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Cena a la carta [Libre]

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Mensaje por Eva Lavant el Vie Dic 03, 2010 8:06 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Mi cabello se alboroto con el viento. Era de noche y me hallaba sola, en medio de la calle. Alcé la vista mirando al cielo despejado de nubes. El cielo siempre era igual en todas partes. Observé el suelo con gran detalle y conté las líneas divisorias, formando cada pedazo de piedra. Pero un ser ínfimo, quedó atrapado en una de esas líneas.

-Una mariquita -exclamé en susurro. La cogí con los dedos y dejé que anduviese por la palma de mi mano. Era tan pequeñita... vulnerable y perdida como yo. Me acerqué tanto al insecto, que me puse bizca, con los ojos muy abiertos -No te preocupes. Te dejaré en un sitio seguro, para que nadie te pise -y eso hice. Coloqué a la mariquita en el alfeizar de una ventana. Ya no correría peligro.

No sabía donde ir, hasta que una voz despertó en mi la curiosidad. Metí las manos en los bolsillos de mi abrigo y seguí el sonido hasta un pequeño callejón. Estaba muy oscuro. Sólo diferencié dos siluetas al lado de un cubo de basura de hojalata.

-¡Mira lo que tenemos aquí! - escuché una voz masculina. Un gato gris, asustado por el eco que produjo su alarido dentro del callejón, salió disparado de entre unas cajas. Un animal tan temerario, no debería sobrecogerse por culpa de un mortal. Hice caso omiso de su comentario y me agaché, llamando con ternura al gato gris. Estire los dedos "misi, misi..." susurré indicándole el camino. La segunda sombra soltó una tímida carcajada varonil. Acaricié al gato con mucho cuidado, sintiendo su suave pelaje.

En menos de un segundo mi cerebro asimiló la situación: hombres. Dos. Edad: entre 25 y 30 años. Cantidad de alcohol en el cuerpo: excesiva. Estabilidad y equilibrio: dudables. Grado de estupidez: máximo.

Dejé marchar al animal, despidiéndome de él, con ayuda de una mano. Escuché el sonido de sus pisadas tras de mí. Estarían a dos metros de distancia. Uno de ellos, patinó ligeramente, pero sin llegar a caer sobre el suelo.

-¿Quieres jugar, preciosa? - me di la vuelta, enseñándoles mi mejor sonrisa, noblemente. Me quité el abrigo y lo dejé sobre una de las cajas, para que no se manchara -Así me gusta... cuanto antes te desnudes, antes empezaremos la diversión - entendí con dificultad. El habla quedaba contagiado por culpa del alcohol.

No me hacía falta respirar. Pero me gustaba sentir el aire. Notar como entraba ligero, dentro de mis pulmones. Una pestilencia horrible, procedente de una de las alcantarillas, me distrajo ¿Habría algo muerto? Los caballeros se acercaron a mí, entre risas. Uno de ellos, pegó la nariz junto a mi pelo y acarició mi cintura -Que bien oléis... - alcé el rostro, encontrándome con él. Altura: 1,75 -Siento no poder decir lo mismo de vos -susurré de modo musical, dejando el final de la frase, suspendido en un extraño falsete. El hombre volvió a reír, borracho como una cuba, al escuchar mi comentario. El otro caballero, apoyó la espalda en uno de los muros y acompañó a su amigo, riéndose sin ninguna explicación -Déjame que te quite esto - sus manos desabrocharon uno de mis botones superiores, dejando a la vista mi cuello. Sólo un botón. El hombre no pudo hacer nada más.

Todo ocurrió muy deprisa:
Flemática, rompí sus dedos con un movimiento sutil de mano. Agarré su cabeza, estampándola contra el suelo. Le arranqué media melena. Hundí el tacón en la palma de su mano rota y, entre alaridos de dolor, mordí su muñeca, alimentándome de él. "No creo que merezca un mordisco en el cuello". Lástima que se desmayase antes de arrebatárle, la columna vertebral de cuajo.
El otro caballero, quedó preso del pánico. Sus ojos no parecían entender lo que acababa de pasar. Tardó unos segundos en reaccionar, antes de salir corriendo, dando tumbos por la pared. Pero no consiguió salir del callejón airoso. Caminé sonriente tras él, contemplando como se caía. Terminó arrastrándose por el suelo, mirándome con espanto. Sus ojos se apagaron en cuanto mis manos atraparon su cabeza, desraizándola del cuello.

Acto seguido, recogí los cuerpos, abrí la alcantarilla y los metí dentro. Dedos rotos: 4. Cabezas cercenadas: 1. Luego saqué un pañuelo y limpié mi rostro. Narices rotas: 1, tendones atravesados: 2. Pelos de la cabeza extirpados: unos 57. Abroché el botón de mi vestido y me puse el abrigo encima con sumo cuidado. Cuando me dispuse a salir de allí, volví a escuchar algo. Unos pasos discretos, cerca de mi zona ¿Quién sería?

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Mensaje por Tristán Evans el Miér Ene 12, 2011 7:09 pm

Madre mía, madre mía…-¡Pero no os dais cuenta monsieur! – Ese día no me daba cuenta de nada, la verdad. ¡¿Y ahora qué hace, ayudándome a subirme los calzones, como una madre?! Sonreí como un tonto cuando me rozó mis partes, es inevitable…lo sé. Bueno lo mejor sería dejar que me vistiera, porque le hacía mucha ilusión. Me reí ingenuo cuando creí que me levantaba unos centímetros del suelo, un poco brusca para mí gusto. -¿No echáis en falta algo? – Yo no echo… ¡qué hace ahora! Se había quitado el vestido… pero algo no me encajaba ¿Me vestía… y ahora ella se desvestía? Habíamos planteado mal las cosas. Se quedó solo en ropa interior, yo estaba como toda aquella noche desconcertado. -¡Tenemos que volver! – Abrí los ojos, quedándome en suspenso. -¡¿Volver?!- ni en sueños… ¡joder otra vez no! Me arrastró hacía allí…no pude hacer nada, solo me detuve en seco, a punto estuve de meter un pie dentro de la inmunda charca. -¡Yo la buscaré, monsieur! – ‘Loca’ ya sabía que estaba…pero ¿tanto? Que buscará ¿el qué?

-¡Que no se me ha perdido nada!- expresé impotente con las manos, de nada sirvió. Ella se sumergió en las aguas en busca de algo que desconocía. ¿Y si me marchaba ahora que la tenía distraída? ¿Cómo se tomaría mi fuga? “hombre…muy bien, no creo.” Me sacudí los brazos intentando secar la ropa… Carraspeé un poco esperando que saliera ¡se estaba contagiando! El cadáver seguía flotando de un lado a otro, era monstruoso, si te quedabas mirándolo fijamente ¡seguro que empezarías a imaginarte cosas! -¡Venga ya!- exclamé nervioso.

– ¡Ah, por fin!- La miré sin comprender, miré sus manos, pues éstas llevaban algo que me resultaba familiar. –Oh…mierda.- murmuré poniendo cara de circunstancia. Era la pistola que me había comprado, y lo más seguro es que se hubiese echado a perder. – ¿Pero cómo…- sabía ella que la llevaba encima? –Qué cosas…- ella comenzó a salir de la charca. No supe dónde meter las manos. Le tendí la mano para que me la devolviera.
–Nunca la he usado…y parece que ya será imposible.- pude ver cómo vomitaba todo el agua que le había entrado.
De nuevo miré a la joven con los brazos cruzados. -Estás en todo ¿eh?- Y vaya que si lo estaba…-puedes quedártela de recuerdo, si quieres.- ¿por qué para qué quería yo algo que no servía? Me agaché para coger su vestido mojado. –Pues vamos listos…- No teníamos nada de ropa seca. –Deberías vestirte… te lo agradecería.- le acerqué el vestido. –A no ser…que quieras que te acompañe,- bromeé…aunque a mí no me importase. – sinceramente prefiero ir desnudo antes que llevar ‘esto’ pegado al cuerpo.- tuve un escalofrío.
-¿Ya… podemos irnos? ¿O tienes la última palabra?- alcé las cejas esperando escuchar eso que quería oír.

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Mensaje por Eva Lavant el Miér Ene 19, 2011 1:07 am

Me metí de lleno en el agua soltándole pues, no deseaba que se constipase. Y empecé a rebuscar por el fondo, entre las piedras; metiendo una única mano. Alcé la cabeza paro no mojarme la cara y tanteé el terreno sin saber con certeza lo que estaba tocando -¡Que no se me ha perdido nada!- no se acordaba. Con la borrachera que llevaba no me extrañó nada... Toqué algo parecido a un revolver y abrí los ojos emocionada por el hallazgo -¡Ya casi lo tengo! - pero sólo era un zapato -A... no... - solté el objeto, viendo como el cadáver se acercaba flotando hacía mí. Empujé el agua de forma inteligente para apartarlo -Tú, quieto - le dije al cadáver -¡Venga ya!- ¡Lo encontré! Sostuve el objeto entre las manos, acariciando la culata. Nunca tuve una. Los humanos se mataban unos a otros con ella. Como en la guerra... ¡Como en la guerra en la que el joven combatió! Caminé sonriente por mis méritos, con la pistola en la mano – ¡Ah, por fin!- ¿Tanto tarde? Extendí el revolver para dárselo. Ahora me agradecería mi efectividad ¿Me reclutaría? –Oh…mierda.- eso no era lo que yo esperaba... – ¿Pero cómo…- intentó articular. Estaba conmocionado -Con la mano - contesté orgullosa. Tenía mucha soltura y no pesaba demasiado –Qué cosas…- reí rebosante de emoción. Hasta me salió algún ruido semejante al de un gorrino –Nunca la he usado…y parece que ya será imposible.- ¿Nunca la usó? arrugué el entrecejo y parpadeé compungida, porque... yo rompí su pistola... Observé como vaciaba el agua de su interior -Estás en todo ¿eh?- a mi no me engañaba, cambiando de estado. Yo sabía que estaba dolido, a pesar de aparentar estar bien -puedes quedártela de recuerdo, si quieres.- ni la quería... seguro que para no torturarse.
Sujete la pistola, sin saber donde guardarla. Mi camisón no tenía bolsillos –Pues vamos listos…- frente a mí, el vestido mojado sujeto por sus manos. Todo lleno de agua; su ropa, mi ropa, la pistola, el cadáver... todo. Que horror. –Deberías vestirte… te lo agradecería.- y encima se preocupaba por mí. No me lo merecía... –A no ser…que quieras que te acompañe,- ¡No! ¡Mi abrigo! ¡Él podría ponérselo! ¡Era lo único que estaba seco! – sinceramente prefiero ir desnudo antes que llevar ‘esto’ pegado al cuerpo.- ¡Sí! ¡Una excelente idea! -¿Ya… podemos irnos? ¿O tienes la última palabra?-

-¿Queréis que os diga una cosa? - me puse seria, calzándome el vestido -Yo os compraré otra pistola, monsieur - dije con contundencia y decisión. Estaba convencida. Cuando terminé de ponerme la ropa, caminé hasta llegar al lugar donde dejé reposar mi abrigo y se lo tendí para que se lo pusiese, en lugar de la ropa mojada que llevaba. Parecía no entenderme así que, asentí con decisión moviendo la prenda frente a sus ojos evidenciando mis intenciones -¡Poneros el abrigo! ¡vamos! - suspiré desesperada. Era como tratar con un niño...
Agarré su brazo y guardé la pistola en el escote del vestido, para ponerme en camino. Me pareció ver una tienda cerca de un callejón del barrio bajo. Sabía que, a esas horas, era sospechoso ver una tienda abierta. Pero en esa zona parecían estar acostumbrados a esas cosas. Puede que ejercieran el contrabando.... no lo se -Ya casi hemos llegado - aseguré al joven, vislumbrando la tienda de lejos.
Casi me colé, porque el tendero estaba a punto de poner el cartel de "cerrado". Pero sólo nos miró con cierto enfado y dejó el cartel sobre el mostrador aceptándonos. Todo con esmerada lentitud. Como si estuviese cansado.

Mi cerebro asimiló:
Hombre. Indio americano. Entre 50 y 60 años.
Miembros amputados: uno. Brazo de madera de pino.
Estado: malhumorado. A 80 latidos por minuto.


-Que desean - pronunció el ingles de forma extraña, con voz ronca y firme. Me dio un poco de miedo
-Una pistola - alcé la voz con decisión, apoyándome sobre el hombro de Menphis protegiéndome así de su escrutinio.
-Que clase de pistola - ¡uy! no entendía de armas.
-Pues no lo se... - me llevé un dedo a la boca -¿Qué clase de pistola? - miré al joven con la esperanza de obtener la respuesta.
-¿La pistola es para la señorita? - Me llamó de forma educada. Mal tipo no tenía que ser.
-No, para mi no. Para él. Es un excombatiente de la guerra - mi voz denotó orgullo y aclamación. Había que ser muy valiente para meterse en camisas de once balas.
-¿De que guerra... exactamente? - apoyó ambos codos en la mesa, muy interesado por ese dato. Yo hice casi lo mismo y articulé en un tono de lo más intrigante -Eso... ¿De qué guerra? -
-Yo soy Chickamauga-Cherokee. Y combatí en las Guerras Indias hasta el 80 - nos miraba con extraña fijeza. Sobre todo a mi nuevo amigo - Tennessee del este... el Río de Cumberland... desterrados de sus tierras como escoria. Tuve que abandonarlos a su merced - alzó el brazo de madera, por si acaso no lo habíamos visto. Yo no tenía ni idea de lo que hablaba -Más de 40.000 muertos en total... una masacre... Y ahora me hacen trabajar, en una tienda de mierda del barrio bajo, perdonándome la vida. Hijos de perra... Tú eres hombre blanco, amigo...- este tipo hablaba mucho peor...
-Si, es de Missisippi. Y además se llama Menphis - le informé. Puede que él supiese de lo que hablaba. Aunque dudé de la cordura del indio.
-¿De Missisippi? - ese estado no pareció ser de su agrado. Lo supe por su cara descontenta y empezó a buscar con mucha prisa, algo escondido bajo el mostrador. Que rara es esta gente... ¿Nos iba a vender la pistola o.... no nos iba... a vender la pistola?


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Mensaje por Tristán Evans el Sáb Ene 22, 2011 7:35 pm

-¿Queréis que os diga una cosa? – Lo iba a decir de todas maneras… -Yo os compraré otra pistola, monsieur – ¡De eso nada! Fruncí el gesto, irritado. Ya no quería ningún arma… ¿para qué me serviría? Para coger polvo ¿para eso? Venga hombre. Me llevé la mano a la frente, relajándome. Al abrir los ojos vi como agitaba su abrigo -¿Qué?- pregunté. ¿¡Qué!? -¡Poneros el abrigo! ¡vamos! – Y será verdad… Lo cogí, por no tirarlo al suelo, me arrepentiría si osaba despreciar su “amabilidad”. No pensaba ponérmelo ¡ni de coña! ¿Y si me veía alguien? Con un abrigo de mujer ¡dónde se ha visto! Lo dejé colgando de uno de mis hombros. Estaba cansado, después del viaje…y esto, deseaba caer rendido en la cama del hotel. Pero ella parecía que tenía energía para rato, y eso de dejarme ir no entraba en sus planes, suspiré vencido. Caminé y caminé, -Ya casi hemos llegado - hasta que distinguí una tienda…abierta. Bostecé sin poder evitarlo. Parecía no importarle ir empapada, a mí sí me importaba. Entré tras ella, seguramente al encargado no le haría mucha gracia ésta intromisión, pero estaba decidida a comprarme la maldita pistola, que me dieran un tiro ahora ¡eso sí que sería bueno! Me coloqué al lado de Eva, apoyando una mano en la vitrina y la otra metida en el bolsillo del pantalón.

