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El rezo del cazador (Libre)

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default El rezo del cazador (Libre)

Mensaje por Altaír Drachenblut el Sáb Oct 16, 2010 6:14 am

El Vaticano lucía esplendido aquel día, la basílica de San Pedro ofrecía una atmosfera amigable, los feligreses abandonaban el templo, sesgando sobre la calle la algarabía después de misa. Las campanas de la iglesia anunciaban las nueve de la noche, el fin de la última misa, y también del día. El sol estaba ocultándose sobre el poniente de la ciudad, su brillo escarlata dejaba una estela sobre los edificios más altos, como un aura mística. Las sombras de la noche acechaban ya por el otro lado de la ciudad, y las primeras estrellas aparecían sobre el firmamento, tintineando con esa poderosa luz plateada.

Comencé a caminar hacia el altar muy lentamente, abriéndome paso entre la gente que abandonaba el lugar. Los parroquianos me miraban y me sonrían con amabilidad, muchos incluso me saludaron y me bendijeron, dándome la bienvenida a la ciudad. Ciertamente se notaba que no era Romano, ni siquiera italiano. El color de mi piel, y sobre todo la ropa que traía puesta, eran más que suficiente para que dedujeran que soy un extranjero. Yo naturalmente devolvia las sonrisas y las bendiciones, mientras me disculpaba siguiéndo rápidamente mi camino.

Cuando por fin estuve frente al altar, me arrodille, y junte mis dedos en una expresión espiritual y devota. Los monaguillos me miraban insistentemente, mientras encendían los faros de mecha y los candelabros que alumbran la basílica durante las noches. No era común que un judío rezara en los templos apostólicos. Pero yo era diferente en pensamiento a los demás fariseos, yo sí creo que Jesús de Nazaret es el verdadero hijo de Dios.

Perdona la ceguera de mi pueblo.- Supliqué al Altar de la Iglesia, mirando la melancólica efigie de Jesús sobre la cruz. El gesto de tristeza en su rostro era sumamente realista, la mueca de sus labios, su mirada hacia el cielo, y por supuesto las heridas de los clavos sobre sus manos y sus tobillos. Se me formo un terrible nudo en la garganta, quise rezar pero no pude. Tarde muchos años en comprender a cabalidad el supremo sacrificio de Jesús por la humanidad, no lo habría hecho si no fuese por el ejemplo de Noel, que a su manera, también había realizado un gran sacrificio que le costó la vida por el bienestar de la humanidad.

De repente me vi solo en medio del gran templo, los monaguillos se habían retirado. Estaba tan sumergido en mis pensamientos que no di cuenta del momento exacto en que me quede completamente solo. De todas formas no le preste mucha atención al hecho, y volví de nuevo mi mirada hacia la imagen de Jesús. El techo abovedado de la basílica era una verdadera obra de arte, los ventanales, que ya dejaban entrar los primero rayos de luna, estaban adornados con imágenes celestiales de ángeles y santos.

Baje las manos, apoyándolas sobre mis rodillas. Atrape las telas de mi pantalón entre los dedos, y las apreté con fuerza. Y comencé a rezar.- Aviínu shebash’ mayim yitkadash ´shmejaá. Tavo maljutéja ye’aseh r’tsoneja, Ba’arets ka’asher na’asah vash´mayim. Ten-lanu haiyom lejem jukeinu. u’selaj-lanu et-ashmateinu, ka’asher solejim anachnu la’asher ashmu lanu. Ve’al-tevieinu lidei massah, ki im-hatsileinu min-hara. Ki laja hamamlaja vehagevurah vehatiferet l’olemei olamim...Amein.


