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Dias de Primavera ( Tristan).

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default Dias de Primavera ( Tristan).

Mensaje por Julia Laforeze el Mar Oct 26, 2010 1:12 am

Hoy precisamente se iniciaba la primavera en la ciudad, lo supe cuando lo primero que me despertó en la casa comunal donde habia pasado la noche, fue un rayo de sol, el frío comenzaba a irse y eso era bueno, por que ya estaba comenzando a fastidiarme de sobremanera el hecho de que solo tuviera un vestido para el invierno, que casualmente era el mismo vestido que usaba en temporadas de calor, viejo y bastante raido.

Pero no podia preocuparme ahora por haber amanecido con dolor de cabeza, si no todo lo contrario, debia de empezar a trabajar, por que para mi mala suerte, debia dos semanas de renta, y no podia regresar a mi cuarto, tenia miedo de que sacarán las cosas de mi casa.
Me dirigí por la mañana a una fuentecilla de una plaza, donde lave mi rostro y mi cabello, cepillandolo, observé a los vendedores que comenzaban su faena, y me retire a desayunar con las pocas monedas que aun me quedaban de mi ultimo cliente.

Un cafe negro, y un pan que sabia a rancio, pero que no me habia alcanzado para nada mas fueron mi unico desayuno, el dia avanzaba, despues de hacer visitas fortuitas a varias amigas y compañeras de trabajo, en la tarde me tope con un sujeto, que me habia pedido vernos cerca de las plantaciones, deseaba tener un encuentro al aire libre el muy...bueno el muy impudico, y habia aceptado pagarme 15 peniques, era bastante dinero, bastante mas del que solia cobrar, por lo que acepté sin chistear.

Llegue al lugar, era un hermoso claro, en medio de una plantación cafetalera, eran cerca de las seis de la tarde, y el lugar estaba completamente vacío, me senté sobre una banca de loza rota, que comenzaba a ser cubierta por la vegetación, y desabotoné un poco el corset de mi desgastado vestido azul, sintiendo la fresca brisa primaveral, rozando mis pechos, y acariciando mi cuello y mis mejillas, me levanté tambien un poco la falda, hasta las rodillas, hacia bastante calor, y aprovechaba que estaba sola, pues cualquiera que me viera con la falda hasta las rodillas pensaría que era una mujer vulgar, por el atrevimiento de usar la falda tan corta ( para la época), observé el lugar, me gustaba la naturaleza, quizá me llevaría algunas hojas de tabaco para preparar cigarros,y hablando de cigarros.

Saqué uno que llevaba escondido en mi chal verde, lo prendí haciendo brotar una diminuta llama de mi dedo, y comenzé a fumar tranquilamente, escuchando el ruido de aves, y de la naturaleza exhuberante y salvaje que crecía alrededor mio.

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Mensaje por Tristán Evans el Vie Oct 29, 2010 7:11 pm

Primavera, primavera menuda sinfonía de sensaciones era levantarse por las mañanas y sentir el cambio tan glorioso que el cielo había sufrido. Era un perfecto día para pasear, pero siempre teniendo en mente que debía sacar una nueva composición para el final del día, muchas veces pasear entre las mundanas calles me ayudaba a visualizar la melodía perfecta. Todos los días eran una oportunidad para alcanzar la perfección y la satisfacción de haber creado algo magníficamente fresco.

Había desayunado en el hotel como todas las mañanas antes de salir, y me había calzado unos brillantes zapatos marrones, hay que ir bien vestido desde los pies, los pantalones que llevaba puestos eran a medida para climas como este, de un perfecto gris, junto con su rigurosa camisa blanca y mi levita verde pastel, iba dignísimo por las calles. No había olvidado meter mi pequeña libreta de notas en uno de mis bolsillos, por si las moscas, además de meterme un pequeño fajo de billetes en el bolsillo trasero de mi pantalón.

Cada dos por tres sacaba la libreta para apuntar diferentes armonías, ya en el hotel me enzarzaría en la batalla campal que era llevar a buen puerto mis estridentes anotaciones.

-Tome señor, unas naranjas.- Giré la cabeza hacia el lugar donde escuché la decadencia de aquella voz. –No señora, no he venido para comprar.- Respondí retomando el paso. –Le regalo una, verá que buenas.- Contestó la anciana haciendo rodar una de las naranjas por el suelo hasta dar conmigo. Me detuve y pensé realmente qué hacer, uno aplastar la naranja; o dos cogerla y agradecérselo.
¿Por qué era siempre tan desagradable? Vale, como propuesta del día de hoy, sería un poco más condescendiente. Me agaché y cogí la naranja, sonreí forzadamente a la mujer y aceleré el paso para salir del maldito mercado. Saqué mi pañuelo para limpiar la naranja de cualquier microbio, no había que escatimar en precauciones. Me metí la naranja en el bolsillo, dejando atrás aquel lugar.

No me había llevado ningún tipo de reloj, por el simple hecho que no me gustaba atarme al tiempo, me movía por sensaciones e impulsos, y precisamente después de haber paseado, no sé cuánto tiempo, me entró hambre, por lo que me detuve en un restaurante, allí me ofrecieron algo de pescado con patatas asadas, no estaba malo, el vino lo mejoraba todo.
Al rato me fui de allí, bien alimentado y orgulloso. Me crucé con unos niños que jugaban con piedras pintadas de distintos colores ¿cómo se llamaría aquel juego? Yo en mi infancia nunca tuve tiempo de “jugar” pues mis padres veían aquellas distracciones como una pérdida de tiempo en mis avances con la música, y tenían razón.
Me sentaba cada cierto tiempo en los bancos de la calle para dejar que las melodías de la calle vinieran a mí, en estos trances me quedaba largas horas.

Continué mi camino hasta llegar a una ¿plantación? De algún tipo de ¿alimento?, no sabía mucho de botánica, así que me daba exactamente igual. Me detuve en una especie explanada, alcé el rostro al cielo para absorber los pocos rayos del sol que tímidamente se dejaban ver. Me enderecé y continué andando, hasta ver una figura sentada en uno de los bancos, ¿qué tan familiar podría resultarme aquello? “¡Uy! Pero si vamos conjuntados” pensé al ver la tonalidad de su chal, una ligera humareda se escapaba de su silueta. Me fui acercando con paso parsimonioso hasta quedar a su espalda, me quedé mirándola desde arriba, sí, la conocía de una de las muchas noches en que disfrutaba de las pasiones que me ofrecía la noche, y la fiesta, no se había percatado de mi presencia así que fui recorriendo con mis ojos cómo se había remangado y descubierto, me mordí ligeramente el labio inferior. Pude ver su canalillo llamándome y sus piernas invitándome a perderme entre ellas.
Suspiré pasando uno de mis pies por encima de la salvaje banca. –No te asustes Julia, soy yo.- Murmuré con una sonrisa, Dios, teniéndola así delante de mí era más de lo que yo podía soportar. El cigarro se le había escapado de los dedos de la impresión así que lo tomé y dí buena cuenta de él, dando una larga calada. - ¿Esperabas a alguien?- Pregunté enarcando una ceja y dejando escapar el humo por mi boca y devolviéndole el cigarro.

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Mensaje por Julia Laforeze el Dom Oct 31, 2010 11:54 pm

Estaba transcurriendo el tiempo, y el cliente que me habia contratado aun no llegaba, detestaba mucho la impuntualidad, sobre todo por que apesar de lo que muchos pudieran pensar me consideraba una persona ocupada, no solo las calles me llamaban para realizar mi trabajo habitual, tambien debia preparar pociones, estudiar, esa era una de mis actividades que mas tiempo me consumía el estudio de toda ciencia oculta, la practica de nuevos hechizos.

Me encontraba con el ceño fruncido, fumando molesta, cuando una voz me hizo sobresaltarme, un pie apareció rodeando la banca, me bastó ver el calzado para comprender que era un hombre, y se sabía mi nombre, pero la aparición tan repentina de aquel sujeto, hizo que soltará un gritillo de susto, el cigarro calló de mis manos, y por instinto, me sujeté la parte del Corsette que me habia desabotonado, intentando con movimientos torpes bajarme la falda.

Al final me di cuenta quien era, el joven Tristan, un músico que habia conocido hacia unas cuantas noches, y que no pensaba encontrarme en aquel lugar, de hecho era la ultima persona que yo hubiera pensado que aparecería.
Tenía algo sumamente atractivo, de hecho desde la primera vez que habia visto a aquel muchacho, sentí una especie de flechazo, era sumamente guapo para mi gusto, y además poseía el don que yo mas admiraba de las personas : la sensibilidad artistica.

Me le quedé viendo, mientras intentaba sonreír todavía por el hecho de que me habia asustado su aparición, me deje la falda a media pantorrilla, y solté la botonadura de mi raido y viejo corsette.

-Tristan...has hecho que me muera de un infarto, pensé que era un ladrón, o un loco homicida!- dije respirando rapidamente, si me habia asustado, me atraia mucho la tranquilidad de su personalidad, me gustaba verlo fumar, sentí mi mirada embelesada y como de boba, y la cambie rapidamente, sacudiendo de forma elegante mi cabellera roja como las llamas de la hoguera en que las brujas eramos quemadas.

Tome el cigarro, y le respondi-No no esperaba a nadie, solamente estaba aquí dando un paseo, y ¿tu que haces aqui?, tambien paseando?- dije dandole una calada al cigarro y exhalando el humo arrojandolo hacia arriba, para que se perdiera entre las nubes como un fantasma.

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Mensaje por Tristán Evans el Lun Nov 01, 2010 2:29 am

Ay, qué mona ¿intentaba taparse? Inocente, apetecible a más no poder. Realmente no había intercambiando muchas frases con ella tiempo atrás, pero sí sabía lo bien que me lo podría pasar con ella ¡y tanto que lo sabía! Siempre quise…probarla. Alcé altivamente el mentón observándola con una mueca juguetona en el rostro, no sabía cuánto aguantaría sin saltar sobre ella… tan elemental.

