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El misterio de Lancaster (Kory)

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default El misterio de Lancaster (Kory)

Mensaje por Arsène Lupin el Dom Jun 06, 2010 11:45 pm

Era medianoche y el cielo estaba cubierto. Una extraña niebla envolvía el castillo como una manta, impidiendo verlo en su totalidad, y el frío calaba los huesos a pesar de estar en verano. Una sombra se acercaba hacia la mansión cruzando el jardín y por su silueta se podía prever que era alguien con sombrero de copa y capa, seguramente vestido de negro pues a penas se le podía ver en la oscuridad. Efectivamente, aquel personaje misterioso no era nadie más que Arsène Lupin, el caballero ladrón, quien había fijado el castillo de Lancaster como su objetivo. Por supuesto, él ignoraba por completo los secretos se escondía ese castillo, al igual que la gente que lo habitaba y por seguro que después de aquella noche jamás lo olvidaría. Simplemente estaba al corriente de que dentro se encontraba un aparador de Luis XIII, bastantes Bouguereaus, unos tapices de Beauvais y un velador estilo Imperio firmado por Jacob, además de una castellana de Luis XV cuya autenticidad le parecía dudosa. Suficiente para dirigirse hacia allí.

Una vez llegó a la puerta, el joven sacó unos alambres y un extraño objeto tallado en madera con forma de palanca y se puso manos a la obra. Unos giros por aquí, un empujón por allá y la puerta finalmente se abrió.

¡Ah! Ya está… ¡Y qué fácil! Me pregunto por qué no escoge todo el mundo el cómodo oficio de ladrón. Con un poco de habilidad y reflexión nada resulta más encantador. Un oficio descansado… oficio de padre de familia… Incluso es demasiado cómodo…, hasta resulta fastidioso.

Desplegó un plano detallado de toda la vivienda.

Empecemos por orientarnos. Aquí se percibe el rectángulo del vestíbulo donde me encuentro. Del lado de la calle, el salón, el gabinete y el comedor. Inútil perder el tiempo por ahí, pues parece que la dama tiene un gusto deplorable…; ni una chuchería de valor… Por tanto, vamos a nuestro objetivo ¡Ah! Aquí aparece el trazo a un pasillo, el pasillo que conduce a los dormitorios. A tres metros debo encontrarme la puerta del vestidor que comunica con el dormitorio de la dama.

Volvió a doblar el plano, apagó la linterna y echó a andar por el pasillo al tiempo que se paraba en algunos cuadros, analizándolos. De vez en cuando se llevaba alguno que otro y lo metía en una gran bolsa que llevaba sobre los hombros. Al llegar al final del pasillo topó con el dormitorio y muy poco a poco abrió la puerta, esperando encontrarse allí a la señora durmiendo. Así pues, empezó a caminar con suavidad, debía ser más silencioso que el propio silencio y más invisible que la noche. Conforme las indicaciones de su plano, no tenía más que seguir el contorno del canapé. Se tendió sobre la alfombra y siguió los contornos del sofá. Pero, al llegar al extremo de aquél, se detuvo para contener los latidos de su corazón. Aunque no le agitara ningún temor, le resultaba imposible vencer esa especie de angustia nerviosa que se experimentaba en medio de un silencio excesivo. Y se sorprendía de ello, puesto que, en suma, había vivido, sin emocionarse, minutos mucho más solemnes. Escuchó y no oyó nada ¿Era posible que no hubiera nadie?

Extrañado, sacó un candelabro de su chaqueta y lo prendió con una cerilla. Efectivamente: el dormitorio estaba desierto y la cama perfectamente lisa.

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default Re: El misterio de Lancaster (Kory)

Mensaje por Kory Bouguereau el Lun Jun 07, 2010 1:04 am

Dejé a mi victima descansar en su lecho, qué belleza de aperitivo, sin lugar a dudas tenía predilección por los jóvenes apuestos, pobrecillos, “inocentes criaturas de la noche”.
Salí de la casa abrochándome los botones de mi gran capa dorada, que hacía precisamente conjunto con mi vestido. Corrí para ocultarme de la luz de las farolas, “¡malditas todas ellas!” a una siempre le hacían el trabajo más engorroso. Me iba relamiendo hasta llegar a mi caballo, lo acaricie repetidas veces hasta subir en él. No tenía pensado hacer nada de interés en el día de hoy. Así que decidí volver a mi hogar, por las horas que eran Roger ya estaría durmiendo. Galopé sin prisa alguna, hasta llegar al establo. Cuando estaba encerrando al caballo en su propia cuadra noté algo, un olor que no al que no estaba acostumbrada, debía estar imaginándomelo, nadie en su sano juicio ronda por mis tierras sin que yo tenga constancia de ello. Volví a respirar hondo mientras salía del establo sigilosa como siempre, sangre humana sin duda. Sonreí.

Anduve hasta llegar a la parte trasera del castillo, la escondida puerta no se dejaba ver entre toda la mata de hiedra, a mi no tomaría por sorpresa nadie. Rasgué la hiedra y la aparté a un lado. Abrí la puerta con cuidado haciendo el menor ruido posible. Entré a la despensa de la cocina, los olores de alimentos que allí había me taponaron la nariz, salí a prisa de allí. Pasé al salón principal donde dejé mi capa reposar en una de las sillas, el castillo estaba a oscuras, como siempre. Avancé por
los pasillos percatándome de la ausencia de muchos de los cuadros que adornaban las paredes. Me tapé la boca al no ver mis adorados cuadros, en ese momento sentía una mezcla entre ira y terror.

Me concentré con más fuerza, apoyé una de mis manos en el muro, mis dedos arañaron la fría roca. Lancé una feroz mirada a la planta superior del castillo. No me gustaban estas intromisiones, estas faltas de respeto, aquel a quien se le hubiese ocurrido esa temeridad lo iba a pagar caro, “¡Oh si! Muy caro.”

Unos latidos ajenos resonaron en mis oídos, provocándome un deseo, una agitación. Me mordí inconscientemente uno de mis dedos al ver descolgado uno de los cuadros de mi querido abuelo. La sangré resbaló por mi mano, no sabía si tenía que mantener el control, o matar a sangre fría al desventurado invitado. No prometía nada, haría lo que me saliera.

