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La dulce muerte [Leonardo]

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default La dulce muerte [Leonardo]

Mensaje por Alma Dupont el Jue Dic 16, 2010 3:06 am

Todo estaba sumido en una profunda calma. Sólo quietud y nada más. Presa de la noche, sentí como una insignificante lágrima se deslizaba con suavidad por mi mejilla. Impasible, observé mi rostro frente al espejo, retirando aquella capa húmeda, con extremada paciencia. Mi corazón latía despacio, a pesar de mi estado ¿Cómo era posible? Llevaba días, semanas... así. El monstruo gritaba dentro de mí, quejándose de semejante desliz. Yo nunca lloraba...
Pero... ahora...

Ahora no podía parar. Sin premeditación alguna, mi mano fue sola hasta asir un joyero de plata, arrojándolo contra el cristal de la cómoda, haciendo añicos el espejo.
Odie a mi padre ¿Cómo pudo tener la desfachatez de crear a una arpía, ser impía, como yo?
¿Cómo tener compasión, si nunca aprendí a tenerla? Me sentía sola. Perdida, sin fuerzas para seguir, a pesar de la vida que había forjado asesinato tras asesinato. Es difícil que una mujer salga adelante sin la ayuda de un hombre, por repugnante que parezca. ¡Y yo lo había conseguido! Pero... a qué precio.

Me levanté de la silla, recorriendo con la mirada cada pedazo de espejo. Mi rostro ahora estaba deformado. Alcé la vista, oliendo la estancia. La moqueta... los perfumes... las sábanas de seda... pasé las manos por la cómoda, sintiendo la madera por última vez. Me quité los tacones. Me aproxime hasta las cortinas, cerciorándome de que el terciopelo seguía siendo igual que siempre. Pero, en realidad, ahora todo era distinto. No podía ver del mismo modo aquel lugar.

Abrí la ventana, notando el aire en mi rostro. Las pobres almas, que habían sido arrancadas de la tierra, por caprichos de mi destino, volvieron a revivirse en mi memoria, mientras mis pies se subían al alfeizar de la ventana. Robert Anderson calló por las escaleras, apagando su último aliento. Miré al fondo del abismo, encontrando mi corazón sereno. Casi parecía no latir. Cinco pisos son suficientes para sumirme en la profunda muerte ¿Iría al infierno? posiblemente. No me desagradaba tal idea. Todo lo contrario.

Cerré los ojos, acaricié mi rostro por última vez y me lancé al vacío, con la esperanza de que no volviesen a abrirse.

Un desatino menos en el mundo...

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default Re: La dulce muerte [Leonardo]

Mensaje por Leonardo Rousseau el Vie Dic 17, 2010 1:44 am

La noche se despertó con tormenta, el viento y la lluvia azotaban los ventanales del castillo. Me encontraba distraído como casi siempre, no había tocado la cena y mi mirada se centraba en el jardín, veía como las ramas de los arboles se balanceaban. Mina no dejaba de intentar llamar mi atención, yo me limitaba a asentir o a soltar alguna frase neutra. Solo la mire cuando tiro su copa al suelo provocando un fuerte sonido y saliendo del comedor claramente enfadada. Desconocía el porqué de dicho enfado

-Dramática…-Murmure y volví a mirar hacia afuera. “tormenta…” aquella palabra se repetía en mis pensamientos desvariados y confusos. De pronto vino a mi memoria unos cabellos rubios, una mirada felina y profunda y unos labios cargados de veneno, de agridulce veneno. Ya era hora de cobrar aquella pequeña deuda pendiente con lady Dupont. Quizá ayudaríamos a aquella pequeña tormenta a convertirse en un huracán.
Abandone la mesa y pedí a Charley que preparase el carruaje. Mientras tanto subí a mi habitación para coger aquella daga que un día se baño con un poco de mi sangre. Sonreí al recordar aquel momento.


-Cuanta osadía guardada en un frágil y pequeño recipiente…-Pensé en voz alta. Escondí aquel trozo de metal sujetándolo en mi zapato y cubriéndolo con el pantalón.

Charley subió al poco tiempo para comunicarme de que todo estaba dispuesto. En pocos minutos recorríamos las calles encharcadas de Londres dejando atrás los gritos histéricos de Mina. La lluvia ceso durante un tiempo, pero pronto volvería a caer indiscriminadamente.

No fue difícil dar con la casa de lady Dupont. Baje del coche pero dude, no sabía si llamar a la puerta principal o colarme directamente en su habitación. La casa parecía estar en silencio por lo que decidí acercarme a su ventana. Guiado por mi olfato y oído fui a dar con la suya. Confirme mis suposiciones cuando vi como Alma salía al alfeizar de la ventada, la mire sin entender muy bien que hacía y de pronto simplemente la vi cayendo “Pero qué demonios hace?” me pregunte y estire los brazos. Sentí su cuerpo en ellos y la mire aunque sus ojos estaban ocultos tras sus parpados.


-No sabía que tenias tantas ganas de verme…la próxima vez no hace falta que saltes desde la ventana a mis brazos, puede que decida no cogerte- Me reí entre dientes y espere a que reaccionase. Aun así no pude evitar preguntarme qué la había llevado a intentar….matarse? eso era lo que estaba haciendo?

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default Re: La dulce muerte [Leonardo]

Mensaje por Alma Dupont el Vie Dic 17, 2010 2:33 am

Mi corazón comenzó a latir deprisa, mientras caía a cinco pisos de altura, esperando encontrarme con el suelo ¿Sentiría dolor? ¿Vería alguna luz? o por el contrario ¿Quedaría atrapada en la oscuridad?

Entonces ocurrió algo de lo más extraño. Choqué contra algo que poco tenía que ver con mi funesto destino. Aún mantuve los ojos cerrados, confusa. Quizás estuviese muerta y aquel fuese algún recuerdo perdido, que se repitiese de nuevo. El recuerdo de un abrazo. Pero yo no tuve semejante cosa, jamás ¡Qué estupidez!

Abrí los ojos despacio, vislumbrando a un hombre. Mi boca se abrió poco a poco, dibujando una "o" enorme ¿Cómo era posible? ¡Monsieur Rousseau me sostenía entre sus brazos, a un centímetro de estrellarme contra el suelo! Un pequeño grito se escapó de mi boca, sin previo aviso. Me dieron ganas de reír, pero me contuve. Era ridículo. O quizás yo fuese ridícula, no lo se. Por segunda vez, acudía a mi rescate ¿Era un rescate?

-No sabía que tenias tantas ganas de verme… - sin más dilación, estallé en una enorme carcajada, sosteniéndome en sus hombros - la próxima vez no hace falta que saltes desde la ventana a mis brazos, puede que decida no cogerte- mi sonrisa degeneró en nerviosismo atroz.

-Yo tampoco lo sabía, hasta que habéis aparecido. Puede que la próxima vez, salte desde un acantilado - comenté haciéndome la tonta. Me sentí conmovida ¿Alguien se acordaba de mí? -¿Queréis pasar? - mi voz sonó como la de una niña pequeña. Aún estaba conmocionada de la impresión -Sí, será lo mejor - me dije a mi misma.

Me separé del joven y me cercioré de que siguiese mi paso hasta la entrada. Llamé a la puerta con ímpetu para que Charles, saliese a abrirnos. Puede que aún no estuviese dormido.

-¿Señorita Dupont? - preguntó confuso tras abrir la puerta y verme fuera de la casa. Aún llevaba el esmoquin y los platos de la cena en una mano -¿Cuando ha salido? -
Sonreí molesta y me metí dentro, haciendo que se apartase de mi camino -Hace un rato... - murmuré colocándome el vestido -¿Por qué no nos sirves unas copas? - le sugerí a Charles, que contestó con una reverencia perfecta.