-Tristán...has hecho que me muera de un infarto, pensé que era un ladrón, o un loco homicida!- Sonreí ampliamente, pues quizás habrían sido mejores esas opciones ¿quién sabe? La miré como cuando un niño mira ansioso un escaparate de deliciosos pasteles. Esa melena rojiza que me dejaba completamente obnubilado, había tantas cosas en las que fijarse que no me daba ni tiempo.

-No no esperaba a nadie, solamente estaba aquí dando un paseo, y ¿tú qué haces aquí?, ¿también paseando?- Reí insustancialmente mientras busca mi pitillera del bolsillo para coger uno de mis cigarros preparados y dispuestos. Que bienvenida más efusiva, querida.- me llevé el cigarrillo a los labios y volví a buscar en mis bolsillos la caja de fósforos. –Parece que…estábamos predestinados.- Sonreí al encontrar la caja, saqué la cerilla y la prendí inmediatamente llevándola al extremo del cigarro, absorbí el humo que invadió mis pulmones, quizá debería dejar de fumar, más que nada por mi carrera musical, bueno…ya lo haría. Agité la mano donde estaba la cerilla para que ésta se apagase, y dejé que cayese al suelo. Volví a mirar a Julia con los ojos brillantes de la excitación que me provocaba el estar cerca de ella.

-¿No te alegras de verme?- pregunté inclinándome un poco sobre el banco, acercándome poco a poco a ella, fijándome en la curvatura de su cuello y dejando caer la vista hacía su prominente escote, reí entre dientes volviendo a clavar la mirada en sus insólitos ojos. –Bien… no creo que por este lugar paseé mucha gente…- Vaya, parecía que me había levantado calentito esa mañana, y eso no siempre me pasaba. –Ay Julia…- suspiré llevando mi mano a su nuca. –No he hecho otra cosa que pensar en ti todas estas noches.- Mentí mirándola con intensidad, ahí estaba la clave de la seducción, cualquier cosa valía para conseguir los objetivos, me acerqué más a ella hasta posar mis labios sobre su hombro descubierto. –Recuérdame un día llevarte de compras. Estarías más espectacular todavía con un lustroso vestido. – me separé un poco para llevarme el cigarro a los labios. ¿Por qué no me habría acostado con ella la noche en que la conocí? No cometería el error ésta vez…

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Mensaje por Julia Laforeze el Mar Nov 02, 2010 12:08 am

Me divertía la mirada que Tristán me dedicaba, observandome como si fuera una especie de sabroso bocadillo, a decir verdad yo también lo hacía pero era mucho mas discreta, aunque en estos momentos el hecho de estar pensando en la llegada de ese cliente no me dejaba disfrutar adecuadamente del encuentro con el músico.

Le dedique una mirada encandiladora al caballero, mis ojos brillaron seductoramente, mientras entornaba la mirada para verle fijamente a la cara, por algo era una bruja, podía lanzar hechizos discretos, aunque esto no era un hechizo, era una simple mirada cautivadora que utilizaba de vez en cuando en los clientes, y quería comprobar el efecto que tendría en Tristán.

Jugueteaba con el tacón de mi bota enterrandolo en la tierra, y haciendo movimientos circulares, haciendo un pequeño agujerito en la tierra, de manera nerviosa, la mirada de Tristán, estaba haciendo que un ligero calorcillo comenzara a apoderarse de mi ser, naciendo en mi vientre, expandiendose hacia mi pecho, y concentrandose en mis muslos y mi entrepierna.
Di una calada al cigarro, que casi se apagaba, para tratar de pensar en otra cosa, exhalando el cigarro y respondiendole al músico.
-Ya lo creo Tristán, hace apenas unas noches nos conocimos en la taberna, y ahora aquí en medio de la naturaleza, debo confesar que te vez mucho mejor a la luz del día...le sienta bien a tus mejillas- dije riendo divertida, subí una de mis piernas cruzandola encima de la otra, y acaricie mi pantorrilla suave, en un movimiento circular,mientras inhalaba otro poco del cigarro, manteniendolo unos momentos en mi interior, hasta expulsarlo lentamente.

-Me gusta como fumas Tristán...- dije mientras lo veía fumando, era cierto, daba la impresión de que en el momento en que inhalaba y exhalaba el humo, nada mas podía importar, daba cierta tranquilidad que le gustaba, como si quisiera estar dormida entre sus brazos.

-Claro que me alegra Tristán, aunque también me sorprendió, realmente el destino quizó que nos volvieramos a encontrar sabrá Dios por que motivos, aunque claro casi haces que se me salga el alma del cuerpo, mira mi corazón late fuerte.- tome entre mis manos la mano de Tristán, no solo el sabía flirtear, también estaba en mi personalidad, quizá por eso nos habiamos agradado tanto, habia habido buena quimica desde el principio, puse su mano a escasos centimetros de donde tenia mi seno firme, nunca habia usado sosten, puse su mano sobre mi corazón, que en aquellos momentos latía fuertemente.
-se siente como si quisiera salir del pecho no te parece...Tristán lo cogerias si lo tuvieras entre tus manos?- dije acariciando la mano de Tristan con las yemas, mirandolo languidamente a los ojos.Retiré su mano lentamente, permitiendole disfrutar algunos momentos mas del tacto con mi piel.

Entonces sentí mi piel estremecerse, Tristán se hacercó hacia mi, y depositó un beso en mis hombros desnudos, cerré los ojos, y exhalé suavemente el aire de mis pulmones por mis labios entre abiertos, mientras escuchaba sus palabras, una sonrisa se dibujó en mis labios.
Tendría que ser mas bueno en un halago, era prostituta, y conocía muchos, y ese era uno bastante común que no me impresionó, sin embargo me hizo reir.
Devolví el gesto que Tristán habia hecho en mi persona,cuando se retiró fui yo la que se aproximó hacia el.
Puse mis manos sobre sus muslos, y deslizé las palmas suave y lentamente por la parte interna de sus piernas, hasta detenerme muy cerca de sus entrepiernas, me incliné un poco hacia el, sacando el pecho, que lució a un mas apetecible, como pidiendo a gritos salir del escote de mi vestido, hacerqué mis labios al oido del muchacho y le dije en un tono simplemente voluptuoso.
-Tristán me halagaría, si no estuviera casi segura, que piensas en tus conquistas durante todas las noches...es que acaso no te gusta mi bonito vestido azul...si quieres...podría quitarmelo...oh...creo que no sería bueno...no traigo nada debajo de el.-mordi con suavidad el lobulo de su oreja, antes de reir provocativamente, y soltarlo de las piernas y regresar a mi lugar, acomodandome como una perfecta dama, sujeté un mechón de mi rojo cabello entre mis dedos, y lo enredé entre los dedos.

-Has salido sin duda alguna a buscar una musa que te sirva de inspiración...estas componiendo algo nuevo?

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Mensaje por Tristán Evans el Miér Nov 03, 2010 2:12 am

Esa mirada ¿qué escondía? ¿Me dejaría descubrirlo? Cierto es que me comenzaba a poner nervioso. “Lo tienes todo controlado Tristán…no te preocupes.” Pensé fijando como afiladas dagas mis oscuros ojos en la joven que tenía delante, sin distraerme en ningún momento, bien me valía estar atento. No sabes con qué te puede salir una mujer, había visto de todo, así que solo tuve que esperar para saber con qué me estaba enfrentando. Y cuantísimo me gusto ¡oh sí! Cada palabra que salía de sus labios me llenaba de gozo, ya lo creo. -… aunque claro casi haces que se me salga el alma del cuerpo, mira mi corazón late fuerte.- Me costó reaccionar cuando cogió una de mis manos y la posaba sobre su…cerca de…imagínatelo ¡estuve a nada de ponerme cardiaco perdido! Noté perfectamente sus fuertes latidos, pero yo estaba degustando la grata sensación que era rozar su tierno pecho, - se siente como si quisiera salir del pecho no te parece...Tristán ¿lo cogerías si lo tuvieras entre tus manos?- y habría estado a punto de perder la cabeza cuando retiró mi mano, esa sería su primera provocación, la primera de tantas ¡se enteraría de quién era yo, tarde o temprano lo haría! Yo simplemente asentí con la cabeza, con una sonrisa traviesa atravesando mi rostro. Parecía que se lo estaba pasando bien, así que inequívocamente me tomé aquello como una enorme invitación.

Lo que hizo a continuación me dejó sin aliento. Yo que siempre daba los primeros pasos, ver como otra persona hiciera exactamente lo mismo me dejó… ¿atónito? Pero me gustó, sí…soy un hombre ¿cómo no gustarme? Sentir, padecer mejor dicho cómo iba deslizando sus manos por mis muslos hacía mi ‘entrepierna’ era…demasiado. ¡Con fuego no se jugaba! Se iba a enterar… ¡No llegó a su destino! Y ahí me dejó catatónico y en un estado de tensión notable. Se aproximó más a mí mostrándome toda su… ¿cómo decirlo? Sus encantos. “¿Por qué Dios, por qué?” Aquello solo haría que me avivara la llama, “no amiguito todavía no” le pedí a mi…’compañero inseparable’. Se acercó más a mí para decirme al oído unas palabritas, que ya por el tono que usó me provocó muchísimo, y estoy seguro de que aunque me hubiese hablado sobre el tiempo o sobre el comercio, igualmente me excitaría. ¿Cómo conseguía aquello? -Tristán me halagaría, si no estuviera casi segura, que piensas en tus conquistas durante todas las noches...- Me reí interiormente ante sus palabras. Claro…no tenía otra cosa que hacer por las noches que pensar en mis “cariñitos”. La realidad era que no había día que no compartiese mi lecho con una mujer deseosa de mí, aunque debo recalcar que a veces dormía solo por lo aburrida que me resultaba esa monotonía nocturna. Pero ¡eh! Yo tenía para todas, para todas y cada una.- es que acaso no te gusta mi bonito vestido azul...si quieres...podría quitármelo- Abrí los ojos al instante.-...oh...creo que no sería bueno...- “¿Cómo que no?”- no traigo nada debajo de él.- Ay…que Dios nos traiga confesados. Noté como mi miembro comenzaba a palpitar intermitentemente, y no podría ocultarlo ¡joder! La muy…calentorra me había dejado muy malito, y mi amiguito pensaba lo mismo. Me mordió con finura el lóbulo de mi oreja ¡pecaminosa! Y se rió incitantemente volviéndose a su sitio, como si no hubiese roto un plato ¿de qué se estaba riendo? ¿Le gustaba hacer este tipo de cosas a los hombres? Me vengaría…lo tenía súper claro.