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default Re: El rezo del cazador (Libre)

Mensaje por Naiara S Wolfstrong el Sáb Oct 16, 2010 6:40 am

¿Qué hacía en Italia? No lo sabía, quizá algo me había guiado a ese lugar sagrado para mí. El vaticano debía ser la razón, ese lugar del que con tanto fervor hablaba mi madre, algo que de pequeña no había logrado comprender. Mis pasos me guiaron camino a la catedral, deseosa de orar una vez antes de viajar a mi hermosa Venecia. Así podría encontrar una respuesta a mis preguntas. Intente pasar lo más desapercibida posible entre aquellos creyentes que buscaban el perdón de sus pecados, cosa que gracias al cielo logre. No deseaba ser comparada con ellos, esos seres que sin razón alguna se destruían unos a otros, y luego buscaban el perdón creyendo que así no tendrían que pagar un día.
El lugar tenía un ambiente realmente encantador ahora que comenzaba a anochecer. Sin embargo, no pude acercarme a las imágenes religiosas. Sencillamente, me era imposible. ¿Cómo hacerlo? Era quizá la mayor pecadora allí, indigna del perdón de Dios. La sangre de muchos descansaba en mis manos y dientes, aun sí lo había hecho en mi época de lobizón, cuando no era capaz de controlar mis acciones.
Cerré los ojos con fuerza, orando en silencio absoluto.
No sé cuanto pase así, lejos de los humanos que creían estar a salvo allí en el hogar de Dios, pero cuando lo note ya estaba sola.
Un aroma extraño inundo mi nariz sensible, ahora atenta a lo que me rodeaba. No era el típico aroma de los hombres que estaba habituada a ver, ese aroma tan extraño, mezcla de perfumes caros y el natural aroma de un hombre. No, este era en cierta forma salvaje, pero no como el mío propio, sino más bien natural. Un humano más entre los miles que viven y mueren en el mundo. Mi mirada me demostró lo que ya había visto solo con mi nariz. Era un hombre extranjero de las tierras que yo veía cada día. Me mantuve, sin embargo alejada. Para que estuviese allí, algo debía buscar, y no era mi deber interrumpirle.


Off: (siento que sea tan corto, pero no pude hacer más)



Última edición por Naiara S Wolfstrong el Sáb Oct 16, 2010 3:26 pm, editado 2 veces (Razón : arreglos)

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default Re: El rezo del cazador (Libre)

Mensaje por Altaír Drachenblut el Sáb Oct 16, 2010 7:25 am

Había terminado mi rezo en total paz, sosegado por ese halito espiritual de la basílica. Por un rato el silenció gobernó el lugar, el único sonido que llegaba a mis oídos era el suave crepitar de las velas, que le daban un tono rojizo a los muros del mausoleo. Debido al efecto de los candelabros, las sombras de los santos se veían alargadas, dando un panorama que podía ser incluso siniestro. –Noel, guía mí camino.- Evoque el querido recuerdo de mi hermano, de mi mentor, del hombre que me había enseñado a ser un cazador, y que durante mucho tiempo cuido de mi en Tierra Santa y en Alejandría, pero de repente algo interrumpió mi meditación, mi gala intima en medio de la larga noche que apenas comenzaba.

Una extraña sensación me recorrió por la espalda, sentí una aguda mirada, he instintivamente volteé. Una mujer estaba a lo lejos, rezando en un apartado rincón del templo, a la sombra de los pilares y las bancas de madera. Sus ojos (verdes –o eso me parecen.-) eran impresionantes, brillaban con un resplandor mágico y ávido de fuerza. Me recordó a Noel, él tenía esa misma mirada penetrante. No obstante, me llamo la atención que alguien más llegara a esas altas horas de la noche, la mayor parte de la gente que había asistido a misa ya se encontraba rumbo a sus casas, y las calles se volvían peligrosas entre más noche se hiciera. Instintivamente inspeccione el Partenón, buscando, tal vez, algún acompañante de aquella dama. –Curioso.- Susurré, la situación se había tornado doblemente extraña, no muchas mujeres salen a esa hora de la noche sin llevar una escolta entre sus familiares. El novio, el padre o alguno de los hermanos.

