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Cena a la carta [Libre]

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Mensaje por Eva Lavant el Vie Dic 03, 2010 8:06 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Mi cabello se alboroto con el viento. Era de noche y me hallaba sola, en medio de la calle. Alcé la vista mirando al cielo despejado de nubes. El cielo siempre era igual en todas partes. Observé el suelo con gran detalle y conté las líneas divisorias, formando cada pedazo de piedra. Pero un ser ínfimo, quedó atrapado en una de esas líneas.

-Una mariquita -exclamé en susurro. La cogí con los dedos y dejé que anduviese por la palma de mi mano. Era tan pequeñita... vulnerable y perdida como yo. Me acerqué tanto al insecto, que me puse bizca, con los ojos muy abiertos -No te preocupes. Te dejaré en un sitio seguro, para que nadie te pise -y eso hice. Coloqué a la mariquita en el alfeizar de una ventana. Ya no correría peligro.

No sabía donde ir, hasta que una voz despertó en mi la curiosidad. Metí las manos en los bolsillos de mi abrigo y seguí el sonido hasta un pequeño callejón. Estaba muy oscuro. Sólo diferencié dos siluetas al lado de un cubo de basura de hojalata.

-¡Mira lo que tenemos aquí! - escuché una voz masculina. Un gato gris, asustado por el eco que produjo su alarido dentro del callejón, salió disparado de entre unas cajas. Un animal tan temerario, no debería sobrecogerse por culpa de un mortal. Hice caso omiso de su comentario y me agaché, llamando con ternura al gato gris. Estire los dedos "misi, misi..." susurré indicándole el camino. La segunda sombra soltó una tímida carcajada varonil. Acaricié al gato con mucho cuidado, sintiendo su suave pelaje.

En menos de un segundo mi cerebro asimiló la situación: hombres. Dos. Edad: entre 25 y 30 años. Cantidad de alcohol en el cuerpo: excesiva. Estabilidad y equilibrio: dudables. Grado de estupidez: máximo.

Dejé marchar al animal, despidiéndome de él, con ayuda de una mano. Escuché el sonido de sus pisadas tras de mí. Estarían a dos metros de distancia. Uno de ellos, patinó ligeramente, pero sin llegar a caer sobre el suelo.

-¿Quieres jugar, preciosa? - me di la vuelta, enseñándoles mi mejor sonrisa, noblemente. Me quité el abrigo y lo dejé sobre una de las cajas, para que no se manchara -Así me gusta... cuanto antes te desnudes, antes empezaremos la diversión - entendí con dificultad. El habla quedaba contagiado por culpa del alcohol.

No me hacía falta respirar. Pero me gustaba sentir el aire. Notar como entraba ligero, dentro de mis pulmones. Una pestilencia horrible, procedente de una de las alcantarillas, me distrajo ¿Habría algo muerto? Los caballeros se acercaron a mí, entre risas. Uno de ellos, pegó la nariz junto a mi pelo y acarició mi cintura -Que bien oléis... - alcé el rostro, encontrándome con él. Altura: 1,75 -Siento no poder decir lo mismo de vos -susurré de modo musical, dejando el final de la frase, suspendido en un extraño falsete. El hombre volvió a reír, borracho como una cuba, al escuchar mi comentario. El otro caballero, apoyó la espalda en uno de los muros y acompañó a su amigo, riéndose sin ninguna explicación -Déjame que te quite esto - sus manos desabrocharon uno de mis botones superiores, dejando a la vista mi cuello. Sólo un botón. El hombre no pudo hacer nada más.

Todo ocurrió muy deprisa:
Flemática, rompí sus dedos con un movimiento sutil de mano. Agarré su cabeza, estampándola contra el suelo. Le arranqué media melena. Hundí el tacón en la palma de su mano rota y, entre alaridos de dolor, mordí su muñeca, alimentándome de él. "No creo que merezca un mordisco en el cuello". Lástima que se desmayase antes de arrebatárle, la columna vertebral de cuajo.
El otro caballero, quedó preso del pánico. Sus ojos no parecían entender lo que acababa de pasar. Tardó unos segundos en reaccionar, antes de salir corriendo, dando tumbos por la pared. Pero no consiguió salir del callejón airoso. Caminé sonriente tras él, contemplando como se caía. Terminó arrastrándose por el suelo, mirándome con espanto. Sus ojos se apagaron en cuanto mis manos atraparon su cabeza, desraizándola del cuello.

Acto seguido, recogí los cuerpos, abrí la alcantarilla y los metí dentro. Dedos rotos: 4. Cabezas cercenadas: 1. Luego saqué un pañuelo y limpié mi rostro. Narices rotas: 1, tendones atravesados: 2. Pelos de la cabeza extirpados: unos 57. Abroché el botón de mi vestido y me puse el abrigo encima con sumo cuidado. Cuando me dispuse a salir de allí, volví a escuchar algo. Unos pasos discretos, cerca de mi zona ¿Quién sería?

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default Re: Cena a la carta [Libre]

Mensaje por Eva Lavant el Vie Mar 25, 2011 1:10 am

Estaba un poco dormido. Que lindo... reí queriendo quitarle las legañas ¿Desayunaba sólo? Eso no me gustó nada. Pero nada de nada ¡Que injusto! Con lo buena persona que era ¿No tenía amigos? Vale que era un poco cascarrabias... y que no masticaba, engullía... y vale que a veces era un poco mentirosillo... y que era un poco corto de entendederas... y vale que le costaba pasar página con las personas... Me refería a Ebba. Menuda lianta tenía que ser. Imagine a una señora, porque para mí era una mujer madura, entrada en carnes, con verrugas en las verrugas y una nariz de bruja ¡Y con arrugas en las arrugas! y con los dientes pochos -Grrrr... - encolericé de inmediato. Incluso gruñí como un caniche llena de odio. La mataría con... No diré con mis propias manos. Eso no habría sido tan doloroso. Pero si con mis esbeltos colmillos de vampira sádica "descuartiza-fulanas" -Y peludos los sobacos... - ¡Por todos los santos! ¡Menudo gusto tenía Memphis!

-¿Quién?- Alcé la cabeza de nuevo, pues me escuchó ¿O no era a mí? -Soy yo - susurré con energía. No era la mejor frase empleada. "Yos" había muchos y vete a saber cuanta gente indagando por los subterráneos ¿Por qué no? Yo me metí.
-No papá…que es verdad…hay alguien ahí dentro…- Que razón tenía la criatura... -Men... -
–Calla ¡niño!… - no llegué a pronunciar su nombre completo, cohibida por el parloteo de un hombre, que poco parecía el padre del retoño ¡Esa no era forma de hablar a la gente! -te he dicho mil veces que allí abajo no hay ¡nadie!- Me enfadé tanto... -¡Te lo juro!- ¡Claro que sí! A ver si me oye ahora Memphis... -Soy...