Entrecerré mis ojos llevándome de nuevo el cigarro a los labios, lo necesitaba, más que nunca, y un baño frío ¡helado! también. Estaba peligrosamente caliente, y no sé la de cosas ilógicas que podría decir en ese momento. -Has salido sin duda alguna a buscar una musa que te sirva de inspiración...estas componiendo algo nuevo?- Respiré hondo apartando los ojos de ella, necesitaba que la sangre subiese a mi cabeza ¡ya! Y el hecho de ver como se mesaba el cabello no me ayudaba en absoluto, añádele que mi amiguito estaba a punto de delatarme “no me abandones ahora…” -¿Y ahora me preguntas por trabajo?- Pregunté irónico. – ¿Es que acaso te ofrecerías para ser mi musa de hoy? ¿Lo harías?- la cuestioné ladeando la cabeza cual gatito indefenso. –Con tu ayuda podría componer cada sinfonía, y hazme caso si te digo que…bautizaría mi creación con tu nombre.- Sonreí con astucia, mirándola con la ambición propia de un músico. –Ayúdame Julia…- susurré entornando los ojos y acercándome a ella, haciendo así que notase mi respiración. Dejé el cigarro en el banco y entre tanto saqué de mi bolsillo la naranja que me había regalado aquella vieja, comencé a desgarrar su rugosa piel. –Dame eso que solo tú sabes.- El diablillo que había en mí comenzó a reírse con una malicia tal que asustaba, cuando hube limpiado la naranja, la dividí en dos, ofreciéndole la mitad a Julia, y quedándome yo con el resto. –Compleméntame, restitúyeme. – murmuré cerca de su oído, como una plegaria, como una súplica, ciertamente no lo era, pero me gustaba creer que así se lo creía ella. Tenía unas ganas locas por liberarla de esos harapos “no lleva nada debajo…”me repetí una y otra vez, pero todo llega…todo llega. Desgajé la naranja y me llevé un trozo a la boca, aquel cítrico inundó mi boca, quizá le compraría un kilo de naranjas a la abuela si me acordaba. -¿Quieres?- pregunté acercando un gajo a sus suculentos labios, perfilé éstos con la fruta, como me gustaba provocarla, bajé el gajo por su mentón, pasando por su cuello hasta su fragante escote, apreté mis dedos dejando que el jugo explotase entre mis dedos, pude ver como pequeñas gotitas anaranjadas caían por su escote resbalando por su canalillo, perdiéndose en sus pechos. –Por favor, permíteme…- incliné la cabeza con las intenciones claras, di un lametazo ¡con hambre! a su dulce piel, con la mano libre aparté un poco la tela que escondían el zumo de la naranja. –Mmmh…es lo mejor que he probado.- La informé pasando la punta de mi lengua muy, muy cerca de su pezón. Ahora era yo quien reía, sí… ¡vale! Mi amigo me había delatado ya…pero di mi venganza por concluida o por lo menos de momento. Me aparté de ella con una sonrisa y volví a coger mi cigarro. –Qué buena que está la naranja.

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default Re: Dias de Primavera ( Tristan).

Mensaje por Julia Laforeze el Miér Nov 03, 2010 10:51 am

Las mujeres teniamos muchas ventajas por encima de los hombres, desafortunadamente, la sociedad un tanto machista y misogina en la que viviamos, hacia creer a las personas todo lo contrario.

Por ejemplo la primer ventaja, nosotras careciamos de un apéndice que fuera mucho mas expresivo que nuestros labios, y que nos delatará en el peor de los momentos, me habia dado cuenta de las palpitaciones de Tristán, pero opté por fingir con gran maestría que no habia visto nada de lo ocurrido, y el fingir era una de mis mas grandes cualidades, después de todo, habia visto muchos crimenes horribles, y tambien me habia enterado de los mas grandes y sucios secretos de la familia real londinense, y tenia que hacer como que no sabía nada de nada, o terminaría como el 60 por ciento de las demas prostitutas que habia conocido, degollada y destripada.

Dirigí mi mirada a un punto lejano en el bosque, apartando mi pensamiento por completo de aquel lugar, y pidiendo en mi interior que no se le ocurriera al cliente venir, o se podría venir abajo aquel juego de seducción, y eso no me lo iba a permitir, quería ver hasta que punto aquel muchacho podía resistir, o bien hasta que punto era yo, la que resistiría.
Cogí la mitad de la naranja que me ofreció, lo cual me pareció un gesto bastante caballeroso.
-Valla, hacia años que no probaba una naranja.-también era cierto, normalmente solo la gente de clase media o acomodada, se podía dar el lujo de comprar fruta, los pobres rara vez podiamos degustarla, en especial las naranjas, que no era una fruta originaria de Europa.

Arranqué un gajo con los dedos y comenzé a comerlo rapidamente, estaba dulce y tenía un sabor muy agradable, y me hacía imaginar mil y un sitios en donde colocarlo en el cuerpo de Tristán y despues comerlo.
Bueno bueno, el chico ponía empeño en sus cumplidos, pero la verdad en aquellos momentos solo me hacian sonreir, ¿ le pondría mi nombre a una de sus sinfonìas?, bueno eso no era nuevo, ya varios artistas habian bautizado sus obras en honor a mi, algunos pintores me habian dibujado como Dios me habia traido al mundo, inclusó, cuando visité Francia, un escritor francés, que si no mal recuerdo su apellido era Sade, bautizó a una de sus novelas en honor a mi, en la pronunciación francesa de mi nombre " Juliette" (solo para darle trasfondo jajaja, en esta época el marqués de Sade aun no ha muerto), y así muchos mas, a lo mejor bautizaba a la sinfonía como " Oda a la prostituta solitaria de la plantación", o algún otro nombre rimbombante de esos que solo a los artistas se le ocurrén, ay Tristán, en verdad piensas que las calles solamente han sido un adorno de mi vida?, estoy casi segura que a mis 23 años puedo jactarme de que yo ya era Julia Laforeze cuando tu apenas pensabas que hacer con tu vida.

-Eso que solo yo sé Tristán, jajajaja bueno si es a lo que creo que te estas refiriendo me temo que no podré, yo no se nada de armonía y esas cosas, aprendí a tocar el violoncello cuando trabajaba para una familia de prestigio, pero mmm digamos que es algo incomodo tener algo tan grande entre las piernas al principio...por que casi siempre al final, terminaba disfrutandolo.- mis palabras fueron cargadas de un completo doble sentido, en efecto, entre los talentos que la gente poco llegaba a conocer de mi, es que era una consumada violonchelista, a casi nadie se lo decia, y casi nadie lo creía, por que mi dinero apenas y me daba para pagar unas comidas y un alquiler de un cuartucho pequeño y destartalado, ahora que si con lo que solo yo sabía, se refería a alguna poción que estimulara la creatividad, eso le costaría, no le habia dicho que era bruja, y todavía podía sacar un buen provecho de ello, por que me encantaba ver como los hombres se deshacían en pasión, Tristán, te voy a tener en mis manos antes de que la tarde terminé...

Dios...ODIO la ironía, ¿por que da tantas vueltas la rueda de la vida?, por que cuando acababa de tener ese pensamiento, me alegraba como habia pensado en un principio que las mujeres no tuvieramos un compañero que nos delatará cuando estuvieramos excitadas, por que entonces Tristán se hubiera reido mucho y hubiera gritado un " ojo por ojo", fue tán rapido, sentí el zumo de la fruta deslizandose por mi pecho, y entonces Tristán se aproximó a mi, hundió su rostro donde yo creía que lo haría, y su lengua rozó el lugar que ya suponía, sentía la piel de mi espalda erizandose, y enterré mis dedos en la cabellera del músico, mientras me mordía el labio inferior, reprimiendo un debil gemido que nunca llegó a escapar de mis labios.

Tristán se hizó a un lado, me quedé perpleja,alzé una ceja ante su comentario, ok, yo quería controlarme, pero si lo que estaba buscando era una tigresa que saltará sobre el, le arrancará la ropa y le hiciera el amor salvaje y desenfrenadamente en medio de aquella naturaleza lo estaba consiguiendo...pero afortunadamente, mi lado de bruja era mas fuerte que mi lado de mujer, y por ende era mas templado, entre abrí los labios, y esta vez, si recitaría un pequeño conjuro, uno que se activaría con mi siguiente acción.
Cogí un gajo de la naranja entre mis dedos, y lo coloqué en la boca de Tristán, dejando libre un extremo, me hacerqué a el sonriendo con la misma sonrisa que una muchacha inexperta y timida pondría cuando esta teniendo su primer encuentro con su novio, y comí la parte del gajo que habia quedado libre, evidentemente besando "de pico" los labios de Tristán, y el sencillo conjuro se habría activado, lentamente comenzaría a surgir un deseo en el de besar mis labios y buscar mi cuerpo, pero la magia avecez necesita un empujón, y mis palabras fueron el detonante de aquel sencillo e inofensivo hechizo.
- Y eso que solo has probado el merengue...te faltaría saborear el pastel entero...con que poco te conformas Tristán-entonces lanzé una risilla provocativa, y sacudí mi cabello con elegancia, me llevé otro pedazo de la naranja a los labios, y lo comí distraidamente, dando una calada al cigarro y llevandome un gajo mas, para combinar el sabor, era una sensación agradable, alo mejor en un futuro inventarían cigarros con sabor.

