballero. Se movía con el violín como si estuviera poseído por un ser sobrenatural. De un lado a otro pasaba el arco por las cuerdas provocando un agradable sonido, pero inquietante si lo pensabas. La gente quedó subyugada escuchándole, ella imaginó que no se preguntaban qué tenía de extraño todo aquello.

Kory no pudo soportarlo más y se dispuso a salir del salón, Irene la cogió de la mano, pero ella no respondió a su contacto, y se marchó al jardín donde seguía la fiesta. No pudo evitar escuchar de fondo el magistral violín, le provocaba un inmenso dolor.

Bebió y bebió pequeños vasos de whisky que estaban colocados en fila sobre la mesa. Kory se fijó en una especie de fuente que habían tallado en hielo “vaya, no escatiman en gastos.”
La gente empezó a hablar con ella, pero por el contrario ella no lograba entender las palabras que se derraman de las bocas de aquellas personas.

Anduvo hasta llegar a la pista de baile, para vergüenza de muchos se puso a danzar ella sola una danza de lo más arrítmica. Al rato notó como unas manos la agarraban de la cintura, ella alzó la cabeza para ver quién osaba, le dio un puñetazo en el pecho al desdichado que intentaba guiarla en aquel fatídico baile. – Es mejor que no arméis un espectáculo, no aquí.
Él la agarró con fuerza. - ¡Ah! Claro, pero a usted no os importa darlo, os vi hace un rato, y no creáis que me engañáis, no ¡a mí no! – Siguieron moviéndose por toda la pista, Kory no estaba bailando en absoluto, pero los movimientos del caballero aparentaban que no era así.
– Estáis borracha madame.
Ella levantó la mano para coger con fuerza el rostro de aquel ser, él apartó la cabeza al momento. Herida por aquel desprecio le empujó y se marcho lo más rápido que pudo hacia la mansión de Adrianne, de paso cogió otro de los vasos de brandy que allí ofrecían.

Entró en la cocina de los criados y se sentó en un rincón con las piernas pegadas a su torso, mientras trago a trago olvidaba aquello, echaba la cabeza hacia atrás para mirar el techo de aquella cocina, según lo que sus ojos estaban viendo debió sufrir algún incendio.
Al rato dejó que sus parpados cedieran ante el peso que le provocaba el alcohol. Escuchó un fuerte portazo, ella esperaba que nadie la encontrara allí, menuda imagen habría dado, pero no era eso lo que más le importaba en ese momento.
Se fijó en dos zapatos que se encontraban a tres metros de ella, a lo cual se llevó la mano al rostro. – Por favor.- gimoteó ella.
-No creáis que os vais a deshacer de mí tan satisfactoriamente… es imposible.
Kory levantó los ojos para ver dónde estaba colocado y con una rabia incontenible le gritó mientras alzaba la copa vacía, – ¡Iros con Anne, y dejadme sola!
Cuando terminó de decir esto arrojó la copa al cuerpo de aquel hombre, pero asombrosamente fue a parar a la pared, produjo un fuerte sonido, los cristales volaron por todos lados.
– ¡Os dais cuenta de lo que estáis haciendo! – Kory intentó levantarse de donde se encontraba, pero le fue imposible. El joven se acercó a ella, quedando de rodillas frente a frente.
– Es más, no voy a permitir que os hagáis esto ¿qué pensaría vuestro padre? – ella torció el gesto al oír sus palabras “Así que todo lo está haciendo porque tiene negocios con mi padre” pensó amargamente. – No es solo por eso. – Dijo como si respondiera a su pensamiento, Kory enarcó una ceja.
– Os ponéis peligrosamente hermosa cuando los celos se apoderan de usted. –
dijo mientras con su mano apartaba el cabello rebelde que cubría el rostro de la joven. Ella tragó saliva con dificultad, e intentó evitar todo aquello alzando la mano para agarrarse en el mueble que estaba a su lado, y coger así impulso para ponerse de pie. El caballero al ver esos vagos intentos, ayudó a la joven con una mano, y así volvieron a colocarse de pie.
– No tengo por qué hacer esto, no sé ni por qué estoy aquí.- Qué fácil era herir el orgullo de Kory, cada palabra era como una espada que se clavaba en su estomago.
– Entiendo… yo tampoco lo sé. Así que haceros un favor y volver sobre vuestros pasos.
– El caballero sonrió al oírla. – Creo que eso no va a ser posible, lo siento.
– ¡Más lo siento yo! – Contestó Kory que caminaba hacia la puerta, esquivando los cristales.