–No digas más tonterías por hoy, o te irás a la cama calentito.- ¡Pero bueno! ¡Que pesado! ¡Me interrumpió otra vez! Miré con rapidez a la mesa de Memphis y... ¡Había desapareció! ¿Dónde fue? Con lo bien que olía, seguro que lo encontraba con rapidez. Pero con tanta agua verde a mi alrededor... Difícil, difícil... ¡Jope! ¡Que rabia más grande! ¡Y el señor seguía regañando al niño! -¡Oiga! ¡Que los niños también son personas! - grité con tanta fuerza, que bien me habría oído toda la calle. Pero ahora debía buscar a Memphis. Y caminar es la mejor forma de encontrar las cosas. Recordé a mi madre, con los brazos en jarra, diciéndome aquello, pues no encontraba a mi ratoncito Pupita. Habría sido una gran frase, si ese día no me hubiese caído haciéndome un esguince con tanta carrera. Y eso hice. ¡No me refiero a que me provocase una rotura de ligamentos, en ese preciso instante! ¿Con qué razón de provecho? Si no que, me dispuse a corretear por unos de los pasillos para encontrarle. Muy lejos no debió ir. Más siendo conocedora de su caminar. Nunca le tomé por un hombre activo. Veloz giré por infinidad de esquinas, encontrando nuevos pasillos. Corrí igual que mi ratón. Y esperé que no me deparase el mismo final. Pupita murió un viernes quince de Abril. Le hice un entierro muy merecido. Hasta me vestí de viuda y con una navaja diseñé una cruz de madera. Mis padres se negaron a comprarle un nicho. Y yo dije ¿Y por qué no? envuelta en lágrimas "Pues porque no venden nichos para ratones". Pues que mal está el negocio de las funerarias. Con la cantidad de ratones que mueren al día ¿No se les ocurrió nunca? Si yo hubiese tenido un negocio de...

¡Memphis!
Por fin le localicé ¡Que buena suerte! -Men... - pero... que... ¿Estaba loco? pero. cómo se le ocurría... ¿Quería destrozarse la vida? Este hombre tenía todos los vicios del mundo -Anda que…tener ojos para esto…- Eso digo yo. Porque no di crédito a lo que vi. Y vale que maldecía con mucha frecuencia.... –Manda huevos.- y vale que decía cantidad de palabrotas insospechadas... Ni en un vertedero encontrabas más porquería... Pero fue imposible no cogerle cierto cariño, a pesar de sus muchos defectos.
No había tiempo...

Doblé las rodillas. mirando la nueva tapa de la alcantarilla desde abajo. Y cogí impulso con los brazos para elevarme lo más alto que pudiese -A la de una... - me rasqué la nariz antes. Me picaba -a la de dos... - pegó otra calada al cigarro. No había tiempo -¡Tres! - grité pegando un salto con las manos sobre mi cabeza, empujando la alcantarilla hacia arriba, que salió desorbitada volando, incrustándose contra una pared. Suerte que hacía sombra y el sol no podía afectarme tanto.
Volví a pegar un salto para atraparle por el cuello de la camisa y hacerle bajar hasta el fondo del túnel ¿Aún sujetaba el tabaco mata mortales? No... -Si te vuelvo a ver fumando... yo misma me comeré tus pulmones, antes de que esa cosa los destroce - No me gustaba amenazar ¡Pero el tabaco mataba! ¿O es que no se daba cuenta? Bueno, echado el sermón, broncas aparte... -¡Memphis! - me abalancé sobre él, abrazándole con ímpetu. Y empecé a saltar sin soltarle. Creo que le elevé del suelo en cada saltito Pero... ¿Qué mejor forma de despertarle?



[off: los dos tenemos nuestro puntillo clown ]

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Mensaje por Tristán Evans el Vie Abr 01, 2011 3:00 am

Imaginaciones mías… concluí llevándome el cigarrillo a los labios. Confiado, relajé el cuerpo. Pero se me heló la sangre cuando… -¡Tres! – Quise ponerme en guardia, pero fui lento, terriblemente lento. Todo sucedió demasiado deprisa, ni de lejos pude haberlo previsto. Miré perplejo la tapa de la alcantarilla que ahora se había convertido en algo más del muro ¡Quién sería el listo que la sacara de ahí!
Pensé que todos íbamos a explotar por los aires, rodeados de mierda, y que ésta alcantarilla era la primera en reventar ¡qué suerte! Reí histérico, mirando mi cigarro que había quedado apretado entre dos de mis dedos, roto, así que lo solté.
Y a esto que siento como “algo” tira de mi cuello hacia abajo “¡Hacia abajo!”. Creí descoyuntarme del todo. Yo no suelo gritar…y realmente no lo hice, de lo sobrecogido que estaba ya. No gano para sustos. Mis pies mantuvieron el equilibrio al pisar el suelo...cuando el día se esfumó en menos de un segundo. El bajo de mis pantalones se había pringado de la suciedad. Nauseabundo ¡Joder! ¿Por qué siempre yo? Asco, asco. Pero a las malas, por suerte aún agarraba el maletín del saxo. Ni con veinte caídas como esa podría haberlo dejado caer ‘menudo era’.


-Si te vuelvo a ver fumando... – Levanté la cabeza, al reconocer esa voz de sumo tan peculiar. Ergo atolondrado quedé. Traumático.- yo misma me comeré tus pulmones,- Y eso fue lo primero que me dijo, la chata. ¿Te lo puedes creer?- antes de que esa cosa los destroce – Eva, Eva… la ternura personificada. Intenté sonreír, pero ya ni supe cómo. Vencido por mis desgracias, suspiré ¿superaría esto alguna vez?
Memphis! – ¡Claro que sí! Me impulsó hacia atrás de la fuerza que usó al echárseme encima, brincaba cual conejo, y humillantemente ¡yo también! Pero no porque yo quisiera ¡que conste! –Chss…- Le di tímidos golpecitos en la espalda, para que se sosegase un poco, cosa poco menos que imposible.
De fondo escuché el esquizofrénico sonido de las espesas gotas que se desprendían de las cañerías “que no me de ninguna…por favor…te lo pido.”

–Entonces…preferiste esto antes…que quedarte a ¿dormir conmigo? O ¿¡por qué no!? ¿Es una especie de visita guiada por lo mejorcito de la ciudad? ¿Lo he adivinado?-
me separé de ella, cuidando dónde pisaba. – Ni punto de comparación con mi habitación, ni punto.- podría haberme vuelto turumba por completo, pero sorprendentemente lo llevé bien…bueno bien…tampoco. – Porque…tiene todo lujo de detalles...- empecé a mirar lo que nos rodeaba con una antipatía imborrable. ¿Tenía que acostumbrarme a ese olor? En la vida pensé que me encontraría en una de estas. -¡Una rata muerta!- disminuí mi febril euforia tapándome la boca. –Es…es precioso.- y ahí ya no pude más. La risa me llevó al llanto irrefrenable. Vergonzoso, sí ¡Pero no se puede caer más bajo!
El vestido de Eva estaba hecho unos zorros, entonces me previne de que poco me dudaría el meticuloso lavado que me di.