-Si...ya creo que la naranja es muy buena...donde la has conseguido...casi nunca me doy el lujo de comprar fruta...ay...creo que me ha picado una hormiga.-me levanté la falda, esta vez mas arriba de mi pantorrilla, hasta mi muslo, era una mentira, deslizé mi dedo índice por la suave y nacarada piel de mis piernas,buscando el punto donde aquel imaginario insecto me habia picado, voltee a ver a Tristán.
-Hormiga mañosa, seguro lo hizo para que sus amigos me vieran las piernas los muy obsenos.- dije mirando a Tristán fijamente a los ojos, antes de añadir mi ultimo comentario, en un tono entre niña inocente y esclava sexual.-Ay...lo siento Tristán, no debí subir tanto mi falda...mmmm...no se que pensarás de mi...no esta bien visto enseñar mas hallá del tobillo.-no se que pensarás de mi, y tampoco me preocupaba mucho, me preocupaba mas adivinar si aquello que se movía como una fiera intentando salir debajo de su pantalón, se comportaría como una fiera o como un gatito asustado.

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Mensaje por Tristán Evans el Miér Nov 03, 2010 1:35 pm

¿Qué tocaba el violonchelo? ¿O se estaba burlando de mí? “es algo incomodo tener algo tan grande entre las piernas al principio...porque casi siempre al final, terminaba disfrutándolo”- ¿Y cómo demonios quería que respondiera a eso? Mi imaginación volaba, y era sumamente erótico imaginármela con tal instrumento entre las piernas. “Esto te hace mucho mal…” ya lo sabía. Su reacción ante toda mi parafernalia de antes me agradó “¿y ahora qué, eh?” la pregunté sin abrir los labios. Y antes de que me diese cuenta estaba mordiendo sensualmente (o así lo sentí) el gajo que había dejado en mi boca, rozando así mis labios ¡perdición! - Y eso que solo has probado el merengue...te faltaría saborear el pastel entero- Una invitación en toda regla, y no sería yo quien la desperdiciase.-...con que poco te conformas Tristán.- “Me cago en todo…” maldecí entrecerrando los ojos, ciertamente ofuscado. Su risa aún me provocó más, se la estaba ganando. Pensé la de cosas que podría desatar en ella, la de cosas impúdicas que estaba dispuesto a hacer en ese ruinoso banco. Su cigarro comenzó a consumirse, tanto así como mi paciencia.
-Si...ya creo que la naranja es muy buena...donde la has conseguido...-
Sí, que se había creído que iba ahora hablar de esas banalidades.- casi nunca me doy el lujo de comprar fruta...ay...creo que me ha picado una hormiga.-Dirigí mis ojos hacía sus manos, que las muy tentadoras dejaron que yo viese más de lo debido “respira…sabes que será tuya…” me alivié de ese modo. Recorrí con mis ojos el transcurso que su dedo estaba llevando por su nívea piel. Se giró de pronto para mirarme. -Hormiga mañosa, seguro lo hizo para que sus amigos me vieran las piernas los muy obscenos.- “tanto como yo…al infierno con ellos, ya lo creo.”- Ay...lo siento Tristán,-¿sentir? Si, lo que tenía a punto de estallar…- no debí subir tanto mi falda...-tarde…tarde.- mmmm...no sé qué pensarás de mi...no está bien visto enseñar más allá del tobillo.- A mí eso me daba exactamente igual.

– Opino que habría que echar un vistazo al inquilino que se ha alojado sin permiso bajo tus faldas… ¿no crees?- pregunté arrojando el cigarro al suelo, ahora tenía que estar sumamente concentrado, no había fallo que valiese. Tenía las manos caliente ¿y qué no? Así que no sería problema el tocarla sin que se sobresaltase. Me incliné un poco comenzando a acariciar ambas rodillas.

– Me pregunto ¿Dónde se habrá metido la muy desvergonzada?- Mis manos ascendieron por sus muslos, no dejando ni una milésima parte de su piel sin acariciar, con la escusa de que estaba buscando al pequeño insecto podía hacerlo ¡vaya! -¿Tienes idea de dónde puede estar?- Pregunté con un fingido deje de inocencia. -¿No?...En ese caso…tendré que seguir buscando.- Me quedé mirándola a los ojos mientras mis manos subían mucho más, quería ver el cambio que sufriría su rostro al llegar a los limites prescritos. Sin apartar los ojos de la joven hice pequeños círculos muy cerca de la calidez de su refugio. –Puede que esté por aquí ¿me acercó Julia?- pregunté acercándome a sus labios con una sonrisa incentivadora. -¿No?- Hice el amago de apartar la mano dejándola hipocondriaca, cuando al instante volví a acariciarla. –Falsa alarma.- Sonreí sacando la lengua juguetonamente.
Continué acariciando sus muslos, hasta que pellizqué su piel indiscretamente. -¿Te ha vuelto a picar? ¡Oh! Estaba tan cerca…- murmuré “apenado”. Ahora la que iba a sufrir era ella, solo me hacía falta una mano para volverla un demente de mí, así que saqué una de mis manos de debajo de su falda para apoyarme mejor en el banco.
–Cuando creo que la tengo…se escapa ¿te lo puedes creer?- acerqué mi rostro a la curva de su cuello donde aspiré su aroma. A ella se le habría metido una hormiguita, pero por mis pantalones se había escondido una culebra que estaba a punto de picarme…así te lo digo. Suspiré azorado volviendo a quedar enfrente de ella, me estaba dejando llevar por aquello, pero no pude controlarme. Con mi pulgar comencé a acariciar su candente intimidad. -¿Sabes? Creo que he encontrado el hormiguero.- recorrí su vagina con mis dedos de manera descendente.
–No te puedes imaginar la de hormigas que hay aquí dentro. – Deslicé los dedos por su humedad hasta llegar a su clítoris. –Háztelo ver…tiene muy, pero que muy mala pinta.- froté dos de mis dedos por allí unos segundos antes de sacar la mano de allí.
–No te preocupes Julia…he exterminado las hormigas, pero no te prometo que no vayan a renacer, ya sabes cómo son…- Me reí echando la cabeza hacia atrás. Poco le faltaba para quedar a mis pies…sino lo estaba ya.

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Mensaje por Julia Laforeze el Jue Nov 04, 2010 8:25 am

Algo que me divertía mucho de aquel muchacho, era la facilidad que tenía para captar mis indirectas de un cambio de tema, y eso me agradaba, a decir verdad no congeniaba mucho con la gente que no era avispada, me aburría demasiado, con Tristán era diferente...

Las manos de Tristán ardían, eso significaba que mi conjuro habia dado resultado y estaba comenzando a trabajar, pero al mismo tiempo, me hizo pensar en algo, seguramente a el de chiquillo no le habian amarrado las manos, que buena suerte tenía, si hubiera sido otra mujer, le hubiera dado una bofetada por agarrarme las piernas, pero quería ver que tan lejos podía ir...y valla que si habia ido lejos el condenado.

-Ten cuidado, podrían morderte a ti también-separé un poco las piernas, mientras mis manos jugaban ansiosamente con el encaje del vestido, arqueé mi espalda como un gato hacia atras, mientras sentía las manos de aquel hombre en ese momento me dió un pellizco y una sonrisa mezcla de placer y un ligero dolor apareció en mis labios.
-Más vale que ese bicho se ponga a salvo, o lo voy a aplastar-dije acariciando con las yemas de mis dedos, la nuca de Tristán, deslizandolas y dandole forma de circulos en la union de su nuca con su cuello.

Ok ahora sabía por que se dedicaba a la música, tenía unos dedos mmm cual es la mejor palabra...espectaculares, Tristán retiró sus dedos, y yo estaba a punto de decirle que se podía quedar ahí el resto del día, cuando el sexto sentido de toda mujer, bueno de toda mujer que se dice bruja, me hizo salir de mi alerta, cuando Tristán retiró la mano le dije.-Tal vez necesite una inspección mas ...a fondo no te parece Tristán-.

Aprovechando la poca distancia que el y yo teniamos, giré mi cuerpo en dirección suya,me acomodé un poco mas los encajes de la falda, y me senté a horcajadas encima de el...-No...definitivamente el violoncello no es tan grande como tu Tristán...pero creo que puedo acostumbrarme...estudiaba las suites de Bach...y no me lo tomés a doble sentido...pero en verdad soy una consumada chelista.- en efecto era cierto, pero sabia que de aquel tema podía sacar buena leña para mi flirteo, sin caer en el tan usado cliché de " soy flautista y soplo muy bien la flauta", estaba pasando de moda, y se me hacía demasiado...común.

Con una de mis manos, la deslizé por el pecho de Tristán, hasta llegar a su pelvis, y posteriormente a su miembro, podía sentir sus vibraciones debajo de la tela de su pantalón, estaba duro, y tenía la certeza de que podía ponerse a un mas, como un animal luchando ferozmente por salir de su cautiverio, lo sujete con suavidad, y comenzé a estimularlo siempre por encima de su pantalón, mientras con mi otra mano cogía una de las manos de Tristán, y la dirigía hacia mi trasero, hice que recorriera mi pierna, hasta detenerse en la suave y tersa piel de mi gluteo, siempre solía tener una piel suave y fresca, yo misma me preparaba mis propias cremas, deslizé la mano de Tristan como si fuera la mano de un invidente reconociendo un objeto que nunca antes hubiera tocado...y entonces se me ocurrió, estaba a punto de desabrocharle el pantalón, sacar a su amigo e introducirlo en mi...pero estos juegos a mi me ponian loca, y no iba a desaprovechar la oportunidad de hacerlo arder, aunque para mi tambien resultaba incomodo pues deseaba ser poseida en aquel momento, pero prefería padecer un poco de tortura con tal de torturarle un poco mas tambien a el....Después de todo, las mejores cosas que ofrece la vida son casi siempre las mas dificiles de obtener.
-No creo que esta sea la clase de inspiración que necesites Tristán lo siento mucho...pero...-sin decir nada mas, me levanté de un rápido movimiento de encima de el, retirando su mano de mi trasero, y mi mano de su pene, mientras me ponia en pie sobre la banca rota, y daba un gracioso saldo, avanzando unos cuantos pasos hasta posicionarme cerca de un arbol, y recargar mi espalda en el, me acomodé la falda, hasta que esta volvió a cubrir mis botines, y me quedé contemplando lo que a lo lejos parecía una vieja edificación abandonada...