-Que desean – Miré a la joven, yo no pensaba decir nada.

-Una pistola – Sonreí débilmente cuando la escuche, me dieron ganas de pasar la mano que tenía en el bolsillo por su espalda, pero no caería esa breva.

-Qué clase de pistola.

-Pues no lo se... ¿Qué clase de pistola? – Mmmmh. -Un revólver Colt 45- murmuré distraído, echándole un vistazo rápido a las armas que colgaban de las paredes.
-¿La pistola es para la señorita? – Manda cojones.
-No, para mí no. Para él. Es un excombatiente de la guerra –
Se me cambió la cara de pronto. Otra vez no, por favor. Iba a poner cara de ‘no la haga caso’…pero llegué tarde.


-¿De que guerra... exactamente?Mierda, mierda, mierda, me iba a dar un ataque. Abrí los ojos perdido. -Eso... ¿De qué guerra? – Enmarqué una sonrisa, apretando los dientes. Tenía que pensar, recordar algo…algo loable. No valían de nada mis clases de conservatorio, allí no había datos sobre batallas bélicas importantes, hice un extraño sonido con la lengua, qué apuro.

-Yo soy Chickamauga-Cherokee. Y combatí en las Guerras Indias hasta el 80 – Me aguanté la respiración unos segundos. - Tennessee del este... el Río de Cumberland...- Era la primera vez que pisaba el nuevo mundo ¿cómo iba saber yo esas cosas?- desterrados de sus tierras como escoria. Tuve que abandonarlos a su merced – Por vez primera vi su brazo de madera, apreté los labios intentando borrar la sonrisa nerviosa que se me había fijado en el rostro, me iba a cargar con todo el equipo, lo estaba viendo. -Más de 40.000 muertos en total... una masacre...- vaya por Dios.- Y ahora me hacen trabajar, en una tienda de mierda del barrio bajo,- qué vida ésta.- perdonándome la vida. Hijos de perra... Tú eres hombre blanco, amigo...
-Si, es de Missisippi. Y además se llama Menphis –
¡Para qué queremos más! Miré a mi derecha desesperado.
-¿De Missisippi? –
Al escuchar su tono de voz, supe que algo no andaba bien. ¿Qué pasa ahora? Estaba buscando algo, me quedé pasmado. –Sí…bueno…yo siempre fui muy pacifista…- me saqué la mano del bolsillo para agarrarle el brazo a Eva, y tirar un poco de ella, disimuladamente. -realmente no llegué a combatir… porque me hirieron…- El hombre me miró furioso. Joder…ya la había cagado, sin quererlo ni beberlo.

-¡Salid de mi tienda!- gritó el hombre como loco. Como más rápido pude salí de la tienda, esquivando el pisapapeles que me había arrojado a la cabeza. -¡Mira dónde me metes!- exclamé a la joven, agachando la cabeza. Miré de reojo al hombre atreves del escaparate. Había sacado una de sus pistolas, al ver que le estaba viendo me apuntó con ella. -¡Pero…!- tiré a Eva al suelo y quedando sobre ella, los cristales salieron por los aires, cayendo sobre nosotros. -¿¡Qué te pasa loco, quieres matarnos!?- grité arrastrándome por el suelo.

-¡No eres bienvenido aquí!- escuché sus pasos acercándose a la puerta. Nos iba a matar… en buena hora habría venido. –Vámonos de aquí ¡ya!- lo más rápido que pude cogí a la joven del brazo, y eché a correr, escuché los disparos tras mi espalda. ¡Un callejón, una salida, por favor! Casi le descoyunté el brazo al cruzar una de las esquinas. La empujé entre las cajas, ocultándonos, no se me ocurría cómo desparecer de allí. Le tapé la boca, por si se le ocurría hablar. -¡Shhh!- tenía la respiración rebasando los límites.

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Mensaje por Eva Lavant el Vie Ene 28, 2011 5:43 am

–Sí…bueno…yo siempre fui muy pacifista…- Que bueno era... absorta por su buena voluntad, tardé en darme cuenta de lo que sucedía. Tiraba de mi brazo para que nos fuésemos ¿Y la pistola? -realmente no llegué a combatir… porque me hirieron…- ¡Cómo al indio! lo que es la vida... ¿Dónde le alcanzarían? Cuando correteó desnudo por el parque no vi nada fuera de lo normal. Aunque sus heridas de guerra, no serían precisamente, lo que llamasen mi atención. Me reí yo sola tras ese pensamiento, volviendo a cerciorarme de que, tiraba de mí para salir de la tienda. Insisto... ¿Y la pistola? ¿Y por qué el indio echaba humo por las orejas? ¿Acaso se creía el único herido en la guerra? ¿Le molestaba? Habrase visto...
-¡Salid de mi tienda!- gritó casi en mi oído el hombre ¡Qué modales! Arrojó algo contra el joven. Horrorizada, vi como lo esquivaba fácilmente. Aún estaba en forma a pesar de los años. Porque supuse que le entrenarían, para ser soldado ¿O no?

-¡Mira dónde me metes!- me arrastró hasta la calle, quedando frente al escaparate de la tienda. Estaba furioso. Pero yo no tenía la culpa de que ese hombre perdiera los estribos sin razón alguna. Puede que perder el brazo, fuese consecuencia de su demencia. El joven estaba histérico por el comportamiento del tendero. O por el mío, no lo supe a ciencia cierta. Pero al mirar a través de la cristalera vi que sostenía... a ver a ver... ¡La pistola! ¿Al final nos daría el arma? No. No era eso. Apuntó a nuestra cabeza -¡Pero…!- Sí, porque Memphis se agachó, cayendo sobre mi. Cubrió mi cuerpo con el suyo y los cristales del escaparate estallaron sobre nosotros -¿¡Qué te pasa loco, quieres matarnos!?- me arrastré junto a él, por el suelo para salir de allí. Si alguna bala me tocaba, poco me haría. Pero sería terrible si Memphis terminaba herido. De pronto, la paranoia cubrió mis ojos ¿Se habría cortado con algún cristal? Olisqueé mientras me arrastraba -¡No eres bienvenido aquí!- no, no se cortó. Menos mal, "uff" –Vámonos de aquí ¡ya!- gran idea...

-Encontraremos otra tienda - Me llevó hasta un callejón. -Te lo prometo - y luego me tiró contra un montón de cajas -¡Oye! ¡Con delicade...!- puso una mano sobre mi boca -..hum! - fue lo único que pude expresar ¿Por qué me tapaba la boca? -Shhh! - Oh... Dios... mío... sentía cada latido de su corazón en la punta de cada dedo que cubría mis labios. Las pulsaciones estaban disparadas, llegando a rozar un ritmo insospechado que nublaba mi cordura. Cerré los ojos, abrí la boca e hinqué el diente sobre su piel, mordiéndole uno de los dedos. La sangre brotó de inmediato y pude saborear el manjar por unos segundos. Lo que él me dejó porque, tubo que sentir aquel pinchazo, igualito al de una abeja -Perdonar, monsieur - susurré entre aspavientos, apartándome de él -Pero... es que... - como expresárselo sin que se lo tomase mal -¡No sois nada precavido! - ahora fui yo quien tapo mi boca, porque subí la voz unos tonos por encima de lo estipulado. O de lo que me estipuló él -Perdón... - volví a susurrar, dándome cuanta del grito - Pero es que... me resulta difícil estar callada ¿No os pasa? Cuanto más nervioso estáis, más habláis ¿No os pasa? A mi me pasa siempre - Asomé la cabeza para ver si el tendero se había marchado e intenté borrar el sabor de su sangre de mi lengua. Efectivamente, se fue.

Me sentía fatal. No supe que cara expresar cuando volví a mirarle. Pero temí ponerme a llorar -No os enfadéis - supliqué sin esperanzas -Siempre se enfadan conmigo. Y yo no hago mal a nadie. De verdad, monsieur, de verdad que no hago mal a nadie, de verdad - repetí una y otra vez, de manera incansable y me acerqué a él, con intenciones de coger su mano -uy no, esa no - cerré los ojos con fuerza negando con la cabeza, al ver que era la mordida. Cogí la otra y me arrodillé frente a él con el tembleque en el labio -Una vez un chico me pregunto que donde estaba el Bulevar Sébastopol. Pero no era Sébastopol. Era Haussmann, el que buscaba. Pronunciaba fatal. Yo le entendí mal y le llevé a Sébastopol y, de verdad que no lo hice adrede, de verdad, pero le llevé a Sébastopol y... - yo insistí. No quería parecer pertinaz, pero necesitaba pedirle disculpas porque siempre me lamenté de todo lo que le sucedía a la gente que me rodeaba - el quería ir a Montmartre y yo pensando que buscaba Châtelet. Es una plaza muy bonita ¿Pero cómo iba a saber yo que era Montmartre y no Châtelet? ¡Entendí Sébastopol y no Haussmann! le atropelló un carromato... - una lágrima se deslizó por mi rostro al fin -Y yo me sentí fatal, porque si hubiésemos ido a Haussmann, ahora estaría vivo.

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Mensaje por Tristán Evans el Mar Feb 08, 2011 10:44 pm

¿Le habríamos dejado atrás? Espere que así fuese. Aunque… ¿cómo no iba a oírnos si sentía mis pulsaciones hasta en la boca? Se podía masticar hasta mi mismísimo corazón… Eché la cabeza hacia atrás recuperando un poco de ese aire que se me había escapado de golpe tras la inesperada carrera. Intenté no jadear, pero uno ya tiene su edad. La vida que llevaba no corría en mi beneficio, un día de éstos caería en la primera farola que pillara… ¿importaría algo? “¿De verdad?” ¿A caso tenía algo que pudiese perder? No encontré nada en mi listado, así que lo lancé con violencia contra la esquina solitaria de mi subconsciente. Al tragar, sentí algo extraño, como si un insecto me hubiese picado, no…peor, ¿cómo si me hubiese pillado un dedo con una puerta? Algo por el estilo. Giré la cabeza para ver qué demonios me había pasado ¡A mí! El de la suerte de Oro, ese mismo. Achiqué los ojos sin poder creerme lo que veían mis ojos. Una mueca de lo más paradójica se formó en mi rostro a una velocidad de vértigo. -¡Tú!- mascullé sin comprender. -Perdonar, monsieur – Susurró, yo dejé de mirarla, apartando la mano con brusquedad, pues quise ver lo que me había hecho, aún tenía sangre, apreté el dedo con mi mano, sería lo más inteligente ¡Mis manos! ¡Mis dedos! ¡Ellas son mi vida, ellas me dan la vida! ¿A qué mente retorcida se le ocurriría…? ¿Y todavía me lo seguía preguntando? -Pero... es que... – es que ¡nada! -¡No sois nada precavido! – Formé un “¿qué?” con los labios. Miré a los lados del callejón paranoico. Ahora con la tontería darían con nosotros. Espera… ¿precavido en qué sentido? ¡No había quién la entendiera! -Perdón... Pero es que... me resulta difícil estar callada- Enarqué una ceja estupefacto. ¿Qué tenía que ver eso con lo que acababa de suceder? ¿Pretendía que lo pasase por alto? ¡Claro! ¿No? Las mujeres siempre andándose por las ramas ¡Eso les encanta! Llevarnos a su terreno y manejarnos a su antojo, ya me entendéis. Hubiese gritado encendido, pero tenía que usar un poco la cabeza…ya que al parecer era yo, el único que la estaba utilizando esa noche, para bien o para mal.- ¿No os pasa? Cuanto más nervioso estáis, más habláis ¿No os pasa? A mi me pasa siempre –Me iba a estallar la cabeza, eso sí que me pasaba. Yo no era un tipo parlanchín, si lo quieres llamar así, hablo lo que tengo que hablar, a veces más o menos ¡pero demonios! Vuelvo a repetir ¿De dónde había salido ésta criaturilla? Y no le contesté a nada, porque vi que estaba demás. -No os enfadéis – ¿Enfadarme? Repetí irónico en mi cabeza. -Siempre se enfadan conmigo.
-No me extraña…-murmuré por lo bajo.- Y yo no hago mal a nadie.- Lo que me había pasado en mi primer día en las Américas muy normal no debía ser, aquí tirado en el suelo, empapado de pies a cabeza, y casi sin dedo…- De verdad, monsieur, de verdad que no hago mal a nadie, de verdad – Apreté los labios, moviendo los dedos de mis pies. Me quería ir al hotel, a bañarme y dormir hasta reventar. Al inclinar levemente la cabeza vi como quiso acercarse. Si la niña era muy cariñosa…si ya lo sabía yo. Lo había padecido incluso. -uy no, esa no – Ni en esa, ni en ninguna primor. Pensé con una sonrisa arrogante. ¡Pero dio igual! Ella me cogió la otra ¿tenía escarcha en las manos o qué? Suspiré agotado cuando se colocó ante mí. ¿Por qué no asumía que se había equivocado y ya? -Una vez un chico- no puede ser…- me pregunto que donde estaba el Bulevar Sébastopol.- abrí los ojos simulando estar sorprendido.- Pero no era Sébastopol. Era Haussmann, el que buscaba.-qué mala suerte…sí.- Pronunciaba fatal. Yo le entendí mal- ¿Cómo no?- y le llevé a Sébastopol y, de verdad que no lo hice adrede,- Adrede nunca, claro.- de verdad, pero le llevé a Sébastopol y... el quería ir a Montmartre y yo pensando que buscaba Châtelet.- Me he perdido mujer.- Es una plaza muy bonita ¿Pero cómo iba a saber yo que era Montmartre y no Châtelet?- Me encogí de hombros con una sonrisa circunstancial.- ¡Entendí Sébastopol y no Haussmann!- Parpadeé atónito. Menudo berenjenal de nombres.- le atropelló un carromato... – Iba a comentar algo hiriente, cuando vi algo húmedo recorriendo su mejilla. El callejón estaba muy oscuro para quedarme con los detalles. -Y yo me sentí fatal, porque si hubiésemos ido a Haussmann, ahora estaría vivo.- Como si un complejo dispositivo se hubiese accionado en mí, mi mano derecha se alzó, y las yemas de mis dedos recorrieron su mejilla. Mis dedos descendieron de nuevo hasta las fauces de aquel pequeño insecto ¿me mordería ahora?
–No vale de nada ahora lamentarse por eso.- Las textura de sus labios era suave, aparté poco a poco los dedos. – Eres bienintencionada, no me cabe duda alguna, pero hay veces que las cosas se escapan de nuestras manos y nuestra comprensión, por eso hay que dejar que sucedan ¡sin más! Que ese joven muriese, escúchame, no dependía de ti. Ocurrió y punto. No te culpes por ello.- ¿Bastaría? ¿Mi planteamiento era lógico? Intenté expresarlo lo más calmado posible. Por lo menos vi que se arrepentía de sus traspiés. -¿Ves esto?- Levanté la mano herida a la altura de sus ojos. –De esto sí tendrías que culparte.- Me incorporé, ayudándome de los ladrillos que sobresalían, quedando de pie. -¿Qué fue? ¿Alguna muestra de cariño? ¿Me lo había buscado, tal vez?- la puse levanté del suelo agarrándola del brazo, y la retuve así. -¿Te gustó? Seguro que sí.- La miré con intensidad. Era curiosa la niña, vaya que si lo era. -¿Me permites?- pregunté acercando su rostro al mío, localizando sus labios. Contuve una sonrisa despampanante. ¿Por qué siempre terminaba con los mismos juegos? Hay quienes no cambian. –Quizá quisiste hacer esto…- al punto de terminar la frase mis labios habían contactado con los suyos, fue lo más inocente del mundo, o por lo menos por mi parte, aunque debo reconocer que me tuve que apartar para que aquello no fuese a más…que ya me conocía. Sólo pretendía reírme un poco. Cuando me separé, le quite toda la importancia metiéndome las manos en los bolsillos. Una risilla liviana me sobrevino.
-¿A quién culpo ahora de eso? ¿Eh?- Le di la espalda comenzando a caminar en dirección al hotel.