Una fuerte mano detuvo que Kory abriese la puerta. – Mañana tengo que hablar con vuestro padre sobre ciertos cuadros que quiero, y no podré tenerlos si no volvéis de una pieza a vuestra casa.
– Muy alentador. – respondió con un tono irónico. Él continuó como si no la hubiese escuchado
– Así que vamos a salir de aquí tranquilamente, sin llamar la atención, aunque suene absurdo pedírselo a alguien que… bueno lo lleva innato en su persona. – La cara de desagrado de la joven iba a peor. – No sé cuánto habréis bebido, siete u ocho copas, no lo sé. Tampoco sé qué intentáis ganar con ello. – Kory tampoco lo sabía, pero aún así lo hacía. “¿Por qué te metes en mi vida?”. El caballero negó con la cabeza.
– Estabais tan adorable entre mis brazos la noche pasada.
- Lamento la decepción que os habréis llevado. – dijo ella apretando los labios.
– Ya está bien, vayámonos de aquí. Y recuerda lo que te he dicho. –
La agarró del brazo con firmeza, y abrió la puerta de la cocina, caminaron por donde no había mucha gente.
– Sonríe de vez en cuando. – Le aconsejó. “¿Qué demonios?” se preguntó ella.
– Mi caballo está en el establo.

– Bien, el mío también.


Kory se despedía con la mano de los conocidos que allí había. Se detuvieron en seco y la soltó del brazo. – Voy a por los caballos, no os mováis de aquí. – Kory se encogió de hombros, no tenía pensado correr hasta su casa.

Al rato llegó con los dos corceles. – Tenéis un buen caballo. – apuntó mientras ayudaba a la dama a subirse en la silla. – Lo sé, lo tengo desde siempre, es mi fiel compañero. – dijo mientras acariciaba sus negras crines. - ¿Verdad que si, Pesadilla? – El caballero no pudo evitar soltar una carcajada. – Con que Pesadilla, ¿eh? Un nombre original, ya lo creo. – A Kory no le sentó muy bien ese chiste, pero decidió no contestarle.

Galoparon por la noche, entre los árboles que dibujaban en el suelo tenebrosas formas.
– No temáis madame, ya estamos cerca de vuestra casa.
– No sé por qué pensáis eso. – dijo ella mirando de un lado a otro, los seres de la noche no sabes nunca cuándo van a hacer acto de presencia.

Ya habían llegado, el caballero fue el primero en bajarse del caballo para ayudar a la desvariada muchacha.
- ¿Sabe? No necesito vuestra ayuda. – le informó.
– Está bien, ilústreme. –
Kory se empezó a reír, vale, había una gran distancia entre donde ella estaba y el suelo, pero podría hacerlo o eso pensó.
Cuando le pareció que se empezaba a mover el suelo, “Ahora se va a creer que de verdad necesito ayuda, de eso nada.” Saltó del caballo cayendo de bruces al suelo, ella agitó sus manos a modo de negativa, le dolía el trasero, pero reprimió muy bien eso, el bochorno era mayor que el dolor físico. El caballero tapó su sonrisa victoriosa entre los dedos.
– Debe ser muy gracioso.