Anduve hasta el salón de mi casa, mirando de reojo al joven de vez en cuando y dejándome caer sobre la chimenea para avivar el fuego.

-Pensareis que soy una melodramática. Y en cierta manera lo soy. No entraba en mis planes, que vos fueseis testigo de ello - El mayordomo depositó las copas sobre la mesa, dejándonos solos. Yo cogí las dos bebidas, tendiéndole una de ellas a Leonardo. Luego, llevé la mía hasta mis labios y bebí con lentitud su contenido, sin quitarle la vista. El carmín quedó gravado en el borde de la copa.

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default Re: La dulce muerte [Leonardo]

Mensaje por Leonardo Rousseau el Dom Dic 19, 2010 2:10 am

Empezó a hablar pero apenas le prestaba atención a lo que me decía, mi curiosidad, a veces inoportuna, no dejaba de sembrar preguntas en mi. La observe con detenimiento y lo primero que me llamo la atención era ver que estaba descalza, lo segundo fue la ligera humedad de sus mejillas y la sobra que quedaban de unas lagrimas. Había estado llorando sin duda.
Los sentimientos…ese estorbo parecía turbar siempre a los humanos. Sabía que no podía esperar otra cosa de ella, por mucho que nos pareciéramos ella no dejaba de ser una simple humana llena de miedos y sentimientos “lastima” pensé, de todas formas tampoco era algo excesivamente importante aquello solo era otro juego más.

La seguí casi por inercia. Entramos en la casa y enseguida apareció un sirviente, ella le pidió unas copas y él se fue de inmediato a buscarlas. Yo no había dicho palabra, seguía con mis cavilaciones….sin duda algo la había llevado a querer suicidarse, ciertamente el motivo me importaba más bien poco pero había algo que me molestaba. Después de que aquella noche decidiera dejarla vivir para seguir disfrutando de ella, la señorita Dupont decidió acabar con su vida…”como si pudieses escapar tan fácilmente de mis colmillos” pensé. El único que obtendría el último aliento de Alma Dupont seria yo…

Se acerco al fuego avivándol
o -Pensareis que soy una melodramática. Y en cierta manera lo soy. No entraba en mis planes, que vos fueseis testigo de ello – Comento otra vez, pero tampoco en esta ocasión pronuncie palabra. Aquella noche no me encontraba hablador, había dejado aparcado un poco el disfraz de hombre educado y conversador.

Enseguida el sirviente apareció con las dos copas. Alma me tendió una y la acepte, ella se llevo la suya a los labios bebiendo. Por alguna razón la notaba nerviosa, supongo que era normal, no todos los días alguien te impide acabar con tu vida….
La mire y deje la copa sobre una pequeña mesa situada frente a la chimenea, me acerque a ella y cogí su copa mirándola negando con la cabeza. No me gustaba el gusto que dejaba el alcohol en la sangre, que podía decir…


-Esto no lo va a resolver-Dije dejando la copa en el mismo sitio que la mía, rompiendo así mi silencio-Los sentimientos solo nos hacen débiles señorita Dupont

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default Re: La dulce muerte [Leonardo]

Mensaje por Alma Dupont el Dom Dic 19, 2010 4:10 am

El joven no tomó ni un trago. Es más, dejó la copa sobre la chimenea, incluyendo la mía. Me dieron ganas de sujetarla con fuerza, resistiéndome, para que no me la quitase. Pero me contuve.

-Esto no lo va a resolver- eso lo dirás tú, amigo... -Los sentimientos solo nos hacen débiles señorita Dupont - Débil, me llamó. Que atrevido... lo que me faltaba. Bufé, poniendo los ojos en blanco, con gran parsimonia.

-Supongo que lo dice un experto - volví a coger la copa, con gesto de prepotencia. Que volviese a quitármela de las manos... no estaba de humor para tonterías -No os confundáis. Hay que tener valor para tirarse desde una ventana. Pero vos que sabéis... - volví a dejar la copa a un lado tras deleitarme con su sabor; para acercarme a él, con mirada felina. Posiblemente, sabía a lo que me refería. Mi cuchillo no fue capaz de acabar con su vida de forma funesta -Supongo que es difícil sorprenderos si... ni siquiera sois capaz de sentir el filo atravesar cada capa de vuestra piel. Lo digo por vuestra reacción, impasible... - me tomé la libertad de acariciar su pecho con indecencia. Ni un ápice en su rostro de comprensión. Ni una intención de compasión. Empatía nula. Cualquier otra pesona, estaría psicoanalizándome, con la mirada triste. El tipo estaba como una chota ¿Quién, en su sano juicio, bebe sangre? ¡Qué no me juzgase por querer emborracharme!

Calmé mis nervios, intentando no alterarme. Tampoco quería pagarlo con él. Pero supuse que no se molestaría. Me conocía en cierto modo. Incluso yo podía permitirme tratarle así, a sabiendas de que, le dijese lo que le dijese; le iba a dar igual. Era lo bueno de Leonardo.
Me alejé de él, pasando la mano por los respaldos de las sillas y dejándola caer hasta la mesa del comedor; mirándole de reojo. El león sabe reconocer el peligro, cuando se atreve a acecharle.

-Llevo unos días, dándole vueltas a una cosa, en mi cabeza - creí volverme a sentir como siempre. Quizás su aparición no fuese tan desacertada. Posiblemente se preguntase qué cosita sería esa. Reí sin medida, clavándole la mirada -Aquella noche... - empecé a recordar. El canalla sabría a que noche me refería. Cómo olvidarla... -teníais pensado desde un principio atacarme - En realidad no era una pregunta. Yo misma me sorprendí de lo contundente que fue mi afirmación. Y, muy a mi pesar, no me desagradaba. Lo interpreté, como un castigo, a mis comportamientos ¿El era mi verdugo? pues que no se quitase la máscara, que no hacía falta. Nada como un desconocido para devorar mis pecados -Pero no os apiadéis... - acaricié las palabras con sumo esmero - Aunque creo que eso es imposible - volví a reír melodiosa ¡No podía callarme! -Me parece perfecto que vos seáis el hombre que mate cada día, una pequeña parte de mí - me acerqué sinuosa, apoyando la mano en uno de mis costados e inclinando la cadera en esa dirección, hasta detenerme frente a él -Sería cobarde no aceptar la obviedad. Débil negarme a admitir, que me habéis alegrado la noche - y así era. ¿Tan extraño era sentir que olvidaba mi cometido? ¿Lo que tanto había deseado en un principio? Leonardo, despertaba mis instintos mas sádicos, sin apiadarse de mi pobre alma ¿Y ahora? qué... ¿Se me había olvidado por completo el dolor? Eso parecía... ¿El culpable? Quien si no. Pero que canalla...

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default Re: La dulce muerte [Leonardo]

Mensaje por Leonardo Rousseau el Lun Dic 20, 2010 12:13 am

Volvió a beber, intentaba retarme? No dije nada, solo la mire. Comenzó a hablar – Reacción impasible? Si bueno…supongo que he sido algo “frio”-Dije sin más. Sentí como sus manos acariciaban mi pecho indecentemente, a veces no entendía esos actos suyos, primero parecía molesta por mi poco interés hacia el suceso que había presenciado y después, por el contrario, insinuárseme.

Hablo, se acerco seductoramente, contoneando sus curvas perfectas. Llegaba el momento en que acabaría lo que había empezado aquella noche a la que se refería. Esta vez no podría escaparse, esta vez mi pequeña venganza quedaría satisfecha. Por fin sabría si Alma Dupont era un mar embravecido y salvaje o simplemente un rio que intenta alcanzar el mar. Quería descontrolarla y liberar toda su locura, sabía que había más en ella de lo que a simple vista dejaba ver.
Cuando estuvo frente a mí la rodee por la cintura atrayéndola a mí.