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Mensaje por Tristán Evans el Jue Nov 04, 2010 2:14 pm

-Tal vez necesite una inspección más... a fondo no te parece Tristán- “Por mi encantado…” me gustaba dejar con la miel en los labios, pero si tenía que ser yo el desdichado que se quedase a las puertas…eso no me gustaba nada de nada, y minutos después para mi desgracia pasaría. Se sentó sobre mí…y yo ya no pude contener mis facultades “¿por qué las mujeres sois así? ¡Terminad lo que empezáis!”:

- No...Definitivamente el violonchelo no es tan grande como tu Tristán...-“tengo algo más grande que abarcar…si ya lo sé yo” pensé mirándola con una sonrisa divertida.-pero creo que puedo acostumbrarme...-“verás que sí…coser y cantar.”- estudiaba las suites de Bach...- enarqué una ceja incrédulo.- y no me lo tomes a doble sentido...pero en verdad soy una consumada chelista.- Por mi podía tocar lo que ella gustase, pulsar mis cuerdas…incluso frotarlas si ella quería “Tristán…el cielo ganado…” pensé inocente de mí. Su mano fue descendiendo por mi pecho hasta…llegar a mi amigo, que pedía a gritos urgente atención, en un principio le fue dada, aunque superficialmente, pensé que mientras eso solo fueran los preparativos del gran festín no habría problema “¡Nociva para mi salud!” y más aún cuando colocó una de mis manos en su abombada nalga, apreté la mano ligeramente, sintiendo su carnosidad, mientras me desvanecía en la sensación que avivaba mi propio fuego.

- No creo que esta sea la clase de inspiración que necesites Tristán lo siento mucho...pero...- “’ ¡¿Cómo?! No puede ser verdad…” Se levantó y ¡se separó de mí! “no…no…no…” pensé ocultando con mi mano la cara de asombro que se me había quedado, mi amiguito lloraba ¿no se le oía chillar? ¿Cómo se puede ser así?

La habría cogido del brazo desequilibrándola cuando saltó del banco, pero ella fue mucho más rápida. “Maldición…”. Vi como había descansado su espalda en un árbol cercano. Miré en la dirección donde ella miraba, no me interesaba. Me levanté del banco pasándome la mano por mi revolucionado cabello. - ¿Qué significa esto? …¿Has decidido no prestarme tu ayuda?- pregunté llevándome ambas manos al bulto, intentando así que me mirase a la cara. Me acerqué a ella con paso calmado. -¿Te parece bonito Julia?- murmuré aprisionándola entre mis brazos. –Seguro que sí…- Con una mano la agarré de la mandíbula para que me mirase. –Deberías saber ya…que no puedes dejar las cosas así.- Agaché la cabeza señalando allí abajo.

–Está llorando…tremendamente apenado por tu impiedad.- Podría haber hecho una brutalidad haciendo que se arrodillase ante mí…sí, podría haber sido divertido…pero no sería yo quien la obligase a hacer algo por la fuerza. –Es cierto…no has sabido ser una buena musa…quizá debería buscarme otra.- dije con una sonrisa mientras bajaba la mano que retenía su rostro, la bajé hasta posarla sobre uno de sus pechos.

–Tenía tantas expectativas contigo Julia…- Oprimí su pecho bajo mi mano hasta que escuché como se le escapa un suspiro. –Sí…- Subí ambas manos por su cintura has llegar a sus brazos, hice que éstos se agarrasen detrás de mi cuello, me acerqué a sus labios, los cuales lamí con suculencia. –Sé que lo puedes hacer mucho mejor.- Entonces agarré su trasero, provocando que sus piernas me rodeasen la cintura. La miré con ojos cristalinos. “Vete Tristán…no ves que no quiere.” Me decía una parte de mí. “Espera…veremos a ver qué hace.” Respondí.

Estaba subida a mí, porque así lo quise ¿ahora cómo se zafaría de mí? En un abrir y cerrar de ojos la había tumbado en un improvisado lecho de hojas secas, y comencé a besar su cuello con avaricia, como si aquello no acabase nunca. –Apártame…vamos… atrévete.- la provoqué entre beso y mordida. Me separé de su cuello para mirarla con los ojos como interrogantes.

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Mensaje por Julia Laforeze el Mar Nov 16, 2010 8:11 am

Dos cosas importantes ocurrían mi cometido estaba teniendo éxito, bueno en parte, normalmente solía mantener la mente en frío ante cualquier hombre, y en verdad que me habian tocado especimenes bastante...apetecibles, pero en aquel momento me estaba costando mantener atada a la fiera que yacía en mis entrañas, por que en cualquier momento, sacaría a la bruja, a la callejera de los barrios bajos que habitaba en mi, y llevaría acabo un desenfrenado acto sexual.

Pero no podía hacerlo todavía, en especial en el momento, en que Tristán se aproximó a mi,apenas y escuché sus ultimas palabras, sus manos ya me rodeaban, y acto seguido mis muslos tambien estaban rodeandolo, me hacerqué a el, exhalando con suavidad en su cuello, mordiendolo con suavidad, fue entonces cuando una de mis visiones llegó...el cliente, el cliente que estaba esperando apareció en mi premonición, y lucía contrariado, no podía permitir que ese señor regordete me arruinará mi diversión, mis visiones no median el tiempo, tal vez pasarian minutos antes de que viniera, o tal vez ya estaba cerca...no lo podía permitir...

Mis manos se deslizarón por debajo de la camisa de Tristan, mientras las yemas de mis dedos trazaban con suavidad circulos en el vientre del musico, desabotoné su pantalón un poco, pero no lo baje...mi mano se deslizó por debajo de su ropa interior, hasta aprisionar a su "amigo" como si fuera una trampa para osos...¿tenia una piedra entre las piernas? o ¿me habia equivocado de herramienta?...comenzé a estimular al pequeño que lloraba con movimientos lentos.
-Creeme cuando te diga, que nunca encontrarás a una mejor musa que yo Tristán...mucho menos a una amante.- sonreí con un gesto lascivo en mi rostro, pero entonces saqué su mano, y baje mis muslos, apartandolo un poco con los brazos, era momento de cambiar de escenario.

-Sin embargo, avecez hay que sufrir un poco para gozar demasiado...y a mi me gustan mucho los juegos...te desafío a una carrera...correremos hasta ese edificio que luce abandonado...si logras alcanzarme mientras corró, me desharé de una prenda de ropa, y volveré a correr, si vuelves a alcanzarme me desharé de otra prenda y asi hasta llegar a esa edificación...si has conseguido darme alcanzé, complaceré todos tus deseos...seré lo que tu mente pueda desear...cumpliré tus fantasias...o tus perversiones...puedo ser tu perra...o tu diosa...o tu musa...o una dama si lo prefieres....pero si logró llegar al edificio sin que me hallas dado alcanzé una sola vez...entonces yo seré la que te pondrá una penitencia...que te apuesto que tambien te gustará...será divertido...-dije apartandolo un poco, antes de hacercarme a el de nuevo, con un movimiento brusco pero decisivo, bajé su pantalón y me incliné frente a el, mis labios comenzaron a besar y a lamer la parte interna de su muslo, comenzando a subir, rapidamente hasta donde tenia su instrumento y no precisamente el musical...antes de llegar ahi me detuve en seco, y me levante rapidamente, retrocedí unos pasos para tomar distancia de el.

-estas listo.- pregunté, el cliente debía de estar cerca...confiaba en que Tristàn aceptará por las buenas, o de lo contrario tendría que usar una pequeña persuación..¡MAGICA!.

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Mensaje por Tristán Evans el Mar Nov 16, 2010 7:17 pm

“Oh, por fin…” pensé mientras Julia desabotonaba mi pantalón, y comenzaba a masturbarme con lentitud, lo que se había originado allí abajo había sido por su culpa, “déjate hacer…ya lo tienes…” me imaginé disfrutando del recorrido que estaba llevando su mano. - Créeme cuando te diga, que nunca encontrarás a una mejor musa que yo Tristán...mucho menos a una amante.- En aquel momento creí todo lo que me decía, estaba hipnotizado o quizá ¿idiotizado? “¡No! Otra vez ¡no!” Estos que si y que no acabarían conmigo, su mano había dejado a mi amiguito huérfano, me hubiese puesto a llorar si no fuera porque…soy demasiado hombre como para hacerlo, sobre todo delante de una mujer. Se separó un poco de mí “¿Qué clase de juegos son estos?” No estaba para nada acostumbrado, y no sabía ni cómo tomármelo, mi orgullo propio comenzó a asomar, cuando de nuevo comenzó a hablar. ¿Una carrera? Estaría de broma… Desvié mi atención de nuevo a la construcción de antes, que sería la vieja casa que una vez fue dueña de esa plantación de café, era extraño encontrarse tal cosa en Inglaterra, pero existía, vaya. “Ahg… ¿Por qué me tienen que pasar estas cosas a mí?” pensé con disgusto. La escuché obnubilado por el léxico que estaba usando, “divertido…divertido…” repetí para mis adentros entornando los ojos hacía el cielo. Abrí la boca sorprendido cuando me bajó el pantalón “pero que coj…” cavilé al ver como se inclinaba para besar y lamer mi muslo, subía y subía “¿No se suponía que debíamos correr…o quería que fuera yo el que lo hiciera?” me pregunté delirante. Mundo cruel, apiádese de este pobre hombre. Nada… se levantó manteniendo las distancias, no me gustó nada aquello ¡nada!