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Mensaje por Eva Lavant el Vie Feb 11, 2011 4:36 am

Levanté el rostro con parsimonia, en cuanto noté sus dedos cálidos atravesar con suavidad mi carrillo. Cuando se descolgó hasta mis labios, abrí la boca en forma de "o" chiquita ¿Estaba loco? –No vale de nada ahora lamentarse por eso.- le miré directamente a los ojos, paro no cometer ningún asesinato contra ese dedo inocente. Hasta que lo apartó de mí, a un ritmo tardío que procesé como interminable – Eres bienintencionada, no me cabe duda alguna, pero hay veces que las cosas se escapan de nuestras manos y nuestra comprensión, por eso hay que dejar que sucedan ¡sin más! Que ese joven muriese, escúchame, no dependía de ti. Ocurrió y punto. No te culpes por ello.- ¿No era culpa mía? ¿Y de quién entonces? -Y punto... - repetí en un murmullo, intentando convencerme. Pero aquella frase se me antojaba extraña ¿Por qué manifestaba aún, intenciones de ayudarme? No comprendía... Después de toda la noche de sufrimiento, que supuse, que padeció. Increíble... A eso le llamó yo resistir sin rendirse. O valentía. O un buen soldado. -¿Ves esto?- miré. Su dedo. Que horror. Menudo bocado le pegué... –De esto sí tendrías que culparte.- suspiré a pequeños golpes. Para los oídos habría parecido un llanto minúsculo. Pero esta vez no lo hice. No me quedaban lágrimas -¿Qué fue? ¿Alguna muestra de cariño? ¿Me lo había buscado, tal vez?- cuando se levantó del suelo, alcé el rostro sin quitarle los ojos de encima, mirándole desde abajo, con las manos rodeando mis rodillas ¿Qué si se lo buscó? No sabría contestarle... A mi favor diré que, olía muy bien, sabía muy bien y... y... suspiré de nuevo a golpes, mirando una ventana cerrada, llena de mugre, de un cuarto piso. Me pregunté por qué recórcholis pensaría que aquel ataque era una muestra de cariño. A este chico... ¿Qué le iba?

Ay Caray... de nuevo quedé frente a él, porque me levantó tirando de mi brazo -¿Te gustó? Seguro que sí.- ¿Gustarme? ¿En qué sentido? Rico estaba... y era cuco. Como un trocito de cielo. ¿Por qué me miraba de esa forma? que intenso... Abrí los ojos de forma extrema, desconociendo lo que pasaba por su cabeza ahora. Siempre quise leer la mente. Pero mi mentor no me enseñó demasiadas cosas, en referencia a los dones oscuros. Me enseño otras, en cambio. Otras más... bueno... Digamos que, pasé la mayor parte del tiempo al pie de su cama. Resumido queda -¿Me permites?- inmediato fue su acercamiento. Me quedé mirando su nariz, quietecita. De reojo mis pupilas oscilaron a la izquierda. Y luego a la derecha. Y luego a su boca. A la izquierda, a la derecha, a su boca. Izquierda, derecha, boca... –Quizá quisiste hacer esto…- nunca se me pasó por la mente cruzar esa linea xon él. Que mi boquita de piñón terminase pegada a la suya de melocotón -humm... - murmuré sumisa y absorta en el cálido terrón de azúcar. Tengo que reconocer que... me gusto. Sí. Me gusto. Me gustó mucho. Cuando se apartó, como si no hubiese sucedido nada, me descolocó de inmediato su postura -¿A quién culpo ahora de eso? ¿Eh?- Sólo a él. Yo no hice nada para merecerlo. Y sin embargo, allí se me quedó su fogaje. En la punta de los labios aún reciente. Luego me dio la espalda, para no volver a mirarme supuse.

-Ya se lo que pasa aquí - caminé con rapidez, como si me teletransportase, hasta quedar a su lado. Con la cabeza gacha y los brazos tras mi espalda, caminé en su dirección, pegando codo con codo -No hace falta que digas más - le miré con la misma intensidad -Te has enamorado de mí. Lo se... - volví a dejar caer la vista en el suelo, retraída -No pasa nada. Salvo por un pequeño detalle - suspiré dispuesta a contárselo, sin dejar que mi mirada mostrase algún sentimiento lúgubre -No soy como tú - y no me refería a que, no fuese calcita -Mi piel es fría... mi rostro blanco... - ¿Encajaría las piezas en mi adivinanza? ¿O no tenía ni idea de la existencia de un ser como yo? -Te he mordido - le recordé, como quien se acuerda de comprar pan a última hora -Mira mis colmillos - se los enseñé, subiendo el labio superior ayudándome de un dedo, con mucha naturalidad -¿Lo entiendes? - le miré circunstancial -C'est la vie... una expresión de lo más francesa.


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Mensaje por Tristán Evans el Sáb Feb 12, 2011 5:13 pm

-Ya sé lo que pasa aquí – ¿Y qué es? Puse los ojos en blanco cuando llegó a mi altura, no dejé de caminar, se había obsesionado conmigo. Se me pegó como una lapa. ¿Me había entendido mal? -No hace falta que digas más – Giré con vehemencia la cabeza. Mejor, no tenía ganas de hablar. -Te has enamorado de mí. Lo se... – Arqueé las cejas boquiabierto. Fue lo más gracioso que había escuchado en mi vida, no me salió ni la risa, fue demasiado bueno para ser cierto. -No pasa nada. Salvo por un pequeño detalle – A ver…qué sería. -No soy como tú – Obvio. -Mi piel es fría... mi rostro blanco... – Ajam. -Te he mordido – Ajam. -Mira mis colmillos – La miré por pura educación, qué graciosa es. Ajam.- ¿Lo entiendes? – Parpadeé despacio, por no entender no entendía nada esa noche. -C'est la vie...- ¿Cómo debía comportarme? ¿Cómo realmente soy…o como ella me veía? Hacer o no hacer otro paripé, esa es la cuestión. La última vez me había pillado engañándola, pero ya me daba todo igual, por un poco más ¿qué me podría pasar?

–Es cierto.- Me llevé la mano a los ojos. –Me estás diciendo que no estamos hechos el uno para el otro…- casi gimoteé, lamentable incluso para mí.- y que me tenga que enterar así…- Exclamé fingiendo estar molesto. -¡¿No me quieres?! ¡Dímelo ya! - la sacudí por los hombros, con cuidado, abriendo mucho los ojos para dar más credibilidad al asunto. Qué capullo llegaba a ser. – Esto es nuevo para mí… ¿También sientes lo mismo?- pegué mi mejilla con la suya, mirando los edificios que quedaban en frente. Qué fresquita estaba ella. –Eva…- se me crispó la cara cuando pronuncié por primera vez su nombre, ese nombre que me traía tantos malos recuerdos. Apreté más sus hombros sin darme cuenta. -¿Por qué siempre termino así?- ¿estaba fingiendo todavía? Da igual, no quise pensar en eso. Estiré los brazos completamente alejándola de mi cuerpo. -¡Por qué mundo cruel!- ¿Suficiente? No estuve seguro. Solté sus hombros ¿y ahora qué? ¿Me arrastro por el suelo…por el muro? No me apetecía, estaba falto de energías y de ganas, encima tenía hambre, mucha. – ¡Si no tengo tu amor…- ¿dónde podría parar a comer algo a estar horas?- moriré!- Un filete o algo por el estilo… me vino un olor a fritanga. Se me hizo la boca agua de imaginármelo, incluso me brillaron los ojos.

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Mensaje por Eva Lavant el Mar Feb 15, 2011 4:55 am

[off: ñ.ñ ains... xDDDDDDDDDDDDDDDD ]

Lo que es la vida... Solté un suspiro minúsculo. Un hilito de aire, que se coló entre mis dientes. No pudo enamorarse de otra. No... apreté con fuerza los músculos de mi cara. Tuvo que ser de mí. Pobrecillo... Cerré los ojos con lentitud compungida, invadida por una serenata melancólica. Incliné la cabeza hasta dejarme caer sobre su hombro, pausadamente. Que calentito... me tapé la nariz con la misma parsimonia, utilizando dos dedos, para no oler su fragancia –Es cierto.- asentí con los párpados aún clausurados –Me estás diciendo que no estamos hechos el uno para el otro…- le miré por el rabillo del ojo. Como lloraba... Que angustia... Tampoco dije que no estuviésemos hechos el uno para el otro. Sólo que era poco saludable que compartiese fluidos conmigo. Nada más... Amarré mi brazo al suyo sin llegar a estrujarlo, No quería rompérselo. Menphis seguía llorando. Y yo... yo no quería mirarle para no ser presa del llanto también. -y que me tenga que enterar así…- si que conocía mi especie: la vampírica. Sus palabras me lo confirmaron enseguida. Intenté calmar su estado de ira, dándole unas palmaditas en las espalda de consolación, soltándome de su brazo para mi anhelo -Lo se... lo se... - Poco sirvieron mis intentos por mitigar su aflicción. Apreté la mandíbula para no echarme a temblar y que no me costase hablar, en el caso de que tuviese que responderle -¡¿No me quieres?! - bueno... esa es una pregunta... -¡Dímelo ya! - ¡Recórcholis! Que susto. Menos mal que no podía morir de un infarto. Me sacudió por los hombros ante mi mirada sorpresiva – Esto es nuevo para mí… ¿También sientes lo mismo?- que piel tan dura... que cosas me decía... Sus palabras conseguían emocionarme sin esfuerzo. Resultaba complejo distinguir el amor del deseo. Los vampiros nos movemos por impulsos generados por el momento. Pero le deseaba más que nunca ¿Por eso no le dejaba marchar? ¡Claro! lo que es la mente... como actúa sin darnos cuenta. Que cosas...

–Eva…- pronunció mi nombre con dolor. Como si se le removieran las entrañas de sólo pensarlo. Durísimo... sostuvo mis hombros con más firmeza -¿Menphis...? - a lo que yo pegué mis manos a su espalda, regulando la intensidad del golpe. Suerte que estaba afectada y me costaba moverme, porque le habría incrustado las uñas, destrozándole la columna -¿Por qué siempre termino así?- ahora me alejaba de él, sin poder aguantar tenerme cerca. Me sentí la vampira más maligna del mundo mundial. Luego fruncí el ceño con tormento, repitiendo aquella pregunta retórica una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez... ¿Era mi impresión o... tenía música? -¡Por qué mundo cruel!- ¡Ay, mi madre! ¡¿Y ahora qué?! me soltó. Parecía un desperdicio – ¡Si no tengo tu amor…- deja de temblar, condenado labio... - moriré!- ¡No! ¡Qué horror! me llevé las manos al rostro con la boca abierta ¡Morir de amor! ¿Se podía morir de amor? me pregunté pensativa, cruzándome de brazos. No lo se.

-No soporto verte así... - me eché a llorar por fin. Yo era inconsolable a estas alturas. Le abracé con ímpetu. Tanto que caímos al suelo -¡Perdón, perdón perdón! - me disculpé una y otra vez para volver a llorar en su hombro, despegando su espalda de la acera, para dejarle sentado. Yo sobre él, pensé algún plan de salida -Se me ocurre una idea - gimoteé, secándome las lágrimas. Apenas mi rostro estaba mojado ¿Por qué sentía que había llorado ríos interminables? -Podemos tener un amor casto y puro... - susurré emocionada por la idea con extraña fascinación -Así podríamos seguir juntos y no correrías peligro- ¡Qué gran idea! -¡Es una idea genial! ¿No crees? ¡Sí! ¡Sí que lo es! ¡Y bonita! ¿No te parece bonita? A mi me parece preciosa. Preciosa como la flor que me has regalado - me alejé para besarle en la punta de la nariz sin soltarme de su cuello -Eres un primor... - sonreí pegando mi rostro al suyo y balanceándole entre mis brazos, como si fuera un suave y delicado osito de peluche -De peluche...


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Mensaje por Tristán Evans el Miér Feb 16, 2011 1:32 am

¡Válgame! La que se me venía encima“Ahora te aguantas” ¿Qué iba a hacer ahora? -No soporto verte así... – Todo lo que ocurrió lo achaqué al hambre. Si prometía dejarme en paz le invitaría a cenar. Eso sí que era un buen plan ¿verdad? Y de pronto sus brazos me rodearon…y ¡cómo no! Me tiró al suelo, para no perder práctica; a ese suelo limpio y blando… donde siempre desearías caer, en ese mismo. ¡Se me quedó una cara! Llorando a mares que estaba la criatura. Sí que le había afectado toda mi representación de títeres ¿Alguien todavía duda de mi maestría? ¿Sí? ¡Será posible! -¡Perdón, perdón perdón! – Suspiré con pesar. Ay qué llorera le había entrado. Fue como regresar a las interminables noches en las que mi hermana lloraba en sueños, cuando mi padre le castigaba sin cenar, por no componer algo en condiciones. Pero si ese era el precio que teníamos que pagar por convertirnos en lo que a día de hoy éramos, lo veía bastante justo, a mi juicio, claro. Porque a mí nunca me castigó, siempre fui el favorito, aunque nunca me lo dijesen. Y ahora… allí, derribado, le daba pequeños toques en la espalda, para intentar calmarla, aunque sinceramente no sabía qué tenía que hacer. -Se me ocurre una idea – Una idea para ¿qué? -Podemos tener un amor casto y puro... – Al final me mataría. Yo mismo me bloqueé para no mearme de la risa. Un amor casto…y puro, casto…puro…amor. Redundé de seguido. No me encajaba, aún variando el orden de las palabras. Achiqué los ojos, tomando un poco de aire. De verdad que no conseguí encontrar las palabras idóneas para esa situación ¡disparatada y anómala! Pero a ella pareció encantarle la idea. -Así podríamos seguir juntos- ¿Perdón?- y no correrías peligro- ¿Peligro? Negué bruscamente con la cabeza. La chiquilla me descolocaba con suma facilidad. -¡Es una idea genial! ¿No crees?- Separé los labios, y dale, que no podía pararle los pies.- ¡Sí! ¡Sí que lo es! ¡Y bonita!- Eso sobre todo.- ¿No te parece bonita? A mí me parece preciosa.- Quise llorar, por mi propio error. Para que os hagáis una idea los tenía de corbata. Ya no le vi la gracia al asunto.- Preciosa como la flor que me has regalado – Y ahora ¿Ñoña? ¡Por favor! Miré hacia arriba ¿quién me sacaba a mí de esto? ¿A quién tendría que rezarle? ¡Por el amor de Dios! Arrugué la nariz cuando dejó caer un beso justo ahí. “¿Creías acaso que ya lo habías aprendido todo?” Ni de lejos, maldita sea la vida. -Eres un primor... – ¡No, no lo soy! Pareciera que estaba sonriendo, pero no, aquello era peor que una tortura. Yo mismo me había guillotinado. -De peluche…- Abrí los ojos asustado. Yo creo que ya está bien…Así con firmeza sus hombros.