-Beberé cada pequeña gota de vuestra vida –Acerque mis labios a su oreja para susurrar en ella- Esta noche no os librareis de mi tan fácilmente y os juro que acabare con lo que empiece aun vos no estéis de acuerdo…-Finalice casi como una sentencia. –Y no hay más vino por esta noche- La levante cogiéndola en brazos. Camine hasta las escaleras y subí por ellas hasta la quinta planta. Me deje guiar por mis cálculos y me acerque a una puerta, esperando a que ella abriese


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Mensaje por Alma Dupont el Lun Dic 20, 2010 2:02 am

Entorné los ojos, maliciosamente, al presentir sus labios junto a mi oreja. Susurró, sin ningún pudor, sus viles intenciones. Puse cara de sorpresa fingida, cuando me cogió en volandas, arrastrándome hasta mi cuarto.

Abrí la puerta con extremada lentitud, dejando a la vista la habitación. Todo estaba en penumbra. A excepción de la luz de la luna, que proyectaba pequeños reflejos grises, sobre la moqueta. ¿Y ahora, qué? ¿Sería todo, aquí te pillo aquí te mato? de eso nada... sonreí traviesa. Agarré al joven del cinturón, atrayéndolo hacía mí. Luego cerré la puerta, con ayuda de su espalda, empotrándole contra la madera, brutal... Llevé las manos a su corbata y, con un movimiento sutil de dedos, deshice el nudo que apresaba el cuello de su camisa. La tela resonó con fuerza, presa de mis manos.
Mi respiración galopaba salvaje, excitada, monstruosamente agitada.
Le miré. Directamente a los ojos. Abrí la boca y respiré profundamente, preparándome para lo que estaba a punto de hacer. Casi me relamí al taparle los ojos con la corbata, forzando un nudo tras su cabeza. Dejé caer las manos por su rostro hasta llegar a los labios, permitiéndome el lujo de introducir un dedo, dentro de su boca. Deliciosa...

Me acerqué a su oído y, muy bajito, susurré:
-A ver si me pillas -

Me retiré despacio, dejándole contra la puerta. Y me escondí, por así decirlo, al lado del armario. Apoyé la cabeza contra el muro, dejándome caer. Me tapé la boca, para que no me oyese y le observé a lo lejos, con el corazón en un puño.

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default Re: La dulce muerte [Leonardo]

Mensaje por Leonardo Rousseau el Mar Dic 21, 2010 3:12 am

Abrió la puerta sin más demora. Me empujo contra ella cerrándola, no hice ademan de pararla en ningún momento, la deje hacer. Por lo visto estaba juguetona, me cubrió los ojos con mi corbata después de arrancármela. Ella disfrutaba con ello, me lo decía su excitación que cada vez iba en un aumento galopante.
Metió un dedo en mi boca, encarne una ceja entre sorprendido y pícaro. Deje que lo hiciera y antes de que lo sacase lo mordí ligeramente.


-A ver si me pillas –Susurro en mi oído. Se alejo, aunque no pudiese verla aun podía oírla caminar, respirar, estar…

Sus intentos por esconderse de mi serian totalmente inútiles pero decidí seguirla el juego al menos por un momento. -No sé si seré capaz de semejante propósito-Dijo con ironía mal escondida. –Bueno, supongo que tendré que empezar a buscarte…-Me quite la chaqueta dejándola caer en el suelo. Para disimular camine en una dirección errónea.- Donde se habrá metido la gatita? –Decía mientras recorría la estancia-No…aquí no – Llegue a su cama- Quizá ya me este esperando desnuda en la cama-Dije riéndome entre dientes y después busque debajo de las almohadas, encontré cosas interesantes-Premio-Cogí un pequeño puñal que encontré entre sus muchos almohadones. Esta vez camine en el sentido correcto, llegue hasta ella sin dificultad. Baje hasta ponerme a su altura, pues se había dejado caer, y con el puñal fui cortando las tiras de su corsé- Haremos un trato, tú te escondes y cuando yo te pille te quitare una prenda hasta desnudarte por completo- Termine de cortar todas las tiras y antes de que ella pudiese reaccionar me hice su prenda. – Necesitas que cuente hasta diez?-Pregunte con una sonrisa casi macabra

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default Re: La dulce muerte [Leonardo]

Mensaje por Alma Dupont el Mar Dic 21, 2010 4:16 am

-No sé si seré capaz de semejante propósito- ¿Por qué diría aquello, con semejante tono de voz? yo estaba bien escondida... reí por lo bajo, presa de la emoción. Como me gustaba sentir de nuevo la adrenalina. –Bueno, supongo que tendré que empezar a buscarte…- se quitó la chaqueta deleitándome con el panorama, mientras observaba sus movimientos, yendo en otra dirección. Sobrecogiéndome por sus formas, agarré mi pecho, con intenciones de desnudarme entera. Pero que atractivo... me hubiese gustado saltarme las reglas del juego. Pero respiré con cuidado, manteniendo la calma - Donde se habrá metido la gatita? – su voz me embelesaba, su cuerpo me tentaba, sus manos me abrasaban, su lengua me incitaba a cometer las mayores atrocidades habidas y por haber. Las más gigantescas barbaries jamás escritas por el hombre. Ni en las mejores novelas se relataba un caballero así -No…aquí no – estaba justo en mi lecho ¿En qué estaría pensando? - Quizá ya me este esperando desnuda en la cama- me tapé con fuerza la boca, conteniendo la carcajada. Para que eso ocurriese, antes tenía que encontrarme ¿Qué hacía ahora? Llena de curiosidad, me incliné hacia un lado para poder ver mejor, lo que se proponía. Abrí los ojos estupefacta, al darme cuenta de su hallazgo. Leonardo había encontrado, bajo mi almohada, otra de mis amigas; la daga dorada -Premio- ¿Y ahora que hacía? Contraje los músculos, empujando con fuerza la pared tras mi espalda, con ayuda de mis manos. El joven se había detenido justo delante de mi, puñal en mano. Noté mi respiración agitada, cuando se agachó para ponerse a mi altura. Al ver el puñal tan cerca de mi pecho, casi me da un ataque ¿Pero que narices...? mi mente se volvió loca de remate temiéndose lo peor, descolocando mi percepción de la situación. O como yo la sentía, hasta cerciorarse de lo que realmente pretendía. Cortó cada tira de mi corsé de forma rápida - Haremos un trato, tú te escondes y cuando yo te pille te quitare una prenda hasta desnudarte por completo- suspiré con una risa traviesa, haciendo que mi pecho expandiese las tiras hacia los lados. A la vita quedaba mi precioso picardías negro. Era de lo más tentador. Que lástima que llevase la corbata en los ojos. – Necesitas que cuente hasta diez?- tentó su suerte, al sonreír al diablo.

Me incliné hacia él, con sumo cuidado, rozando su pecho con los míos. Me hubiese restregado como un gato salvaje al ver a su amo. Pero tenía que reprimirme. Observé su cuerpo con gran descaro, ahora que no podía darse cuenta. Aunque mi silencio decía más que cualquier poema.

-Lo que necesito... - me acerqué, pegando mi nariz contra la suya -es... - lamí sus labios ¡Dios santo! deseaba estrujarlos, aniquilarlos. Zampármelos... -a un hombre que no tema portarse mal conmigo. Que me atraviese con cada músculo, con cada centímetro de su piel, abrasándome viva, arruinando por completo mi delicadeza - me retiré caminando hacía la puerta. Esta vez, me movería del sitio si volvía a encontrarme. Aquello era hacer trampas, pero bueno. Él era más tramposo que yo. Elevé ligeramente mi voz, sin miedo a que supiera donde estaba y dije -No hace falta que contéis. Mi corazón lleva el ritmo, marcando con esmerada claridad, tal enumeración. Aunque... es posible que adelante acontecimientos - eso seguro... estaba atacando mi pecho sin ningún pudor, por cada segundo de silencio, que advertía.