-estás listo.-Pues no sabía si lo estaba, no la comprendía en absoluto ¿qué más daba aquí que allí? “¿Y ahora qué hacemos?” Miré hacia abajo, me entró vergüenza, cosa que nunca creí que pasaría. Me incorporé un poco para subirme los pantalones. –Venga ¿a qué esperas? Corre.- Le exigí levantándome con calma del suelo, “como si a mí me fuera fácil correr con lo que me aprieta esto”. Miré a los lados por si venía alguien. Ella comenzó a correr con movimientos gráciles ¿lo estaba haciendo a propósito? Al principio comencé caminando algo aturdido por la situación, no me gustaba nada que jugasen conmigo. A media que se acrecentaban las distancias comencé a coger un ritmo constante, corríamos entre las hileras de plantas, algunas me daban frontalmente en el rostro “joder” maldije dando manotazos a lo que me rodeaba. Cómo corría la condenada, así me sería imposible alcanzarla, fue en ese momento cuando odié fumar, mis pulmones no podían más con aquella perorata, me sentí Atalanta recogiendo las manzanas de oro que iba soltando Hipomenes para ganar la carrera, pero la cuestión era que no estaba recogiendo ¡nada!, solo iba en aumento mi humillación. Deserté, estaba jadeante a punto de sucumbir en aquel terreno, total nadie me vería, caí de rodillas en la tierra llevándome las manos al estómago intentando recuperar el aire que no lograba entrar en mí “ahógate…” Mi rostro reflejaba mi cansancio, “bien merecido te lo tienes…alguna vez tendría que pasarte.” Se mofó esa parte de mí que deseaba mi destrucción.
–Ju…Julia…-
Logré decir antes de desplomarme por completo, perdiendo el conocimiento.

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Mensaje por Julia Laforeze el Vie Dic 10, 2010 8:31 am

Me divertía de sobre manera ver las expresiones que Tristán ponía en su rostro, cada vez que estaba a punto de llevar algo a cabo y al final terminaba dejandolo vestido y alborotado, de buena gana ya hubiera sido desde hace rato que me hubiera dejado follar por aquel tío, solo por su apariencia tenía la certeza de que era un semental único.

Pero a ese tipo de sementales, no se les debe dejar tomar a su presa, si no hacerlos padecer un poco, para que sus encuentros sean simplemente...BESTIALES!.
Poco me duro el hecho de pensar que Tristán era un semental, al voltearme, escuche como languidamente sus labios dejaban escapar mi nombre, lo vi llevarse una mano a las costillas y acontinuación desplomarse en el piso.
Valla...al parecer se murió como la plancha vieja...de un calentón, Julia, sinceramente, tienes que dejar de traumatizar a los hombres, eres una prostituta, a lo mucho una poderosa y peligrosa hechicera, pero no eres una torturadora del santo oficio!, por que no te queda bien en claro eso.

Me detuve un poco asustada, y me ajusté nuevamente mi corsette con manos temblorosas, tal vez era una trampa, o tal vez en verdad Tristán se habia puesto mal, como quiera que fuese, alargué mi mano hacia un arbol que tenía a mi diestra, y rompí una rama lo suficientemente larga, me aproximé despacio a Tristán, susurrando su nombre, y picandolo con la ramita en la cara y en las costillas.
-Tristán...levantante!...vamos!,....te sientes bien?, creo que mejor tendremos que jugar a otra cosa...necesitas que te lleve a mi casa...podemos llegar muy rapido si lo deseas...pero....Tristán...ay Dios mio...espero que no este muerto-murmuré un poco nerviosa, picando y repicando una y otra vez el cuerpo de Tristán.

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Mensaje por Tristán Evans el Mar Dic 14, 2010 12:14 am

Poco a poco volví en mí, gracias a las continuas punzadas que sufrí por todo el cuerpo, abrí los ojos de pronto.
-¡Quieres parar!-
Maldita sea. ¿Qué quería conseguir con ese maldito palo?
-
Increíble ¡No te acerques!- le reproché incorporándome poco a poco.
Me estaba calentando paulatinamente mientras la vi agarrando ese palo insulso, sin poder creerme que me hubiera dejado allí tirado, sin intención de socorrerme, porque ese intento de ayudarme distaba mucho de lo que yo me habría imaginado, me pregunté qué clase de mujer era. Qué inclemente moral era esa.
Me tomé un poco de tiempo hasta volver a la normalidad, y volver a reprenderla.
-¿De verdad creías que con ese palo…? ¿Cómo se te ocurre?...- Negué con la cabeza arrugando la nariz- ¡Joder! ¡Cómo si fuera un leproso! ¿En serio?- Exclamé furioso.
–Creo que después de esta demostración de preocupación por tu parte, ya doy por terminada esta estúpida fantasía.-
Me abroché todo lo que tenía al descubierto, porque ya no tenía sentido.
Estiré la mano de vez en cuando para darle a entender que no tenía intención de volver a lo de antes, mientras, pensaba que si por lo menos hubiese cambiado su manera de auxiliarme, la cosa sería distinta, pero ya era tarde.
De seguro que me habría dejado allí moribundo, a cuántos habría dejado así, deduciendo su comportamiento no sería imposible pensar que bastantes. Me di la vuelta y empecé a salir de esa plantación que tantos disgustos me había traído. Ni en sueños pensaba que esa historia terminaría así, con ese mal sabor de boca, y ese mal estar en el cuerpo.

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Mensaje por Julia Laforeze el Mar Dic 14, 2010 12:29 pm

¡VALLA!, pero que mal carácter tenía ese chico...bueno a decir verdad casi todos los artistas que conocía se cargaban un genio de los mil demonios...pero vamos!, que quería, después de todo la culpa la tiene el, por inhalar como chimenea esos cigarrillos, y encima se enoja por que no le presté primeros auxilios....hola!!, te das cuenta que hablas con una callejera!...bueno la verdad si se primeros auxilios y muchos hechizos de revitalización...pero utilizarlos implicaría quedar al descubierto, y con la inquisición rondando en cualquier sitio, una debe de andarse con cuidado.

Me mordí el labio inferior mientras observaba a Tristán recomponerse y refunfuñar como un pato encolerizado, me causo ternura mas que molestia su reproche, me recordaba a mi hermanito batallando cuando lo mandaba a hacer algo, o las cosas no salían como el quería.

-Oye espera! no te pongas así...en verdad no pensé que fuese en serio, pensé que era alguna especie de truco...además no tienes que regañarme, es tu culpa y solo tu culpa tener tan mala condición física, nadie te manda fumar tanto, y ni siquiera habiamos avanzado diez metros, es señal que debes poner mas atención en tu cuerpo y no en tus partituras-dije estrujando la varita nerviosamente entre las manos...

Me aproximé a el ...¿ como ?, ¿pensaba irse ya?, pero que poco aguante tienen los hombres, recien empezando el siglo XVIII.

-Te equívocas, como un leproso no, hay una variedad en la lepra, en la cual la enfermedad no se contagia mas que al portador...Tristán espera! no te puedes ir!-me apresuré a caminar hacia el, y lo sujete con fuerza por su brazo, hundiendo con cuidado mis dedos en la carne de el, y poniendo mi voz mas melosa.
-Un error lo comete cualquiera no te parece.-

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Mensaje por Tristán Evans el Jue Dic 16, 2010 1:51 pm

Pude escucharla tras de mí, enfureciéndome aún más, ¿por qué no me puedo ir? Si no fuera porque me agarró del brazo, quizá no me habría detenido.
Era muy posible que tuviera broncoconstricción, pero en ese momento no fui consciente de ello. Encima me culpaba a mí, la muy homicida.
- ¿Qué un error lo comete cualquiera?- repetí para mí, mirando hacia atrás. – No hay cabida para el error conmigo ¿entiendes?- Posé mis ojos en ella, pero aún mis rasgos permanecían duros.
- ¿Trucos? – Me aproxime a ella sin ninguna buena intención. La arrebaté el palo, tirándolo a un lado, eso nunca debió haberlo usado conmigo, podría haberlo usado contra ella, pero ¿por quién se me tomaría?
Con la agilidad de mis dedos, deshice los lazos de su corsé, se iba a enterar, - ¿Te refieres a este tipo de trucos?- Su atuendo fue cediendo poco a poco ante mí, yo ayudé un poco para que cayese del todo, dejando al descubierto su cuerpo desvalido.
Sonreí triunfante. Había sido mucho más fácil de lo que yo creí, y sin necesidad de llegar al caserón que quedaba delante de nosotros. –No me odies por esto… ¿qué mejor manera de arreglar este mal entendido?- ¿Dónde quedan las recriminaciones? Era preocupante que se me pasasen tan rápido este tipo de cosas, y más si se trataba de mujeres. Otro defecto más que apuntar en mi lista interminable.

Me di una vuelta alrededor suyo, preguntándome por qué iría tan ligera de ropas, tan accesible a manos indiscretas, además de tener más posibilidades de coger una infección, y tras pensarlo mucho solo se me ocurrió una razón, que no me gustó demasiado.
- ¿Tú no serás…- me llevé la mano a la boca pensativo. –una mujer de vida alegre…?- Hay que ser precavido, mejor preguntar ahora que arrepentirme después. Entrecerré los ojos sin querer oír la respuesta...

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Mensaje por Julia Laforeze el Lun Ene 10, 2011 4:55 am

Las manos de Tristán se prensarón de los lazos que mantenían unidos el raido y desgastado corsette que ceñia mi cintura, mi torso desnudo quedó visible nuevamente, pero esta vez mantuve un aire impasible y sereno, había logrado que Tristán se quedara una vez mas conmigo, eso me reconfortaba, hubiera tenido remordimiento de conciencia después por haber hecho que se fuese molesto con un inocente juego.