–Qué…¿Qué haces…aquí?-
conseguí articular.

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Mensaje por Eva Lavant el Lun Abr 04, 2011 2:09 am

–Chss…- ¡Que lindo! ¡Me dio unos toqueteos en la espalda! que... ¡Que lindo! ¡Se alegraba de verme! Le miré durante tanto, tanto, tanto... tiempo... -Ains... - Nada podía distraerme ahora. Ni el goteo de las tuberías... ni el olor del agua verde pistacho... -un color bonito para decorar un cuarto- pero nada podía distraerme ahora... Me quedé quietecita con la sonrisa en la boca ¿Dejé de pestañear? un, dos... pestañeé. A veces se me olvida que los ojos se secan.
–Entonces… - suspiré ensimismada -preferiste esto antes…que quedarte a - ¿A qué, Memphis...? de mí no se apiadó la modorra, pues cada segundo que pasaba mirándole, era como... como... ¡Como si me narcotizaran! ¡Y me gustaba! ¡Vaya que sí! Cogí una de sus manos y entrelacé mis dedos para moverla de un lado a otro, como en un vals. ¡Y como en un sueño me sentí! -¿dormir conmigo? - ¿Conmigo? ¿Contigo o conmigo? No. Contigo ¡Conmigo! -¡Emm...! - sin palabras... ¿Acaso deseó en algún momento, que me quedase a dormir con él? ¡Pues cualquiera lo habría dicho! -O ¿¡por qué no!? ¿Es una especie de visita guiada por lo mejorcito de la ciudad? - solté su mano confusa por su nerviosismo - ¿Lo he adivinado?- Vale que era lindo, pero estaba chalado.
-Tranquilo Memphis, tranquilo... - puse una mano sobre su hombro para tratar de mitigarle. Hablar a las personas con voz serena y dulce, siempre ayuda ¿No? Y eso hice.

– Ni punto de comparación con mi habitación, ni punto.- miré a mi alrededor, intentando fijar la vista donde los ojos de Memphis se posaban, yendo de un lado a otro. – Porque…tiene todo lujo de detalles...- ¿Tan sorprendente eran las alcantarillas? Quizás nunca estuvo en una. Me coloqué a su lado, codo con codo, observándolo todo. Mi cabeza giraba al mismo tiempo que la de Memphis. Desde el techo hasta el suelo -¡Una rata muerta!- la vi a nuestros pies -¡Es verdad! - y seguí mirando de un lado a otro, hasta que mi amigo se detuvo –Es…es precioso.- asentí con parsimonia, escuchando el goteo que no parecía detenerse nunca –Qué…¿Qué haces…aquí?- entonces le miré.

-Intenté echar una cabezadita - volví fijar la vista en la rata -Pero me resultó imposible, Memphis - suspiré recordando mi soledad -Estaba tumbada en el suelo... - ¿Y que pasó? -y luego apareció un animalito como ese... - Sí, eso pasó. Señalé a la ratita muerta -Pero tenía mucho mejor aspecto- aunque le salía espuma por la boca -...creo. - titubeé antes de seguir suspirando con melancolía -Y luego empecé a caminar... y te vi tomando un café en la calle... - entonces mi tono de voz cambió, volviéndose enérgico -y te seguí - y fumó... pero ese tema ya estaba olvidado. A no ser que volviese a repetirlo. Entonces no tendría tierra para correr -Y ahora estamos aquí... - volví a suspirar perdiéndome en sus ojos de chocolate con leche -Te echaba de menos, Memphis - casi gimoteé. Era de las pocas personas que huía de mí, por no decir la única -Antes cuando te vi en la cafetería... - tenía tantas cosas que decirle... Porque sentí algo muy profundo que... ¡No podía soportarlo más! cogí sus manos pegándolas junto a mi pecho. Raro que escuchase mi corazón ¡Pero el sentimiento era más que evidente! ¿No? -sentí qué... - ¿Qué era ese ruido? fruncí el ceño y curiosa escruté la oscuridad tras de mí, sin soltarle aún las manos. Ya me había llevado más de un susto esa mañana. Y yo pensando que las alcantarillas estaban desiertas ¿Que sería? Era como... como... ¡Como una campanita pequeñita! ¿Lo oiría Memphis? Le miré con inquietud soltándole del agarre. No tenía ni idea... Demasiado lejano para el oído humano.

Y como me moría de ganas por saber que diantres era, empecé a caminar por uno de los pasillos, siguiendo el sonido que me llevaba igual que a una abeja hacia la miel -¡Vamos, Memphis! ¡Vamos! ¡Vamos!- grité para que me siguiese ¿O es que pretendía quedarse allí parado todo el día? Entonces reparé en el maletín por vez primera ¿Lo llevaba todo el tiempo? -¿Qué llevas ahí dentro?

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Mensaje por Tristán Evans el Mar Abr 05, 2011 11:53 pm

-Intenté echar una cabezadita - ¡Buen lugar! “¿verdad que sí?” Ya te digo. -Pero me resultó imposible, Memphis – Ya plantearse esa idea era imposible. ¿Estaba apenada por ese hecho? ¡A saber! -Estaba tumbada en el suelo... – ¡No me digas más! ¿¡En el suelo?! ¿De qué guindo nos hemos caído ahora?
–Debe ser comodísimo.-
carraspeé al cuello de mi camisa. -y luego apareció un animalito como ese... – No quería ni mirarlo. –animalito…- qué rancio sonó. “Mejor que una suite nupcial” -Pero tenía mucho mejor aspecto- Y entonces decidieron tomar el té, con los otros inquilinos ¡Soy un visionario! -...creo. – Anda… No paraba de suspirar ¿la falta de sueño? -Y luego empecé a caminar... y te vi tomando un café en la calle... – ¡Vaya por Dios! La ciudad no era precisamente pequeña, y fíjate tú por dónde ¡aquí estamos! Los dos, para no variar, en el puto subsuelo. El plan de mi vida. -y te seguí – Consentí sus palabras, con una sonrisa hastiada, pero al fin y al cabo era una sonrisa. -Y ahora estamos aquí... – Eso dije…aquí… ¡aquí! Madre mía ¿por qué salí de la cama? Y ahora me estaba mirando…y otra vez los suspiros, procuré respirar por la boca para no oler aquello, aunque igualmente me daba asco, porque me imaginaba la de mierda que dejaría entrar en mi organismo ¿o ya era mucho creer? -Te echaba de menos, Memphis – Vale…vale. “Causas furor entre las féminas, de qué te extrañas tanto”. Ya, pero no solía encontrarme con ellas, tan fortuitamente. Me había perseguido ese es un dato a añadir.-Ya.- Mantuve las distancias, por lo que fuera a hacer, estaba tan emocionada de verme ¡sorprendente! -Antes cuando te vi en la cafetería... – mis ojos se movieron inquietos de lugar a otro, temiéndome el enredo. Y explotó, al cogerme las manos y llevarlas a su pecho, “qué cojo…” Le había picado algo aquí abajo. -sentí qué... – mal cuerpo, mal cuerpo ¡dilo!