El olor a humano salía de la habitación principal, sí, de la habitación que tenía para no levantar
sospechas, en la cama que allí había muy pocas veces me tumbaba, aunque realmente me encantaba ese cuarto, con el gusto barroco que tanto me gustaba. Me asomé por la puerta, vi claramente una silueta danzando entre todas mis cosas. Mi aparición tenía que ser estelar, me retoqué levemente el recogido que llevaba, y me adentré silenciosa en ella, mis pasos no era audibles para ningún mortal.

Estaba detrás de aquel…hombre, sí, eso era. Tanteé el aire, pensé en acariciar su cuello, también pensé agarrárselo y levantarlo para después descoyuntarlo en el suelo, mucho más se habría merecido. Mi menté meditaba todos estos fines mientras olía su aroma, me separé de él. Me senté en el sillón que había en la esquina de la habitación y doble mis piernas, con mis uñas provoqué un ruido estridente.

- ¿Habéis encontrado lo que estabais buscando…o quiere que le ayude? – sonreí ampliamente, seguí en mi reposada posición. Me fijé en el saco donde él había metido MIS cuadros. Intenté contenerme pero de mis labios salió un alarido de rabia - ¿¡Cómo osáis!? -En ese momento me levanté del sillón y apreté mis puños, la sangre goteaba de ellos.

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default Re: El misterio de Lancaster (Kory)

Mensaje por Arsène Lupin el Lun Jun 07, 2010 9:54 pm

Aun con el candelabro en la mano, se acercó a las pertenencias de la dama y abrió un secreter donde apenas había algunas joyas. No eran demasiado valiosas y Lupin pensó que debía de haber más en algún otro lugar, al fin y al cabo, aquella habitación no parecía usarse a menudo ¿Pero cómo podía ser eso posible? Se había pasado toda la mañana haciendo el preciso plano que llevaba en la mano y él jamás se equivocaba cuando de estas cosas se trataban. Así pues… ¿Habría fallado aquella vez? ¿Habría algún pasillo oculto en algún lugar de la mansión?

Dispuesto a averiguarlo, cerró el secreter con cuidado y ya se disponía a irse cuando oyó un ruido estridente a su espalda que le provocó un escalofrío por todo el cuerpo. Como impulsado por un muelle, el ladrón se giró hacia atrás dando un salto y vio a una dama sentada en el sillón. Sin poderlo evitar, dejó escapar un grito seco. La señora había entrado en la habitación sin hacer ni un solo ruido, ni un soplo de aire, ni una simple respiración. Todo seguía en su lugar y nada parecía haber cambiado, excepto la imagen deslumbrante de aquella mujer sentada en el sillón que había hechizado por completo a Lupin.

Sin duda, jamás había visto nada de semejante belleza, tenía un cabello negro que se desbordaba por sus hombros desnudos, unos labios carnosos entreabiertos y una mirada penetrante y misteriosa que le volvía loco. Con sus hermosas piernas cruzadas, se podía entrever su silueta, tan perfecta como una Venus. Pero por otra parte, algo en ella le inspiraba cierta aversión, como un aura invisible que la cubría de pecado y de vicio, que despertaban en el interior del joven una pasión que nunca antes había experimentado con tanto fervor. Sus instintos le gritaban desesperados que huyera, que corriera, que saltara por la ventana si era preciso, que se alejara de aquella perversa atracción. Aun así, no tuvo fuerzas para hacerlo, aquella presencia se había convertido en el centro de gravedad y ya nada podría separarlo de ella.

Madame… —susurró apenas Lupin, fascinado por aquella visión. Apenas tuvo tiempo de decir nada, la dama enseguida se fijó en el saco que había en el suelo, con todos los cuadros que había tomado prestados sin permiso. Entonces, su rostro cambió por completo y aquella máscara de belleza se tornó en la más oscura rabia e incluso clavó sus uñas en la palma de la mano con demasiada fuerza, puesto que la sangre goteaba al suelo. De golpe, un terror inexplicable se apoderó del joven y, sudando, dio un paso hacia atrás para alejarse de aquel enigmático ser. Seguramente, eso le hizo recuperar el habla.

Madame, por favor, no os alteréis… Tomad… —le dijo acercándole el saco—todo vuestro… No sabía que alguien de tanta hermosura como vos fuera la propietaria de este humilde castillo, es sin duda un regalo para mis ojos el poderos ver, un regalo, en cambio, que no sé si merezco. Por favor, madame, perdonad a este necio y tomad —esta vez le acercó un pañuelo con las iniciales A.L. bordadas— no os hagáis daño, sería una verdadera lástima que unas manos tan perfectas como las vuestras quedaran teñidas de ese color. ¡Es vos tan bella! Jamás creí que hubiera tanta belleza en la vida. Encantadora… mágica… ¡Dios mío! Es como para llorar de desesperación…

El joven, ignorando todas las advertencias de sus instintos, se había acercado a ella y gesticulaba con las manos pomposamente, como si estuviera representando una obra de teatro. Nada en aquel mundo podría dejar que sintiese aquella pasión hacia la dama desconocida.

Permitidme que me presente —dijo al final quitándose el sombrero de copa y haciendo una reverencia— Arsène Lupin, para serviros.