Él la cogió por las axilas y la levantó, a ella se le aflojaron las piernas.
– No se resienta, un par de caídas no le vendrán mal.
– Ella dejó que le ayudará a llegar a la puerta de la casa.
– Una buena caída habría sido la de ayer, es más podría haber dejado que me rebanara los sesos contra el suelo, eso me vendría la mar de bien. – El caballero la miró algo irritado, ella comenzó a asentir con la cabeza.
– Estáis loca, pero el que habla por esa boca es el alcohol.
– No intente justificar mis palabras.
– Mira sí, lo hago, porque dudo que seáis así, a menos que seas una gran actriz.
-¿Eso te gustaría, eh?
– Daría saltos de alegría.
–respondió irónicamente. Una carcajada salió de la joven, sorprendiendo al caballero.
- ¿Por qué sois tan difícil?

– Ah ¿No debería?
– dijo esto sonriendo con cierta malicia, él caballero no supo qué responderla.
- ¿Y por qué simplemente no me seguís el juego?
- ¿Piensas que no lo estoy haciendo?
- ¿Qué querrías conseguir de todo esto?

– Eso ya lo veremos.
– Kory sonrió complacida al oír esa respuesta.
– Muy bien, sir ¿Podría decirme su nombre?
– No lo creo.

- ¡Oh! Con que esas tenemos.
–exclamó sorprendida.
– Llamadme cómo queráis, ya os lo dije.
- ¿Por qué tanto secretismo con vuestro nombre? ¿Tenéis algo que ocultar?
– Ya os gustaría. Además no os voy a decir nada sobre mí, no me creerías.
– Probadme. – El caballero al oírla decir esa palabra no pudo ocultar una sonrisa juguetona.
– Bien, mi nombre pertenece a una época en la que los imperios se extendían entre tierras bárbaras, así era como llamabamos a toda persona que no fuera como nosotros, sobresalían tierras exultantes por su esplendor.
Los lugares conquistados iban siendo sometidos por el imperator, pero muchos fueron arrasados y convertidos en cenizas, porque no hay que ser siempre tan transigente.
– Kory le escuchaba con atención, “menudos cuentos salen por su boca”
- Posiblemente.
– Dios mío, solo os he preguntado por vuestro nombre, ¿y me soltáis esto?- comenzó a abrir la puerta con la llave. – Pero me gusta ¿podéis pasar?
– Como quiera.

Los pasillos estaban parcialmente iluminados por frágiles velas que oscilaban de un lado al otro, cuando la brisa entró por la gran puerta. – Quedaos en el salón, voy un momento a la cocina. – La joven quería un vaso de leche, quizá con las historias que le contaba el extraño caballero cogería fantásticamente bien el sueño, y así entre las historias u/o mentiras conocería algo más de él.