El delicioso ambiente de la iglesia había adormecido un poco mis piernas, debido al largo tiempo en que guarde postura devota. Golpeé un par de veces mis rodillas, y después me puse de pie muy lentamente, erigiéndome en medio del altar.- Buenas noches.- Salude a la mujer, con un tono de voz bastante modulado. No sé si fue por curiosidad, o tal vez el instinto de cazador, pero camine cuidadosamente hacia ella.- Hace una bella noche, ideal para buscar la paz en Dios.- Le dije, al mismo tiempo que una sonrisa afable se posaba de lado a lado en la comisura de mis labios. Al estar más cerca pude notar la gran belleza de esa mujer. Sobre salía notablemente en comparación a las demás mujeres que había visto durante mi corta estadía en esa ciudad.

[Off: Disculpa la falta de creatividad, aún no me ambiento del todo en el foro, juro poner mayor esfuerzo.
Very Happy ]

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Mensaje por Naiara S Wolfstrong el Sáb Oct 16, 2010 2:40 pm

El hombre volteo de forma que pude observarle de mejor manera. Sin dudas, no era un nativo de mis tierras. Su piel era demasiado morena para ser el estereotipo europeo al que estaba tan acostumbrada. Pero aun así, dueño de una belleza particularmente agradable, que me recordaba vagamente a mi querido David, el dueño de mi transformación.
Sus ojos vagaron por el lugar buscando algo, quizá alguna persona que me hiciese compañía a estas horas, o a alguna persona que debía esperarle.
–Curioso.- susurro, de una forma que de no ser licántropa jamás le habría oído. Me pregunte que sería tan curioso para él.
Se levanto en absoluto silencio, estirando las piernas. Solté una ligera risita por ello. -Buenas noches.- saludo, acercándose lentamente. Mi instinto me grito que me alejase de ese hombre, cosa que me sorprendió. Casi nunca alguien despertaba mi dormido instinto animal. Sin embargo, mi curiosidad era más grande que todo, y él la había despertado. ¿Qué haría aquí, a estas horas? -Hace una bella noche, ideal para buscar la paz en Dios.-
Incline ligeramente mi cabeza en respuesta al saludo, sonriendo.
-Buenas noches a usted también - dije, usando un tono amigable sin siquiera proponérmelo.-La verdad, la noche es más que perfecta, aun sí no logremos hallar dicha paz.
Indique con mi mano que se acercase mas, de forma de poder memorizar su aroma de mejor forma. El mundo de los aromas era una de las cosas que más me agradaban de ser una loba. Era capaz de notar hasta el más mínimo aroma en el cuerpo de una persona. Y como perfumista que era, sabía apreciar dichos regalos del cielo.
-Por vuestra piel y forma de hablar, veo que no sois de estas tierras- comente, viéndolo fijamente a los ojos-¿Es mucha intromisión saber de dónde sois?


off: No hay problema, y creeme, eres un buen roleador Very Happy

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Mensaje por Altaír Drachenblut el Dom Oct 17, 2010 12:31 am

La mujer que estaba frente a mi no se perturbaba en lo absoluto por mi apariencia, incluso, pude percibir que le causaba cierta curiosidad, y era una sensación compartida. El viejo continente desplegaba un aire elegante, y todas las personas que había visto durante mi viaje eran muy sensuales. Las mujeres no se sometían a los velos, ni a los oscuros capuchones, no, en Roma todas las mujeres develaban sus hermosos rostros…como presumiéndole al mundo el atractivo Venus que habita en ellas.

La verdad, la noche es más que perfecta, aun sí no logremos hallar dicha paz.- Dijo. Tal como lo pensé, la mujer gozaba de tener una voz dulce y melodiosa, que sonaba mucho más interesante por su acento italiano. Asentí ante sus palabras, pero, también sentí que guardaban algún secreto oculto. Palabras que escondían algo de melancolía y dolor en su significado final. Me acerque un poco más a ella, en el momento que me lo indico, sin embargo guarde una distancia prudente y caballerosa, más o menos de unos cuatro o cinco pasos.