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default Re: El misterio de Lancaster (Kory)

Mensaje por Kory Bouguereau el Mar Jun 08, 2010 12:19 am

-Madame, por favor, no os alteréis… Tomad… - ¡Aún así tuvo el valor de hablarme! me descolocó por completo. Acercó el saco con todo lo que era mío. - todo vuestro… No sabía que alguien de tanta hermosura como vos fuera la propietaria de este humilde castillo, es sin duda un regalo para mis ojos el poderos ver, un regalo, en cambio, que no sé si merezco. Por favor, madame, perdonad a este necio y tomad - ¿Cómo que humilde castillo? Aparté mis ojos para mantener el control de mis actos. Necio eso sin duda alguna, me lo dejó más claro al acercarme su pañuelo con unas iniciales bordadas, no lo acepté claro está ¿Por qué no me tenía miedo? Me desesperé sola. - no os hagáis daño, sería una verdadera lástima que unas manos tan perfectas como las vuestras quedaran teñidas de ese color. ¡Es vos tan bella! Jamás creí que hubiera tanta belleza en la vida. Encantadora… mágica… ¡Dios mío! Es como para llorar de desesperación…
¿y ahora me venía con esa simple y vana palabrería? No se daba cuenta lo mucho que me dolía aquello, era una de las peores cosas que me podía hacer sin duda. A raíz de este suceso tuve que poner manos en el asunto y contratar personal para la seguridad del castillo, en él había cosas que nadie se imaginaría, muchas de ellas escondidas en lo más recóndito. Si hubiera sido simplemente una humana, seguramente me habría desmayado. Pero tuve las suficientes fuerzas para quedarme de pie y observar como una y otra vez aquel hombre se atrevía a explicarse, cuando no le había dado la palabra. Se acercó más a mí, moviendo las manos de una manera que no me molestaba, pero, lo vi fuera de lugar. Era obvio que se sentía atraído por mi, después de mi impulso anterior, “Sin ninguna duda, este hombre no está bien”, cualquiera habría salido corriendo, y como si de una cacería se tratase lo habría hecho pedazos en un momento.


-Permitidme que me presente –
se quitó el sombrero haciendo una reverencia, yo le miraba impasible.- Arsène Lupin, para serviros. – dejé que los segundos pasaran mientras le miraba seria, giré mi rostro para ver el saco, era lo único que me importaba en este mundo. Lo tomé entre mis manos, suspirando de alivio, los fui sacando del saco, para luego apoyarlos en la pared, no quería que sufrieran más, juntos, perdiendo totalmente su contexto, insultándose los unos con los otros. ¿Dónde se ha visto? Me fije en la pintura de los cuadros para ver si habían sufrido daño alguno, espero que aquel hombre rezara porque así fuera, las palabras se amontonaron en mi mente, al pensar en un pequeño rasguño. Tuvo suerte, estaban sanos y salvos. Rápidamente volví a mirar a ese tal Lupin, pero mi rostro estaba más calmado.
– Siento haber importunado vuestra visita, pero como usted verá, no iba a permitirlo de ninguna de las maneras. – di unos pasos, hasta quedar a pocos centímetros de él, podía hacerlo, yo misma ya no tenía nada que temer. – No os dejéis engañar, lo que veis está mucho más lejos de la realidad.- Sonreí con unos matices de malas intenciones.- Sois tan joven señor Lupin- acaricié su rostro, aunque él hiciera en ese momento el amago de apartar mi mano, no tendría la suficiente fuerza ni para moverlo un milímetro.- Decidme algo para que no haga nada de lo que después pueda arrepentirme, no quisiera derramar más sangre. – Me fijé en como mis manos ensangrentadas estaban manchando su joven y calido rostro. Sonreí y me aparté lentamente, tanto contacto después de todo esto no era lo que yo quería transmitirle.
-Dudo mucho que a priori no sepáis de quien era este lugar.-dije extendiendo mis brazos- Por lo que percibo tenéis talento en estas peripecias. – me reí dándole la espalda.

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default Re: El misterio de Lancaster (Kory)

Mensaje por Arsène Lupin el Mar Jun 08, 2010 5:36 pm

Volviéndose a poner la chistera sobre la cabeza y guardándose el pañuelo rechazado en el bolsillo, observó con interés como la noble sacaba los cuadros del saco con tal delicadeza como si de infantes se tratara. Los examinaba uno a uno buscando imperfecciones y apoyándolos en la pared seguramente para que la pintura no se deteriorara, sin duda debían de tener un valor especial. Quizás le gustara el arte o incluso que ella misma pintara lienzos, igual se trataban de regalos hechos por alguien especial o posiblemente fuera todo. En cualquier caso, aquel afecto que radiaba hacia ellos conmovió notablemente al ladrón, quien lejos de sentirse culpable, le infundió un cariño especial.

Siento haber importunado vuestra visita, pero como usted verá, no iba a permitirlo de ninguna de las maneras—dijo ella. Lupin sonrió agachando la cabeza a modo de agradecimiento.

Faltaría más.

No os dejéis engañar, lo que veis está mucho más lejos de la realidad— Sonrió con malicia. El joven caballero ya estaba empezando a imaginarse que había algo extraño en todo aquello— Sois tan joven señor Lupin.

Entonces, sin previo aviso, la mujer se le acercó y le acarició el rostro. Jamás olvidaría la sensación que le corrió por todo el cuerpo al notar sus frías manos sobre su caliente semblante, haciendo que se estremeciera de placer hasta límites insospechables. Aunque, por otro lado, Lupin experimentaba una mezcla de emociones contradictorias. Aquel contacto también le producía terror y una parte de él quiso rebelarse, quiso resistirse, pero no fue capaz. Se sentía atrapado por su mirada.

Así pues, el ladrón se quedó totalmente inmóvil, a centímetros de ella, paralizado por una fuerza superior, mudo.

Decidme algo para que no haga nada de lo que después pueda arrepentirme, no quisiera derramar más sangre. —susurró la dama aun con sus manos puestas en él.

Oh, madame, qué queréis que os diga ¿Qué desde que os he visto todo se ha abierto ante mí? ¡Es cierto! Absolutamente todo lo que veo ahora es felicidad y nada de lo que vos haga podría cambiar eso. Mi vida ha comenzado en el minuto justo en que vos ha aparecido en esta sala, ahí sentada, tan silenciosa como una sombra. Ya no me quedan más recuerdos que usted ¿Qué es lo que quiere de mí? Me rindo a sus pies, madame, puede hacer conmigo lo que quiera —le contestó, de nuevo empujado por su habitual locuacidad, hablando siempre en ese tono teatral.

La mujer apartó sus manos del rostro del joven y éste pudo ver que le habían manchado el rostro de sangre. Odiaba ver aquellas delicadas manos de porcelana teñidas de rojo, pero ella no había querido su pañuelo. Pasándose la suya por su cara, recogió con la palma algún resto y se quedó mirando el líquido carmesí con una mirada sombría.

Dudo mucho que a priori no sepáis de quien era este lugar—dijo extendiendo los brazos— Por lo que percibo tenéis talento en estas peripecias.