Me alejé de la puerta, recorriendo la pared con las manos hasta llegar a la ventana. Quise llevar mis dedos justo a mi sexo, para calmar su rugir. Oh, mon die...

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default Re: La dulce muerte [Leonardo]

Mensaje por Leonardo Rousseau el Mar Dic 21, 2010 6:57 pm

Sentí la voluptuosidad de sus pechos rozándome y al momento su voz -Lo que necesito... – Su nariz se encontraba junto a la mía, pronunciaba las palabras despacio y seductoramente -es... – Mis labios quedaron humedecidos por su lengua -a un hombre que no tema portarse mal conmigo. Que me atraviese con cada músculo, con cada centímetro de su piel, abrasándome viva, arruinando por completo mi delicadeza – Tuve ganas de contestar pero no lo hice, por el contrario deje que se alejase -No hace falta que contéis. Mi corazón lleva el ritmo, marcando con esmerada claridad, tal enumeración. Aunque... es posible que adelante acontecimientos –Su corazón era el que me daba su posición en cada momento.

La escuche caminar por la estancia hasta que finalmente se detuvo. Espere unos segundos más antes de incorporarme e ir a por ella. Al llegar me tope con su espalda, lo supe al recorrerla con las manos superficialmente hasta llegar a su lada. Me ayude nuevamente con el puñal cortando sus ataduras, aquella pomposa falda cayó al suelo rendida ante la gravedad.
Deje el puñal en el bolsillo de mi pantalón y con las manos ahora libres comencé a recorrerla desde las rodillas, subiendo lentamente por sus costados. Cuando llegue a su cintura la punta de mi nariz seguía el recorrido de su columna. Mis manos llegaron a sus pechos aprisionándolos y dejando sus pezones endurecidos entre mis dedos, mientras que mi nariz se perdía en su cuello.


-Quisiera…-No termine aun, mi mano derecha se dejo caer por su cuerpo volviendo a su espalda. Llevaba algo con encaje y seda-Poder ver lo que lleváis puesto- Sin duda al subir también había notado unas medias y sus respectivos ligueros. Pase la mano entre sus piernas acariciando su sexo por encima de su ropa interior, la cual note ligeramente humedecida, aquello me produjo una curiosidad…aparte dicha prenda ligeramente para que dos de mis dedos penetraran en su interior y me diesen la respuesta. Efectivamente, su ardiente y húmedo sexo estaba listo para el asedio. Saque los dedos y coloque su ropa, finalmente le di una palmada en una de sus nalgas- Volved a esconderos- Dije alejándome y dándome la vuelta. Comencé a caminar en la dirección opuesta a ella abriendo los botones de mi camisa.

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default Re: La dulce muerte [Leonardo]

Mensaje por Alma Dupont el Miér Dic 22, 2010 2:57 am

Giré el rostro. El viento azotaba mi cara con delicadeza, cuando miré por la ventana. Aquel insulso intento de suicidio, quedaba lejano en mi memoria. Como si hubiese ocurrido hace décadas, milenios.

Pero ahora estaba demasiado distraída como para pensar en ello. Una fuerza mayor, se estaba apoderando de mí, desde el momento en que, sentí el tacto de Leonardo en mi espalda. Una fuerza capaz de nublarme los sentidos y dormir cada articulación de mi cuerpo, volviéndome vulnerable. Débil... Recordé sus palabras. Si algo me hacía sentirme así, era él.
Mi falda calló al suelo. Tuve que soltar un pequeño grito ahogado, tras la impresión. Su mano no estaba teniendo ninguna piedad, al empuñar el filo: sin una duda en su movimiento, sin retracción en su cometido.
He de confesar que, sensitivamente, me fascinaba, cómo me tocaba. Sus dedos recorrían mi cuerpo, haciéndome sentir igual que la seda. Mis rodillas... mis muslos... mis caderas... Oh mon dieu, se detuvo en el mismo instante que los ojos se cerraron en mi rostro, echando la cabeza ligeramente hacia atrás. Deseé tener inmunidad. Ser de piedra, para no rendirme tan fácilmente. Intentos vanos por mi parte. Ahora era la punta de su nariz, la que me estaba cautivando. Subía lentamente, por mi columna vertebral. La espalda era un lienzo en blanco, donde mi amante pintaba un trazo fino y perfecto hasta llegar a mi cuello. Entonces me destrozó, con el movimiento de sus manos. De verdad que no lo vi venir. Reposaban sobre mis pechos, complaciéndome profundamente. Mis pezones estaban a punto de estallar. Mi sexo húmedo, tan cálido, que parecía el mismísimo infierno.

-Quisiera…- qué querría ahora... S'il tous plaît... el gemido que mi boca emitió me asustó incluso a mí. -Poder ver lo que lleváis puesto- deseé, implore, que no se quitase la corbata de los ojos, a pesar de haberlo deseado escasos minutos antes. No sabría si sería capaz de mirarle a los ojos. Para colmo, el muy desvergonzado, acarició mi sexo por encima de la tela. Solté el aire con fuerza, presa de la excitación. Recordaba la magia de sus dedos, inquietos y traviesos. Yo estaba empapada ¿Cómo no estarlo? él aún no estaba desnudo. Con tanto juego, me estaba perdiendo una visión de lo más tentadora. Para mi sorpresa me encontré en un dilema. Si me entregaba por completo ¿Sería capaz de manejar la situación? o, por el contrario ¿Todo iría en picado, cuesta abajo, para mi desgracia, rindiéndome, sin fuerzas para reaccionar? Porque él muy canalla, me volvía torpe y estúpida. Otra de sus desconsideraciones. Ahora retiraba mi prenda, para introducir sus dedos entre mis piernas. Me agarré con fuerza a su pantalón. Fue lo primero que cogí nada más sentir la penetración. Le miré de reojo, con descaro, cuando me propinó una palmadita en la nalga. Me pegué a su pecho tras una carcajada, sintiéndole en la espalda - Volved a esconderos- Se alejó de mí. De nuevo me tocaba tomar posiciones. Aunque esa noche, Leonardo era el único que atacaba. Busqué una buena defensa. Miré la cama. Luego le miré a él. Se estaba quitando la camisa Oh, mon amour... ven aquí...

Caminé despacio hasta el armario. Abrí la puerta con cuidado de que no sonase, y me metí dentro, con la puerta entornada. Si se quitaba otra cosa, quería verlo, antes de que me pillase por sorpresa. Me deleité, intentando controlar la respiración. Mis músculos se adormecieron al recordar el tacto de sus dedos, anhelando y, al mismo tiempo, odiándole por su crueldad. Porque era cruel que fuese tan arrebatadoramente sensual ¿Tenía la piel de gallina? Sí... Mis medias aún seguían en su sitio, rodeando mis piernas, muertas de miedo. El picardías aún intacto. Sentí que mis pechos estaban a punto de explotar. Agitada, los botones de la prenda estaban demasiado apretados ¿Cuanto aguantarían en su sitio? poco, muy poco... uno de ellos reventó en cuestión de segundos, colándose por la rejilla de la puerta del armario, rebotando en la moqueta. Hizo un ruido sordo, capaz de delatar mi paradero. Ahora si que estaba perdida...