Entró al salón despacio, él estaba sentado en uno de los sillones esperándola.
- ¿Queréis?
– No por Dios. – Ella se encogió imperceptiblemente de hombros. Se tumbó en su diván negro tapizado de flores, con hilo de plata, y bebió del vaso. – Podéis contarme lo que queráis.
– Pero si no me creéis.
– Eso da igual, solo quiero escucharos.
– No sé cómo tomarme eso, pero bueno, creo que tengo algo de tiempo antes de irme. – A ella no le gustaba la idea de que se marchara en un momento dado ¿pero qué iba a hacer?
– Yo tuve mucho suerte, vengo de Sicilia, sí, pero nací en Bitinia, bueno no voy a insistir en esos datos. Decir que mi suerte cambió radicalmente.
Fui muy feliz, todo eran lujos y halagos, se podría decir que tenía el poder, tanto como el mismo emperador.
– Se quedó unos segundos en silencio, Kory dio otro sorbo a su vaso, cuán interesante le parecía aquello. – Como veis la Gracia ha caído sobre mí, estas cosas no se eligen, y he de sentirme agradecido porque fue por ese motivo por el que fui elegido por uno de los hombres de lo más honesto y pacifista que han pasado por los foros. – Kory pensó en quién podía ser. Todas las palabras del caballero tenían un halo de misterio, que la atraían mucho más de lo que ella se pensaba.
– Viaje por muchos lugares, no te puedes imaginar la belleza que pude ver, y toda ella estaba dispuesta para mí, qué tiempos. Años dorados que quedaron en la historia, pero yo los tengo en mi corazón.
– Es una historia asombrosa.
– Interrumpió la joven. El caballero la sonrió con ternura.
– Lo es, fui querido por muchos ¿se puede creer que fui deificado?
– No me extrañaría. – Se fijó de nuevo en lo hermoso que era aquel rubio caballero, su cuerpo era perfecto, lo supo aunque estuviera vestido. Era todo un Adonis. – Sí, también fui considerado un Dios en Egipto, pero sobre todo un Dios griego. – Se empezó a reír cuando dijo esto, él no sabía cómo se tomaría Kory todo aquello.
– Y todo gracias al amor que me profesaba mi añorado emperador. – Ella ya se había terminado la leche, así dejó el vaso sobre la mesa. – Habladme más sobre aquella época.
– Tendría mucho que decir, pero no tenemos toda la eternidad para ello, pero os diré que hubo un tiempo en el que los filósofos contaban sus enseñanzas a grupos de jóvenes dispuestos a aprender. Un tiempo en el que la sabiduría era lo que más se apreciaba, aunque he decir que no siempre fue así, pero por lo menos así fue en mi época. Los artesanos empezaban a valorarse como artistas, aunque pasarán muchos años antes de que se consideren como hoy en día.
Bellas y apreciadas esculturas, mosaicos, arquitecturas inimaginables se alzaban por las vías principales, era un paraíso de posibilidades, un enriquecimiento que no tenía límites.
Bendita Roma, ni en tiempos de Pericles, aunque claro, no voy a alardear demasiado, puesto que como los de Augusto, ninguno se asemeja, o sí, pero no es el caso.
El arte ha evolucionado mucho desde sus inicios, ahora se pueden dividir las artes en mayores y en menores, pero antiguamente no era así. Aun creo que la mente de muchos debería abrirse, pero pasaran siglos hasta que eso pase. ¿Sabe? No habría oro suficiente para pagar…
- Se detuvo cuando se dio cuenta que Kory había caído rendida en los brazos Hipnos, un Dios que él conocía bien, con sus alas cubría los ojos de los mortales. Posiblemente ella no había oído todo lo que le estaba contando con tanta pasión, pero no le importó.
La cogió en brazos y la dejó en el cómodo sofá, sí, era el momento de irse, antes de que fuera demasiado tarde.


...
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default Re: I want you now (K. Bouguereau)

Mensaje por Kory Bouguereau el Miér Jul 21, 2010 1:17 am

Se despertó sobre su propia cama, alguien debió haberla subido, recordaba que se había quedado dormida muy a su pesar en el diván. Había dormido demasiado, pero lo bueno de eso es que se sentía que había recuperado las fuerzas suficientes para lo que el día de hoy la deparase. Se bañó y cambió, seguidamente fue a por algo de comer, pero antes de salir de su casa cogió su diario. De nuevo volvió con paso firme a la orilla del río donde solía ir a escribir e inspirarse. Su vestido era de un rosa pálido, no era de gala, simplemente era un vestido normal y corriente de la época, para pasar el día en la naturaleza de sus extensos terrenos. Allí se apoyó en el tronco de uno de los cerezos que estaba en flor, abrió su diario y comenzó a escribir:

“23- mayo- 1886.