No en vano mi nombre es bien conocido en Francia —sonrió por el halago— Y francamente, no sé nada sobre este lugar. No era este castillo mi principal objetivo cuando vine a Inglaterra, tonto de mí, así que tampoco me he dedicado a fondo a investigarlo. Esta mañana les estuve preguntando a algunos de sus vecinos pero ninguno de ellos poseía información trascendental, aunque todos coincidían en que no se os veía mucho por la calle.

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default Re: El misterio de Lancaster (Kory)

Mensaje por Kory Bouguereau el Miér Jun 09, 2010 3:54 am

—Oh, madame, qué queréis que os diga ¿Qué desde que os he visto todo se ha abierto ante mí? ¡Es cierto! Absolutamente todo lo que veo ahora es felicidad y nada de lo que vos haga podría cambiar eso. Mi vida ha comenzado en el minuto justo en que vos ha aparecido en esta sala, ahí sentada, tan silenciosa como una sombra. Ya no me quedan más recuerdos que usted ¿Qué es lo que quiere de mí? Me rindo a sus pies, madame, puede hacer conmigo lo que quiera. – Sus palabras penetraron en mi mente, haciéndome cerrar los ojos. Todo lo que decía era posiblemente puro, pero falso, ya que mi rostro no reflejaba mi verdadero ser, todo era un engaño, era tan fácil aparentar algo que no se es. Felicidad, ¿yo? Palabras solo eran eso. Su vida si yo quería acabaría en el momento menos oportuno, yo tenía la llave que abría la puerta para que él continuase su vida, de ladrón y ser humano. También podría cerrar esa puerta, cerrarla de tal manera que ni la luz pasase por debajo de ella. Me gustaba que me adorasen, pero a veces no podía corresponder del mismo modo. Me apoyé en el marco de la ventana, observando la niebla. Si él supiera exactamente lo que estaba haciendo, estaba entregando su vida a la muerte, al fin absoluto. Sonreí tristemente, cómo era posible que un ladrón tan cotizado como él cayera tan rápido en las garras de una fémina. No debía aprovecharme de él, del engaño que sus ojos veían, no estaría bien, pero… quien sabe si, yo misma caería y jugaría con él. Eso no podía prometerlo.

Me giré para mirarle, menudo personajillo se había adentrado en mi vida, le sonreí, aunque claro, él no sabía lo que yo pensaba ni de lejos. -No en vano mi nombre es bien conocido en Francia. Y francamente, no sé nada sobre este lugar. No era este castillo mi principal objetivo cuando vine a Inglaterra, tonto de mí, así que tampoco me he dedicado a fondo a investigarlo. Esta mañana les estuve preguntando a algunos de sus vecinos pero ninguno de ellos poseía información trascendental, aunque todos coincidían en que no se os veía mucho por la calle.- Suspiré. Me molestó que mi castillo no fuera lo suficientemente bueno para sus robos, pero bueno, él no sabía las cuan importantes cosas había en él, y no hacía falta que lo supiera, porque viendo como me había puesto antes con unos cuadros, de imaginarme un robo en condiciones, sería mi muerte, o la muerte de todo ladrón viviente. Una matanza sin parangón, que, oígame, haría un gran bien al mundo. Aunque para qué engañarnos, nunca diré que yo no haya usurpado nunca nada, porque debo decir que es una sensación muy placentera.

-¡Já! Esos pueblerinos no verían nada aunque lo tuvieran enfrente de sus narices.- seguí riendo, hasta que tuve que llevarme la mano a la boca para apaciguar mi espontaneidad.
Me miré las manos, las heridas ya empezaban a cicatrizar, bien.
– Con que de famoso en Francia, quiera o no, es así, siéntese afortunado. Espero que se labre un nombre en Inglaterra. Y que vuestro nombre llegué a mí.
En un momento me situé a su espalda agarrándole por las caderas. En otra circunstancia no habría hecho eso, pero me salió así, quería ponerle a prueba.
-¿cómo era eso de que podía hacer lo que quisiera con vos? Espero que no se arrepienta de sus palabras.- todo un dandi, olí su perfume, qué varonil, me mordí los labios un instante.
Tras esto me puse delante de él. Sonreí.
- ¿Podría probarme su sombrero? Me resulta curioso, quizá todos vuestros “poderes” se escondan en él. – Se lo cogí grácilmente sin dejarle tiempo para contestar, me lo puse- ¿cómo me queda?- me reí y se lo volví a colocar en la cabeza.- Sin duda os queda mejor a vos.

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default Re: El misterio de Lancaster (Kory)

Mensaje por Arsène Lupin el Sáb Jun 12, 2010 10:27 pm

Con que de famoso en Francia, quiera o no, es así, siéntese afortunado. Espero que se labre un nombre en Inglaterra. Y que vuestro nombre llegué a mí— dijo ella.

El ladrón sonrió con malicia regodeándose de aquella picardía latente, tenía realmente mucha suerte en su trabajo, a pesar de toda su colección de desventuras amorosas.

No lo dude, madame, esparciré semillas por el país para luego recoger los frutos que sin duda me darán. Haré que mi nombre resuene en la conciencia de las autoridades hasta que sueñen conmigo y mis hazañas se publicarán en todos los diarios una y otra vez. Y cuando eso suceda, madame, y sólo entonces, volveré, y vos recordaréis este día como el mejor de su vida —recitó Lupin como si de un poema se tratara. Aquella alegría juvenil y esos planes de futuro tan idealizados eran uno de los atractivos del ladrón que frecuentemente gozaba. Aun así, hablaba demasiado y pecaba con frecuencia de exceso de confianza y ligereza.

Había acabado de hablar cuando la señora se situó detrás de él y le cogió por las caderas. El joven estaba que se salía de su ser y el corazón le bombeaba como una máquina a punto de explotar. Notó enseguida como el calor le subía por el cuerpo con una fuerza que no conocía y de pronto se sintió lejos de Inglaterra, de Lancaster, de todo. El mundo era la mujer que tenía detrás.