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Mensaje por Leonardo Rousseau el Miér Dic 22, 2010 4:10 am

Termine con los botones de la camisa y la tire sobre la cama. Caminaba lentamente y precavida pero algo la delato…un pequeño tintineo de algo que caía desde el armario, era mi excusa para no ser tan obvio, sabía desde el principio que ella se había metido en el pero era necesario disimular…

Sonreí enseñando la mitad de mis colmillos, no sabría si ella pudo verlos, estaba de perfil. Me gire del todo y fui a por mí presa, un armario no me impediría poseerla salvajemente entre sus sabanas. Me quite el cinturón y lo estire con fuerza-
Quizá la persona que se esconde tras estas puertas se merezca unos azotes…-Dije mientras abría las puertas del armario. Sin poder resistirlo más levante la corbata y mire unos segundos su cuerpo, me basto unos segundos para quedarme con la imagen de su piel, los encajes y telas que la cubrían marcando su figura, su cuerpo tembloroso y vulnerable que me llamaba con cada latido. Tras ese breve momento deje que la oscuridad cubriera mis ojos otra vez. –Ha merecido la pena hacer trampas-Me reí entre dientes acercándome más a ella. Cuando estuve a pocos centímetros cogí uno de sus pechos con la mano y mordí su pezón por encima del encaje. Después, colando el puñal por debajo de su ropa fui quitando cada botón. Cuando termine lo abrí dejando sus pechos descubiertos, recorrí la línea de su ombligo con la lengua y después sus pezones por separado, chupándolos ligeramente. Mientras tanto mi mano volvía a bajar empuñando el puñal, pasándolo por su sexo haciendo que sitiera el frio del metal. Lo cole entre su ultima prenda y con cuidado de no herirla corte sus “bragas” haciendo que estas cayeran.
Termine de quitarle los encajes, solamente se quedo con las medias y los ligueros
.-Aquí acaba este juego- La gire y comencé a darle azotes en su trasero con el cinturón, no con mucha fuerza.-Esto es por ser tan traviesa y jugar al escondite con un semi-desconocido. – Pare de azotarla dejando el cinturón y la levante volviendo a girarla, la lleve a la cama donde posteriormente la deje caer. Me coloque encima de ella, estire sus brazos dejando sus manos casi a la altura del cabecero, mire sus muñecas y las joyas que llevaba en ellas. Enganche en puñal en una de ellas y lo clave en el colchón, fue entonces cuando saque la daga de su escondite e hice lo mismo con su otra mano. La tenía “atada” a la cama y mis manos abrían sus piernas

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Mensaje por Alma Dupont el Miér Dic 22, 2010 5:53 am

El canalla sonreía. Toqué el fondo del armario inquieta, sin saber donde meterme. Luego la risa nerviosa. La maldita risa, incapaz de controlar, salvo con ayuda de las dos manos. Sólo era cuestión de segundos, que él entrase para volver a atacarme. Pero... qué ¿Por qué tenía aún, el cinturón en las manos? observé curiosa, sin comprender - Quizá la persona que se esconde tras estas puertas se merezca unos azotes…- Yo no daba crédito ¿De verdad que iba a "azotarme? le miré con los ojos abiertos en demasía y la boca en forma de "o" gigante, cuando abrió la puerta.

-Pero como te atreves... - murmuré entrecerrando los ojos con recelo y la sonrisa ácida, dejando las buenas formas a un lado; como si le conociese de toda la vida.

Apartó la corbata de sus ojos. Me miró. Le miré, desde luego... a pesar de temer su escrutinio. No pude evitar temblar a pesar de todo y con ese temblor, otro botón reventando la cosedura.

-¿Te gusta lo que ves, estafador? - noté mi voz temblorosa. La respiración era el único culpable. El canalla presente, volvió a taparse los ojos y dijo –Ha merecido la pena hacer trampas- Por favor... que calor... y para colmo estaba semidesnudo. Odie sus pantalones. Maldije su boca en mi pecho y su lengua en mi ombligo ¿Es que pretendía volverme loca de remate? Pues lo estaba consiguiendo... Noté el puñal bajo mi ropa, desmembrando los pocos botones que mi aliento había dejado con vida. Si yo tenía una lengua viperina, Leonardo tenía una la lengua semejante a la de una serpiente. Lamió cada uno de mis pezones, deseosa de que me los arrancara de cuajo. Presa de la excitación llevé con fuerza la cabeza hacía atrás, dándome con en fondo del armario. Ni me dolió a pesar del tremendo golpe - ¿Y ahora que haces, por dios? - susurré con voz temblorosa, mirando hacia abajo ¿Por qué sus intenciones siempre eran viles y "tan" poco, compasivas? ¿No se iba a apiadar de mí? Una no era de piedra, joder... el gélido filo rozó mi sexo. Creí que saldría vapor al contactar con semejante hervidero. Gemí observando la imagen de la hoja cortando la frágil tela que cubría la zona más sensible en ese fatídico momento.

-Aquí acaba este juego- temblé, ¿Cómo no hacerlo? ¿Cómo terminaría yo aquella noche? llevé las manos a su pecho por vez primera, recorriendo cada centímetro con gesto de dolor. Una mueca de súplica, con la respiración desbocada. Me mordí tan fuerte el labio que creí hacerme sangre por un momento. Estaba a punto de quitarle el resto de la ropa, cuando, de improviso y sin previo aviso, me giro, dejándome de espaldas. Al recordar el cinturón, entendí lo que pretendía desde un principio. Reí juguetona sin que me oyera, cuando empezó a azotarme -Esto es por ser tan traviesa y jugar al escondite con un semi-desconocido. – reí presa de impaciencia hasta que me llevó a la cama. -¿Y vos entonces que sois? - le pregunté retadora al pecador -Deberíais estar en el purgatorio - se colocó justo encima de mi. Que visión... Era mi dios supremo. ¿Por qué llevaba aún los pantalones puestos? miré sus ropas con gesto de dolor, impotente. Más impotente me sentí cuando, el muy deslenguado me apresó con ayuda del puñal y de... ¡Mi puñal de plata! y yo preguntándome donde lo había metido... pasando el filo entre las pulseras de mis muñecas, clavándolos en el colchón. Y ahora que, por dios... abrió mis piernas lentamente, descomponiendo mi capacidad de raciocinio.

Tregua... era la segunda vez que mi voz, articulaba tal palabra. Intenté zafarme de las pulseras. Algo imposible. La sangre bombeaba con fuerza la zona que con tanto esmero Leonardo estaba abriendo. Aún tenía la venda en los ojos. Arrastré al joven hacia mí, con ayuda de mis piernas, apresándole desde la cintura. Su rostro quedó frente al mío, preguntándome como sería su estado bajo la tela. Los ojos son el espejo del alma. Me incliné todo lo que pude y con ayuda de los dientes, mordí el tejido para desencadenar la tormenta. Esos ojos grises que tanto me intranquilizaban. En el fondo se que, soy una masoquista...

Respiré intranquila, dándome un tiempo de relax por así decirlo. Necesitaba unos segundos para recomponerme. Le miré, enfebrecida -Os suplico que os desnudéis - respiré con dificultad - Si por mi fuera, iríais siempre desnudo... - cerré los ojos y dejé caer la cabeza sobre la almohada, para mirarle con todo el deseo contenido -Exento de ropa, desarmado... no se que deseo más - me perdí en mi misma, sin ser consciente de lo que decía ya -si vuestro hombros, vuestra espalda... vuestra boca... - contraje los muslos, intentándome sujetar en alguna parte - vuestra voz... susurrándome - casi gemí - vuestros dedos... - Miré la parte baja de su pantalón, tras una tremenda sonrisa, insinuándole otra de sus partes. La más codiciada. Luego, tragué saliva, perdiéndome en la profundidad de sus ojos -Creo que me estoy volviendo loca, monsieur. Ya no se ni lo que me digo - crucé los dedos, sin poder mirar más al caradura.

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Mensaje por Leonardo Rousseau el Jue Dic 23, 2010 10:04 pm

La tenía completamente excitada, todo su cuerpo rebosaba calor y pasión. -¿Y vos entonces que sois? Deberíais estar en el purgatorio – Dijo mientras yo hacia mi maniobra prisionera.