No, no terminó la frase, la miré aún precavido, menudos aires le vienen al cervatillo. “Atiende, joder” No… ¡no! ¿A dónde miraba? Me asomé a su cabeza con la cara de terror más cómica del mundo. Yo no oía nada más allá del goteo, aunque creo que las malditas alcantarillas me estaban empezando a volver ¡loco! Hasta el delirio máximo. Me soltó las manos aunque yo habría preferido, en este caso, que no lo hiciera. Vamos a morir… ¡a morir como ratas! Un mendigo…un asesino en serie…un ¡qué! “¿se te olvida algo?...por ejemplo lo de ayer…” Ayer…ayer…tenía fiebre…no…pasó nada… “¿Por qué estás tan seguro?” ¡Cállate!...Eva, yo y mi conciencia… ¡no estamos solos!

Empezó a caminar…negué con la cabeza, mirando el orificio que aún me unía al mundo…a mi mundo de luz y dinero. -¡Vamos, Memphis! ¡Vamos! ¡Vamos!- gritó, pero yo seguí negando con una sonrisa irónica. “No quiero…estamos fantásticos aquí…” -¿Qué llevas ahí dentro?

-¿Eh?- bajé la cabeza, el…maletín, ya ni me daba cuenta de que lo llevaba.-Oh… ¡esto!- esto…sí…y ahora ¿cómo me lo monto? Ella se pensaba que era…soldado, o algo por el estilo. ¿Qué haría con un instrumento? Es que soy tan bohemio. Si le digo que no es nada me lo quitará de las manos, y…me lo toqueteará…y al final me lo rompería…o me tomará por mentiroso, cosa que soy, pero personalidad a parte…el tiempo corría.

-¡Na! Un hobbie que tengo.- ¿tengo que decirlo? “No hace falta.” Y si quería que no siguiese curioseando tenía que cambiar de tema. -¡Has oído eso!- me puse una mano en la oreja como si así…ese ruido imaginario viniese a mi más fácilmente. Silencio. –Sí…ha pasado de largo.- ¿Me tenía que mover? ¡En serio! De tripas corazón una vez más “¿por qué te esfuerzas?” Me fui acercando a ella, mirando más que nada a la negrura interminable, iluminada de tanto en cuando por diminutos rayos de sol. Joder. –Luego…cuando salgamos de aquí…- que espero que salgamos alguna vez.
–te cambiarás ¿no?-
error. ¿Cómo saberlo? No digo que huelas…mal…- ¿pero tenía acaso ropa de recambio o dónde bañarse? Negativo.-es una cuestión de higiene…- reí nervioso andando, sin saber por qué la perseguía…ni hacia dónde. Ni que peligros nos acecharían. “Esto no tiene nombre.” -¿Estamos cerca?

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default Re: Cena a la carta [Libre]

Mensaje por Eva Lavant el Miér Abr 06, 2011 2:16 am

-¿Eh?- ¡Hola! -Oh… ¡esto!- Sí, claro... reí -¡Na! Un hobbie que tengo.- ¡Anda mi madre! ¿Y que hobbie sería ese? ¿Le daba vergüenza? ¿Por qué? -¡Has oído eso!- Memphis parecía sobresaltado. Yo puse mi vista de lince a punto y saqué uñas, por si las moscas. Y el sonido cesó –Sí…ha pasado de largo.- así que me detuve –Luego…cuando salgamos de aquí…- pero volvió a reproducirse, tras ese silencio y emprendí la marcha de nuevo –te cambiarás ¿no?- ¿De qué? ¿De lado? Yo estaba situada a la izquierda. Pero a lo mejor era zurdo. Así que me cambié – No digo que huelas…mal…- ¿De que estaba hablando? Le miré de reojo, sin entender -es una cuestión de higiene…- ¿En el lado izquierdo te ensucias más? pues era la primera vez que lo oía. Nunca nadie me comentó tal cosa -¿Estamos cerca?

Pues no lo supe, porque el sonido cesó de pronto. Se esfumó -No se donde fue - me crucé de brazos molesta. Y me hubiese gustado saberlo, pues me remontó al pasado ¡A mi infancia querida! -De niña yo tocaba la campana - Sí. En la escuela. Pero el tamaño de esta, no podía compararse a la que hay en un campanario. A mí me cabía en la mano. La escuela no. ¡La campanilla! ¿Cómo si no iba a poder tocarla?
Me detuve en seco y agarré con rapidez la maleta de Memphis -¿Puedo verlo? - No podía sostener más mi curiosidad. Pero ya la había abierto sobre el suelo y me senté para verlo -¡Caracoles! - lo que vi fue... fue... -¿Y esto qué es? - parecía un instrumento musical. Pero no conocía su nombre. Tampoco su sonido. Tenía un montón de botones... y una boquilla... ¡Como un clarinete, sólo que más grande y de otro color! Quiero decir... que no se parecía en nada -¡Es fascinante! - lo toqué con suavidad ¡Qué fresquito estaba! Y algo me distrajo de aquel nuevo descubrimiento ¡De nuevo el sonido de la campanita! -¡Diantres! - pero cesó por tercera vez. Suspiré dándolo por perdido y cerré el maletín para devolvérselo a Memphis. No quería que se rompiese su juguetito ¡Vete a saber cuanto dinero costaba!