Mi interlocutora parecía haber ganado cierta confianza en mí, y comenzó a corresponder mis intenciones de conversación. Como era de esperar, una de las primeras cosas que hizo fue preguntar por mi apariencia, dedujendo mi sangre extranjera.- Ciertamente no lo soy…- Respondí a sus primeras palabras. Su mirada me cautivo una vez más, sus ojos acechantes me hipnotizaron durante alargados segundos. Gracias a la cercanía pude percibir con mayor claridad esa forma tan intensa de mirar…y de repente me di cuenta que sus ojos se parecían mucho a la de los lobos del desierto. Eso me perturbo un poco, pero no lo exprese de ninguna manera. La sonrisa de mis labios, y la amabilidad de mi mirada se mantuvieron imperturbables.

¿Es mucha intromisión saber de dónde sois?- Inquirió la damisela.
De Alejandría, mi señora.- Reverencie su imagen como lo hubiera hecho ante un sultán. Al Mualin, mi maestro, me había dicho que a los extranjeros hay que tratarlos como a reyes cuando estamos en sus tierras.

Disculpe mi torpeza, no me he presentado ante usted. Mi nombre es Altair Drachenblut, y soy un fariseo.- Volví a incorporarme en una perfecta imagen recta, esperaba que ella también se presentara, correspondiendo la atención. Puse la diestra mano sobre el respaldo de una de las interminables bancas que llenaban el mausoleo. –¿Gusta sentarse? – Supuse que sería incomodo para mi interlocutora el charlar de pie, por eso mismo, y muy a mi manera, le invite a tomar asiento en una de las bancas.- Juro que soy inofensivo, y no muerdo.- Agregué, lo segundo con un tono bromista, esperando que ella compartiese conmigo algo de humor.-Me disculpo si mi presencia ha interrumpido sus plegarias. Como ya explique soy extranjero, no tiene mucho que llegue a la ciudad, y no sabía que había gente que asistía a la basílica a esta hora de la noche.

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Mensaje por Naiara S Wolfstrong el Dom Oct 17, 2010 6:25 pm

Se acerco, tal como pedí. Sin embargo, mantuvo una distancia adecuada para un caballero que acaba de conocer a una dama. “Interesante”, pensé, sonriendo dulcemente. Ya no estaba habituada a que un hombre me tratase así. Por lo general, con aquellos que tenía el “placer” de encontrarme, me trataban como a una cualquiera, y los hombres de clase más alta siquiera me daban una mirada. Aleje esos pensamientos de mi mente. En esos momentos, estaba con un caballero de esos de mi infancia humana, cuando era una jovencita de sociedad, y los hombres me hablaban buscando enamorarme.

-De Alejandría, mi señora.- dijo, inclinándose de una forma peculiar a mis ojos. -Disculpe mi torpeza, no me he presentado ante usted. Mi nombre es Altair Drachenblut, y soy un fariseo.-
Sonreí. Me incline ante él, al modo que mi madre me había enseñado en mi más dulce infancia.
-Un gusto conoceros Signore Altair-dije, sonriéndole con amabilidad. –Mi nombre es Naiara Wolfstrong, y como vera, soy una italiana.
Su mano se acomodo sobre el respaldo de una banca. Oh, sentarse no era exactamente lo que deseaba, pero supuestamente debería estar cansada, y deseosa de sentarme, como cualquier joven que ha pasado largos ratos de pie, no como una loba con energías suficientes para correr por días.
– ¿Gusta sentarse? Juro que soy inofensivo, y no muerdo.
Suspire por su pequeña broma. Quizá el no mordiera, pero yo sí, y bastante fuerte. Sin embargo, no elimine mi sonrisa.
-No os preocupéis- comente, en un tono juguetón, imitándolo. –Si me mordéis, os devolveré el mordisco. Y me encantaría sentarme.
Supe que mi pequeña mentira había sonado falsa en el momento que abandono mis labios. Pero ya nada podía hacer, excepto rogar que fuese despistado y no la notase.
-Me disculpo si mi presencia ha interrumpido sus plegarias. Como ya explique soy extranjero, no tiene mucho que llegue a la ciudad, y no sabía que había gente que asistía a la basílica a esta hora de la noche.
Negué dulcemente. –No interrumpisteis nada, ya que en el momento que os vi ya había terminado. Además, creo que no hay de los míos que compartan mi afición de venir en las noches a buscar respuestas a nuestra existencia. Después de todo, ya muchos no creen en Dios, no después de lo que nos ha…
Definitivamente debía parar mi lengua. No debía poner en peligro a mi clase solo por un humano, ya que eso era, uno más. Uno que dentro de unos años se casaría, tendría hijos, envejecería y por ultimo moriría. A menos que ya estuviese casado, aunque eso no era de mi incumbencia. El punto, es que era un mortal, algo diferente a lo que yo era.
-Y dígame, Signore Altair, ¿Qué hace tan lejos de vuestro hogar?-pregunte, esperando alejar de su mente mis palabras anteriores. – ¿Acaso busca algo en estas tierras?