-Yo soy el malo del cuento y vivo en el infierno y es precisamente allí donde os voy a llevar. –Me quito la corbata de los ojos y pude verla como yo quería tenerla…con su cuerpo iluminado por la tenue luz de la habitación contrastado con los rayos de plata de la luna, aquello la hacía más deseada por mis impulsos. Sus gemidos y jadeos leves eran el sonido del ambiente que aumentaba mi excitación. Con sus piernas rodeándome y atrayéndome al templo de su alma, aquel que invadiría.

Tregua... –Si se creía que iba a dársela iba lista -Os suplico que os desnudéis. Si por mi fuera, iríais siempre desnudo... Exento de ropa, desarmado... no se que deseo más, si vuestro hombros, vuestra espalda... vuestra boca... vuestra voz... susurrándome, vuestros dedos... Creo que me estoy volviendo loca, monsieur. Ya no se ni lo que me digo –Deliraba de placer, un placer que solo era el aperitivo de que lo que llegaría a sentir dentro de ella.

Mi sexo ya erecto a aquellas alturas también deseaba empezar la batalla, decidí concederle eso a Alma. Apoyándome en mi codo izquierdo me baje la bragueta con la derecha. Desencadenado ya el instrumento de placer (off: xDD) daría comienzo mi venganza, el huracán, la locura, el caos y la destrucción.


-Tened cuidado con lo que deseáis…-Susurre en su oído y sosteniendo su muslo con mi brazo derecho comencé a penetrarla

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Mensaje por Alma Dupont el Vie Dic 24, 2010 12:10 am

Presa del pánico, sin saber que me pasaba; observé como se bajaba la bragueta, liberando el tormento, que causaría el mayor de mis delirios.

-Joder... - mascullé en medio de un suspiro, al ver su increíble erección. Mi sexo rugió sin medida, haciendo que mis piernas le apresaran con la mayor de las fierezas. Sabía que debía controlar mis movimientos, con sumo cuidado, para no hacerme daño con las dagas ¿Cuanto podría soportarlo?

-Tened cuidado con lo que deseáis…- mi corazón latió desbocado al ver como sostenía uno de mis muslos, abriendo el camino, para devastarme. Sentí su penetración tras innumerables gemidos en cada envestida. Mi pechos se agitaban al moverme de una lado a otro, intentando zafarme de las pulseras.
Oh mon dieu...
Pero que delicia... contraje los músculos de mi vagina, como si apretase algo. Lo hice una y otra vez, de forma rápida, con tanta fuerza que logré soltar mis manos de la presa, rompiendo las pulseras, haciéndome sangre en las muñecas, por culpa de los puñales.

Me incliné hacia arriba, despegando las caderas de la cama, con los ojos del revés.

-Al final, os vais a tomar muy a rajatabla, eso de matarme... - susurré entre gemidos. Notar su miembro entrar y salir sin dificultad, con ahínco... me sumía en un profundo deleite, placer vertiginoso. Bajé las caderas, para reposarlas de nuevo sobre el colchón y me acaricié los pezones, mientras acechaba con frenesí, su cuerpo de arriba a abajo. Ni me acordé de mis heridas, de como la sangre se desparramaba sobre mis pechos.


(off: XDDDD menuda sonata...)

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Mensaje por Leonardo Rousseau el Dom Dic 26, 2010 4:11 am

Su cuerpo era cálido y su interior era abrasador. Sus gemidos comenzaron a resonar en toda la habitación, el choque de su cuerpo contra el mío cada vez era más seguido. Sus pechos se movían al ritmo de mis penetraciones y alguna vez los detenía con mi boca.
Mi miembro sentía el ansia de placer de Alma, sentía como era apresado en el interior, lo cual provocaba más deseos en mí de sentir esa “succión” tan placentera y me incitaba a ir más rápido, con lo lubricada que se encontraba ella los movimientos no eran tan dificultosos.

Cerré los ojos hundiéndome entre sus pechos, cogiendo uno de ellos con mi mano libre. Pasaba la lengua y la boca entera por ellos hasta que…

Susurraba entre sus gemidos pero el único sonido que escuche fue el de un metal rompiéndose. Sus pulseras se partieron liberándola, en seguida el aroma de su sangre inundo mi nariz. Saque la cabeza y me detuve incorporándome mientras miraba sus manos libres y ensangrentadas recorrer sus senos dejando en ellos rastros de sus heridas.


–Quien os ha dado permiso para desataros?- Vi la corbata cerca y la cogí. Envolví con ella sus muñecas, atándolas pero esta vez al cabezal de la cama. – Aun no os soltare... no me fio de vos, quizá os volváis a escapar.- Me reí entre dientes y aproveche para quitarme del todo los pantalones, ahora más cómodo, adopte una nueva postura llevando sus rodillas a la altura de sus pechos. Sujete sus muslos para que no los moviese y volví a embestirla con fuerza sintiendo como mi miembro llenaba por completo su profundidad. Entraba con golpes secos y no muy continuos.

Tras aquello apoye las manos sobre la cama a cada lado y mis movimientos se volvieron más intensos, mas continuos. Fue entonces, estando más cerca, cuando mi lengua saboreo una vez más su sangre, limpiándola de sus inhiestos pezones

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Mensaje por Alma Dupont el Dom Dic 26, 2010 7:56 pm

Rousseau, se detuvo de inmediato. No parecía contento con mi intento de fuga.

–Quien os ha dado permiso para desataros?- el muy deslenguado buscó la corbata, con la única intención, de volver a apresarme. Esta vez, al cabecero de la cama. Al menos, la hemorragia de mis manos se detendría. Empezaba a marearme. Y desconocía cual era la causa; Si sus incesantes embestidas. O las heridas prominentes, empapando la tela de su prenda – Aun no os soltare... no me fio de vos, quizá os volváis a escapar.- barajaba tal posibilidad, si la cosa se ponía fea. Quién sabe, lo que es capaz de hacer, un loco enfermizo entre tus piernas...

Mis sospechas no iban desencaminadas. Sin ningún tipo de pudor (la educación había sucumbido hace mucho...), sostuvo mis piernas en alto, haciendo que se doblaran, hasta el punto de chocar las rodillas contra mis pechos. Gemí intranquila, al ver que sujetaba con fuerza mis muslos, para impedirme cualquier tipo de meneo por mi parte.

Si se creí el dueño, de semejante cuerpo como el mío, lo llevaba "clarinete". Sonreí malévola, escondiendo todo sentimiento de vulnerabilidad. No le daría ese placer. Debía ser fría como el acero. Así que, ahogué cada gemido, apretando con fuerza los labios y cerrando los puños con fuerza. Todo iba bien... sentí que era capaz de soportar el delirio.

Hasta que su miembro se convirtió en el mayor de mis problemas. Apoyó las manos sobre el colchón y lamió la sangre derramada en mis pechos. Pero no fue eso lo que provocó que mis ojos se pusiesen en blanco, dejándome completamente ciega. Fue el movimiento de sus caderas, demasiado intensas como para soportarlas por más tiempo, sin ninguna compasión de mi pobre cuerpo, ni culpabilidad por semejante delito. Como un camicace... Gemí sin medida, presa del mismísimo diablo, haciendo sonar el cabecero tras de mí, olvidando dónde estaba, quién era, incluso quién era él ¿Cómo se llamaba el intruso?