-¿Te estás riendo de mí? ¿Es que crees que soy idiota?- pregunté con seriedad. –Yo te abro mi corazón…- “Idiota…y te quedas corto” ¡Joder! Tenía que superar sus burradas de alguna manera, para no empeorar las cosas, era…buena chica en el fondo “¿Desde cuándo te importa desilusionar a la gente?” También tienes razón. Pero estando aquí… ¿por qué no “cambiar”? Nadie se enteraría. –Y tu manera de no hacerme más daño…es recurrir a lo del amor casto y puro.- ¿Me hago el dolido? ¿El cliché de pobrecito que nunca ha tenido éxito en la vida? Será divertido “¿Divertido? Estás fatal.” –Genial…precioso, como dices tú.- Pues no sé qué se me da mejor, decepcionar, o martirizar al personal. Qué completo soy, madre mía. –Pero… no estaré aquí por mucho tiempo…y no sé si…funcionará. No podría soportar la distancia.- ¿Va bien? Aferré su cuerpo entre mis brazos para ponernos de pie, me costó lo suyo con ella encima. –No te apenes por mi…tengo que superar que nunca serás mía, dame tiempo.- Vale ¿cuál era mi intención con todo esto? Fácil…Quería asustarla ¡Yo me asustaría! También podría ponerme violento, autodestructivo o hacerle creer que estaba loco. Y ahora ¿cómo la iba a dejarla sola? Una mala jugada la tiene cualquiera. La cogí de la mano, y comencé a caminar por la calle, buscando alguna panadería libre… -Sé cómo poder aguar mis penas.- vislumbré una pequeña cafetería al final de esa misma avenida. Al llegar me quedé mirando el escaparate, lleno de lo que te pudieras imaginar, de vez en cuando echaba un ojo a la joven, para que no sospechase nada. – Me harías tan feliz si me acompañases.- Me daba de cabezazos en mi subconsciente. El hambre lo justifica ¡todo!

[off: Qué booonito, lo sé xDDD]

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Mensaje por Eva Lavant el Jue Feb 17, 2011 4:38 am

No estaba muy contento con mi idea. Pero... ¿Por qué? no lo entendí ¿Tan materialista era? -¿Te estás riendo de mí? - me puse sería. Me había retirado de él una vez más por los hombros -¿Me has visto sonreír? - contesté con sequedad. No me gustó nada su tono -¿Es que crees que soy idiota?
-¿Cuándo te he llamado tal cosa?

–Yo te abro mi corazón…- yo no te abro en canal... Eso no lo dije. Sólo lo pensé. No quería traumatizarle –Y tu manera de no hacerme más daño…es recurrir a lo del amor casto y puro.- ¿Qué tenía de malo? ¡Ah si! recordé, de inmediato: en una ocasión dijo que no le importaba la esencia del otro. Sólo la suya ¡No se puede tener todo en la vida! Era una lección que debía aprender. Y yo le haría entrar en razón para que se le grabara a fuego –Genial…precioso, como dices tú.

-¡Oye! - seguía con eso tono de rintintín. Me estaba decepcionando su comportamiento poco maduro ¿Cuántos años tenía? ¿nueve? –Pero… no estaré aquí por mucho tiempo…y no sé si…funcionará. No podría soportar la distancia.- De pronto lo entendí todo. Sólo hizo falta que me estrechase entre sus brazos porque ¿Cuándo volvería darse tal caso? Estar tan cerca... Tenía razón. Él vivía allí, en América. Y yo en Francia. Países diferentes, regiones diferentes, culturas diferentes... –No te apenes por mi… - cómo no hacerlo... –tengo que superar que nunca serás mía, dame tiempo.- agarró mi mano y empezó a caminar. Yo le seguí mirándole con interés ¿Qué pretendía hacer ahora? ¿Dónde me llevaba?
-Sé cómo poder aguar mis penas.- espero que con la bebida no... –Me harías tan feliz si me acompañases.- Miré a mi alrededor. Donde nos encontrábamos ahora ¿Quería invitarme a cenar? A este chico no había quien le entendiese ¿Tenía memoria a corto plazo? ¿Poca capacidad de decisión? O simplemente... ¿corto de entendederas?

-Nuestro amor es imposible. Ahora lo entiendo ¡Trágico! Como Romeo y Julieta... Como Don Juan y Doña Inés... Como Werther y Lotte... Como Tristán e Isolda... - Sí. Muy corto de entendederas. Tenía que serlo, porque me llevó delante de un escaparate repleto de comida. A mí. A una vampira ¿No se supone que sabía que estaba muerta? ¿O sólo pensé yo, que lo sabía? No es posible... negué furiosa -Cómo te atreves... - susurré con lentitud enfurecida, cerrando los ojos. Como si contuviese una vorágine apocalíptica. Quizás sólo desease pasar aquella noche conmigo, siendo la primera y la última. Porque no pude asimilar otra posibilidad, salvo la de que estuviese hambriento. Tras pensarlo con detenimiento, quise aclararle el malentendido. Sólo cuando conseguí serenarme -Yo no como pan - de pequeña comía en abundancia, porque decían que te crecían los pechos. Pero siempre creí que era un cuento chino, porque nunca surtió efecto. Pero ¿Ahora? ¿Pan? -Aunque si tú tienes hambre... podemos entrar - sería eso. Que lastimita. No me fijé en ese detalle de antemano. Pero el chico debía estar extasiado. Después de beber toda la noche, caminar de un sitio a otro, caer en un río, salir corriendo de la tienda de un hombre armado, cuyas balas esquivó... ¿Cansado quizás? es difícil seguir mi ritmo. Además yo sobrevivía con ventaja -Te acompaño - me apiadé -Pero sólo puedo hacerte compañía. Me gusta ver a la gente comer - disfrutaba con ello. Y que no se quejase ni un humano. Lo que daría yo por comerme un trozo de pan...

Entramos en la tienda y me puse a tocar toda la comida, porque me gustaba su textura. Vi barras, baguettes, panecillos marrones espolvoreados de harina y hasta uno con forma de pecho ¿Quizá debí comer ese de niña? Lo señalé con el dedo mientras tiraba de la chaqueta de Menphis para que lo mirase. Era graciosísimo.


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Mensaje por Tristán Evans el Mar Feb 22, 2011 3:00 am

-Nuestro amor es imposible.- Bien, a partir de ahí todo iría como la seda.- Ahora lo entiendo ¡Trágico!- Asentí ligeramente sin dejar de mirar por el escaparate.- Como Romeo y Julieta... Como Don Juan y Doña Inés...- Igual, no hay más que vernos.- Como Werther y Lotte... Como Tristán e Isolda... – Manifesté una espontanea sonrisa, que borré de inmediato, a ver si se iba a pensar que me lo estaba tomando a cachondeo, que sí…pero por la cuenta que me traía sería mejor no tentar más a mi suerte. La locura podía hacer acto de presencia de un momento a otro, y no… estaba cansado para revolcarme de nuevo por el suelo. La visualicé por el reflejo del cristal “¿qué cojones le pasa ahora?” -Cómo te atreves... – Me sentí ofendido, y eso ahora a cuento de qué, maldita sea. Torcí el gesto, conteniendo mis impulsos más rastreros. Apreté la mandíbula provocando un sonido atrapado. Me quedé en silencio. Me daba igual comer solo, que quede claro. Nunca pretendí ser su “niñera”, qué ridiculeces se me pasan por la cabeza.

-Yo no como pan – ¿Se creía que había insinuado que estaba gorda? Lo digo porque ya me había topado con un puñado de mujeres que ¡madre mía! Con las tonterías de la alimentación ¡pues no comáis! Más para mí, que agradecidas siempre. -Aunque si tú tienes hambre... podemos entrar – Claro que entraremos ¿No era obvia la razón por la estábamos delante de la tienda? ¡No! Aquí no se debe dar nada por hecho. -Te acompaño – Me encogí de hombros, dispuesto a abrir la puerta de cristal. -Pero sólo puedo hacerte compañía. Me gusta ver a la gente comer – Aunque me pareciera una falta de respeto tener a alguien mirándome con fijeza mientras comía, la verdad es, que después de lo que había ocurrido, lo del respeto me la traía al pairo, y una extrañeza más de la niña, no destacaría sobre el resto de traspiés de la noche.
El calor humeante de la tienda no tardó en respirarse. Se podía comer nada más con el olfato. Caí rendido en una de las sillas de madera que decoraban la arinada panadería. Giré la cabeza, y vi a la chiquilla tocando la comida ¡la comida, joder! Busqué a la dependienta con los ojos, no quería pagar todo aquello por su culpa. Por suerte la mujer quedaba de espaldas. ¿Me estaba tirando de la chaqueta? Señaló uno de los redondos panecillos, forcé una sonrisa, a ella le resultaba de lo más gracioso ¿por qué? ¡Si lo supiera, tendría que hacermelo mirar!

-¿De eso quieres? No ¿verdad?- Pues ya está. Suspiré llamando la atención de la mujer que se escondía tras la magnífica variedad de postres que preparaban, no se lo montaban nada mal los americanos. –Sí…- carraspeé, hasta que la mujer no tuvo más remedio que girarse. –Dígame usted.- su voz chirriante se introdujo en las profundidades de mi querido oído sensible. Nos miró a ambos con una extraña expresión, yo por mi parte no quería más broncas, odiaba que me mirasen así, pero lo dejé correr. Y me pregunté si sería la primera vez que presenciaba algo tan deplorable, a altas horas de la noche ¿Nunca entonces? Qué raro. –Uno de esas.- señalé un irresistible pastel de chocolate, decorado con unas líneas naranjas de lo más tentadoras. La sensación de comer cuando tienes hambre, y que además sea una delicia para el paladar y la vista ¡no se paga con dinero! La angulosa dependienta me partió muy amablemente una porción, yo me moría de ganas de catarlo. -¿Ni probarlo si quiera?- pregunté a la joven, cuando recibí el plato, considerable trozo ¡Aquí todo a lo grande! Di que sí. -¿No?- sonreí al enterrar la cuchara justo en el medio, entró sin ningún impedimento. Qué perversiones se me ocurrieron. Los postres son semejantes a 'mi tipo de mujer', dulces en apariencia, pero ¡vaya! lo que me encantaba a mí era que siempre guardan en su interior una sorpresa caliente, que se iba derritiendo hasta el punto de chorrear por todas las plantas de bizcocho; me reí entre dientes mientras rellenaba la cuchara; comienzas a comerte la tarta con un hambre voraz, hasta que desaparece, y solo te queda rebañar el plato, llevarlo al fregadero donde coges otro plato limpio, y te sirves otro trozo de pastel por el placer de probar algo distinto que no acabe nunca. ¡Dios mío! Aquello estaba de vicio, una explosión de azúcar en toda regla, no apta para diabéticos.

–Está demasiado bueno, incluso para ti.- alcé las cejas, tomándole el pelo.-porque ya sabemos qué es lo que te gusta.- O séase yo. Al principio lo cogí con demasiadas ganas, pero debía disfrutarlo, cosa que por mi impulsividad nata, no hago. Hablar entre medias me ayudaría a no zampármelo en un segundo. -¿Tienes casa por aquí cerca? Digo por dejarte sana y salva, arropadita en tu camita.- Hice el gesto de arroparla sonriendo con ganas. Me haría tanta gracia hacerlo. Tenía que recobrar el rol de romanticón para que no se pensase que me estaba riendo de ella, veamos. –No quisiera perderte, ya lo sabes.- ¡Bah! Suficiente. Bastante tenía ya con mi nuevo amor, la tarta.

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Mensaje por Eva Lavant el Miér Feb 23, 2011 4:04 am

-¿De eso quieres? No ¿verdad?- le miré muy quietecita tras girar el rostro con lentitud en su dirección. Petrificada de pies a cabeza con los ojos entrecerrados y los hombros alzados. Como si mi postura siempre hubiese sido esa. Se reía de mí otra vez. Quizás fuese su humor particular socarrón, cuya gracia sólo la entendía él. Porque a mí no me hacía ni pizca. –Sí…-seguí sus movimientos sin que un ápice de molestia desapareciese de mi rostro colérico. La tendera escuchó a mi amigo pasar un pollo que se le habría quedado en la garganta siendo consciente de nuestra presencia en el establecimiento –Dígame usted.- me llevé un dedo a cada oído con lentitud, tras escuchar a la señorita hablar. Era horrible. Ni Dios mismo habría sido capaz de crear a una mujer semejante. Loco debía estar. Borracho lo más probable. Pero ni por nada del mundo dejé de mirar a Memphis. Como si el juicio final se cerniese sobre su cabeza. La señorita estaba confusa pues ¿Cada cuánto se presentarían dos individuos cubiertos de agua hasta las cejas, a estas horas de la noche? Una posibilidad entre un millón.

-No somos pordioseros. Es que nos hemos caído a un río - le aclaré a la tendera para que dejara de mirarnos de ese modo. Pero no pareció complacida con la respuesta –Uno de esas.- y a Memphis le daba igual en cada rugido de estómago que experimentaba en sus propias carnes -¿Ni probarlo si quiera?- mi rostro volvió a cobrar forma, receloso -¿No?- ¿No me ves la cara? Metía la cuchara en el plato y se reía ¿Comer le hacía gracia? Que hombre más desconcertante... Se resbaló un pequeño hilito de chocolate por una de las comisuras. Estiré el dedo para quitárselo y me limpié en una de sus mangas. Total... Ya estaba hecho un asco... No pensé que le importase –Está demasiado bueno, incluso para ti.- ¡Y dale! ¡Que no me tentara! ¡Que no me tentara que me descontrolo y termina esto en un disgusto! -porque ya sabemos qué es lo que te gusta.- ¡¿Pues si lo sabía... por qué diantres seguía restregándome por la geta el pastel?! ¡Albricias!

-¿Tienes casa por aquí cerca? Digo por dejarte sana y salva, arropadita en tu camita.- hipnotizada me quedé mirando sus jugosos labios. Si el pastel estaba rico, su boca estaba de rechupete. Acerqué la silla cada vez más quedándome a poca distancia de él. Como comía... Hizo un gesto, simulando arroparme. Luego dijo –No quisiera perderte, ya lo sabes.- y siguió comiendo sin detenerse.