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default Re: El rezo del cazador (Libre)

Mensaje por Altaír Drachenblut el Mar Oct 19, 2010 6:44 am

La oscuridad del mausoleo era más notable con cada segundo que pasaba, la noche romana me parecía mucho más ominosa que la de Alejandría. –Si me mordéis, os devolveré el mordisco.
Sus palabras me arrebataron una gran sonrisa, que termine en una risilla bastante discreta y ahogada.- ¡Ah! La ley del talión ¿No es así? Ojos por ojo, diente por diente.-
Y me encantaría sentarme.-

La intuición de un cazador debe ser más aguda que la punta de su espada, de eso depende muchas veces su vida, y yo…yo era un experto con el verdadero significado a las palabras, así como leyendo el rostro y los ojos de aquellos con los que me encuentro. Y lo que escudriñe en el decoro de sus palabras, fue el apesadumbrado sonido de la mentira. Me sentí incomodo con la señorita de los ojos radiantes. Mis principios de caballerosidad la habían forzado aceptar una banca que, claramente, ella no deseaba ocupar.- Aunque, también hace una buena noche para caminar.- Propuse, un poco antes de que ella fuese a sentarse. Quise enmendar mi impertinencia, al fin que, después de todo, sí hacia una estupenda noche para salir y caminar por la plaza. Pero solo sí ella aceptaba la invitación.

No interrumpisteis nada, ya que en el momento que os vi ya había terminado. Además, creo que no hay de los míos que compartan mi afición de venir en las noches a buscar respuestas a nuestra existencia. Después de todo, ya muchos no creen en Dios, no después de lo que nos ha…- Su repentino silencio me pareció sospechoso “¿Qué es lo que me iba a decir y que finalmente no se atrevió?” me pregunté. Sus palabras me resultaron ambiguas en varios momentos. Las dudas y las preguntas me asaltaron: ¿Los míos?, fue otra cosa que me pregunte. Vi muchos Romanos partir de la basílica, además, la tendencia general de Italia me parecía muy espiritual según había descubierto en mi corta estadía. Tal vez se refería a sus familiares…

No pregunte nada al respecto, deje pasar su comentario como si no me hubiese dado cuenta de ello, haciéndome pasar como una persona ingenua. Su acento era algo embelesante, muy elegante, podría pasar horas escuchándola hablar solo por ese detalle. Su pregunta enmarco una vez más la sonrisa sobre mis labios. – Me mandaron a buscar a alguien, debo entregarle un recado por parte de un viejo amigo.- Le respondí, al mismo tiempo que eleve mi rostro en búsqueda de los altos ventanales en la cima de la basílica. Miguel Arcángel estaba retratado en uno de ellos. El guerrero de Dios, el ángel que había derrotado a Lucifer según las inscripciones. Mi deber sobre la tierra era similar al de Miguel. Y yo estaba en Roma en búsqueda de un vampiro, al que debia recordarle que nadie escapa de la justicia de Dios, ni siquiera los inmortales.
¿Entonces acepta salir a caminar conmigo? –Inquirí, cambiando el rumbo de la conversación con astucia.