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Mensaje por Leonardo Rousseau el Lun Dic 27, 2010 3:15 am

Al principio parecía resistirse a lo que le hacía sentir, pero no pudo evitarlo y finalmente dejo salir todo lo que había reprimido y más en desmesurados sonidos de placer. Me reí entre dientes casi con maldad, quería un orgasmo de sus labios y no pararía hasta conseguirlo.
Firme a mis convicciones continúe, la pared temblaba por los choques del cabecero, su cuerpo ardiente comenzaba a sudar…
Sus jadeos fueron creciendo hasta que después de unos escasos minutos sentí sus muslos temblar y otra oleada empaparnos. Parecía que aquel gemido orgásmico se había escuchado en toda la casa. Reí maliciosamente y me detuve, saliendo de su interior, descendiendo por su cuerpo con las manos y la boca, llegando finalmente al monte de Venus. Lo bese a él y a todo lo demás de forma superficial…Separe sus labios inferiores con los dedos de mi mano diestra dejando al descubierto por completo a su zona más sensible, al centro de su placer. Atacaría sin piedad ni bondad, estaba dispuesto a acabar con ella aquella noche y en esa cama.
Pase la lengua por su clítoris en un primer contacto y después mis labios con los de su vagina, chupándolos ligeramente. Pase cada uno de mis dedos izquierdos por su clítoris, la punta de mi nariz, mis labios…y finalmente la punta de mi lengua volvió, despacio y suave. Comencé una exploración exhaustiva de su sexo con la ayuda de mis dedos y mi lengua…ella saboreaba todos sus rincones y ellos inspeccionaban las entradas, colándose en ellas…intentando alcanzar la mayor profundidad posible, incluso a otra pequeña entrada menos convencional por la que comenzaban a abrirse paso.

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Mensaje por Alma Dupont el Lun Dic 27, 2010 3:38 am

Leonardo. Se llamaba Leonardo. Creí quedarme sin aliento cuando sucumbí al orgasmo, para su deleite ¿Por qué me negaba? Sabía la respuesta... En el fondo, odiaba no tener el control. Y él, ¡estaba fastidiando mi liderazgo!
Mientras recuperaba la cordura y relajaba las manos, le perdí de vista. Sólo notaba una especie de despertar, bajo una tela de seda. O esa era mi impresión. Una caricia exquisita, digna de una reina. Fue cuando me di cuenta de que, eran sus labios, bajando hasta mi sexo.
Volví a agarrar la corbata con fuerza. Más vale ser precavida...

Y vaya, si hacía falta ser previsora... Tiré de la corbata con fuerza, creyendo llevarme el cabecero conmigo, cuando noté su lengua juguetear con mi clítoris. Porque, eso era lo que hacía. Juguetear... Sin mirar, era capaz de diferenciar su nariz surcándome. Sus labios... gemí mordiéndome la boca, cuando sus dedos me penetraron.
No pude soportarlo más. Y Rousseau, tan tranquilo... Más de una vez, se rió entre dientes, ante la imagen de "mujer vulnerable" que estaba dando. pero ¿Cómo no estarlo?

Subí el cuerpo con dificultad, acercando la boca a la corbata, para deshacer el nudo con los dientes. No me veía capaz, teniendo al canalla tan cerca. Pero tenía que desatarme.

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default Re: La dulce muerte [Leonardo]

Mensaje por Leonardo Rousseau el Miér Dic 29, 2010 1:25 am

Su cuerpo se alejo levemente pero tire de él haciendo que volviese a caer, me había interrumpido y no me gustaba que me interrumpieran. Me detuve, y volví a subir por su cuerpo.

-Se que quieres soltarte…pero tranquila, pronto lo hare- Susurre en su oreja y después se la mordí- No desesperes tan pronto.- Me sostenía apoyado en mis codos y mientras hablaba no dejaba de rozar mi sexo con el suyo –De momento estate quieta-Dije provocándola, eso era lo que quería, cabrearla y enloquecerla para después soltarla y ver que tenia dentro, que guardaba entre sus pechos y piernas, de que era capaz…Pellizque sus pezones y volví a bajar, probablemente estaba molesta por no tener el control, sabía que era algo a lo que ella le daba mucha importancia, por eso nuestro encuentro seria un choque destructivo si era verdad lo poco que me había dejado ver de ella.

Volví a llegar a sus piernas, sentí sus muslos ligeramente temblorosos, volví a llevar mi boca a su clítoris sobreexcitado y lo torture un poco más.
Cuando decidí que ya era suficiente nuevamente sentí su cálido fluido entre mis dedos, que habían vuelto a penetrar en ella, me acerque a su muslo izquierdo. Sus venas se marcaban en su pálida piel, que belleza….recorrí una parte del camino azul por donde se desplazaba su néctar con la lengua. Afloje el nudo de la corbata estirando el brazo y después, casi relamiéndome, saque los colmillos y los clave lentamente en su muslo, rasgando su piel…derramando su sangre…bebiendo


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Mensaje por Alma Dupont el Miér Dic 29, 2010 2:53 am

¿Pero qué...? maldije su nombre, al ver como me arrastraba hacia abajo, impidiendo que me desatara ¿Qué más le daba? Esta me la pagaría. Con creces...

-Se que quieres soltarte…pero tranquila, pronto lo haré- cerré los ojos cuando noté un pequeño mordisco en la oreja ¿Debía confiar en esa promesa o... lo decía sólo para que me estuviese quieta? -No desesperes tan pronto.- eso si que no...

-Tendríais que hacer malabares, para que yo desesperase, querido... - sonreí con sorna, alzando una ceja.
–De momento estate quieta- ¿Era una orden? bufé, poniendo los ojos en blanco ¡Por favor...!

Pues si quería juegos, tendría; parchís, oca, damas y Backggamon.
Los muslos me temblaban. Quizás me hallaba temerosa, toda yo. No lo se... De nuevo volvió al ataque. Así que, apreté con más fuerza los puños y cerré los ojos, deseando desaparecer, cuando su lengua empezó a hacer maravillas entre mis piernas.
El torrente se acercaba. Él estaba avivando la marea. Muy poco cauto... hasta que no pude soportarlo más, desconociendo que era lo que me acariciaba ahora, me corrí sin medida tras un terrible gemido, que hubiese arrasado a cualquier hombre poco cauto, adentrado en la mar.

Mientras intentaba acompasar la respiración, aflojó el nudo que me aprisionaba ¿Por qué lo haría? A pesar de haberlo prometido, desconfié de que sus intenciones fuesen generosas. Liberé las manos con rapidez, mientras intentaba que el nudo no se enredase más entre mis dedos, cuando noté un fuerte dolor punzante en el interior de un muslo. Hijo de puta... susurré con una extraña fascinación, llevándome después una mano a la boca, para morderla y no gritar.

No sólo se contentaba con destrozarme aquella noche. Si no que, ahora pretendía dejarme sin sangre en las venas. El placer me devoró, en contra de mi voluntad. Y sólo por fastidiarle el momento... ahora que estaba despistado (la sangre parecía apoderarse de él, cegándole), agarré con fuerza el cuchillo, desligando el filo del colchón. Y sostuve su cabeza en alto, por los cabellos, deteniendo su objetivo.

Le apunté con el cuchillo, deslizándolo por su rostro, hasta llegar a su cuello. Mi cara era un poema... una loca desatada con la sonrisa malévola -Ahora me toca a mí - acaricié las palabras como si fuesen dulces notas en un pentagrama. Y bajé el cuchillo hasta su pecho -No... - negué entre dientes -Aquí, no os hizo efecto - cerré los ojos y dejé caer el cuchillo cerca de su entrepierna -Pero, aquí... - reí sin medida -¿Aquí, nunca os lo clavé...? - murmuré poniendo voz de niña inocente. No sería tan cruel. Castrarle no serviría de nada.

Estampé la espalda del... no, no era un chico. Del "ser", espécimen, contra la cama, subiéndome a horcajadas sobre él. Luego estiré sus brazos, sosteniéndolos con mis manos, sin perder el cuchillo de vista, cerca de mí. E intenté impedir, que se moviese -Esta posición, sin embargo, me resulta de lo más interesante - le miré con cara de pocos amigos, al observar mi muslo dolorido -Y no juguéis con sangre. Os vais a empachar - una amenaza de lo más merecida.