-Yo tocaba en un coro - le expliqué con los ojos cerrados, como si estuviese vislumbrándolo -¡Un coro de campanas! - reí con flaqueza reviviendo el soniquete -Tin tun, tin tin tun... - que tiempos aquellos... Y no era tan fácil tocarla, como puede pensarse la gente. Un tamaño menor no indica menos esfuerzo. A veces las cosas pequeñas, por el hecho de ser pequeñas, son más complicadas -Tocábamos "Le Fantôme de l'Opéra" ¡La pieza que da más miedo! - siempre me recorría un escalofrío -¡Chaaaaan...chan,chan,chan,chan,chaaaaaaan! ¡Chan,chan,chan,chan,chaaaaaan....! - moví los dos brazos, como si tuviese una batuta en cada mano, muy grandilocuente -¡Chan,chan,chan,chan,chaaaaaan....! - ¡Y que cosas! Abrí los ojos presa de la sorpresa dejando caer los brazos sobre mi regazo -¡Memphis! ¿Te das cuenta? - le miré, arrastrándome por el suelo, hasta quedarme al ladito del pequeño riachuelo verde, color pistacho y miré a lo lejos, a ver que venía. Me asomé y me asomé, inclinándome cada vez más hacia el agua. Pero no vi nada. Aunque eso no quiso decir que yo no estuviese en lo cierto. Que mis conjeturas no fueran posibles. Vi papeles, objetos extraños, residuos... mas ratas... flotando. Pero nada más -En la historia, un fantasma deforme, vivía en el subsuelo. ¡En las catacumbas! - y allí componía sus temas. Y tenía un sitio siempre reservado para ver las funciones que se representaban sobre su cabeza -¿Crees que estamos debajo de un teatro? ¿Que esa campanita que he oído pertenece a la barca del fantasma, que vaga por las aguas verde pistacho? ¿Es cosa mía o tiene sentido? ¡Todo encaja, Memphis! - me incorporé un poco fastidiada, pues no le localice. Quizás estaba escondido ¿Quién dice que los fantasmas no sientan miedo? A lo mejor... se asustó de nosotros -¡Tenemos que encontrar al fantasma! - O hacer que venga de alguna manera. Aún no sabía cómo. Pero seguro que se me ocurría -Si mal no recuerdo... le gustaba tocar música... - si... cierto... -¡Le encantaba! - le di un toque al pechamen de Memphis con el dorso de la mano -¡Componía música para la ópera! - y entonces la luz se hizo. Se me abrió el cielo allí mismo -Ya está... - ni a un genio se le habría ocurrido antes -Aremos que venga con ayuda de tu instrumento - sonreí orgullosa de mi misma ¡Qué gran idea! y aplaudí -Escuchará el sonido y vendrá - ya lo veía. Lo veía, lo veía. Aproximándose a nosotros, embelesado por las notas que Memphis interpretaba ¿Qué pensaría mi amigo? -¡Vamos, Memphis! ¿A qué estás esperando? ¡Vamos! ¡Vamos!



(Off: el fantasma de la ópera se escribió más tarde. Pero me apetecía ponerla xDDD. No creo que importe mucho.
http://www.youtube.com/watch?v=hcpX1LZQ6mo&feature=related )

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default Re: Cena a la carta [Libre]

Mensaje por Tristán Evans el Dom Abr 10, 2011 9:33 pm

-No sé donde fue – Pues yo no iría tras él, de eso estaba más que seguro, o creí estarlo. -De niña yo tocaba la campana – la miré por el rabillo del ojo. Y eso venía ¿a cuento de…? ¿Fue su hobbie? Hablábamos de eso ¿no? Aunque ella tenía una facilidad para cambiar de tema ¡que daba miedo! Seguí caminando hasta que sentí un tirón en el brazo ¡pero cómo! Me arrancó el maletín. -¿Puedo verlo? – negué desconcertado, con los ojos en exceso abiertos. Pero a ella qué le iba a importar, si su atención se había focalizado en ¡mis cosas! Se sentó en el suelo, como si aquello fuera la séptima maravilla, que lo era, pero no para ella. -¡Caracoles! – ¿me estaban castañeando los dientes? Correcto. -¿Y esto qué es? –¡Lo que me faltaba ya! –No tiene nada que ver con tu campana.- o lo que fuera que se refiriese. Cierto que estar allí, me volvía más desagradable de lo que ya de por sí soy. -¡Es fascinante! – Me molestaba muchísimo que tocasen algo tan valioso para mí. -¡Diantres! – sus pequeñas y “cursis” tonaditas me ponían enfermo, no me di cuenta hasta ahora… era como si me torturasen clavándome pequeñas astillas bajo las uñas. Echaba de menos escuchar una burrada ¡la que fuera!
Abracé el maletín con ansiedad, cuando me lo devolvió.

-Yo tocaba en un coro ¡Un coro de campanas! – ¡Ayúdame, si alguna vez escuchaste mis suplicas!-Tin tun, tin tin tun... – Suplicio. -Tocábamos "Le Fantôme de l'Opéra" ¡La pieza que da más miedo! – Cuánta valentía. -¡Chaaaaan...chan, chan,chan, chan,chaaaaaaan!-¡Joder! Estaba consiguiendo trastornarme ¡a mí! ¿Qué más? Y sólo era el principio de su concierto.- ¡Chan,chan, chan, chan,chaaaaaan....! – La miraba de vez en cuando con una cara que lo decía todo. No me ayudaba en absoluto que cantase a gritos esa parte. -Y bien…- Lo tranquilidad que pude reunir en algún momento se escabulló bajo mis pies. -¡Chan, chan, chan, chan, chaaaaaan....! – Aplasté la palma de la mano en la frente, me habría dejado impresa la marca de los dedos de pleno, “reacciona.” -¡Memphis!- ¡QUÉ!- ¿Te das cuenta? – “¿de qué estás peor de lo que creía?” Comenzó a arrastrarse ¿¡es que no le importaba nada revolverse en la suciedad!? En realidad le encantaba. Pero vamos, nadie me vería tocándola, y mucho menos ahora. Tú sin miedo, si te caes al agua y te ahogas…pues nos echamos unas risas y santas pascuas. Empeñada en buscar ¡nada! Porque no había nada, solo sus propios fantasmas y los míos, que a cual peor.

-En la historia, un fantasma deforme, vivía en el subsuelo.- ¿habíamos quedado con él? Vaya, y yo sin saberlo.- ¡En las catacumbas!- pues se me había olvidado la invitación…otra vez será.- ¿Crees que estamos debajo de un teatro?- Desvariando muy peligrosamente.- ¿Que esa campanita que he oído pertenece a la barca del fantasma,- la miré con un rictus de severidad.- que vaga por las aguas verde pistacho?- Oculté una sonrisa irónica, al volver la cabeza hacia la sucia riada.- ¿Es cosa mía o tiene sentido?- asentí dándole la razón. –Tiene sentido.- Ella disfrutaba ¿por qué iba a decepcionar a esta pobre criatura?- ¡Todo encaja, Memphis! – Todo, claro, clarísimo. -¡Tenemos que encontrar al fantasma! – Levanté las manos a la altura de mis codos, arrugando la nariz, como una respuesta implícita en mi gesto. -Si mal no recuerdo... le gustaba tocar música... ¡Le encantaba!
-¿Y a quién no?- pero ese no era motivo alguno para… creerse esas fantasías. Después me tocó, con esas manos que podrían pegarme algo contagioso ¡seguro! -¡Componía música para la ópera! – “Qué tipo tan genial” pensé cansado. -Ya está... – mis ojos se abrieron con terror. -Haremos que venga- No.- con ayuda de tu instrumento – Ni mucho menos. Estaba eufórica, aplaudiendo y todo, le faltaba dar unos cuantos saltitos para hacerme la escena aún más patética. -Escuchará el sonido y vendrá. Vamos, Memphis!- arqueé una ceja turulato.- ¿A qué estás esperando? ¡Vamos! ¡Vamos!- me iba a dar un patatús.