¿cómo era eso de que podía hacer lo que quisiera con vos? Espero que no se arrepienta de sus palabras—le susurró al oído con una voz suave y sugerente. De nuevo le había arrancado su capacidad de hablar y no pudo más que pronunciar algunos ruidos sin sentido.

Madame… —musitó otra vez con un bisbiseo mientras giraba la cabeza hacia atrás. Desde esa posición podía ver claramente sus labios gruesos pintados de rojo, jugosos y atrayentes. Deseó acercarse más a ella, girarse y arrinconarla sobre la cama, besarla, acariciarla, hacerla suya.

Ya se estaba aproximando hacia ella cuando volvió a moverse y se colocó delante de él. Con una gracia especial le arrebató el sombrero y se lo puso con cuidado sobre el cabello.

¿cómo me queda?—le preguntó juguetona. Para él poca era la diferencia pues pensaba que estaba hermosa de cualquier manera. Ver su sombrero rozando su cabeza le produzco un placer absurdo y maravilloso.

Estáis preciosa.

Sin duda os queda mejor a vos—le contestó mientras le volvía a colocar el sombrero.

Sus manos estuvieron muy cerca de él al hacerlo y el joven no pudo evitar cogerlas. Agarró ambas con las suyas y estiró de ellas para acercarse a la dama. Con suavidad y cuidado, le acarició el rostro con el dorsal de su mano tan levemente que apenas podía sentirla.

Es vos un deleite de la naturaleza. —dijo simplemente. Y de este modo, inclinó la cabeza para besarla.


PD: ¡PerdonaPerdonaPerdona! Estos días he estado muy ocupada y tampoco me encontraba muy bien. Ahora ya me he recuperado y además he acabado el instituto por lo que podré escribir más ^^ Espero que te guste mi galante ladrón.

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default Re: El misterio de Lancaster (Kory)

Mensaje por Kory Bouguereau el Dom Jun 13, 2010 3:42 pm

Cogió mis manos cuando iba a dejarlas caer, haciéndome sonreír, qué imprudencia cometía el caballero. Nos quedamos muy cerca el uno del otro, haciéndome sonreír más ampliamente. ¿Acaso sabía él lo que estaba a punto de hacer? Con mucha delicadeza me acarició el rostro, bien, debía tomarle en serio, después de todo tenía que hacer bien mi papel.
—Es vos un deleite de la naturaleza. — no me cabía la menor duda. Leí en su mente las intenciones tan lascivas que me procesaba. ¿Me aprovecharía de él, o no? Aunque no solía hacer esas cosas, siempre he sido una mujer muy solitaria, que no se ha molestado en tales cosas.
Su rostro se acercó al mío, justo cuando sus labios estaban a escasísimos centímetros de los míos, mi dedo se posó en su boca deteniendo el acercamiento.


-¿Cómo es eso de robar los besos así por así? ¿Acaso os lo habéis ganado, después de todo lo que habéis formado? - le sonreí con picardía, con los años había conseguido esa capacidad de autocontrol, solía durarme unas pocas horas, pero me eran suficientes para huir.

Me acerqué a su oído con suavidad, susurrando estas palabras – Lo que pronto empieza, pronto acaba – Me aparté de él, y me solté definitivamente de sus manos.
Era obvio que le estaba provocando un estremecimiento inmenso, si seguía así, si seguía conmigo, sería capaz de perder la cordura, y no saber ni su propia identidad. Todo ello se debía solo a mi naturaleza, quién sabe si siendo una mera mortal, pasaría lo mismo, ese tema era uno de los que más me molestaban, porque no sabía si se estaban enamorando de mí, o de mis efectos. Nunca estaba segura.
Fui directa al marco de la puerta, y me apoyé en él, mirando a Lupin, esta habitación era demasiado inquietante, daba a entender cosas, que la mente del mortal jamás entendería, ni imaginaria.


-Venid a mí- dije levantando una mano, para que la tomara. –Vamos a dar un paseo por los jardines, es lo mejor en estas circunstancias.

Caminamos los dos por el pasillo, de la mano. Bajamos las escaleras, llegamos al rellano, y retiré mi mano de la suya. Abrí la puerta de la salida, e hice un gesto para que pasara por delante de mí. Le sonreí con dulzura, estaba a su espalda, pero después me puse a su lado volviéndole a tomar de la mano, no sé por qué lo estaba haciendo, pero qué demonios, ya había empezado.
Pasamos por los árboles frutales, cogí una manzana y la besé, para después ofrecérsela. Como si del pecado se tratase, una locura eso era.


- Quisiera saber más de usted, si no hay ningún problema por ello.- me senté en el césped colocando mis manos en mis muslos y sonriendole.


PD: ¡Nada mujer! No me has hecho esperar tanto como otra gente ¬¬ xD Espero que te halla salido bien lo del instituto, y tal. Yo dentro de poco empiezo mis examenes u_u.
Qué picaro es tu galante ladrón xDD


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default Re: El misterio de Lancaster (Kory)

Mensaje por Arsène Lupin el Dom Jun 13, 2010 8:32 pm

El dedo helado de la dama se posó en sus labios justo cuando iban a rozarse y un escalofrío le recorrió el cuerpo de un extremo a otro en segundos. Aquella imagen divinizada a escasos metros de él le producía una sensación de éxtasis pocas veces alcanzable, sus nervios estaban a flor de piel y habría sido capaz de hacer cualquier disparate ¿Cómo podía aquella mujer confundirlo de aquella manera? ¿Era acaso una diosa del deseo o un demonio lujurioso?

¿Cómo es eso de robar los besos así por así? ¿Acaso os lo habéis ganado, después de todo lo que habéis formado?— le dijo y luego se le acercó al oído— Lo que pronto empieza, pronto acaba.

Tras estas palabras se separó de él dejándole un extraño vacío. La boca se le había quedado seca y era incapaz de pronunciar dos palabras seguidas con sentido. Le habría gustado decirle que para él ella siempre será eterna, le habría gustado anunciar su repentino amor por todo el castillo, cantar al aire su supuesta alegría, pero simplemente no podía hablar. Su charlatanería se había esfumado dejando solo a un ladrón perdido en las faldas de una mujer, arrebatado de sus poderes por una mirada y rendido ante su contacto. Seguramente, si la mujer le hubiera pedido que se entregara a la policía, él lo hubiera hecho sin pensarlo siquiera, tal era su estado de hipnotización.