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Mensaje por Leonardo Rousseau el Jue Dic 30, 2010 3:20 am

Me encontraba en pleno éxtasis cuando sentí sus dedos pasar por mi cabello y sostenerlos con fuerza apartándome de su muslo. Me pareció casi increíble que pudiese haberlo hecho. Intentaba retarme? Que no siguiese por ese camino…solo yo juego con mi comida.
Me apunto con su daga, bajándola amenazante, casi me reí pero no lo hice, me limite a sonreír con ironía.


-Ahora me toca a mí-Dejo el chuchillo sobre mi pecho- No... Aquí, no os hizo efecto – Aun seguía queriendo matarme? Pobre ilusa…-Pero, aquí... ¿Aquí, nunca os lo clavé...? – Se reía cuando puso el metal sobre mi miembro, esperaría a ver que más osaba hacer…Solo sentí mi espalda golpear con el colchón de la señorita Dupont y lo siguiente que vi fue a una rubia salvaje sobre mí. Estiro mis brazos, como yo había hecho con ella, pretendió cuartar mis movimientos.

-Esta posición, sin embargo, me resulta de lo más interesante. Y no juguéis con sangre. Os vais a empachar – Me sonó a amenaza y me reí entre dientes.

-Os dije que bebería todo de vos y lo hare-Sentencie con una sonrisa que enseñaba todos mis colmillos. Aguarde a sus siguientes movimientos, quería saber que me daría. Dejaría que llevara las riendas al menos por unos momentos pero después….después nos disputaríamos el control.
Quizá estaba esperando demasiado…debería de haber aprendido después de nuestro primer encuentro pero…sabía que había más en ella, quería darle otra oportunidad de conquistar mi atención permanente..

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Mensaje por Alma Dupont el Jue Dic 30, 2010 11:16 pm

¡Se quedó igual! como si nada... mi corazón latía deprisa a medida que mis manos apretaban sus brazos con fuerza, de pura rabia.

-Os dije que bebería todo de vos y lo haré- ¿Era una amenaza? porque no dejaría que fuese un hecho ¿Es que no escarmentaba?
Solté sus manos. Observé su rostro de forma felina. Que no se le ocurriese volver a cazarme. Cogí el cuchillo. Me incliné sobre el joven pausadamente. Introduje su miembro dentro de mí. Dejé caer el cuchillo por segunda vez sobre su cuello. Y realicé un corte superficial sobre su piel.

Abrí la boca. Y lamí la herida, empapándome la lengua con su sangre.

-Sabe a rayos - murmuré asqueada -¿Quieres probarla? - alcé una ceja acariciando su mentón -Seguro que sí... - di por hecho. Le gustase o no, ahora yo llevaba el mando.

Sorbí la sangre, reteniéndola en la boca. Cada vez que me movía, su miembro me producía un profundo placer.
Después me acerqué a sus labios. Y justo cuando estuve a punto de besarlos, me aparté.
En ese instante, me di cuenta de que, en toda la noche, no me había besado ni una vez ¿Acaso yo era una mera fuente de alimentación? ¿Su juguete? ¿Su puta?
No se muy bien lo que expresó mi rostro. Pero me sentí despreciada y humillada.
Me aparté de él con rapidez, poniéndome la bata de seda, sentándome sobre el tocador. El cuerpo me dolía horrores. Cogí un pañuelo de uno de los cajones y tapé la herida que el canalla me había causado.

-Estoy cansada - murmuré con voz temblorosa, para mi espanto. Carraspeé, intentando parecer lo más serena posible. Alzar la voz con decisión, para que no notase mi alma decepcionada -Lárgate - dije sacando un cigarrillo, para llevármelo a la boca. Otro que conseguía sumirme en la melancolía.

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Mensaje por Leonardo Rousseau el Vie Dic 31, 2010 2:44 am

Ella unió nuevamente nuestros sexos para deleite de ambos. Volvía a sentir placer con sus movimientos hasta que algo me dejo sorprendido de sobre manera. Me había cortado con la daga, lamio mi herida y probo mi sangre. Si ella supiese lo que aquello significaba…

-Estáis loca?!- No pude frenar mi arranque.

Se le había ido totalmente la cabeza, quería probar lo que yo hacía? No nos movían ni de lejos las mismas necesidades e impulsos, aunque claro, todo aquello ella lo desconocía totalmente. Por este motivo no dije ni hice nada, no quería despertar demasiada curiosidad en ella, prefería que `pensase que era algún tipo de fetichista de la sangre.
Algo de repente cambio en su mirada, parecía dolida por algo, aunque no alcanzaba a entender el porqué, quizá por rechazar mi propia sangre…ya podía esperarme cualquier cosa de ella. En unos segundos se levanto y se puso una bata de seda sentándose en su tocador. Me incorpore un poco para mirarla, qué hacia ahora? “Que mujer tan difícil…” pensé pero de momento solo me quede expectante.


-Estoy cansada .Lárgate – Fueron sus únicas palabras cuando ponía un cigarrillo en sus labios.

No pude evitar soltar una sonora carcajada ante aquello, me levante de la cama y comencé a vestirme. Fui un iluso…no, un iluso no, un idiota al pensar que aquella mujer sería capaz de darme lo que buscaba…Solo era aquel caudal que soñaba con llegar a ser un mar, un pequeño recorrido con pocas corrientes, frágil y cambiante.

No perdería más el tiempo intentando obtener algo, que desde el primer día en que la conocía, supe que jamás me daría. Me puse la camisa pero aun no me la cerré, cogí el resto de mis cosas y me acerque a ella. Robe el cigarrillo de sus labios y lo apague en su mesilla de noche.


-Es una pena que esto acabe así señorita Dupont…me gustaría decir al menos que fue divertido mientras duro pero me temo que por esta noche no deseo fingir más las buenas formas

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Mensaje por Alma Dupont el Vie Dic 31, 2010 3:24 am

-Es una pena que esto acabe así señorita Dupont…me gustaría decir al menos que fue divertido mientras duro pero me temo que por esta noche no deseo fingir más las buenas formas - me había quitado el cigarro de la boca de forma maleducada. Supuse que, a ese gesto se referirían sus palabras; "las buenas formas".

-Sí es una pena - le miré con frialdad al soltar la ironía, levantándome de la silla. Aún tenía la camisa abierta. Pero el resto de la ropa, estaba en su sitio. Ya se iba -Pues, dejemos las buenas formas a un lado - le sugerí, dejando caer la mirada hasta el suelo. Siendo partícipe de su idea -Vos mismo las dejasteis hace tiempo. Cuando entrasteis aquí - si mi mirada congelara, de forma literal; ahora Rousseau, parecería un cubito hielo ¿Cómo podía ser tan mezquino? me negué a decirle la verdad, por miedo a parecer ridícula. Pero a veces la boca me pierde... -Hablando en claro - quise estallar de ira, pero permanecí seria, con la mirada perdida en la moqueta -A las prostitutas no se las besa. Y como yo no soy una puta. Supongo que... sí. Fue bonito mientras duró - ¿cólera? si... mis ojos mostraban la furia en su mejor momento. Apoteósico -Así que... gracias por rescatarme. Gracias por librarme de la pena. Gracias por morderme y follarme - las formas perdidas... -Muchas gracias por todo. Puedes depositar el dinero sobre la cómoda cuando te plazca. Acepto propinas - sentencié, regocijándome en mi propio fango. Muchas cosas estaban cambiando. Mi encuentro con la pequeña Alice Bessette... no conseguir a Van Ewen... que Tristán me odiase... todo se amontonaba en mi cabeza, siendo este el colmo de todos mis males ¿Era la persona más desgraciada del universo? posiblemente...

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