El sol de la tarde ahora despedía rayos dorados, dejando claro que estaba proximo el ocaso de aquel día, me preguntaba por el enorme cliente que me habia contratado, y media sonrisa apareció delicadamente en mis labios, mientras me lo imaginaba al pobre solo en medio del bosque buscandome, afortunadamente para el, no me habia pagado, desafortunadamente para mi, por que ahora no iba a tener dinero para llevarme un bocado al estomago esa noche.

Escuché las palabras de Tristán, había algo en su voz que me erizaba el vello de la nuca, tenía una voz firme y segura.
-por que no me sorprende, lo intuí desde que te vi en aquella fiesta esa noche-desvié la mirada para seguirlo mientras caminaba detrás de mi, se paró en seco y me dijo si era una mujer de la vida alegre, comenzé a reir.
-No cabe duda que mientras mas nos adentramos al siglo XIX, la mentalidad de las personas retrocede al siglo XII, esta mal visto que una mujer sea solicita a los reclamos de los hombres, pero es perfectamente normal que un hombre si lo haga...la diferencia radica en que a nosotras nos llaman prostitutas, y a ustedes los defienden diciendo que es la labor de un hombre esparcir su semilla por la tierra- me quedé callada unos momentos.
-Si por la vida alegre te refieres a la misma clase de vida que tu llevas Tristán, tal vez si...si viva la vida "alegre"....si por el contrario te refieres a que sea una prostituta, desafortunada, callejera, mujer desgraciada o cualquiera de los nombres con el que nos llaman, te equívocas...ya tengo otra fuente de ingresos no tan bien remunerada pero de algo se puede vivir...esto es mas bien...un pasatiempo.-me giré de frente hacia el, en medio de aquella exhuberante naturaleza, y con mi cabello rojo como las llamas del infierno callendo sobre mi espalda y sobre mis senos desnudos, me sentía la encarnación de la diosa Venus.

Mis manos hacieron la camisa de botones de Tristán, y con un movimiento rapido, comenzé a desabotonarla, me aproximé a el, y mis labios se hundieron en su cuello, era mucho mas baja que el, al menos por una cabeza de estatura, sentía el aroma de su piel, una deliciosa mezcla a tábaco y soledad...un aroma semejante al mio.

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Mensaje por Tristán Evans el Miér Ene 19, 2011 1:47 am

¿Qué tenía de gracioso mi pregunta? Quise saber. -No cabe duda que mientras más nos adentramos al siglo XIX, la mentalidad de las personas retrocede al siglo XII,- Qué me estás contando, ¡del siglo XII! Apreté la mandíbula, dejando que mis brazos cayesen, de la impotencia.- está mal visto que una mujer sea solicita a los reclamos de los hombres,- Eso significa…que ¿había acertado?- pero es perfectamente normal que un hombre si lo haga...- Yo no creé las normas, guapa.- la diferencia radica en que a nosotras nos llaman prostitutas,- Alcé las cejas aparentando normalidad, ya había escuchado más de lo que quería saber.- y a ustedes los defienden diciendo que es la labor de un hombre esparcir su semilla por la tierra- Pero qué bonito le había quedado, estuve por estallar a carcajada limpia, pero me aguanté como un campeón apretando los labios, había que soportar el silencio. ¡Ay! A saber la de semillitas que habría esparcido por el mundo, no quise ni pensarlo.

-Si por la vida alegre te refieres a la misma clase de vida que tu llevas Tristán,- ¿Eh?- tal vez si...si viva la vida "alegre"...si por el contrario te refieres a que sea una prostituta, desafortunada, callejera, mujer desgraciada o cualquiera de los nombres con el que nos llaman, te equívocas...ya tengo otra fuente de ingresos no tan bien remunerada pero de algo se puede vivir...esto es más bien...un pasatiempo.- Me quedé sin palabras. Así que era una viciosilla, vendía su cuerpo porque ¿realmente disfrutaba haciéndolo? Mientras pensaba en ese factor, noté cómo empezaba a desabrocharme la camisa, de nuevo. Pues yo no pensaba pagar sus servicios…vamos lo tenía clarísimo ¡Encima de que casi me muero en el intento! No me humillaría de esa manera, tampoco está la cosa como para gastar. Cerré los ojos cuando sentí sus labios en mi cuello, ay picarona. Pero a fin de cuentas no se lo había tomado mal ¿O me equivocaba? Poco a poco reposé ambas manos en su espalda, me seguía atrayendo de todas maneras ¿qué iba a hacerle?

–No te irrites mujer, era mera curiosidad.- La acerqué a mí, sintiendo el roce de su pecho desnudo, me mordí el labio inferior si poder contenerme más. –Prefiero terminar lo que tan bien habíamos empezado, antes que discutir contigo.- la obligué a que me mirase, le sonreí juguetón. ¿Por qué me dejaba llevar con tanta facilidad? “Estúpido temerario” Puede que lo fuera. Acerqué mis labios a los suyos, mientras mi cuerpo comenzaba pedía a gritos frotarse y licuarse con el suyo. –Aquí me tienes, donde querías.- murmuré devorándola con los ojos de puro deseo. Rápidamente la cogí de la mano y empecé a subir las escaleras de la entrada del viejo caserón. Ya me estaba imaginando que aquella trillada construcción no aguantaría lo que allí dentro iba acontecer. Abrí la puerta dando un pequeño empujón, tampoco quería que se nos cayese la casa encima, aunque habría sido gracioso si conseguía contarlo. Estaban todos los muebles cubiertos por sabanas blancas, impregnados de polvo, no supe por dónde empezar, pero ella seguro que me ayudaría a decidirme, la tomé con fuerza de las caderas. –Toda para nosotros.- Solo necesitaba ese empujoncito que había perdido cuando me pincho con aquel maldito palo, aún no pude creerme su comportamiento.

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Mensaje por Julia Laforeze el Lun Feb 07, 2011 9:54 pm

Cerré los ojos cuando escuché el comentario de Tristán y sonreí de medio lado dejando ver cierto rictus de lascivia en mi rostro, susurré en su oído quedamente .-Eso me parece mejor...mi amor...te voy a tratar tan bien que se que volverás a desear verme- y si eso no funcionaba, bueno, ya me encargaría de poner un hechizo encima de el.

Sentí la calidez del cuerpo de Tristán pegandose al mio, mi pecho apretandose contra el torso desnudo de este,y un ligero estremecimiento recorrió mi espalda, sintiendo como el vello de mi nuca se erizaba como el de un gato cuando recibe una caricia que le agrada.
Tomó mi mano y nos introdujimos al interior de la vivienda abandonada.
Una pequeña oleada de polvo llegó hasta mi rostro, pero afortunadamente el lugar seguía tal cual lo había dejado la última vez que lo habia visitado, vislumbró a lo lejos un antiguo candelabro con los cristales completamente cubiertos por capas de polvo, al escuchar sus palabras le dije
-Así es..- lo tomé con un movimiento violento por el cuello, y lo hacerqué hacia mi salvajemente mientras besaba sus labios con lujuria desbordada, pero al mismo tiempo me deje caer sobre el sillón mas grande jalandolo hacia mi, mis piernas se elevaron rodeando sus caderas y apretandolo con fuerza, mordí suavemente su labio inferior, mientras tomaba una de sus manos y la deslizaba sobre mi pecho, apretando esa mano, y jadeando suavemente cerca de su cuello.
-Espero que no te canses como cuando corriste...sería muy triste dejarme semi vestida y alborotada-

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Mensaje por Tristán Evans el Sáb Feb 12, 2011 4:13 am


-Así es...-
Ay pecadora. Sonreí sintiéndome tonto ¿No era esto lo que quería? “Claro que sí, Tristán, lo llevas esperando desde el momento en que la viste abierta de piernas en aquel banco.” Quedaba tan lejos, y esto tan cercano. Sobrepasé su fogosidad, en un intento de doblegarla, pero le ponía mucho ímpetu, tanto que me tiró sobre ella ¿Dónde estábamos ahora? Abrí los ojos, aún siendo absorbido por su boca, en uno de los sofás comidos de polvo, qué agradable “¿Cómo que qué agradable? ¿Estamos o no estamos?” Estamos, estamos. ¿Qué me importaba a mí estar sobre un palmo de mugre? Además ella se llevaba la peor parte, así que para el caso… Me reí entre sus labios cuando me encontré cogido por sus piernas. ¿Quería fuegos artificiales? Yo tenía dos cajas llenas, y un petardo final. Me vi consumido por el ansia desbordante de dejarla hecha pedazos, de dejarla fuera de servicio, y en su caso, sería su ruina. Mis ojos decían “muérdeme”, no tenía pensado parar, una vez que me ponía en acción, o tenía un objetivo entre ceja y ceja ¡pobre el que quisiera detenerme! Apreté su seno, como ella me pidió, aunque eso fue lo de menos, lo haría de todas maneras. Ella estaba agitadísima, y aún no habíamos empezado.
-Espero que no te canses como cuando corriste...sería muy triste dejarme semi vestida y alborotada-
¿Cómo que semi? Eché un vistazo a su cuerpo, estaba desnuda.

–Conozco otras maneras de correr, que no me cansan.- alcé las cejas un par de veces dándole ese doble sentido, que quizá solo entendiese yo. Pegué mi boca a su oído. -¿Lograrás que me corra?- Me habría reído. No solía hacer ese tipo de comentarios, pero estaba encendido, y alguna guarrada que otra me saldría, imagino. -¿O probamos a ver quién gana?- lamí lascivamente todo el cartílago de su oreja. Mi boca ansiaba recorrerla enterita. Qué sofoco. Me apoyé bien para no aplastarla, demasiado bueno. Volví a juntar nuestras bocas caninas, enzarzándonos como hienas en las dunas. Y la mano que todavía estrujaba su turgente pecho bajó progresivamente, marcando el rumbo, hasta lo más profundo de su ser. Me separé de sus labios para mirar su rostro. Mis dedos corretearon llegando a la meta, estaba igual de húmeda que antes, y yo estaba tan oprimido como hace media hora. -¿Qué me dices Julia? ¿Quieres un descanso ahora?- Mi sonrisa despareció, cuando comencé a masturbarla, aunque a mí no me gusta llamarlo con estos tecnicismos. La estaba preparando para algo mucho mayor, para la pirotecnia, eso es. Hurgué una y otra vez, sin necesidad de mirar, ya me sabía muy bien la práctica. ¿Por qué tendría que ser esto especial? Yo dominaba el cotarro ¿Qué era lo que escuchaba? Entreabrió los labios corroborándome que estaba bien complacida. Solo unos segundos más y por mí, daría comienzo la fiesta.