-¡Eva! ¡Eva!- grité, imitando sus continuos gritos.- Vamos ¿¡Me ves capaz!?- negué con la cabeza mirando todo el “salón de butacas”, ni de coña. –Yo no toco aquí por menos de dos mil dólares.- “¿te has enterado?” Tocar a las ratas… ¡y qué más! Pero si te parece a bien… puedes seguir entonando el- moví las manos como loco antes de exclamar un- ¡¡¡Chan, chan, chan, chaaaaaan!!!- aún no me había recuperado. –Puede que así venga, en su barquita, sí, y se enamoré de ti, y de te dedique alguna de sus composiciones, cómo no.- Borde donde los haya, pero es que uno llega a su límite, majos. -¿No sería perfecto?- ¡paciencia señor! -¡Y sabes qué! Yo no pinto n-a-d-a en ese encuentro. Sigue buscando, preciosa…porque yo…- me reí burlón. –yo me voy.- Di media vuelta, deshaciendo mis pasos.
No tardé en encontrar la abertura donde desafortunadamente había caído. Quería salir, necesitaba salir. Me estaba asfixiando allí abajo, era como estar muerto. Trepé como pude, tirando el maletín a la superficie de un salto, después me colé como un gusano por el hueco.
-¡Ya está bien!- “de vuelta a la vida”.
Entonces me quedé tirado en el suelo de aquel callejón, cansado por el esfuerzo. Ya había anochecido. No me levanté, ni me importó que la gente se me quedase mirando, ahora sí que parecía un Don Nadie.

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Mensaje por Eva Lavant el Mar Abr 12, 2011 1:51 am

-¡Eva! ¡Eva!- me sobresalté buscando a mi alrededor, pensando que acababa de ver al fantasma ¿Pero... donde estaba? - Vamos ¿¡Me ves capaz!?- ¿De qué? No entendía palabra. Estamos a lo que estamos Memphis... -le miré con ansiedad presa del nerviosismo- o no estamos a lo que estamos ¿Vio al fantasma o.... no... vio al fantasma?
–Yo no toco aquí por menos de dos mil dólares.- ¿Se negaba a colaborar? ¡Pero si mi idea era genial! Me fastidió no llevar dos mil dólares encima. Si hubiese salido de casa con ellos, ahora no estaríamos en estas condiciones. Lo que es la vida... –Pero si te parece a bien… puedes seguir entonando el ¡¡¡Chan, chan, chan, chaaaaaan!!!- ¡La hizo súper bien! Ni que la hubiese tocado desde siempre –Puede que así venga, en su barquita, sí, - Uy... -y se enamoré de ti,- Uy... -y te dedique alguna de sus composiciones, cómo no.- Uy, uy, uy... -Noto cierta burla en tus...
-¿No sería perfecto?- A mí me daba en la nariz... que se estaba mofando de mí. Pero siguió hablando para más dramas. Le miré por el rabillo del ojo, con la boca fruncida. Incompresible su comportamiento.
-¡Y sabes qué! Yo no pinto n-a-d-a en ese encuentro. - se me desencajó la mandíbula. No quería perder los nervios. Así que, intenté concentrarme en una gotera del techo. Pero nada -Sigue buscando, preciosa…porque yo…- le miré con rapidez al ver que se reía. Quizás estaba de broma. Aunque nunca le tomé por un gracioso –yo me voy.- Ah, pues no. Chistes cero. Se dio la vuelta retrocediendo todo lo que andamos. Empecé a verle pequeñito, pequeñito, pequeñito... hasta que ya no le vi más. Y seguí sus pasos, corriendo tan rápido, que una ráfaga de aire sacudió las aguas ¡Como en la Biblia! Y vi un pie de Memphis, asomando por la abertura de la alcantarilla. Y también vi, que el sol se fue a dormir. Miré el cielo a través, escuchándole maldecir, -¡Ya está bien!- como tantas otras veces. Sólo que esa noche, me tocó la fibra. Yo ya estaba descontenta porque no quiso ayudarme y odiaba que me tratasen de tonta. Además, pocos fantasmas encontraría, estando con una persona ¡Tan negativa!
-Ya está bien... - refunfuñé pegando un bote descomunal, saliendo por el agujero de cara a la superficie ¡Igual que un camicace! y pisando el pecho de Memphis con mi zapato, para que no se escapase. ¡Y que no lo intentase! Porque no serviría de nada.

Todo lo que dije a partir de ese momento, fue lo más franco que jamás creí decir. Y si no fuera porque mi boca se movía, el símil se podría haber asemejado perfectamente, al de una estatua. Sonó igual que si hablase una verdura con labios. Le miré desde las alturas, manteniendo su espalda clavada al suelo. Carecí de sentimientos. Ni una ceja de mi rostro se movió. Ni siquiera parpadeé. Mi semblante se tornó fratricida. Monocorde dialogué en un hilo de voz, que aún así, tenía eco. Con la misma tranquilidad, que un reloj de arena, en el que el tiempo corre despacio, mi voz pronunció la primera palabra de muchas, sin apenas respirar ¿Para qué?
-¿Sabes Memphis? Todo empezó bien pero.... No es que quiera ser catastrofista. Pero es obvio que las cosas, ya no están tan bien. Me duele ser la primera en admitirlo. He de confesarte que... me negaba a creerlo. Y me inquieta, que sea la última cosa que te diga esta noche. De hecho, temo que sea la última cosa, que te diga alguien, en lo que te queda de vida. Porque... bueno... ambos sabemos que, después de haberme deleitado con semejante sarta de necedades, a la cual más ofensiva, sería necio negar, las posibles consecuencias ¿No te das cuenta del daño que haces? Y te lo digo desde la más cruda de las sinceridades. Sólo quería preguntarte, si tenías algo más que decirme, antes de que suceda lo inapelable. Porque mi madre siempre me dijo, que "el que concede la palabra en los momentos críticos", y créeme que este lo es, "se la considera noble". Porque Memphis, hoy vas a morir.

Me quité el abrigo, para que no se manchase de sangre. No está bien ir por ahí llena de sobras. La gente podría asustarse. Luego acerqué el rostro al suyo, doblando las rodillas, aún sin soltarle. Que me tomaba el pelo, no era ningún descubrimiento. Vete a saber que más haría. A veces resulto algo extraña a las personas. Pero sólo a veces. Giré la cabeza, igual que un periquito observando un gusano jugoso para el pico, ahora encadenado a mis ojos -Porque estoy muy loca. Y no hace falta que un humano como tú, venga a contármelo. Porque yo ya era consciente de ello, hace mucho tiempo - desde que nací. Y que no se hiciese el sorprendido -¿Qué pasa? ¿Qué no te lo crees? ¿Me tomas por una embustera? - Sí, me puse chula. Y qué. Faltaría más.
Le agarré del cuello. No pretendía estrangularle ¡Pero lo habría hecho! -Yo te he dado mi voto de confianza y tú no me has dado nada en absoluto - que verdad más verdadera -No negaré que me he encariñado de ti - aunque esta, era mucho más cruda -Sería necio... - no terminé la frase. Mi mano liberó sola su garganta. A lo que yo aparté el pie del pecho de Memphis algo confusa. Era como... como si no me viera capaz -Pensándolo mejor... - cambié de opinión de inmediato. En el fondo siempre fui una chiquilla muy compasiva y él se merecía tragar tierra y más. Pero bueno. Que le vamos a hacer...