-Yo no. Pero tú sí - Vine a las Américas a nado. Tardé dos horas y no tenía ni un centavo ¿Para qué quería el dinero? No pretendía quedarme mucho tiempo. Mi encuentro con Memphis fue totalmente inesperado ¿Quién iba a decirme a mí que terminaría en un horno?
Otro hilillo se desprendió de la boca del chico. Volví a realizar el mismo movimiento, limpiándome en él y cruce las piernas meditando la situación -¿Dónde vives? ¿Vives sólo? Yo vivo sola. En Francia - Miré el plato vacío. Aún quedaba crema de cacao y el tenedor había hecho formas sobre la cerámica, extendiéndolo -Un molinillo... - Tenía forma de molino. Como cuando miras las nueves y ves formas. Osos... mariposas... ranas... o casitas -Creo que deberías llevarme a tu casa. Sí... Eso creo... - Quedé fascinada por la idea. ¡Claro! ¿Cómo no se me ocurrió antes? Seguro que a él le encantaría. Así podríamos estar juntos más tiempo.

Me levanté de un salto y me senté sobre sus rodillas retirando la mesa de nosotros -¡Sí! ¡Me llevarás a tu casa! - aunque a la mañana siguiente ¿Qué haría yo? El sol no podría alcanzarme ¡Pero ya me las arreglaría para encontrar un lugar idóneo y que no me iluminase!
La señorita colocaba más pasteles en el escaparate y se dio la vuelta con brusquedad nada más oírme -Me va a llevar a su casa - le aclaré emocionada, como si fuésemos una pareja recién casada disfrutando de su luna de miel. Besé la cara de Memphis por todas partes. Pero la dependienta me interrumpió acercándose a nosotros -Son seis dólares con cincuenta.

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Mensaje por Tristán Evans el Sáb Feb 26, 2011 4:58 pm

-Yo no. Pero tú sí – “Ya sí, bueno, eso no es una novedad”, pensé mientras tragaba. Aún así, no llegué a entender lo que quiso decir ¿Era algún tipo de adivinanza? ¿Alguna ‘gracieta’ de las suyas? Cuando pensé en desistir, su mano volvió a limpiarme, indignándome. Apreté el tenedor con la mirada crispada “Ya estamos”. De seguro que le gustaba tratarme como a un niño de 4 años. -¿Dónde vives?- ¿Tenía alguna relevancia?- ¿Vives sólo?- Asentí de malagana.- Yo vivo sola. En Francia – Ah, sumamente interesante.
¡Un segundo! ¿Con eso quería decir que aquí no tenía ninguna casa? ¿Cómo puede ser posible? “Claro que tendrá una casa… ¿es que estamos locos?”
–Ah…- fue lo único que pude decir. Me concentré en apurar el plato, con la mirada fija en mi labor.
Ni pies, ni cabeza, absoluta locura.
-Un molinillo... – No contesté a su desvarío, me limité a fruncir el ceño. El tenedor quedó en mi boca, dejando la mente en blanco. -Creo que deberías llevarme a tu casa.- Sus palabras casi me atropellaron. -¿Eh?- Se me cayó el tenedor en el plato, por un nuevo brote de nerviosismo.- Sí... Eso creo... – Abrí la boca, esforzándome por gesticular, inútil fue. Llevé la mano a mi frente cuando se sentó en mis rodillas, no quería mirar. ¿Por qué me dejaba llevar por su locura? ¿Por qué todo el mundo había decidido joderme? Las incoherencias se derramaban por doquier.
-¡Sí! ¡Me llevarás a tu casa! –
¿Por qué estaba tan convencida? ¿Por qué se auto invitada? Cielo santo. Sin quererlo me vi cogido por una trampa de oso, pero por desgracia nadie podía escuchar mis gritos de auxilio. “Esta es la consecuencia de tu mentira, ahógate en ella”, eso haría. Apreté mi frente con tesón, dibujando pequeños círculos con los dedos. -Me va a llevar a su casa- ¿Con quién hablaba ahora? Levanté la cabeza un tanto, allí estaba la dependienta, mirándonos “¡por favor, que una rayo me atraviese!” deseé con fuerza. ¿Y qué fue lo que recibí? Una lluvia de besos, que me atontó por unos segundos ¿Qué se le pasó por la cabeza? -Son seis dólares con cincuenta.- Abrí uno de mis ojos, localizando a la mujer. Rebusqué en mi bolsillo billetes y centavos, y lo deje sobre la mesa.

Sostuve a la joven con un brazo, para ponernos de pie.
–A más ver.- me despedí de la mujer con la cabeza más ida de lo normal. Salí de allí como si realmente me echasen. Qué mal cuerpo se me había quedado, tal injusticia para un pastel incomparable. -Tengo… que descansar…- murmuré buscando el camino de vuelta al hotel. –Haz lo que quieras.- determiné resignado. Mejor sería tomar el camino de la derecha. Me metí de nuevo las manos en los bolsillos y empecé a caminar. –No sé lo que estás buscando.- el silencio de mis pasos quedó en tensión. –No te veo muy cansada…Al contrario.- crucé una de las avenidas empedradas. Aceleré el paso, consumado por el sueño. Solo quería que no me diese “la brasa” cuando llegásemos. Quizá se pensaba que me tanteaba la idea de retozar con ella, pero aún queriendo me sería imposible, no estaba yo para sus trotes, que me dejarían, seguro, peor de lo que ya estaba.
Llegamos a la puerta del viejo hotel. –No vivo aquí.- le aclaré, abriéndome paso. –Solo estoy de visita.- Comencé a subir los desgastados escalones, los cuales alguna vez debieron estar barnizados. Los pasillos quedaban débilmente iluminados, podrías creer que alguien te perseguía, con viles intenciones. No, no había elegido el hotel más seguro ¿y qué le hago? Si no ando en mi mejor momento. Abrí la puerta de un solo empujón. Pues aquella mañana al llegar al hotel ya me había dado cuenta que la llave era simple decoro del hotel. –Aquí estamos.- La luz de la calle iluminaba el reducido espacio.
El equipaje seguía tirado en la cama, la caja del saxo, oculta bajo la cama. Parecía que todo quedaba en su sitio. La cama no era muy grande, la verdad sea dicha, pero ella quiso venir, sin preocuparse por estos detalles.
Dejé todo en el suelo para poder sentarme en uno de los extremos. Me quité los zapatos, al igual que lo pantalones, la cazadora, y la camisa. Necesitaba volver a quedar seco, odiaba la humedad. Acerqué la maleta, a mis pies, para buscar entre las camisas unos calzoncillos limpios, me deshice de los que llevaba, y me calcé los secos con torpeza. Después me tumbé bocarriba en la cama, y tan a gusto. Cubrí mis ojos con el antebrazo, predispuesto a caer en un sueño reparador.

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Mensaje por Eva Lavant el Dom Feb 27, 2011 2:46 am

Mi joven amigo sacó el dinero de uno de sus bolsillos y pagó a la tendera. Luego me alzó en pie con ayuda de un sólo brazo –A más ver.- se despidió de ella y del lugar. Yo le seguí -Hasta la vista, Baby - así se decía aquí ¿no? Mi instinto me confirmó, que pasaría la noche con él pues... a buen entendedor pocas palabras bastan, como se dice. Porque no dijo nada -Tengo… que descansar…- le miré. tenía los ojos medio cerrados y parecía ido -ajam... - murmuré dándole la razón –Haz lo que quieras.- retomamos el camino por las calles norteamericanas. Estaba emocionadísima por conocer donde dormía. Y que suerte que él pudiese concebir el sueño, porque no se que iba a hacer yo durante toda la noche –No sé lo que estás buscando.- ¿yo? -Tú casa - contesté confusa en un hilito de voz -Aunque no soy yo la que debe encontrarla - ¿Seguía desorientado? Era vampira pero no adivina -No te veo muy cansada…Al contrario.- uy... mucho tenía que pasar para que yo me cansase...

Cruzamos una avenida y justo al lado un hombre tocaba el violín con una gorra en el suelo. Señalé al músico con el dedo. Bueno sería tirarle, al menos unas monedas. Pero Memphis ni lo vio. Estaba demasiado dormido como para darse cuenta de la música -Mi... - ...ra. Pasamos de largo como si nada. Sin darme tiempo a detenerme. Pues no quería perderle ¿Cómo encontraría su casa si no? –No vivo aquí.- llegamos a un Hotel. Tardé unos segundos en ver la entrada pues mi mirada aún permanecía fija en el músico del violín –Solo estoy de visita.- ¿De visita? ¿De visita a quién? ¿Vivía en otro lugar? ¿A quién había venido a visitar entonces? ¿A su madre? No. Porque se habría instalado en su casa ¿Entonces? Por negocios tampoco. Era excombatiente de la guerra. Seguro que no le hacía falta trabajar, viviendo de las pensiones que el estado le proporcionaba ¿Entonces qué? Oh... Dios... mío... ¡Qué me aspen pues! ¡Ni hablar del peluquín! ¡No podía ser! Miré a Memphis con la boca abierta, sin poder dar crédito ¿Cómo no me di cuenta antes? Y el prometiéndome su corazón, llorando porque no volveríamos a vernos y demacrado por mis proposiciones que tan poco le agradaron.

Subí los escalones detrás de él, con la vista perdida en estos. Vi tres clavos sueltos y la madera totalmente desgastada. Llegamos al pasillo y abrió la puerta de un golpe ¡Pues si que estaba cansado! Tanto que ni siquiera utilizó la llave. ¡Con que gusto cogería la cama aquella noche! Y que conste que no pretendía molestarle en sus sueños profundos. Pero tenía tantas dudas en la cabeza, que no sabría si sería capaz de aguantar hasta la mañana siguiente –Aquí estamos.- La ventana estaba abierta de par en par, ahora insignificante. Pero dentro de unas horas se convertiría en mi mayor enemiga.

Apenas quedaban objetos personales a la vista a excepción de una maleta sobre su cama. Ordenadito era. Me acerqué para mirar lo que tenía dentro -Ropa - que bonita... Y observé como se quitaba la que llevaba puesta y se ponía nueva. La cazadora, los zapatos... La camisa, los pantalones, los calcetines, los calzoncillos... ¡Ay, madre! los calzoncillos. Me quedé mirándole mientras se ponía unos secos ¡Y nada más! ¿Dormía así? Un poco fresco ¿No? Aparté la maleta para dejarla en el suelo y así que pudiese tumbarse. Y eso hizo, llevándose un brazo a la cara, cayendo rendido.

En silencio me quedé mirándole unos minutos. Pero aquella ventana ocupaba por completo mi atención. Achiqué los ojos -Ventana... - La prioridad es la prioridad. Abrí un armario vacío con lentitud, para no despertarle. Pero estaba... eso ¡Vacío! ¿Con qué tapar la minúscula ventana? Miré bajo la cama. Había una especie de... de... No se que era. Parecía un... -¿Maletín? - Agarré el objeto por el asa y también la maleta de Memphis tras cerrarla. Luego coloqué ambos objetos uno encima del otro, tapiando la ventana. Encajaron a la perfección. Ni un resquicio de luz entraría cuando el sol se pusiese ¡Excelentísimo! sobrecogida, me retiré para contemplar desde lejos mi creación. Con las manos alzadas como si acabase de terminar una obra maestras -Ya está... - ¿Y ahora?

Apoyé las manos sobre el colchón para tumbarme a su lado, encontrándolo mullido. Yo dormía en ataúd y ya no recordaba lo reconfortante que podía llegar a ser una cama, por muy pequeña que fuese. Era tan blandita que a la mínima que me moviese todo se agitaba como la gelatina -Memphis - susurré inclinándome hacia él. La cama volvió a tambalearse y de inmediato me quedé quietecita -Memphis - susurré con más aire y con cierto reparo. Pero la duda me atormentaba -¿Has venido a ver a tú amante? - ¿Qué si no? no quedaban más opciones ¡Claro! Él habló de... - ¿Ebba? Has dicho que estabas de visita ¿Es tu amante? - ¿Aún no se había olvidado de ella? que tristeza... pobrecillo -Memphis. No pasa nada. A mí, puedes contármelo - pese a que le diera vergüenza admitirlo. Tanto reparo, como para inventarse esa patraña de la niñera. Pero yo le escucharía. No me importaba ser su paño de lágrimas -Memphis - acerqué mi rostro al suyo con lentitud. Aún susurraba. Su respiración atravesó mi piel como el aire. Pero no para despejarme con su brisa suave. Si no para aturullarme con su delicado aroma. Ahora era yo la que tenía hambre y debía buscar a mi presa, antes de que el chico me sirviese como alimento -Voy a buscar algo de comer ¿Vale? - la cama se agitó de nuevo -Memphis...

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Mensaje por Tristán Evans el Miér Mar 02, 2011 1:43 pm

Hasta que logré quedarme traspuesto, escuchaba cierto ruido, pero ni los ojos quise abrir.
Estaba seguro que de hacerlo me sería imposible dormir, y se lo echaría en cara hasta los restos ¡menudo era yo!.
Se había tumbado en la cama, bien, a dormir, y todos contentos. ¡Ni más faltaba! Pensé que estaría buscando la postura, cuando la cama se movió.
-Memphis – Y de nuevo volvió a agitarse. -Memphis – ¡Dios de mi vida! ¿Qué le pasaba a esta niña ahora? -¿Has venido a ver a tú amante? – Qué deducción más nefasta. - ¿Ebba?- Joder.-Has dicho que estabas de visita ¿Es tu amante?– ¿De dónde se sacó eso, de la manga? La posibilidad es más que absurda. -Memphis. No pasa nada. A mí, puedes contármelo – Sí, justo en ese momento lo que más me apetecía era hablar…qué gran idea. Qué encanto… -Memphis – Hice una especie de murmullo interrogatorio. -Voy a buscar algo de comer ¿Vale? – La madre que me pario.-Memphis...

-¡Sí! Ya te he oído.- Murmuré molesto. -¿Ahora tienes hambre? ¿No? ¡Fantástico!- No podría haber comido conmigo antes ¿Le daba vergüenza? ¡No! ¡Qué va! ¡Ahora, solo para incordiar! ¿Pero qué de extraño tenía ya? –Claro, claro, corre.- me giré para quedar de lado, pegando el oído en la almohada, con los ojos aún cerrados.
-¿Y qué pasa?-
pregunté adormilado.- ¿Estarías celosa si la razón de mi visita fuera esa?- sonreí, aunque se semejaba más a un rictus. –Pues…para que lo sepas, no tengo ninguna amante con ese nombre.- moví la cabeza, ahuecando las plumas.- Ese nombre quedó enterrado en el pasado, y no me agrada que recurras a él, ni que me lo recuerdes ¡Ni nada!- Hombre ¡ya! –De amantes no gasto.-ya suficiente tenía con lo que tenía encima. Mujeres, ese gran desconocido.
-
¿Es que…querrías serlo tú? No…no, claro que no.- respondí rápidamente. –Vacaciones…eso es lo que he venido a buscar aquí.- Pero un tío como yo nunca podía disfrutar plenamente de ellas, imposible. Ya ni sabía cuántos días me iba a quedar por las Américas, pero claro, si me ponía peor de lo que ya estaba, pues el remedio sería peor que la enfermedad, esa enfermedad que tenía nombre propio.
–Te mueres de hambre…-
me pasé la mano por la cara, para volver a dejarla caer. –Ya sabes dónde estoy… No te pierdas.- bostecé esto último, rodeando la almohada con el brazo.