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Mensaje por Julia Laforeze el Sáb Feb 12, 2011 4:33 am

Cerré por unos momentos los ojos intentando no exhalar ningún gemido de mis labios que denotara el estado en el que me encontraba...que rayos, el tipo era verdaderamente un Dios, y eso que solamente estaba empezando el calentamiento antes de la competencia, pero afortunadamente para el, el haberme iniciado a los 18 años en este mundo, también me habia dado ya mucha experiencia, y yo también sabía mis trucos para poder poner al mil a cualquiera, por muy casto y mojigato que fuese, después de todo no solo contaba con mi cuerpo, también con mis...encantos literalmente.

-Quieres apostar?...tendrías que ser una verdadera bestia, y mover a tu amigo casi también que como lo haces con los dedos....-esta vez no tuve recato en hacer que mis palabras sonaran completamente lascivas, una succubo no hubiera podido igualar el tono de voz que yo habia utilizado, sentía un ligero rubor apareciendo por mis mejillas, mientras exhalaba suavemente cerca del cuello de Tristán.

Entonces sin pensarlo mas y como consecuencia a un movimiento que habia realizado, mordí su hombro, y mis dedos se hundieron en su espalda, suavemente mis uñas comenzaron a ejercer una ligera presión en su blanca piel, dejandola enrojecida por donde había pasado, pegué mis labios a su cuello haciendo una ligera succión, y le respondí a la pregunta de que si deseaba parar...parar?, seguramente estaba bromeando, hacia tiempo que no estaba con alguien que de verdad me gustara, la desventaja de ser prostituta, es que todo radica en el mismo lema que existe para la familia, "la familia no se escoge", pues bueno literalmente yo no escogía a mis clientes,y digamos que asi que fueran unos principes, pues de hecho no, pero por primera vez estaba con alguien que me habia interesado desde que lo había visto, y no iba a permitir que se detuviera.
-Si te detienes ahora, puedo hacer algo peor que transformarte en un sapo Tristán-murmuré severamente.
Me reacomodé un poco sobre el asiento haciendo que se recargará en el respaldo del sofa, y agregué -Siempre he tenido la impresión de que tu mejor instrumento no es precisamente la trompeta-no solo el podía utilizar esos juegos de doble sentido, querido estas hablando con una mujer que ha vivido desde siempre en las calles.
Noté el estado en que se encontraba su amigo, luchando por salir, como un pollito que intenta romper el cascarón donde se encuentra encerrado, mis manos en un rápido movimiento abrieron el botón de su pantalón y bajaron su cremallera...deslizé mis labios por encima de su ropa interior, haciendo una ligera succión pero sin quitar la tela que aun cubría el regalo, y le dije.-Te parece si me detengo ahora...-era una pregunta rídicula...yo no tenía intención de parar, y sabía que si volvía a detenerme el pobre podía quedar muerto como las planchas viejas...no soy tan mala después de todo, las brujas también tenemos corazón.

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Mensaje por Tristán Evans el Miér Feb 16, 2011 1:27 pm

Me estaba divirtiendo, es innegable, no había más que verme. Y sus comentarios no hicieron más que acrecentar mi estado. Imaginé que el sexo se habría vuelto para ella, una tarea un tanto aburrida cuando se tornaba monótona, pero solo fue una suposición premeditada que se disipó tan rápido como vino.
Sus uñas habían conseguido arrancarme de cuajo un gemido inesperado. A saber la de tipos como yo que habían pasado por sus faldas…bueno ¿qué más daría? Ya me preocuparía luego.
Dudo que todos encontrasen divertido lo que tantas veces mis carnes experimentaron. Pienso que no es extraño encontrar el placer en el mismo dolor, en cuestión de probarlo, así que…lo recomiendo. Mientras no llegásemos a la sangre, todo era bienvenido. Ella hizo lo que casi pedí a gritos.


-Si te detienes ahora, puedo hacer algo peor que transformarte en un sapo Tristán.-
Qué "miedito" me daba a veces. Sonreí perversamente. ¿Transformarme… ahora? Qué graciosa. Hizo que me echase hacia atrás, por mi perfecto, era más cómodo para mí. -Siempre he tenido la impresión de que tu mejor instrumento no es precisamente la trompeta- Chica lista. No iba a desmentírselo. Después sus ojos dieron a parar con la cobra, aunque me pregunté quién sería más venenoso de los dos. Menuda estaba hecha. Me relajé sobremanera, mirando a mi alrededor, no debió ser una casa fea en su día ¿por qué la habrían abandonado? ¿Qué tendría...unos cuarenta años? Cerré los ojos al notar un intenso calor en mis partes bajas ¡pero bueno! Cuidadito con eso. Mis manos se tensaron. La viveza de su cabello me llamaba la atención, respiré hondamente para controlarme.-Te parece si me detengo ahora...- No podía hacerme eso…no debía, mejor dicho. Esperé que no siguiera jugando con ese tema.

–Creo que ya sabes mi respuesta…- No podía ni moverme. Lo mejor sería darle la batuta de la orquesta, aunque solo fuese al principio. Puede que me enseñase lo que había aprendido a lo largo de su vida...en fin, no le estaba obligando a nada.

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Mensaje por Julia Laforeze el Miér Feb 23, 2011 12:25 am

Listo, por unos momentos lo tenía justo donde habia deseado tenerlo...no precisamente entre mis piernas, esa era mi otra opción, por ahora tenía pensado divertirme con uno de sus instrumentos y no me refería precisamente al musical...

Mis manos se deslizaron como una serpiente, rozando apenas con las yemas de los dedos el pecho y el vientre de Tristán, hasta hacirse del resorte de su ropa interior, y con un movimiento lento comenzar a retirarsela, un cálido vaho salió de mis labios depositandose por fin en el amigo intimo de Tristán, lo miré a los ojos desde la postura donde me encontraba, antes de llevar mis labios a aquel ser que tras mucho sufrir habia salido por fin de sus ataduras.

Una de mis manos se deslizó por su entrepierna, antes de retirar mis labios de aquel juguete y decir en un fingido tono preocupado.-Oh cielos...olvidé hacer el pan para la cena de esta noche...creo que tengo que irme Tristán.-

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Mensaje por Tristán Evans el Sáb Feb 26, 2011 4:52 am

Sus manos volátiles fluyeron por mi torso, agitado de caricias, todo ello sin prisa, pero sin pausa. Deslizó con asombrosa facilidad mis calzones, dejando a la vista lo evidente. Versada estaba en su arte ¿por qué dudarlo? Se podría decir que por unos momentos mi capacidad de acción se vio anulada. Mi virilidad caía en sus manos, no debía ni hacer ni decir nada a destiempo. Nunca me llegué a fiar de las mujeres, sus múltiples facetas por no decir caras, me complican la existencia. Desde donde estaba podía ver lo que se preponía, aunque esto cambiase de un segundo a otro. Mi cabeza cedió, echándose hacia atrás, buscando una sustento, justo cuando lo ardiente de su boca hendió mis “fuerzas”. Sonreí febril, abandonándome, viéndome marchar a cientos de kilómetros de distancia. Lo que estaba haciendo me estaba desequilibrando, como todo humano tenemos nuestras debilidades. Escuché una pausa interminable antes de que sus labios cesaran en su cometido. -Oh cielos...- ¿Oh cielos?-olvidé hacer el pan para la cena de esta noche...- Mudé el rostro, helado.- creo que tengo que irme Tristán.- negué con la cabeza.

–No…Julia, no. No te irás a ninguna parte.- sonreí poseído por las llamas que se avivaban de mi mismo centro. Así sus muñecas, echándola hacia atrás, hacia un suelo cubierto por una capa blanquecina y huellas. Ese suelo donde dejaríamos los clichés a un lado, donde, si hacía falta, fijaría su cuerpo a los cimientos de la casa. – No olvides terminar lo que empezaste…- hundí las rodillas en el suelo, quedando atrapada entre mis piernas. La miré exaltado.-Eso podrá esperar ¿verdad que sí?- Inconvenientes, qué buena táctica para poner a un hombre a cien por hora ¿cómo se me había pasado?- El horno está en su punto álgido.- Y no, no me refería a bajas temperaturas. Apreté sus muñecas, mientras le arrancaba sin un atisbo de cuidado unos besos que iban dejando como recuerdo un rastro encarnado en sus labios ¿Así me quería? ¿Embravecido? Mi miembro llegó a rozar su cuerpo, parecía estirar su mano lo más que podía para llegar hasta ella, pero deseaba dejar más marcas en su piel. Descendí hasta la carnosidad de su vientre, allí había donde sacar bocado. Mordí juguetón aquel lugar, y me dispuse a bajar, pero al llegar a su fin, negué como un autentico caradura. –No, no, no.- ¿quién había pactado un mutuo disfrute? Yo no. Regresé a la altura de su cabeza, me pegué todo lo que pude a su cuerpo, mi compañero de faenas se daba de cabeza contra la puerta que parecía no querer abrirse. Solté una de sus muñecas, y sin dejar de provocarla con la mirada, mi mano ayudó a mi coronel. Y sí, habíamos entrado en una batalla feroz, lo pude ver reflejado en sus ojos. Los cañonazos y las hiladas de pólvora no dejaron ni un segundo de descanso al enemigo. -¿Se te ocurre algo más?- jadeé en su oído. Mis jinetes cabalgaban entre la sombra de humo que despedían las armas de fogueo ¿Podéis oírlo? -¿Te parece divertido?

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