-...vamos a hacer una cosa - Sí, haremos algo. Porque quieras o no, compartisteis buenos momentos -Yo juro no matarte, si tu juras serme fiel - no como una mascota. Pero sí como un amigo -Porque creo que tienes que aprender mucho de la vida y yo podría enseñártelo. Pero no vale que jures por cualquier cosa. Ni por la luna... ni por los campos Elíseos... Tiene que ser por algo que realmente te importe- sonreí grandiosa ¡Seguro que tenía un montón de cosas por las que jurar! Eso pensé en primera instancia. Pero luego recordé lo egoísta que era. Seguro que no le importaba nada ni nadie. Posiblemente sus recuerdos ocupasen el mismo espacio que el maletín que portaba -Y que conste que te estoy dando una oportunidad, grande como una casa. - dicho lo dicho, al lío -Yo ahora te muerdo - le aclaré. A ver si se iba a pensar, que se me había olvidado. A veces hablo demasiado ¡Pero eso él ya lo sabe! -Luego me voy... y te dejo unos días, para que cambies de actitud y te lo pienses - muy cordial estaba siendo -Y no intentes escapar... Porque no importa a donde vayas. Porque te perseguiré, te perseguiré y te perseguiré... y te encontraré. Porque suelo perseverar, a la hora de alcanzar mis metas. Y tu eres mi propósito y yo tu destino final, soldado de pelotón de segunda - ¡Bueno! ¡Ya lo he dicho! He de reconocer... que ahí me pasé. Confieso que fue una amonestación, por los daños causados. Pude haber sido mucho más cruel pero... no quise hacerle llorar.

Empecé a aproximarme hacia él, con parsimonia, queriendo estirar el tiempo. Más le valía no salir corriendo, porque no serviría de nada, salvo para enfadarme -¿Sabes lo que más admiro de los humanos? La capacidad que tenéis para desechar recuerdos que creéis que no importan y retener los que os interesan. Es realmente trágico, pues considero que todo recuerdo, es valioso. Pero confío en que este, no se te olvidará nunca ¿Verdad que no? No... claro que no - susurré, tocándole en la punta de la nariz -Bon Appétit - lanzarme sobre su cuello, sujetarle con los muslos para que no se moviese, retirándole las manos tras la espalda aprisionándolas contra esta y el suelo fue... un primor. Un primor como él. Mis colmillos se abrieron paso, sin compasión y sorbí con ansia la esencia que tan bien olía y tan rica sabía. Ahora debía parar, o terminaría matándole. Me retiré con pereza -Es suficiente... - murmuré junto a su cuello, herida abierta y fruto de mis placeres mas carnales -Hasta la vista Memphis... - tan poco bebí tanto... Podría volver al Hotel él solito. No fuese que me diera hambre por el camino, acompañándole. Pero le manché la camisa. Las gotas se desparramaban por mi barbilla de "a poquitos" ¡No pasa nada! Se quita -Un besito - dejé caer uno sobre su nariz y me esfumé como una sombra. Para una despedida que teníamos.... y tenía que ser tan trágica. Que mala suerte, de verdad.



[off: no tienes por qué copiarlo todo. Lo entenderé. xD]

Eva Lavant
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Mensaje por Tristán Evans el Sáb Abr 16, 2011 7:57 pm

[Off: Se hizo lo que se pudo ¬¬, xD]


Y al segundo escuché claramente un: -Ya está bien... - “¡Cómo!” Solo me dio tiempo levantar la cabeza, cuando me vi aplastado por la pie de Eva. -¡Yo…yo!- ¿Había perdido la cabeza por completo? Reconozco que fueron buenas vistas a pesar de todo, pero eso no quitaba que ¡me estuviera pisando! ¿Qué se había creído? Intenté quitármela de encima, pero fue un esfuerzo inútil. “Quietecito, entonces.” Lo iba pillando. Aunque no creí que fuera necesario el numerito, mucho menos estando en la calle a la vista de cualquiera ¡pero quién iba a racionar en estas condiciones! Yo no. Intenté no soltar todo el aire, cada vez que respiraba apretaba con más fuerza. Maldita. Esta me las pagaría, y luego quería que fuésemos amigos ¡sí! La miré furioso, pero ni con esas, que no cedía la tía. -¿Sabes Memphis?- ¡No, no tengo ni idea!- Todo empezó bien pero...- Te digo yo de ya, que esto se ha acabado. Escuché su discursito con los puños bien cerrados, no estaba para tonterías. -Y me inquieta, que sea la última cosa que te diga esta noche.- Eso seguro....- De hecho, temo que sea la última cosa, que te diga alguien, en lo que te queda de vida.- Cuando te pille…te enterarás de lo que es bueno…- Porque... bueno... ambos sabemos que, después de haberme deleitado con semejante sarta de necedades,- ¡Pobre! Se lo había tomado mal…- a la cual más ofensiva,- Llegados a este punto me arrepentí de no haberle soltado mejores joyitas allí abajo, y quedarme a gusto del todo.- sería necio negar, las posibles consecuencias ¿No te das cuenta del daño que haces?- Me importa una mierda… “Dilo en alto, atrévete” Paso.- Y te lo digo desde la más cruda de las sinceridades. Sólo quería preguntarte, si tenías algo más que decirme, antes de que suceda lo inapelable.- Loca, loca, loca.-Demente.- Conseguí decir, aunque dudaba que me hubiese escuchado, porque seguía hablando sin pausa alguna.- Porque mi madre siempre me dijo, que "el que concede la palabra en los momentos críticos", y créeme que este lo es, "se la considera noble".- De noble tienes lo que yo tengo de caballero “Esa ha sido buena”-Porque Memphis, hoy vas a morir.- ¡Que te lo has creído! “¡Pero qué dice!” Unos buenos grilletes y una sábana blanca para la señorita fantasma. – Morir…del disgusto sí.- La fusilé telepáticamente, mientras se quitaba el abrigo. Al principio no la creí ¿Cómo iba a estar hablando en serio? Pero la broma…se estaba tornando cada vez más pesada.