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Mensaje por Eva Lavant el Vie Mar 04, 2011 5:32 am

-¡Sí! Ya te he oído.- bueno, bueno, no nos pongamos nerviosos... -¿Ahora tienes hambre? ¿No? ¡Fantástico!- ¿Por qué le parecía tan mal? ¿Y yo que culpa tenía? ¿Y por qué no iba a comer? claro... como el señorito se metió entre pecho y espalda un pastel de chocolate... Además, que no se preocupase que no tardaría demasiado. Yo no tenía que calentarme la comida. Fresca y del tiempo, como me gustaba a mí –Claro, claro, corre.- ¡Como una bala! me levanté de un salto para buscar mi aperitivo -¿Y qué pasa?- me detuve en seco, como una estatua en plena posición de carrera -Eso - ¿Y ahora que pasa? - ¿Estarías celosa si la razón de mi visita fuera esa?- con lentitud, caminé hasta colocarme en frente de él. Seguía en la misma postura, con los ojos cerrados. Y cada vez hablaba más raro. Como somnoliento ¿Qué yo estaba en celo? ¿O no era eso?

A veces lio las palabras. A veces ser culta es más complicado de lo que parece. Así que puse la mente en marcha. Abrí el primer cajón de archivos en mi cerebro y busqué la palabra:
celo (del singular): Excitación sexual de ciertos animales durante el periodo propicio para el apareamiento.
Ni era un animal, ni me sentía gustosa de tales divertimentos, ni consideré que fuese el mejor momento.
–Pues…para que lo sepas, no tengo ninguna amante con ese nombre.

Un segundo Memphis, un segundito... ¡qué se me lía todo...! No, no puede ser eso. Mantuve el gesto pensativo, mirando al techo con extrañeza.
celos (en plural): inquietud que vives, ante la expectativa de que la persona amada sienta inclinación por otra.
Claro... fascinada me quedé ¡eso tenía mucho más sentido!. Pero... mis ojos se abrieron descomunales.

-¡Oye...que yo no...!
- Ese nombre quedó enterrado en el pasado, y no me agrada que recurras a él, ni que me lo recuerdes ¡Ni nada!- vale, vale... me callo y ya está. Calladita. Calladita del todo. Me llevé la mano a la boca simulando cerrármela con una cremallera. Luego le puse candado y tiré la llave lejos. –De amantes no gasto - Y el silencio me engulló.
-Yo tampoco- confesé apenada, no se muy bien por qué.
- ¿Es que…querrías serlo tú? No…no, claro que no.- Me extrañó que se diese tal caso. No nos entendíamos muy bien. Además no aceptó mi idea de amor casto y vivíamos lejos, recordé. ¿Donde viviría entonces? -Vacaciones…eso es lo que he venido a buscar aquí.- ¿Acaso estaba estresado? –Te mueres de hambre…- me recordó. Se me había olvidado por completo –Ya sabes dónde estoy… No te pierdas.
-No... - murmuré confusa, volviendo a caminar hacia la puerta. ¿Sentía pena? me recogí el pelo tras una oreja. Por como me hablaba, quizás. ¿O qué apenas me miraba? ¿Y no se había compartado así, durante toda la noche? Sí. Pero... Me detuve. demasiada información. Volví a caminar -Es que... - me detuve. Da igual... -Sí... - da igual..., me dije a mí misma marchándome por fin de la habitación.

Cuando me encontré en medio del pasillo y cerré la puerta... no supe donde ir. Sin rumbo de nuevo.
-Perdone ¿Me deja paso? - alguien golpeó mi hombro por detrás y encontré a un joven con una gorra en la cabeza de visera, tirantes marrones y camisa blanca. Habría jurado que era un mozo. Pero no llevaba maletas.
-¿Sois mozo, monsieur?
-No. Que va - sonreía...
-¿Estáis de vacaciones, monsieur? - ah... no... Que ese era Memphis. "MEMPHIS", repetí con aplomo. Como si nunca jamás fuese a decir su nombre más. Creo que él me odiaba ¿Lo entendí tarde? puede ser... -No... Estoy instalado en el Hotel por...
-No - interrumpí al chico bruscamente y negué con la cabeza fastidiada -No estáis de vacaciones... - No. No era él
-esta... noche... ¿Le pasa algo?- ¿Por qué me miraba de esa forma tan rara?
-¿No es muy tarde para que salgáis a pasear? ¿Dónde vais? - Para rarezas la suya.
-tengo que... - parecía confuso ¿Cortado? ¿Por qué? -...hacer un recado - ¿Y le daba tanto repaso contármelo?
-¿Dónde?
-¿Perdone?
-Donde- repetí con parsimonia -Habláis mi idioma ¿verdad?- o puede que... -Ah...No me digáis... - Me sentí ínfima ¿Melancólica quizás? puede ser... -Sois extranjero. Si. Sois extranjero. Yo soy francesa, Pero siempre quise ser americana. Siempre me pasa. Sí. También con el color del cabello. Si hubiese deseado nacer en otro lugar... - o ser de otra manera... No rara. O ser aún humana. No inerte. Como un idioma universal. Sí... - Sabría cómo... - sabía como querría ser. Como todos. Como el resto del mundo -A mí me pasa siempre - sonreí sin sentido -También con el color de los ojos - y me fui igual que un espectro, dejándole allí. Quizás no quisiese compañía. O no pudiese ayudarle a realizar ese recado tan importante. No lo se... ¿Y Memphis? Bueno... nunca me gustaron las despedidas. Tampoco creí que me echara de menos.


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Mensaje por Tristán Evans el Sáb Mar 05, 2011 2:33 am

Que se diese prisa entonces. No eran horas para que danzase por ahí, sola ¿o no tengo razón? Estaba seguro que como gacelilla que era, se daría un poco de vida a la hora de regresar. Me culpé por no haber insistido aún más en que se quedase con los panecillos aquellos, que le hicieron tanta gracia…aunque la idea de comer pan con pan, deja mucho que desear. Peores cosas he visto. -Es que... – ¿Aún estaba ahí? -Sí... – Estamos de acuerdo. No se demoró más y salió. Entonces, como si repentinamente me inundase la ‘calma’ quedé inmerso en el trance pre-soñoliento, o como lo quieras llamar. Aún clavado en una viva consciencia y a las puertas del mundo de los sueños. Aparecieron imágenes aclamando mi atención. Vivos colores, y un sol radiante iluminando la calle londinense que solía transitar de vuelta al hotel. Incluso pensé que aún estaba despierto, pensé que tenía que mantenerme así por algo en concreto. No sé cuántas vueltas di en la cama, ninguna postura me satisfizo, y menos el sonido de los oxidados muelles que cedían a mi peso. Y no te creas, últimamente dormir me resulta complicado, si me acostaba a las tres de la mañana, normalmente, hasta las cinco o así no quedaba rendido. Quizá porque mi cabeza da mil vueltas, quizá porque tenía muchas preocupaciones en la cabeza, quizá porque en el fondo sabía que no tenía que haberme ido de Londres sin avisar a mis compañeros…pero ¿Qué me importaba ya a mí eso? ¿Cuándo se volvería a dar el caso de que nos decidiésemos a dar una gira musical semejante? ¡Pues quién sabe! Tal vez nunca. Y ahora estaba aquí, asumiendo mi culpa, después de un día fatigoso y extraño.

Recordé de la pestilencia del bar en el que hundí mis penas; después el cadáver que quedó flotando en un lago inmundo, sus ojos, lo recuerdo…espeluznante; también los disparos de aquel lisiado pirado ¿qué le había hecho yo? ¡Por el amor de Dios! La muerte me rodeaba allá dónde mirase.

Solo encontré una razón para que esa locura de noche se diese. Su risita de cerdito llegó a mis oídos. Curioso lo contenta que se puso al regalarle el lirio, tonterías ciertamente, pero a la jovencita le hicieron sonreír como si nunca nadie hubiera tenido tales gestos con ella. Vale que no salió de mí, vale que me vi arrastrado por ella desde el principio, montando entre nosotros una farsa, por mi parte muy mal llevada, pero si eso le hacía feliz... No consideré haberme portado de mala manera con ella, es más había sido ¡hasta amable! ¿Qué por qué lo consentía? No lo sé…con lo que yo soy…o era… ¿Volvería a ser el mismo? ¿Quería volver a serlo? ¡Bah! Y qué importa si solo estamos de paso.
Tenía que dejar la mente en blanco, así nunca me dormiría ¿Cuánto tiempo habría pasado? Ni idea. Y ella sin venir. Abrí los ojos con dificultad, encontrando la habitación en penumbra ¿pero no estaba la ventana abierta? –Es igual.- murmuré, alzándome de la cama con lentitud. ¿Ahora tenía que buscarla? No tenía un por qué claro…pero la voz de mi conciencia me dijo que la buscase, por si las moscas. Intenté recordar lo que dije en el último momento, para saber si la había cagado, lo normal…en mí. Aún así no valdría de nada hacer memoria, muy pocas veces me doy cuenta de mis malas acciones, así que no me lo pensé mucho más. Me vestí a trompicones, sin abrocharme del todo, y dejé la cama con pereza. Abrí la puerta de un tirón, y volví a cerrarla.
Después de esto me merecería una monumento ¡qué menos! Se escuchaban los ruidos de mis vecinos de habitación, como carraspeos, quejidos, murmullos, en una de las habitaciones se estaba montando una gorda ¡no saben estos! Bajé las escaleras, sin perder el equilibrio. Me crucé de brazos, salí de allí, achicando los ojos. -¿Eva?- pregunté a la nada. Me separé del edificio mirando a ambos lados, como si me hubiese quedado solo en el mundo. -¡Eva!- exclamé antes de que un hombre corriese hacia mí, con intención de atracarme. El muy cabrón me había cogido a traición. Sonreí levantando las manos. El individuo me miró con ojos ansiosos, de sus labios palabras no escucharías, perro sarnoso. –No llevo nada…- le advertí, echándole hacía atrás con el pecho. No quería discutir, ni pegarme con ese hombre. Miré de nuevo a los lados, buscando a la joven, mientras sentía cómo las manos del hombre aclamaban algo que no tenía. –Me estás cansando.- gruñí entre dientes apartando sus garras de mí.

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Mensaje por Eva Lavant el Sáb Mar 05, 2011 4:29 am

Caminé con la mirada perdida en el suelo. Vi muchas cosas. Papeles... ramitas... un boleto de una rifa... un gusano... una caca. Pero ni un alma por la calle. Tampoco pretendía matar a ningún mortal. A no ser que se portase mal. Entonces recibiría unos cuantos azotes. Normalmente les mordía y luego borraba de su recuerdo ese instante, para que se les olvidase. Nunca quise traumar a nadie. Se que tiene que ser duro aceptar que alguien te enganche de la yugular.

No se cuanto tiempo estuve andando, pero alcé la mirada y me encontré en la calle del Hotel ¿Fue mi subconsciente, que gritaba pidiéndome que volviera? Pronunció mi nombre de repente a lo que yo negué con la cabeza, tratando de olvidar esa idea. No quería molestar. Se que puedo llegar a ser una pesada. En el colegio, en clase de la señorita Petunia, un día me quedé dormida sobre el libro de historia natural y empecé a escuchar ronquidos por doquier, desde todos mis flancos. Eran mis compañeros de clase. Seguro que les molestó que me durmiese y más aún que roncase -¡Eva!- ¡Que capacidad tenía mi cerebro de gritar! ¡Que pulmones! ¿Un cerebro podía tener pulmones? me crucé de brazos confusa.
Reaccioné unos minutos después, al darme cuenta de que ¡mi cerebro nunca hablaría con voz masculina! No tenía ningún sentido. Y vi a ¡Memphis! Moví los bracitos, agitándolos sin cesar, presa de la emoción. Estaba situado cerca de donde yo me hallaba. ¿Por qué gritaba mi nombre? ¿Me buscaba? Parecía tener una conversación profunda con un individuo de la calle. Quizás debía irme sin que me viese.

Anduve de espaldas y con sigilo para que no me pillase. Pero alzó los brazos saludándome ¡Vaya! me pilló... Y yo sin comer... No tuve más remedio, así que me acerqué a él con un poco de reparo. Tampoco quería interrumpir. Pero me pareció extraño que el desconocido indagase en los bolsillos de Memphis ¿A qué estaban jugando?
Di unos toquecitos en su hombro para que parase de rebuscar deteniéndose unos segundos. Y para que me explicase ¿qué diantres estaba haciendo con Memphis?
El hombre se sobresaltó, mirándome con ojos perturbados. Uy... mal asunto... Que tipo más raro -¿Le pasa algo? - miré a Memphis a pesar de preguntárselo al extraño.
Y sin explicación ¡Se puso a buscar en los míos! Pues iba a encontrar bien poco. Expresé una mueca de incomprensión y sin quitarle los ojos a Memphis articulé "¿Qué hace?" sin sonido, arrugando la nariz y el entrecejo por la confusión. El desconocido empezó a sacar las pocas cosas que llevaba en el abrigo. Y yo le fui explicando a medida que sacaba los objetos. Parecía descontento -Un botón... - puse la mano en alto para que fuese depositando los objetos en ella. No quise que los tirase al suelo -Eso es un pendiente... - perdí la pareja y me lo tuve que quitar -Eso no se que es... Memphis, tu amigo es muy raro - y en ese momento el desconocido me propinó un empujón que no consiguió tirarme. Mucho esfuerzo tenía que realizar para que yo cayese al suelo... -¡Oiga usted! - agarré su brazo con fuerza, partiéndoselo por cuatro zonas distintas. Rotito quedó, tras un crujido que bien sonó desagradable incluso para mí. Creo que me pasé un poquito ¡Pero no me gustaba que cotillearan mi abrigo! ¿Era mi escusa perfecta aquel hombre? Su cuello me llamaba como la luz a una polilla.

Abrí la boca con lentitud en medio de un estado de trance por la sed de sangre. Me deslicé hasta el suelo como un muerto, incliné su cabeza de lado y mordí atravesando cada capa de su piel hasta llegar a la venita. Sabrosísimo... Y a medida que absorbía, mi ímpetu crecía agarrando al hombre con más agresividad. He de confesar que me volvía un poco loca ¿Pero qué haría un humano ante una situación de supervivencia? No escatimaría, eso segurísimo.

El hombre emitió infinidad de gritos. No se si por su brazo hecho añicos o por la presión que ejercí para alimentarme. Ahora debía parar o mi corazón se iría con el suyo. Limpié la sangre que se resbalaba por mi barbilla con ayuda del dorso de una mano y capté sus ojos para hacerle olvidar. Me concentré para realizar la entonación adecuada -Usted no ha estado aquí... - me ponía muy mística, pero no sabía hacer el truco de otro modo -Usted no nos ha conocido nunca... - entonces recordé a Memphis. Estaba detrás de mí y un miedo terrible me apoderó ¿Qué pensaría? Al principio creí que nuestra especie era uno de los muchos misterios que conocía. Pero luego me llevó a la panadería. No se... confusa seguí hablando haciendo girar mi cabeza en círculos -Usted regresará a su casa y mañana hará una obra buena al mundo... - el extraño asintió débilmente entre gemidos, dándome la razón. Así me gusta. -¡Usted se ha caído...! - ¡Casi se me olvida! había que justificar sus contracturas -Usted se puede ir ya... - Asunto arreglado. Me levanté, cogí a Memphis del brazo y nos marchamos de allí deprisa dejando al señor sólo.
Cuando estuvimos lo suficientemente lejos... no pude mirarle.