Querido diario. Tengo tanto que contar y no tengo palabras si quiera para dar unos argumentos lógicos a lo que me ha pasado. Solo decir que estoy bien, aunque la noche pasada mi mano sufriese mis ocasionales berrinches por cuestiones que no vienen al caso, también porque me avergüenza recordarlo.
Ya no cabe duda de que hace dos noches conocí una especie de ángel, o eso creo, porque no sé cómo llamarlo, tampoco quiere decirme su nombre, algo que me inquieta.
No quisiera que nadie leyese lo que voy a escribir aquí, y menos él, ya que no me gustaría que supiera lo que despierta en mi interior, sinceramente me siento estúpida por ello. A veces es tan irritante, pero qué le voy a hacer, si parece que estoy viviendo un sueño del que no sé cuándo despertaré. Como caído de la nada realmente.
Es un hombre alto, tiene un cuerpo atlético por lo que creí apreciar. Con unos ojos azules que son para verlos en persona, son claros, como el cielo surcado de unas nubes blancas, no sabría describirlo de otra manera, su pupila es lo que más destaca en ellos, como si de mirarlos fijamente cayeses en ellos. Sus cabellos son ondulados, no es muy largo, pero realmente le queda magníficamente bien. Sus labios son carnosos, perfectamente perfilados, en conjunto es una esculpida obra de arte y me parece mentira estar describiéndolo, en serio. Destacar que tiene la piel curiosamente pálida, además de fría, no sé por qué será, nunca le he visto por las mañanas, así que no le dará el sol demasiado, o que lleva una vida nocturna, no sé, o quién sabe a lo mejor es maquillaje, hay hombres que se maquillan, aunque parezca poco varonil.

Creo que me salvó la vida aquella noche en el balcón, pero no lo sé a ciencia cierta. Tiene una extraña manía por decirlo de alguna manera que me resulta de lo más curiosa, consigue contestar preguntas que aún no he formulado ¿es eso posible? Puede que sea porque las respuestas son obvias, en fin, estoy muy lejos de saberlo.
Nunca antes me ha interesado tanto un hombre, como me él, estas palabras nunca saldrán de aquí, además pienso que sería imposible que pasase nunca nada entre ambos, tiene demasiados secretos que me hacen estar a kilómetros de distancia de él.
Puede que sea otro capricho de los míos, algo que desee tener por el mero hecho de tenerlo, desearía que no fuera así. Pero seguro que él merece algo mejor, espera, no quiero ponerme en plan victima, la que merece algo mejor aquí soy yo.
Pero algo dentro de mí desearía que solo tuviera ojos para mí, desearía no sentir celos al verle rodeado de tantas mujeres, desearía que se fuera de aquí, desearía que esto que siento muriera, porque estaba bien como antes para que éste enigmático ser derrumbe todo por cuanto creo, todo cuanto he pensado sobre estos asuntos. En definitiva los sentimientos no son para mí, es más, jugar con los hombres es lo que mejor se me da, eso me ha enseñado la vida, si no quiero sufrir por sus engaños.
Cambiando de tema, Irene va a casarse con Charles, bien por ella… Yo jamás me casaré.”