Acercó su rostro tanto al mío que el corazón se me disparó “Vale ya”. Y se me quedó mirando tan fijamente que me entró un tic en el pie izquierdo. Si hubiese estado en mis cabales la habría escupido, pero… ese atrevimiento me podía costar caro…muy caro, no había más que verla…Lo seria que se había puesto. -Porque estoy muy loca.- No dije nada… no era mi turno, y parecía que nunca lo sería. -¿Qué pasa? ¿Qué no te lo crees?- Arrugué la frente, preso de la angustia.- ¿Me tomas por una embustera? – ¡Menos mal que no abrí la boca! Porque no las tenía todas conmigo. Balbucear habría sido mucho peor. Entonces me agarró del cuello sin ningún miramiento “entrañable angelito”. Aún estando como estaba no exterioricé mi pánico, tenía que aguantar todo lo posible, como un hombre ¡joder! -Yo te he dado mi voto de confianza y tú no me has dado nada en absoluto – Anda que no, mi precioso tiempo ¿Eso no significaba nada para ella? Y…y había soportado sus cambios de humor, sus paridas…Le compré una puta flor ¿¡eso no es nada!? No valoran lo que hago…que dolido me siento. Típica mujer al borde de un estado de nervios. -No negaré que me he encariñado de ti. – Te arrepentirás…como todas…pero suéltame majeta. -Sería necio... – Necio…muy necio. ¡Eh! Me había soltado la garganta, y me dejó “libre”…menuda suerte. -Pensándolo mejor... vamos a hacer una cosa – ¿Cuándo se pensó que yo seguía queriendo hacer algo con ella? ¡Ni…ni borracho! Un hervor de los buenos le daba yo.- Yo juro no matarte,- ¡pero tú te estás oyendo!- si tu juras serme fiel – venga sí…palmadita en la espalda. -Porque creo que tienes que aprender mucho de la vida y yo podría enseñártelo.- Me habría destornillado de la risa tras oír aquello, pero sólo me rasqué la barbilla, haciendo que me lo estaba pensando ¿Por qué…tenía opinión y voto…no?- Pero no vale que jures por cualquier cosa. Ni por la luna... ni por los campos Elíseos...- Suspiré aburrido de tanta perorata. Cuando la daban cuerda no había quien la detuviera ¡Pobre de aquel…pobre! “¿quién?” su futuro marido…yo qué sé. - Tiene que ser por algo que realmente te importe- Poca cosa…contadas. ¿Qué? Estaba orgullosa de sí misma. No me hagas reír. Hice el amago de levantarme, pero me falló el tobillo “y ahora tú… ¡bien!” ¿Qué más faltaba? Bueno por lo menos tenía mi saxo no muy lejos, y todo esto quedaría olvidado, después de que le cantase las cuarenta…pero olvidado. Me marcharía de nuevo a Inglaterra ¡y punto! -Y que conste que te estoy dando una oportunidad, grande como una casa. – La que te vas a comer…esa sí que es grande…como…como un transatlántico. -Yo ahora te muerdo – Dejé los ojos en blanco bufando como un descosido. Ya me estaba cansando tanta amenaza… -Luego me voy... y te dejo unos días, para que cambies de actitud y te lo pienses – “que te den por c…” Moví los labios sin acabar la frase. Habría maldecido a los cuatro vientos una sarta de burradas a cual más gorda hasta vomitarlas todas ¡Hartito me tenía ya! -Y no intentes escapar... – Anda que…-Porque no importa a donde vayas. Porque te perseguiré, te perseguiré y te perseguiré... y te encontraré.- Sonreí asintiendo, como a quien le piden un favor que sabe que le entrará por un oído y le saldrá por otro.- Porque suelo perseverar, a la hora de alcanzar mis metas. Y tu eres mi propósito y yo tu destino final,- me cubrí la boca con el puño ¿Mi destino final?- soldado de pelotón de segunda – Cerré los ojos fingiendo estar dolido de narices. “Me has dado donde duele pajarito”. Eché levemente hacia atrás la cabeza cuando empezó a acercárseme.

Y emprendió la cháchara. Que si recuerdos…que si lalalaa…- Pero confío en que este, no se te olvidará nunca ¿Verdad que no? – negué con la cabeza, como obligado.- No... claro que no - ¡Lárgate! Grité en mis adentros cuando me tocó. -Bon Appétit – ¡Se lanzó sobre mí! Inesperadamente. La miré con cara de pocos amigos, me estaba inmovilizando la muy cabrona. -¡Pero qué haces!- exclamé moviendo los brazos, en un intento de impedir que los dejase tras mi espalda. Volvió a tirarme al suelo, de nada sirvieron los movimientos bruscos, ni que pataleara. Y después mis ojos se abrieron desplegando sus pétalos hasta desprenderse del tallo y quedar suspendidos en el aire. Insonoridad. Ingravidez. “Vaya…al final parece que sí vas a morir.” – Me…haces…daño.- murmuré vulnerable. ¿Qué me estaba haciendo? Sólo podía ver la maraña de sus cabellos, y cuando estiraba el cuello un dolor mucho más punzante me atravesaba el corazón. Quise insultarla, pero me vi incapaz, mi cerebro no funcionaba con normalidad. Me estaba debilitando por momentos. Ni en mis peores pesadillas iba a pensar que acabaría así, a manos de una psicópata, en un callejón… Ya me estaba imaginando las portadas de los periódicos del día siguiente “¿de verdad crees que saldrías en primera plana? Lo…lo merezco…
Tragar saliva, impensable. Los parpados me pesaban, todo era una verdadera mierda.
-Es suficiente... - ¿Eh? ¿No tienes lo que hay que tener para…terminar conmigo? Tomé aire con dificultad mirando la última ventana. -Hasta la vista Memphis... – Te mataré…Te…mata…ré. -Un besito – Lentamente…hasta que agonices…de dolor… Y recordarás este día, como el día en el que Tristán Evans juró sobre lo que más le importa sobre este mundo, que “estás acabada”.
Moví lentamente las manos y los brazos, atrapé una pequeña piedra, y la arrojé con toda la fuerza que me vi capaz al lugar por donde había desaparecido aquella sombra, la piedrecita rebotó. Fue una tontería, pero ese odio me dio los ánimos que necesitaba para incorporarme.
Pasaron varios minutos hasta que pude apoyar la espalda en el muro del edificio. Me llevé la mano al cuello, con aprensión, y al apartar la palma, ésta estaba encharcada de sangre, “de mi sangre… ¡maldita sea!” Me tembló todo el cuerpo. Que recordarse jamás me había sucedido algo por el estilo.
–Llorarás…- murmuré haciendo un esfuerzo por coger el asa del maletín. Que me buscase…yo la esperaría con los brazos abiertos. Me levanté el cuello de la camisa para ocultar la herida, y caminé en dirección al hotel. Estaba agotado, no quería ni cenar.
En realidad no sabía cuánta sangre había perdido. Al llegar cubrí el cuello con una de mis bufandas, para que así me fuera más fácil sanar. Me tiré en la cama, no sin antes haber cerrado la ventana, y haber atrancado la puerta. No quería que nadie me molestase en aquel momento. Ya pensaría lo que hacer a la mañana siguiente, posiblemente cogería el primer barco. A fin de cuentas, nada bueno me había traído el dichoso viaje. Qué manera de vivir una pesadilla.

Tristán Evans

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