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Mensaje por Tristán Evans el Lun Mar 07, 2011 2:46 am

¡Por fin! Se había dignado a regresar. El tipo dejó de “meterme mano” para probar suerte con ella, era de esperar. -¿Le pasa algo? – Algo debía pasarle. Sacudí la cabeza desdeñoso. Yo me quería ir a la cama, y me importaba bien poco aquel pánfilo. Suspiré observando con atención lo que le hacía a Eva. Qué poca vergüenza. La miré con calma, encogiéndome de hombros. Si la cosa se salía de madre ya estaba yo allí para pararle los pies.
Comenzó a sacar distintas cosas de los bolsillos de su abrigo. Tenía unas ganitas de presentarle mi amiguito a su cara, no sé…cómo no lo hice antes. -Memphis, tu amigo es muy raro– No saldría bien parado. Aquí mi compañero iba a aprender a las duras a no meter las manazas donde no le tocaba. Iba a agarrarle cuando se atrevió a empujar a la señorita, que por muy loca que estuviera, no había hecho nada para merecerlo. -¡Pero…!- “qué hostias”. -¡Oiga usted! – Abrí los ojos generosamente. Un sonido sofocado se pudo escuchar con total nitidez ¿qué había sido eso? ¿Se le había roto algo? Me moví del sitio, pensando que me había perdido algo, aún estando delante. La cara del hombre estaba cubierta por una máscara de dolor, ¿qué le había pasado? Miré a Eva, quien me ignoró, aún lo tenía bien sujeto ¿Qué estaba haciendo precisamente? –Eva…- pronuncié su nombre para que tratase de volver al mundo de los vivos.
Sonreí un poco quedándome en suspenso, cuando vi lo que sucedía ante mis ojos. La calle ya de por si solitaria, se volvió aún más tétrica. Iba a darle unas palmaditas en la espalda, para que dejase ya al pobre hombre, lo que fuera que le estuviera haciendo. El tipo estaba chillando, y yo no sabía por qué…solo quería que se callase ya, iba a despertar a todo el vecindario ¿cómo no se daba cuenta ella de eso? –Yo creo que…- Miré hacia arriba, esperando que nadie se asomase por la ventana. No quería que me hirieran con una maceta…o algo peor. Muy romántico, os dejo solos. Pensé antes de escuchar la voz de la joven:

-Usted no ha estado aquí... Usted no nos ha conocido nunca... – ¿de qué demonios hablaba ahora? ¿Conocernos de qué? ¡A mí que no me meta en sus líos! -Usted regresará a su casa y mañana hará una obra buena al mundo... – Qué gracia. Moví el pie nervioso, desde donde estaba solo podía ver la cabeza de Eva, tapando al ladrón. -¡Usted se ha caído...! – ¿por qué le engañaba? ¿Por qué gastaba el tiempo en eso? ¿Habían consumado su amor ya? -Usted se puede ir ya... – Pues ya está…todos felices.
Cuando Eva se levantó pude ver el aspecto del hombre…me quedé patidifuso, el riego sanguíneo no debió llegarme a la cara ¿Exactamente…qué había visto? Giré la cabeza a su dirección, cuando comenzamos a caminar apresuradamente por la calle, solo quería cerciorarme de que no era ninguna ilusión de las mías. Quería parar.
-¡Ya!- Le había perdido de vista, y mis tirones no habían surtido efecto. Le mantenía retenido en mi retina, ardiendo que estaba. Me solté al fin, llevándome las manos a las sienes. –Vale…- recopilar información, en proceso. ¡No! -¿Se puede saber…- comencé a preguntar manteniendo la voz monocorde. – qué es lo que ha pasado?- Necesitaba saberlo. Se me habían escapado muchas cosas aquella noche, pero esto…esto no…de esto no habría ni Dios que me hiciera olvidarlo.- ¿Me lo puedes explicar? No estaría de más que me mirases.- levanté la mano hacia su rostro, y la obligué a mirarme. Solté su mentón al notar que mis dedos resbalaban bajo su barbilla, miré estos asustado. –¿Sa…sangre?- “Sí Tristán, la misma que has visto en el cuello de ese hombre” –Pero esto…no tiene sentido.- “nada lo tenía”. – ¡Le has atacado…hasta el punto de…!- me quedé en silencio, recordando.- ¿Por qué…prácticas el…canibalismo?- ¿qué otra cosa podría ser? –Dios…yo no sé…- me giré, queriendo marcharme de allí. –me tienes completamente descolocado.- No sabía si asustarme…si preguntar y preguntar hasta sacar la verdad, o simplemente olvidarlo. “Tanto esconder, tanto esconder…”

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Mensaje por Eva Lavant el Miér Mar 09, 2011 2:23 am

Por si quedaba alguna duda pendiente sobre la posible condición vampírica, supongo que ya estaba resuelta... ¡Fuera dudas! ¿No? Porque fingir no ver lo que tus ojos te dicen, es darle la espalda a los problemas, creando un mundo ficticio ¿No? Eso esta muy, pero que muy mal -¡Ya!- se zafó de mí, molesto. Tampoco le agarré tan fuerte como para que se pusiera de ese modo. Pero repetir a estas alturas que Memphis era un cascarrabias, sería decir una obviedad. Mantuve la mirada lejos de él, temiendo ver su reacción. Pero sin querer eché un vistazo. Se llevó las manos a la cabeza. Eso no era bueno. No, no... nada bueno... ¿Ahora lo entendía? –Vale…- sí. Lo captó -¿Se puede saber…- espera un momento... – qué es lo que ha pasado?- Pues no. Ni lo vio venir. Ni yo vi como acortaba distancias conmigo. Sólo intuí su presencia más cercana, pero manteniendo los ojos en otra dirección, apretando los puños contra mi pecho -¿Me lo puedes explicar? No estaría de más que me mirases.- me obligó a realizar esa pequeña petición que para mí estaba siendo un martirio. Yo que tú... no tocaría mi cara. Estaba echa una porquería. Y se manchó –¿Sa…sangre?- ¿Tendría una servilleta a mano? ¿Un pañuelito? Menuda guarrería... –Pero esto…no tiene sentido.- ¿Y donde encontraba la irracionalidad si puede saberse? -¿Esperabas encontrar zumo de ciruela? - pregunté confusa, dudando de que supiese lo que tenía en las venas aquel señor, por muy raro que fuese – ¡Le has atacado…hasta el punto de…!- Técnicamente, él nos atacó primero ¡Y me empujó! ¡Y yo tenía hambre! Y olía a sangre jugosa y gustosa. Sabrosa... Me relamí sólo con pensarlo -¿Por qué…prácticas el…canibalismo?- ¿Y eso qué es? observé su rostro atolondrada por tanta pregunta. Era cosa mía... ¿O pensaba en alto? Algo que siempre me dijeron: piensa antes lo que vas a decir. No digas todo lo que te viene a la cabeza a voz de pronto –Dios…yo no sé…- miré a cielo pestañeando infinidad de veces, no creyendo oír lo que mis oídos recibían. Estaba claro que Dios existía, si nosotros también ¿No hay una ley de equilibrio supuestamente? Pero nunca hablé con Dios ni le pregunté nada. Quizás le pidiese algún que otro favor. Pero nada más ¿Contestaría a Memphis? No se... tampoco entendí, por qué exteriorizaba su incertidumbre frente a él, cuando yo estaba allí para responderle. Volvía a ignorarme. De verdad... que... tristeza... –me tienes completamente descolocado.- ¿Eso me lo decía a mí o a él? ¡Yo qué se! ¡Se dio la vuelta! Bueno... entrecerré los ojos pensativa. Quizás así fuese todo más fácil.

Intenté concentrarme ¿Cómo explicarle... para que entendiese que...? Caminé a paso lento, como si llevase una marcha fúnebre por dentro. Y a medida que daba el siguiente paso, la caminata tomaba más fuerza, como si estuviese preparándome para dar un discurso político. Cuando me detuve y respiré hondo, perdí la vista en el cielo, manto de estrellas y cobijo de la luna -Antes de que tú nacieses... ¡Antes de que el mundo fuese mundo..!. - mi voz cambió volviéndose grandiosa, dándole la crónica. A pesar de todo, estaba orgullosa de mi comportamiento, de como me instruyeron. Había vampiros mucho peores que yo. Sin escrúpulos y sin sentimientos. Armas letales de muerte -¡Una sombra se alzó sin que los humanos supiesen su existencia! - ninguno de nosotros sabía como empezó nuestra especie. Ni entendíamos como era posible que los muertos caminasen por el mundo. Pero yo tenía mis propias teorías. Y mis conjeturas se repetían sin cesar en mi pequeña cabecita. Hasta que logré soltarlas, compartiéndolas con él. Mi conocimiento. A veces los cuentos se hacen realidad. Abrí los ojos en demasía. Expectante de mis propias palabras -¡Drácula...!- es duro de oír pero... -Lo se, lo se... - negué con la cabeza cerrando los ojos con fuerza y alzando una mano en el aire, impidíéndole hablar en el caso de que quisiese interrumpirme ¡No era el momento! -Pero es así - No había otra -Si quieres marcharte, eres libre de irte - mi voz se fue apagando como una luz sin vatios -Pero nunca fue mi intención hacerte daño. Y que sepas que hueles demasiado apetecible. Y aún así... nunca quise herirte... - ¿Entendía algo? -¿Memphis? - pregunté con miedo, aguantándome las ganas de llorar -¿Estás enfadado conmigo? respiré a golpes, sin desear que contestase, por temor a la respuesta.


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Mensaje por Tristán Evans el Sáb Mar 12, 2011 4:30 am

Y aún seguía debatiéndome entre lo qué debía, o no hacer. Sentía como mis pies cedían a medida que daba un paso más ¿huyendo? Posiblemente. Me gustaría decir que lo que vi fue producto de mi imaginación, me gustaría negarlo con total rotundidad, más que nada, por mí salud. ¿Qué sería de mí? ¿Era peligroso alargar los segundos? “No debí quedarme con ella…estúpido, estúpido.” Maldecía. Apreciaba demasiado mi vida, para meter la pata otra vez. -Antes de que tú nacieses...- volví la cabeza, rastreando las baldosas, sin poder levantar la vista del suelo, pues mi mirada quedó arras de sus zapatos.- ¡Antes de que el mundo fuese mundo...!– Tragué saliva con dificultad, al escuchar el impulso de su voz. Todo me venía tan grande, y yo que una vez pensé que estaba en la cima. Ahora me vi reducido a nada. Logré sostenerme en pie gracias a una verja oxidada, que pedía a gritos una mano de pintura. -¡Una sombra se alzó sin que los humanos supiesen su existencia! – No sabía de qué diablos me estaba hablando. No recordé haberle preguntado nada referente a eso ¿o sí? -¡Drácula...!- En mi rostro se originó una mueca abstracta, ¿Drácula? Conseguí armarme de valor para mirarla, sus ojos estaban abiertos de una manera que asustaban… ahora me asustaban, al no saber qué escondían. -Lo se, lo se... – No, no se hacía una idea. ¡Uy no! No tenía ni palabras. -Pero es así.- Muy segura estaba.
- Si quieres marcharte, eres libre de irte – Ignorando el declive de su voz, lo que sacaba en claro era que… ¿Me daba una opción de salida? Entonces ¿no iba a convertirme en su postre? Increíble, el mal cuerpo que se me quedó al imaginarlo. Qué final más triste para el gran Tristán. -Pero nunca fue mi intención hacerte daño. Y que sepas que hueles demasiado apetecible.- Intenté evitar el rictus de angustia que había invadido mi rostro.- Y aún así... nunca quise herirte... – Me aferré con más fuerza a los barrotes de la verja ¿Herirme decía? Si aún no entendía nada, de nada… Que perdonen mi ignorancia…o mi yo que sé qué. No sé distinguir otra cosa que no sea la realidad, soy incapaz de dar cabida en mi cabeza y en mis planes a "otro mundo”. Nunca me planteé la existencia de éste, nunca fui un niño con sueños de ese tipo. -¿Memphis? – Fruncí el ceño, cabizbajo. No, ese no era yo, yo era otro. ¿Y ella quién era?- ¿Estás enfadado conmigo?

Permanecí hundido en un silencio sepulcral, mi pulso redujo su ritmo considerablemente. -¿Enfadado?- Noté la boca como reseca. Me llevé la mano a la garganta, si hubiese tenido fuerzas me habría dejado marcas con las uñas, con el único fin de desahogarme. ¿Era yo o para más inri de pronto hacía mucho calor? Dejé caer la mano, con fatiga. –No me…encuentro…bien…- articulé respirando con fuerza. Y como si de una repentina visión se tratase, recordé la escena que se dio ante mí, minutos antes: La cara del hombre al transfigurarse por completo, su oscura sangre brotando de su cuello. Una imagen que rebosó mis límites humanos.
Sufrí unas nauseas violentas, mis piernas al fin frustraron su intento de seguir erguidas. Me resbalé por los barrotes. No me apetecía nada vomitar, por lo que dirigí la vista a la infinidad de estrellas que pronto morirían, esperando que las nauseas cesasen. Aminoraron, sí. Pero la fiebre seguía regando mi cuerpo, que ardía. –Creo que… la charca aquella…me está pasando factura.- Demasiadas incoherencias. Puede que todo lo que había visto se debiese a la contaminación de aquel cadáver ¿por qué no creer en algo así? ¿No tenía más lógica? Mis ojos se cerraron, sellándose. -¿Me…ayudas a llegar…al hotel?- pregunté agotado por el solo movimiento de mis labios al abrirse. –Puede que mañana…todo se vea distinto…- deseé más para mí que para ella.

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Mensaje por Eva Lavant el Dom Mar 13, 2011 5:26 am

No daba señales de vida, a pesar de mantenerse erguido gracias a la verja. Pobre chico... -¿Enfadado?- ¿Le pasaba algo en la garganta? Se sujetó como si... como si intentase ¡Suicidarse! ¿Tan terrible era? ¿Tanto como para ahogarse a sí mismo? ¡Recórcholis! Le miré horrorizada –No me…encuentro…bien…- ¡ay! que susto me dio. Menos mal. Porque pudo ser catastrófico, en el caso de que no fuese capaz de soportar mis palabras. Aunque su aspecto era mucho peor. Parecía encontrarse fatal. Así... de repente. Me acerqué a él muy despacio intentando ver su rostro. Pero resbaló hasta el suelo para más amarguras. No podía ni levantarse –Creo que… la charca aquella…me está pasando factura - si seguía con esas arcadas terminaría echando el hígado por la boca.

-Yo creo que ha sido la tarta - debía estar en mal estado. ¿La leche cortada? -¿Me…ayudas a llegar…al hotel?- asentí con la cabeza, temiendo que se derrumbara en medio de la calle –Puede que mañana…todo se vea distinto…- Sí... el baño es lo mejor, nada más levantarse. Al menos para un humano -Sí... ha sido una noche muy larga. Pero no te preocupes. Te dejaré sano y salvo. - le cogí en brazos como si fuese un bebé ¡No pesaba nada! y me reí, tomando el camino de regreso al hotel.