Cerró el diario de golpe, llevándose ambas manos al rostro, las lágrimas surcaban su rostro, apoyó los codos en sus piernas para sostenerse así la cabeza, se sentía tan muy vacía, pero así es como debía ser. Recuperando la fuerza que le quedaba se levantó de la hierba dejando su diario allí. Lentamente dio unos pasos hacia el rio para asomarse en él, terminó por clavar sus rodillas en la fresca tierra, sus lágrimas caían en el agua produciendo ligeras ondas, se asomó más para ver si veía a alguno de los peces de colores que solía haber, pero lo que vio, fue a una muchacha triste llorando por imposibles, cogió una de las piedras que estaban a su lado y la lanzó a su propio reflejo “hace años que no lloro, y no lo haré ahora” pensó. Con las dos manos recogió un poco de agua para limpiarse el rostro, sería como si nunca hubiera pasado, “nadie se merece esto de mí, nadie.”
Orgullosa avanzó por los jardines olvidando su viejo diario entre las altas hierbas. Se puso a correr lo más rápido que pudo, así se despejaba, los árboles frutales quedaron atrás, llegó cerca de los muros del caserón de sus padres, se detuvo en seco respirando agitadamente, apoyando las manos en sus muslos, cuando escuchó unos gritos de dolor a escasos metros de ella, se acercó para ver quién era, por los lloros se le antojó que podría ser su hermano, avanzó hasta divisarlo a la perfección. - ¡Grabriel! – gritó Kory preocupada mientras corría hacia él para ver qué ocurría. Cuando estuvo a su lado pudo ver como la sangre brotaba de ambas rodillas.
– Dios mío Gabriel ¿qué has hecho?- el niño se paso los nudillos por los ojos.
– Me he caído del árbol… No sé para qué pregunto” se dijo para sí. Kory pasó una de sus manos por el pelo oscuro de su hermano.
– Será mejor que te lleve dentro, estás sangrando mucho. – Kory se arrodilló en el suelo para que su hermano se subiera a su espalda, como los viejos tiempos. El niño paró de llorar, seguro de que su hermana era su salvadora. Al llegar, ella le dejó sobre la encimera de la cocina, allí los criados vendaron sus heridas. El astuto niño se fijó en que algo debía pasarle a su hermana, pero Kory volvió a quitar importancia al asunto, como excusa de su estado tenía el altercado que había padecido su hermano así que él no pudo hacer otra cosa que creer sus palabras. Y así pasó la tarde jugando con Gabriel, haciéndole bromas, algunas pesadas, pero así conseguía distraerse. Hacía tiempo que no se paraba un rato a escuchar a su pequeño hermano, supo que debía retomar aquella relación, le entristecía la idea de perderlo, para ella su hermano siempre ocuparía un lugar importante en su corazón, y pasarían muchos años antes de que ella abandonase la casa de sus padres, o eso pensaba, erróneamente.
Merendaron juntos en los columpios blancos que decoraban la parte trasera del caserón, todo era paz. Tanto así que se quedó dormida por el balanceo, su cabeza quedó colgando hacia atrás, su hermano no quiso despertarla.

Al abrir los ojos las estrellas brillaron sobre ella produciéndola bienestar, ¿Qué hay más bonito que despertarse bajo un manto de estrellas, qué más puro y natural? Al volver la cabeza a su posición natural vio que no estaba sola.