Venid a mí— le dijo levantando una mano en el umbral de la puerta—.Vamos a dar un paseo por los jardines, es lo mejor en estas circunstancias.

Él la siguió en silencio y le cogió suavemente la mano como si se tratara de una marioneta. Bajaron hasta abajo sin pronunciar palabra y le guió hasta la puerta de salida, donde le abrió la puerta para que pasara. De nuevo, volvió a sentir la fría mano en la suya y esa sensación le despejó la mente de golpe. Le sonrió con dulzura mientras paseaban bajo los árboles frutales, donde ella cogió una y dejó un beso sobre ella para luego ofrecérsela. Le recordó de repente a la serpiente del paraíso incitándole a pecar, con la diferencia de que Lupin ya era un pecador desde hacía mucho tiempo. Así pues la aceptó y le dio él también un beso antes de pegarle un bocado.

Quisiera saber más de usted, si no hay ningún problema por ello—le pidió ella.

Por supuesto que no, madame, pedirme lo que deseéis —le contestó con una sonrisa—. Mi historia no es demasiado interesante. Nací en Francia, Blois ¿Lo conoce? Es un pueblo muy bonito que está cerca de París… Bien, pues allí me crié con mi madre puesto que mi padre murió cuando yo era un bebé. Éramos muy pobres y por eso empecé a robar de muy joven. Años más tarde me fui especializando más cuando conocí a… —en este punto paró unos segundos y suspiró, recordando a su maestra, que tanto se parecía a la dama que ahora estaba a su lado— bueno, digamos que conocí a alguien que me enseñó el noble arte de robar. Pero hubo un pequeño percance ¿sabéis? Ella cruzó una línea que yo nunca cruzaré: utilizó el asesinato para robar. Creo que eso es algo realmente asqueroso además de cobarde… Odio a los asesinos… Mi buen amigo Ganimard, el célebre policía que ha jurado detenerme, sabe muy bien que yo nunca mataré a nadie… Y creo que se aprovecha de ello ¡Ja, ja, ja! —se rió Lupin.

Tras un breve silencio continuó:

Pero dejemos de hablar de mí… ¿Qué es de vos? Ni siquiera conozco vuestro nombre…

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default Re: El misterio de Lancaster (Kory)

Mensaje por Kory Bouguereau el Lun Jun 14, 2010 10:56 am

Mi historia no es demasiado interesante. Nací en Francia, Blois ¿Lo conoce?-asentí con la cabeza.- Es un pueblo muy bonito que está cerca de París… Bien, pues allí me crié con mi madre puesto que mi padre murió cuando yo era un bebé. Éramos muy pobres y por eso empecé a robar de muy joven.-sí, su mente se abría a mí, podía verlo todo. Su imagen de niño correteando entre la gente, una dulzura.- Años más tarde me fui especializando más cuando conocí a… -la vi claramente, una belleza de mujer.- bueno, digamos que conocí a alguien que me enseñó el noble arte de robar. Pero hubo un pequeño percance ¿sabéis?-“Todo lo bueno acaba” pensé mirando el césped.- Ella cruzó una línea que yo nunca cruzaré: utilizó el asesinato para robar.- vaya, vaya - Creo que eso es algo realmente asqueroso además de cobarde… Odio a los asesinos… - en mi rostro apareció una sonrisa, yo no era una asesina ¿no?, simplemente tenía que alimentarme si quería sobrevivir en este mundo- Mi buen amigo Ganimard, el célebre policía que ha jurado detenerme, sabe muy bien que yo nunca mataré a nadie…- él estaba muy seguro de sus palabras, pero quién sabe. “Ganimard, algún día podría visitarle”, pensé mientras con un dedo daba vueltas a un cabello que se me había soltado del tocado.- Y creo que se aprovecha de ello ¡Ja, ja, ja! –Lupin empezó a reírse provocando que yo me riera con él.

Se detuvo unos momentos hasta que…- Pero dejemos de hablar de mí… ¿Qué es de vos? Ni siquiera conozco vuestro nombre…- con lo que me gusta a mí saber de lo demás, ahora me tocaría mí, aunque claro siempre podría llevar la conversación por otros derroteros para escabullirme.

Le miré seria, pero de pronto mi gesto cambio volviéndose irónico- Sois muy observador señor Lupin, como habéis dicho no dije mi nombre, podría decíroslo o no, pero aún así no perdería nada si os lo dijese.- levanté mi mano hasta llevarla a mis labios, le sonreí, y lentamente bajé la mano – Mi nombre es Kory Bouguereau, pero podéis llamarme Kory, aunque si lo deseáis podéis nombrarme con lo que gustéis. - dije mientras me reía.

-¿Queréis saber sobre mi?...En responder a esa pregunta tardaría años, pero voy a resumíroslo, reservándome lo que me convenga.- obviamente.

- Provengo de La Rochelle, en Francia al igual que usted. No he tenido que robar para tener lo que os rodea. Mi vida ha sido muy acomodada, y creo que nada podrá arrebatármelo.- levanté una ceja, era una indirecta, pero seguí sonriendo- No sé si lo sabréis, pero soy la única descendiente de la artística familia Bouguereau, y me siento muy orgullosa de ello. Y cambiando de tema este castillo es lo único que me ata a estas tierras, pero no me importa. Aquí podréis encontrarme sino os pasa nada.
Me levanté del césped para acercarme a él
- Mmmh podría decirme qué pasó con la “maestra de vuestro arte”, ¿sigue viva?- podría colarme en su cabeza para sacarlo, pero preferí que saliera de sus propios labios, y ya sabría discernir si me mentía o no.

Cuando ya estaba cerca suyo me coloqué a su lado tomándole del brazo ascendí hasta llegar a su cuello, el cual estaba cubierto, dejé mi mano ahí, noté sus latidos que resonaron en mis oídos intensamente, cerré mis ojos para imaginarme la circulación de su sangre. – Magnifico.- susurré.
Aparté mi mano, no quería que olvidara la pregunta que le había formulado, yo no entendía porqué una y otra vez le provocaba aquello, ¿no me podría estar quieta? Di unos pasos hacia atrás, y terminé apoyándome en el manzano.