[Off: Disculpa la tardanza, me quede más de 24 horas sin internet.]


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default Re: El rezo del cazador (Libre)

Mensaje por Naiara S Wolfstrong el Miér Oct 20, 2010 1:58 am

-Aunque, también hace una buena noche para caminar.-
Oh, vaya que era bueno leyendo entre líneas. Me aleje de esos bancos que tanto odiaba. ¿Para qué sentarse? El espacio abierto me llamaba, como siempre. Por mis venas corría ya esa sensación de querer correr sin descanso, correr hasta que cada parte de mi cuerpo rogase que me lanzase a descansar en el pasto, como un verdadero animal. Pero no era momento para eso, aun faltaban unas horas para ir a correr, ahora debía hablar con el interesante caballero que tenía frente a mí.

No pregunto sobre mi pequeña frase, pero no lo tome como una ayuda. Muchos sabían perfectamente el arte de las palabras, pudiendo hacer cosas terribles con ellas. Muchos chupasangres hacían cosas así, me recorde. Te llenaban de palabras vagas, rompiéndote el corazón luego.
-Me mandaron a buscar a alguien, debo entregarle un recado por parte de un viejo amigo.-dijo, usando ese acento que llamaba mi atención. No era el acento de los inmortales, en todas sus formas, si no el agradable tono de un humano, entremezclado con el de un hombre de armas. Le sonreí, demostrando que teníamos algo en común. También había venido a buscar a alguien, solo que yo jamás la encontraría, porque llevaba más de un siglo muerta. Y la otra… estaría volando por el mundo como buen vampiro egocéntrico que era. Transformando a otros, enamorando muchachas, cosas como esa.
Mire al cielo cuando él lo hiso, curiosa por lo que buscaba en las pinturas. ¿El arcángel Miguel? Si mis conocimientos sobre religión eran correctos, el había derrotado a Lucifer, el Diablo, Demonio o como quisiesen llamarlo… pero de ellos, los religiosos, no me fiaba. Mejor no hacerlo. ¿No eran ellos los que nos condenaban? No, me constaba confiar en cada palabra dicha por uno de ellos, pero no dejaba de creer en Dios, mi eterno guía en esta vida dada a la fuerza.
-¿Entonces acepta salir a caminar conmigo?

-No veo motivo para no acompañaros- respondí, alejando mi mirada del arcángel y mirándole fijamente. –Me encargare de que paséis un momento agradable a mi lado, , observando mi hogar.
Y planeaba cumplirle. ¿Qué más agradable que un paseo a la luz de las estrellas? Y acompañado… oh, sería interesante. Comencé a caminar, aunque sin dejar de oler a mi sorpresivo acompañante… olía un poco a sudor, cosa normal en un humano. Y, a algo más que me era imposible distinguir.
-Y que podéis contar de vos Signore Altair?-comente, usando un tono inocente, como si fuese una pregunta normal, sin ningún otro motivo mas que la curiosidad natural que muchas mujeres poseían .


off: No hay problema ^^

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default Re: El rezo del cazador (Libre)

Mensaje por Altaír Drachenblut el Miér Oct 20, 2010 3:53 am

La compañía de esa mujer inspiraba algo extraño, una sensación halagüeña que me hacía sentir como un hombre normal, con una vida normal. “¿Esto es lo que se siente llevar una vida despreocupada?” Sí así era, me resultaba verdaderamente agradable. Mi acompañante era encantadora, me hacia sonreír como muy pocas veces antes lo había hecho. Además, con todo y su magnífica elegancia, me dio la impresión de que tenia gustos simples, igual que yo.