- Buenas noches señorita. – Kory se quedó muda al ver al caballero de las noches anteriores, pero poco tardó en hablar porque vio que en sus manos se encontraba su diario.
– ¿Qué hacéis aquí, con eso?- dijo señalándolo y con la mirada impasible.
– Le dije que vendría, tenía que hablar de unos asuntos con vuestro padre. – dijo sonriendo, Kory insistió moviendo la cabeza en dirección al diario. - ¡Ah! ¿Esto? Me lo he encontrado cuando venía hacia acá.
- ¿De verdad? Me temo que es mío. – comentó la joven haciéndose la sorprendida.
- Oh Dios, entonces debería devolvérselo.
- No estaría mal, así que haga el favor. – dijo extendiendo el brazo para que se lo diese, y así hizo. – ¿No lo habrá leído?- preguntó frunciendo el ceño.
- ¿Por quién me toma?- preguntó fingiendo estar herido.- Por supuesto que no lo he leído… solo le he echado un vistazo para ver lo qué era.- soltó una carcajada la cual enfadó muchísimo a Kory.
– No se preocupe, la verdad es que no prestaba mucha atención a lo que veía en esas hojas.
Kory se levantó bruscamente del columpio agarrando con fuerza el diario. – Debería informarle de todo esto a mi padre. – dijo amenazante.
-¿Seríais capaz? ¡Oh! vale, no me responda, ya sé la respuesta. – dijo levantándose de golpe.
– No seriáis capaz, madame... – añadió pasado la yema de sus dedos por el rostro de la joven, ella dio un manotazo a ésta.
- Estáis muy equivocado, terriblemente equivocado.
- Vamos, después de las noches que hemos pasado juntos, me vais a delatar a vuestro padre. Sinceramente si yo estuviese en vuestro lugar, no lo haría.
- ¿Apostamos algo? – pregunto provocativa al caballero posesionándose delante de él. Pudo ver con todo detalle lo perfecto que era, algo se quebró en su interior. Él sonrió complacido.
- ¿No veis? Es imposible, estáis prendada de mí, y por si fuera poco eso que he leído me lo ha dejado más que claro, pero ¿sabe qué? No me voy a ir, por mucho que lo deseéis, no le haría ningún bien, creedme. – el caballero pronunció esas palabras con la mayor serenidad. Kory no salía de su estupor, quiso pegarle, quiso gritarle, finalmente quiso marcharse. Por sus ojos se asomaron lágrimas de rabia, de la impotencia que le provocaba, pero se las aguantó, habría sido demasiado humillante.
- Sois…un verdadero imbécil. – despreció eso es lo que pasó por sus ojos, al decir esas palabras se le llenó la boca, de un impulso se separó de él, deseaba correr. Él la cogió con fuerza de la cintura pegándola a su cuerpo.
– Sé que no lo decís en serio. – dijo acercando su rostro al suyo, ella intentó zafarse de aquel abrazo.
- No puedo respirar. – logró decir, él aflojó al momento la presión que estaba ejerciendo sobre ella.
- ¿Qué queréis de mí? – había algo en él que le asustaba.
- Preciosa, me subestimáis si pensáis que voy a decíroslo. Estáis tan lejos de averiguarlo. – la miró intensamente a los ojos. – Tu fragilidad es adorable. – La tomó de la mano que tenía herida de la noche anterior. – Tendrías que tener mucho más cuidado. – de un movimiento de dedos deshizo la venda que cubría su mano. Kory sintió un inmenso pavor al presenciar aquel extraño comportamiento. – No temáis ma petite excellence. – Levantó la mano de la joven para verla mejor. – Mmmh, ya ha cicatrizado…Bien, supongo. – dijo algo decepcionado, dejó caer la mano.
- Sois de lo más extraño…
- Sí, seguid buscando adjetivos… ¡Ay Querida, nunca sabréis quién soy! – dijo de pronto, interrumpiendo a la joven. Ésta volvió a hacer el intento de empujar al que la aprisionaba. Él comenzó a reírse. – Seguid, seguid ¿No os dais cuenta que cuánto más queréis escapar de mis brazos más os deseo? – Él suspiró.- ¿Por qué seguís insistiendo en no querer asumir lo que sentís por mí? ¿Por qué no os rendís ya? – En su rostro se dibujó una siniestra sonrisa. – Es absurdo que sigáis con éste rol.

En ese momento se separó bruscamente de ella, pero aún la tenía a su alcance porque se puso a su espalda. Alguien abrió la puerta de cristal.
- Buenas noches pareja, ya está puesta la mesa para cenar ¿venís? – preguntó el padre de Kory. El caballero sonrió amablemente, agarró la mano que ella tenía a su espalda, él padre no pudo ver aquello.
- Por supuesto que iremos ¿verdad querida? – preguntó apretando levemente la herida de su mano, ella sonrió nerviosa, asintiendo con la cabeza. El padre los dejó de nuevo solos.

El caballero tomó el rostro de la joven con ambas manos, clavando sus ojos en los de ella.
- ¿No ves que cuándo quieres puedes ser la mar de encantadora? – Acercó sus labios para susurrarle unas palabras al oído. - Supongo que sois lo suficientemente lista para no decir ninguna palabra de lo que ha pasado aquí ¿verdad corazón? – ella le empujó con toda la fuerza de la que fue capaz, estaba terriblemente sorprendida por las amenazas que profería aquel hombre, a santo de qué.
- ¿Por qué habéis cambiado tanto? – dijo llevándose la mano sana a la herida. – No diré nada, pero por favor compórtese, y no quiero que vuelva a tocarme ¿me ha entendido? – dijo avanzando hacia la puerta.
- No se lo puedo jurar, pero lo intentaré. – dijo volviendo a mostrar un rostro cordial.

Ambos caminaron al salón, les esperaba una inolvidable velada.

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