-Una vez... - intenté distraerle para que no sufriese -...me caí en un hoyo muy hondo muy hondo muy hondo - mi boca dibujó una O gigante -y grité... y grité... ¡Días! pidiendo auxilio - por fin vi la entrada y subí las escaleras con el joven aún en mi regazo. La recepcionista de noche nos miró -Está mareado - le aclaré a la chiquita. Y pasé sus brazos por encima de mis hombros para que se sostuviese mejor -Pero no me pasó nada - sonreí abriendo la puerta con un codo ¡Que maña! -Ya hemos llegado - le dejé sobre la cama y le tapé con la mantita -Creo que es hora de que me vaya - saqué mi reloj de bolsillo. Quedaba poco para que amaneciese. Y me senté en el suelo los últimos minutos, al ladito de la cama, con los brazos apoyados sobre el colchón y la cabeza sobre estos. Miré sus ojos con ternura. Ya dije que no me gustaban las despedidas ¿Deseaba quedarme? Sí. Pero el estaba enfermo -Me voy - dije sin moverme del sitio -Me voy - suspiré con ahogo. Que lindo...

Deposité un besito sobre su nariz con cierto anhelo. Y no me moví de allí. Estaba tan cerca que mis ojos bizquearon al localizar los suyos. Y bajé hasta su boca para despedirme de ella también -Adiós Memphis... - articulé con dificultad sobre sus labios sin despegarme. Que calidez tan... tan... ¡Tan cálida! Y me fui por la puerta sin mirar atrás. Aunque antes dije, deteniéndome en el marco -Y no comas tan deprisa - La peor indicada se lo decía. Yo tragaba con un ansia... que agárrate y no te caigas. Y corrí metiéndome en una alcantarilla y cerrando la tapa hasta que anocheciese. Habría sido mejor decirle otra cosa, antes de marcharme ¿Pero qué?

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Mensaje por Tristán Evans el Dom Mar 20, 2011 7:14 pm

-Sí... ha sido una noche muy larga.- Eterna.- Pero no te preocupes. Te dejaré sano y salvo. – Quise sonreír, pero, por desgracia no llegó a serlo, lo intenté. Pero encima de sentirme hecho mierda, el apuro que me dio que me cogiese en brazos me dejó más que desconcertado. Mi raciocinio no servía para nada. Había leído libros surrealistas, pero ¡guau! Nada parecido a esto, de verdad. De todas maneras, ya me dio igual ¿qué más podría pasar? Por lo que intenté ponerme cómodo, por extraño que parezca. -Una vez... – Genial, ahora quiere distraerme. ¿Tanta pena doy? -...me caí en un hoyo muy hondo muy hondo muy hondo – La miré con los parpados entornados. -y grité... y grité... ¡Días!- Siempre tan ‘efusiva’.- pidiendo auxilio – ¡Ah! Ya habíamos llegado. Eché un vistazo a la recepcionista, no pensé que hubiese alguien, qué corte. -Pero no me pasó nada – ¿De qué iba toda esa historia? Sonreí nervioso. Creí que habían pasado semanas hasta que volví a ver la habitación del hotel, qué sensación. -Ya hemos llegado – Me tumbó en la cama, como si estuviese incapacitado. –Gracias.- mascullé, sujetando la manta con la que me había tapado. Ella muy amable. Era vergonzoso ¡jamás de los jamases, nadie había hecho tal cosa conmigo! Y no sabía cómo tomármelo exactamente. -Creo que es hora de que me vaya – Pude verla, como una figura borrosa, gracias a la poca luz que pasaba por la puerta. ¿No se iba a quedar? ¿No habíamos quedado en eso? “Tristán sufres de lagunas mentales.” Más de las que quisiera. ¿Me estaba mirando? Qué calor. Sonreí flemático, quizá quería dormir en el suelo, no iba a discutir. Con lo a gusto que duerme uno sólo.

No sé cuánto tiempo se quedó así, sin decir nada. -Me voy – ¿Ahora? No…no quería irse. -Me voy – De haber querido ya se habría marchado ¿no? Espera ¡Se acercó a mi cara! Me besó en la nariz, por Dios… ¿Era la primera vez? No lo recuerdo bien. La miré sin saber qué cara poner, puede que pareciese asustado ¡oiga para no estarlo! Me esforcé por no respirar con dificultad. ¡Y ahora qué más! Abrí los ojos, desorbitantes. -Adiós Memphis... – No me moví ni un centímetro, había pegado los labios a los míos ¿dónde debía meterme? ¿Bajo las sabanas? Siempre he oído que cuando tienes cierto “temor” éstas te salvan, a mi modo de ver resulta ser una soberana gilipollez, mejor no hacer nada. –A…adiós…- murmuré como un idiota cuando salió por la puerta ¡Pero no! -Y no comas tan deprisa – “Me…me lo ¿apunto?” ¿Ya había acabado todo? Me quedé en vilo unos minutos, antes de que mis parpados se cerrasen sin remedio. Estaba vivo, debía sentirme agradecido… ¿no? Si no me moví cien veces en toda la noche no me moví ninguna, para más inri la cama no dejaba de sonar, qué pesadilla. Estaba extremadamente nervioso, las piernas me dolían por las caminatas, y sí también me dolía el trasero. Estaba esplendido.

Y así me levanté, súper espabilado. La manta había quedado hecha girones en el suelo, estaba hecho un asco ¡Y no veía nada! Por un momento creí que me había quedado ciego. Salté de la cama, quejumbroso, directo a la ventana ¿era de día o de noche? ¡Ni idea! Palpé aquello que impedía la visión. -¿Qué…demonios?- A tientas toqué lo que me pareció un asa… Me quedé blanco –No puede ser.- según sus formas, tenía todas las papeletas de ser… ¡el maletín! Y si aún esto no hizo que cayese hacia atrás. La maleta donde iban todas mis cosas y documentación estaba igualmente atrancada en el huevo de la ventana. –Pero ¡quién!- exclamé como loco. ¿Lo hice yo en un momento de inconsciencia? -¿Estamos tontos?- Abrí la puerta del cuarto. Salí al pasillo para coger uno de los viejos candelabros, volví a entrar en la habitación. No podía arriesgarme a que se cayese algo a la calle, me daría un paro cardiaco. Agarré ambas asas, haciendo fuerzas para que quedaran dentro. Más de tres intentos ¿pero quién las había encajado ahí? Parecía un maldito rompecabezas. Al final caí en la cama con la maleta y el maletín en las manos. Reí como un loco. -¿Qué más quieres de mí?- pregunté al techo. Una ráfaga de viento entró por la ventana, tragué saliva. Me quedé un cuarto de hora boca arriba.

Tenía que ducharme… a menos tardar. Rebusqué en la maleta ropa limpia. Entré en el baño evaluando la higiene del lugar –Nada peor que la lagunita de ayer.- ¿ayer? Entonces no había sido un sueño…Olí la camisa, antes de quitármela, con toda la ropa en una esquina. Me bañé concienzudamente, me froté todo el cuerpo con saña, hasta que no quedé rojo no paré. Al salir, me vestí, con mi ropa más informal. Me miré en el espejo como todas las mañanas, no estaba lo favorecido que quisiera. Me pasé las manos por el rostro ¿había envejecido? –Paranoico. – Me peiné y me marché del hotel con el maletín en las manos. Necesitaba un café para resucitarme. Llegué a un café que tenía sus mesas en la calle, a diferencia de la noche anterior, esta vez toda calle rebosaba de gente. Dejé el maletín a un lado, y abrí el periódico que me ofreció el camarero. Sí, con calma…como a mí me gusta. El café mano de santo.

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Mensaje por Eva Lavant el Lun Mar 21, 2011 2:49 am

Intenté quedarme dormida, haciéndome una bolita. Me recosté sobre el suelo cochambroso de las profundidades de la alcantarilla. Pero el discurrir del agua me distraía todo el rato, sin dejarme cerrar los ojos. Además, no estaba acostumbrada a dormir sin ataúd. Puede parecer una tontería, pero el mío al menos estaba acolchado. Olía bastante mal. La charca, digo. No el ataúd. Y cuando me incorporé, el sonido de mis pasos hizo eco. Nunca vi un agua más verde. Sólo se podía comparar tanta putrefacción, con la charca en la que encontramos al muerto ¡Y cuantas ratas! Para mí que al menos... a ojo... había diez. Ratas. No muertos. Reí yo sola y el jolgorio se repitió por triplicado, como si fuésemos siete "Evas". Pero sólo estaba yo, destornillándome ante la idea de diez cadáveres flotando y Memphis gritando de pavor.

Memphis...

Suspiré a golpecitos resbalándome por la pared hasta sentarme en el suelo. Le echaba tanto de menos... apoyé la barbilla sobre mi puño sintiéndome de lo más desdichada. Y una cría de rata ¡Minúscula! se acercó correteando hasta mí. Era negra y tenía los ojos rojos. Y debía estar medio tonta, porque se chocó cuatro veces contra la pared. Y le salía espuma por la boca. Y... y que triste era estar allí sola. Empecé a gimotear, secándome lágrimas que no existían. Me miré las manos, sin encontrar nada. Ni siquiera la línea de la vida, que se extinguió hace décadas. Bueno, no es que desapareciera por completo. Simplemente estaba más corta. Y aún así, la "M" de la muerte mantenía el tipo, marcada a la perfección en el centro de la palma.

Estaba ensimismada. Tanto, que no reaccioné cuando un minúsculo hilo de luz se coló por un agujero de la tapa de la alcantarilla, quemándome la mano -¡Carambolas! - ¡Que dolor! Grité y grité, retirándome de allí. Y sin aviso cicatrizó -Que bárbaro... - siempre me sorprendía de mí misma ¿Por qué sucedía? Yo no hacía nada. No le decía a mi organismo ¡Venga! ¡Cúrame la herida de un pie! Pues no...

Salido el sol, quise entretenerme andando por uno de los túneles, hasta que anocheciese. Seguí a las ratas, que me llevaron hasta un callejón sin salida -Pues vaya... - Un pequeño soniquete atravesó mis oídos. Era como una marcha firme de un pelotón de batalla. Observé curiosa a mi alrededor. A simple vista no vi a nadie. Que raro... ¿Había alguien más allí o no... había alguien más allí? ¿Y si era así? ¿Quién? Entorné los ojos con recelo, muy desconfiada. Tras mirar al suelo, cual fue mi sorpresa al entender de donde procedía el sonido ¡Una hilera de hormigas! caminaban una tras otra, con comida en las pinzas. Seguí la ruta ¡Que bárbaro! no tenía fin. Un millar llegué a contar. Caminé en cuclillas. Me sentía como... ¡como una exploradora intrépida de los submundos profundos y ocultos de norteamérica! Y pude ver con mayor detalle, la negrura de los cuerpos de los insectos. Una se salió del camino distraída. Así que, empujé su diminuto cuerpecito con un dedo para devolverla al grupo -Que te pierdes - pero no calculé bien la fuerza y se me quedo pegada, espachurrada en el índice -Oh oh... - muerta... Y que muerte más horrible. Pobrecilla. ¿Dónde dejar el cuerpo?

Miré al techo. Goteaba y estaba mohoso. También vi otra tapa. No supe a que zona del exterior daba. Y a pesar de haberme quemado antes, quise mirar por un pequeño agujero para comprobarlo, dejando la hormiga en una esquinita del suelo. De inmediato, sin poder creer lo que estaba viendo, pegué un grito que conseguí ahogar con la mano para que no sonase. Pero no fue por la quemadura que me hice en la frente. ¡Fue porque vi a Memphis! ¡Estaba en una terraza leyendo un periódico! Di saltos de alegría, haciendo mis manos bailar por la emoción -Te echaba de menos - susurré frenando mi euforia paulatinamente. Pues me concencié de mis propias palabras ¡Eso era lo que deseé decirle antes de marcharme! Te echaré de menos... -Memphis - susurré su nombre tocándome la frente. La herida se curó -Memphis - alcé la voz rezando para que me escuchase -¡Memphis estoy aquí! - pensé que no me iba a oír nunca - ¡Aquí! ¡En la alcantarilla!

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Mensaje por Tristán Evans el Jue Mar 24, 2011 3:57 am

[Off: Divertidísima, oiga! xD]

Doblé la página con toda la calma del mundo, para llegar a las tiras cómicas, no sé, quería reírme. Y lo que vi en una de ellas fue a un hombre “redondo” con bombín, éste era pateado por George Washington ¡en persona! Las connotaciones saltaban a la vista, pero tampoco me hizo reír. No era la clase de humor que lograba destornillarme. Apuré los posos del café, despiértame, rogué.
- ¿Algo más caballero?-
Alcé la cabeza, bastante aturdido.
-¿Eh?-
¿Por qué era tan lento de mentes?
-¿Nada más? ¿La cuenta?- el camarero me miró por encima de sus lentes, con sus pequeños y redondos ojos azules.
–Claro…claro.-
No estaba muy seguro, pero me acababa de levantar ¿y qué más vamos a pedir? ¿No? “Memphis” resonó en mi cabeza, pero estaba seguro de habérmelo imaginado. Dejé el periódico en la mesa, perdiendo la vista en la de mi derecha, llamó mi atención la relación que mantenía un padre con su hijo,-o eso supuse- una escena de lo más idílica, a decir verdad. El niño cabalgaba sobre sus piernas con un avión de papel en la mano. Recordé a mi padre, un vago recuerdo, apoyé la mano en la mejilla. Mi padre nunca jugó conmigo así, porque jugar para mí era tocar el piano a la hora de merendar ¡pues sí, me lo pasé en grande! Muchas cosas tenía que agradecer a la educación que me había dado, pero sí que había un inmenso vacío que nunca quedó lleno. La correspondencia dejó de llegarme desde hace unos cinco años, supongo que por mis continuos cambios de “residencia”, nunca lo llegué a saber. -¡Memphis estoy aquí! – Nunca. ¿Y mis hermanos…? Otro tema a cuestionarse. - ¡Aquí! ¡En la alcantarilla!- Agaché la cabeza, decaído. ¿Tenía vocecillas en la cabeza o eran simples remordimientos? -¿Quién?- menuda pregunta más tonta. Aún así notaba algo extraño ¿estaba siendo observado? Miré a mi alrededor…no nadie me mira… Qué decepción.

-No papá…que es verdad…hay alguien ahí dentro…- el niño tiraba del brazo de su padre.
–Calla ¡niño!… te he dicho mil veces que allí abajo no hay ¡nadie!- replicó su padre, sin duda tenía razón, el niño tenía un nido de pájaros en la cabeza.
-¡Te lo juro!- gritó el niño, brincando como un cabritillo.
– No digas más tonterías por hoy, o te irás a la cama calentito.- no pude evitar reírme, menos mal que se marcharon...

-Anda que…tener ojos para esto…- murmuré cogiendo el maletín por el asa. Me levanté de la mesa, dejando sobre ésta un par de dolares, y empecé a caminar despreocupado. Al llegar a uno de los cruces me quedé en una esquina, que quedaba en la sombra, encendiendo un cigarro, el primero del día ¡o sí! Aunque me había levantado a media tarde… pero era de esperar. Me volví a reír del niño con amigos invisibles, y sí ciertamente las alcantarillas parecían perseguirme, además si aún no me había vuelto loco de todo, creí escuchar sonidos.
–Manda huevos.- Ahora va a resultar que el niño tiene razón. Cuando no hubo nadie cruzando la calle, me incliné un poco sobre una alcantarilla.

Tristán Evans

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