Off: Tengo fiebre por lo que si desvario en los proximos post es por eso xD

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Mensaje por Arsène Lupin el Mar Jun 15, 2010 4:45 pm

Mi nombre es Kory Bouguereau, pero podéis llamarme Kory, aunque si lo deseáis podéis nombrarme con lo que gustéis— dijo ella. El ladrón sonrió abiertamente, que le dejara llamarla por su nombre significaba que estaba más cerca de ella.
¿Queréis saber sobre mi?...En responder a esa pregunta tardaría años, pero voy a resumíroslo, reservándome lo que me convenga— Lupin alzó una ceja escéptica sin dejar de sonreír, veamos, era preciso resignarse a preguntar.
Provengo de La Rochelle, en Francia al igual que usted. No he tenido que robar para tener lo que os rodea. Mi vida ha sido muy acomodada, y creo que nada podrá arrebatármelo —Entrecerró los ojos conmovido, ¡con qué seguridad lo decía! ¡Qué delicia! Una criatura fascinante, sin duda, y tan confiada como él mismo— No sé si lo sabréis, pero soy la única descendiente de la artística familia Bouguereau, —Así que de la familia Bouguereau, eso explicaba porqué tenía tantos cuadros del artista— y me siento muy orgullosa de ello. Y cambiando de tema este castillo es lo único que me ata a estas tierras, pero no me importa. Aquí podréis encontrarme sino os pasa nada.

Es bueno saber que habrá alguien esperándome en Londres, por si alguna vez necesito volver. Y no dude, madame, que la próxima vez lo haré sólo para veros —contestó Lupin con los ojos brillantes. Había sido un necio al no darle importancia a aquel castillo que le estaba abriendo tantas puertas, y no sólo profesionalmente.

La luna en el cielo brilló después de salir de detrás una nube e iluminó el bello rostro de la dama, haciendo que el corazón de Lupin diera un vuelco y le inundara una extraña sensación peligro. Fue apenas un segundo y no quiso darle importancia, al fin y al cabo, nada malo podía pasarle ya. Ella se acercó a él sentada en el césped y el ladrón pudo observarla mejor, mirándola fijamente a esos ojos profundos mientras la escuchaba.

Mmmh podría decirme qué pasó con la “maestra de vuestro arte”, ¿sigue viva?—le preguntó. De inmediato, la sonrisa del caballero se borró y desvió la mirada para fijarla en la hierba. Había tocado un tema delicado pero, aunque no se sentía con fuerzas de hablar de ella, no podía negarle nada a aquella delicia de la noche. Si ahora le iba con evasivas podría enfadarse y echarle en cara sus palabras de sumisión.

Ella… —empezó a decir. Le vino entonces a la mente su rostro, tan perfecto, con una piel tan lisa y esos ojos dorados que iban a juego con su cabello caoba. Pero por otro lado, también recordó su imagen, corriendo como una sombra por las calles de París mientras en los brazos de Lupin descansaba su mujer, inerte y fría, teñida de rojo carmesí. Ojalá hubiera dejado que se ahogase cuando tuvo la ocasión. Cerró los ojos para borrar aquella visión—. Sí, seguramente seguirá viva y seguramente con el mismo rosto que hace diez años. Decían que no envejecía, que no comía ni salía de día e incluso algunos exageraban diciendo que se alimentaba de sangre. Yo desde luego nunca la vi bajo el sol ni tampoco comiendo, aunque no me acabo de creer del todo esas historias, supongo que lo haría para mantener el misterio. La condesa de Cagliostro se hacía llamar, o Josephine como yo la llamaba. No la conoceréis ¿verdad? Esa mujer me hizo mucho daño… Fuimos amantes ¿sabéis? Mal hora decidí intimidad con ella…

Suspiró inundado por la melancolía y se quedó en silencio recordando aquellos tiempos. Pero de golpe, volvió a incorporarse y se volvió hacia su acompañante con una sonrisa.

Pero no hablemos de ello, el pasado pasado es —se quitó el sombrero y lo posó sobre la hierba para estirarse girado hacia la señorita Kory, apoyándose sobre su mano izquierda— Ha dicho que este castillo es lo único que os ata a estas tierra pero ¿Por qué vive aquí? Quiero decir, si lo comprasteis vos, ¿no hubiera sido mejor hacerlo en su tierra? ¿o es que es acaso una herencia?


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Mensaje por Kory Bouguereau el Miér Jun 16, 2010 1:22 pm

Como esperaba la pregunta que formulé era bastante personal, pero mi afán por saber, era mucho mayor.- Ella… - Imágenes varias se apoderaron de su mente, haciéndome fijar la visión más en él. Unas imágenes que no entendí, alguien corriendo, una mujer muerta en los brazos de Lupin, interesante era todo aquello.- Sí, seguramente seguirá viva y seguramente con el mismo rostro que hace diez años. Decían que no envejecía, que no comía ni salía de día e incluso algunos exageraban diciendo que se alimentaba de sangre.- ¿Era posible lo que estaba diciendo?- Yo desde luego nunca la vi bajo el sol ni tampoco comiendo, aunque no me acabo de creer del todo esas historias,- historias lo llaman, pero hay más verdad en esas historias que lo que la gente cree.- supongo que lo haría para mantener el misterio. La condesa de Cagliostro se hacía llamar, o Josephine como yo la llamaba. No la conoceréis ¿verdad?- Negué con la cabeza.- Esa mujer me hizo mucho daño… Fuimos amantes ¿sabéis?- no lo dudaba.- Mal hora decidí intimidad con ella…- Me había dado muchos más datos de los que yo quería saber, quizá esa tal Josephine era como yo, o quién sabe, quizá no. Si eres amante de alguien de mi especie, familiar debiera resultarte el estar con sus semejantes, pero de momento no fue así.

Pobre señor Lupin, ciertamente me inspiro ternura. Tanto las historias de inmortales como las de humanos nunca dejaban de sorprenderme, el dolor que compartimos hace que nos parezcamos tanto, pero a la vez tan poco. Simplemente nosotros sentimos esas penas con mucha más intensidad, son cargas tan pesadas que nos pueden acompañar durante años. Se acercó a mí sonriendo, apartando aquellos pensamientos que tanto le afligían, yo decidí dejar el tema.