–Me encargare de que paséis un momento agradable a mi lado, observando mi hogar.
Estoy seguro de ello. Italia es un lugar magnifico.-Asentí inmediatamente, además de todo yo era un extranjero en la ciudad, y no conocía muy bien sus calles. El paseo, además de agradable, sería útil e ilustrativo. Salí atrás de ella, abandonando la catedral. La ciudad tenía un ambiente parsimonioso y somnoliento. Las calles empedradas estaban iluminadas por un sinfín de faros de mecha, marcando un exótico camino de luces. Las calzadas estaban libre de transito, muy pocos carruajes pasaban por la ciudad a tan altas horas de la noche.La mayoría de los parroquianos ya habían partido a sus casas, seguramente muchos ya estaban bajo la seducción de Morfeo.

La luz de los astros resplandecía en los oscuros cielos de la noche. Y como soberana en las tinieblas, la luna estaba postrada sobre su trono en lo alto de los firmamentos. No importaba en que región del mundo estuviera, esa hermosa dama de la noche estaría siempre ahí para mí, arrebatándome melancólicas sonrisas con el sesgo de su luz plateada.-Hay luna llena.- Musite sin darme cuenta, aludiendo la plenitud del astro soberano de la noche.

-Y que podéis contar de vos Signore Altair?
La bella dama a mí lado pregunto acerca de mí, de mi vida. Una pregunta natural entre dos personas que comienzan a conocerse, y por un momento desee responderle con la misma sinceridad, pero nadie creería en mis palabras. Nadie creería que soy un cazador, y que me dedico a destruir criaturas de leyenda.- No creo que mi vida sea muy interesante para un europe, en mi pequeño lado del mundo vivimos de forma más simple. En Alejandría me dedico al comerció, es el negocio familiar. Mis bisabuelos se dedicaban a la venta de joyería. Oro y plata principalmente. Mi abuelo y mi padre siguieron con el negocio familiar, y ahora lo hago yo.- Respondí.

Soy el mayor de 4 hermanos. Mis señores padres se llaman Uri-el Drachenblut y Maryah Ibn La-Ahad. La gente piensa que los judíos y los musulmanes se odian de forma irreconciliable. Y no culpo a nadie por ello. Las diferencias culturales entre los unos y los otros han hecho historia a través de las cruzadas. Pero el amor verdadero se encuentra más allá de cualquier dogma…mi madre se convirtió al judaísmo para poder casarse con mi padre, aunque esto le costara el odio de su familia.- La emoción de mis palabras se hizo demasiado evidente. No podía ocultar de ninguna manera el gran amor y admiración que sentía hacia mis padres, y la adversa lucha que enfrentaron y triunfaron en sus vidas.

Me di cuenta que había profundizado demasiado en mis sentimientos, y me apresure en disculparme por ello.- Lo siento mucho mi señora, es solo que me emociona demasiado hablar de ellos. Tal vez sea por la lejanía de estos momentos.- Recupere la elocuencia lo más rápido que pude. Ella no tenía porque escuchar de mis sentimentalismos, y mucho menos de mis padres.- ¿Y usted mi señora? ¿Qué puede contarme de su vida? – Inquirí, desviando de nuevo el tema hacia su persona. Seguramente una mujer tan elegante tendría mucho que contarle a un extranjero de tierras, que comparadas a las ciudades europeas, son arcaicas.


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default Re: El rezo del cazador (Libre)

Mensaje por Naiara S Wolfstrong el Jue Oct 21, 2010 1:30 am

-No creo que mi vida sea muy interesante para un europe, en mi pequeño lado del mundo vivimos de forma más simple. En Alejandría me dedico al comerció, es el negocio familiar. Mis bisabuelos se dedicaban a la venta de joyería. Oro y plata principalmente. Mi abuelo y mi padre siguieron con el negocio familiar, y ahora lo hago yo.- Respondió, como quien no quiere la cosa. Así que comerciante… No supe porque, pero sentí que mentía. ¿Sería la luna la culpable, que al estar presente en el cielo me hacía más intuitiva? Sin embargo, no intente que hablase con la verdad. No era mi deber hacerlo, menos sabiendo que no podría responder de la misma forma. Podía tener un motivo especial para hacerlo.
-Soy el mayor de 4 hermanos. Mis señores padres se llaman Uri-el Drachenblut y Maryah Ibn La-Ahad. La gente piensa que los judíos y los musulmanes se odian de forma irreconciliable. Y no culpo a nadie por ello. Las diferencias culturales entre los unos y los otros han hecho historia a través de las cruzadas. Pero el amor verdadero se encuentra más allá de cualquier dogma…mi madre se convirtió al judaísmo para poder casarse con mi padre, aunque esto le costara el odio de su familia.- sus palabras me causaron una añoranza que no creía posible. Sus padres, eran verdaderos amantes, de esos con los que cualquier muchachita sueña. Los míos no habían sido más unos extraños que necesitaban un abrazo del otro. Y claro, no contaba al señor Rainuzzo como padre. Prefería odiarlo con mi vida, a darle el título inmerecido.
-Lo siento mucho mi señora, es solo que me emociona demasiado hablar de ellos. Tal vez sea por la lejanía de estos momentos.
-No os preocupéis, me agrada oír hablar así a las personas- respondí, usando mi tono más sincero. –No muchos aprecian a sus padres si no hasta el momento en que los pierden, y ya no queda nada más que un recuerdo que desaparece con el paso de los años.
Oh, yo lo sabía bien. ¿Qué mas tenía del hombre que me engendro que las palabras vagas de mi madre? Y de ella, mi madre, solo guardaba recuerdos. Recuerdos que gracias al cielo no se borraron con mi transformación, y atesoraba con mi vida.
-¿Y usted mi señora? ¿Qué puede contarme de su vida?
Oh, cruel destino. Tendría que mentir un poco, o usar la historia que decía a todos los humanos con quienes tenía el placer de estar. Pero no podía mentir tan cruelmente, menos cuando él había abierto un poco su corazón. ¿Pero qué decirle? No podía decir algo como “sabe, me dedico a vivir como una loba gran parte del tiempo, viviendo en bosques y acompañada de lobos salvajes. También suelo trabajar como perfumista, mi trabajo desde hace 150 años. ¿Qué como tanto tiempo? Es que soy una licántropa Signore, una hija de la luna, transformada por error suyo a manos de su difunto marido”. No, eso sería como hacer una locura, y ya no estaba para hacerlas. Le diría lo que se esperaba oír de una mujer de mi edad, lo que tendría que ser de ser una humana.
-Pues ya que os has sincerado conmigo, os devolveré vuestra atención –respondí, inclinándome ligeramente. - Soy la segunda hija de un matrimonio de perfumistas, Stephano y Giovanna Rainuzzo. Me he criado aquí, en mi querida Italia toda mi vida, aunque soy originaria de Venecia. Hace unos dos años, tome matrimonio con un comerciante ingles, quien falleció poco tiempo después. Ahora, estoy en el viejo negocio familiar, como usted. No sabría que más contaros... mi vida no es muy divertida.
¿Oh, cuantas mentiras podían salir de la boca de una mujer, lobo o no? Solo eso dije, nada más que para cuidar de mi vida tranquila, pero me había dolido como nada parecido. La desconfianza era algo normal entre desconocidos de solo unos minutos. “Pero él es más que eso. Te agrada” maldita conciencia.
Me aleje un poco de él, observando fijamente la luna llena. Mi madre, el espíritu que gobernaba mi ser a cada instante del día, haciéndome el monstruo que siempre debí ser. Joder, por mi culpa, casi todos los que amaba estaban muertos. Mi madre, mi David… mi hija. Mire a mi acompañante fijamente, intentando ver en su alma, mientras le enseñaba la mía. ¿Vería que estaba maldita? ¿Vería que era como un lobo disfrazado de cordero? Era eso y más…
-¿Crees en seres oscuros Altair?- musite, despacio - ¿Crees que ellos tienen alma? ¿Aun si son seres llenos de sangre inocente?


Naiara S Wolfstrong
Licántropo- Clase Media
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Localización : En algun lugar de mi mente, recordando porque debo odiarme...

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