—Pero no hablemos de ello, el pasado pasado es — Yo asentí sonriendo igualmente, se liberó de su sombrero, y con una pose de cuadro bucólico dijo- Ha dicho que este castillo es lo único que os ata a estas tierra pero ¿Por qué vive aquí? Quiero decir, si lo comprasteis vos, ¿no hubiera sido mejor hacerlo en su tierra? ¿o es que es acaso una herencia?

Sonreí ante las preguntas, qué curioso era el caballero, pero era lo justo responderle. – Cuando era joven, veníamos mi familia y yo de veraneo a este castillo, me trae recuerdos,- intenté no perderme en mi pasado.- por lo que yo no lo compré, pienso que nunca podría venderlo, significa mucho para mí.

Este castillo hace que no me olvide del pasado, de lo que fui, de lo que era. – Miré las manos de Lupin- Ciertamente podría vivir en Francia, sin dudarlo, lo haría, pero mi corazón habita en este castillo. – Levanté la vista para mirarle, sonriendo- Así son las cosas, cada uno tiene sus debilidades.- Una pregunta se elevó- Y decidme, ¿vivís solo o acompañado? Solo por curiosidad.

Me reí mientras colocaba la cabeza en el hombro del caballero. Miré al cielo, la niebla empezaba a huir, yo me encontraba a gusto, tan unida a la tierra, me recordaba esta situación a mis tiempos mozos, sonreí.

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Mensaje por Arsène Lupin el Miér Jun 16, 2010 6:43 pm

El joven ladrón escuchó atentamente la explicación de la dama pero se llevó una pequeña decepción pues la información dada no le había aportado lo que él buscaba. Tenía un presentimiento, llamémosle intuición, de que algo se escondía en aquel castillo o sino sus secuaces nunca le habrían recomendado ir simplemente para los objetos menudos que había encontrado. Porque a pesar de su encaprichamiento, Arsène Lupin no era ni podría ser sino Arsène Lupin, caballero ladrón, y su propensión al robo siempre estaba presente en el fondo de su mente. Seguramente era por eso que en sus bolsillos aun conservaba un collar que había encontrado en el secreter y que no había sido capaz de entregarle a la señorita Kory.

Y decidme, ¿vivís solo o acompañado? Solo por curiosidad.— le dijo entonces sacándole de sus propios pensamientos. A lo que el caballero respondió con una amplia sonrisa.

¿Yo? —se le escapó una risita ahogada—. Yo vivo en todas partes y en ningún lugar, madame. Si veinte veces me vierais, veinte veces sería un ser diferente el que se os ha presentado o, mejor dicho, el mismo ser del cual veinte espejos os hubieran enviado otras tantas imágenes deformadas. En mi vida he sido tanto hijo de familia, como tenor, como corredor de apuestas, como chófer, como adolescente, como anciano, como médico ruso e incluso como torero español. Yo mismo ya no sé bien quién soy. Frente a un espejo ya no me reconozco. Y por supuesto tampoco tengo una residencia fija, voy cambiando constantemente. Aunque sí es verdad que tengo algunos contactos que me ayudan de vez en cuando, que me aconsejan y me buscan refugio si es necesario. Pero incluso ellos cambian, nunca me ayuda la misma persona.

En su tono se podía intuir humor, ciertamente, y paradoja, pero a la vez una verdad con respecto a aquellos que se tropezaban con él y que ignoraban sus recursos infinitos, su paciencia, su arte para maquillarse, su prodigiosa facultad para transformar hasta las proporciones de su rostro y de alterar incluso la relación existente entre sus rasgos ¿Por qué habría de tener una apariencia definida pudiendo evitar ese peligro de una personalidad siempre idéntica? Sus actos, definitivamente, bastaban para identificarle. Tanto mejor si no podían decir jamás con entera certidumbre: «He aquí Arsène Lupin». Lo esencial, pensaba él con un poquito de orgullo, era que dijeran sin temor a equivocarse: «Arsène Lupin ha hecho esto o aquello».

De repente, movió un brazo para colocarse bien y que la señorita estuviera más cómoda en su hombro, cuando se raspó con una rama que había caído del árbol frutal.

¡Au! —se le escapó a él mirándose la herida. Era muy pequeña, la verdad, pero lo suficiente como para que un hilillo de sangre empezara a correr por el brazo. Él intentó detenerlo con la otra mano para no mancharse —. Vaya por Dios, ya es tener mala suerte.

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default Re: El misterio de Lancaster (Kory)

Mensaje por Kory Bouguereau el Jue Jun 17, 2010 12:37 am

La mente de aquel caballero no podía esconderse ante mí, me hacía gracia las cosas que pensaba, intentaba contenerme la risa, que travieso era. Todo el rato pensando en algo que llevarse al bolsillo, lo que escondía el castillo, mmh estaba a punto de averiguarlo.
Sí, llevaba uno de mis collares escondido en su bolsillo, depende de cómo fuera la noche se lo quitaría, o haría como si nada, dejándoselo de recuerdo. Las joyas no me preocupaban.


Respondió de tal manera que me hizo prestarle la mayor de las atenciones puesto que podría confundir a cualquiera, pero no a mí. Si le viera veinte veces dudo mucho que no supiera que es él, el que se esconde detrás de esa paja. Pero me resultó divertido todo su discurso, yo le miraba inocentemente mientras hablaba. Un joven muy emprendedor, había hecho casi de todo, vamos yo también hacia un papel constantemente.

-Yo mismo ya no sé bien quién soy. Frente a un espejo ya no me reconozco.- Me dio tal morbo aquella frase, que no pude separar los ojos de su rostro. Qué hombre más interesante.

Al moverse debió cortarse con una rama porque un olor a sangre fresca me venía a la nariz, provocando que volviera a una posición más natural, le observé con curiosidad.

—¡Au!Arqueé las cejas al ver la herida, no era muy grande, pero suficiente para provocarme una tentación abrasadora. Rápidamente Lupin llevo su otra mano para detener la herida.- Vaya por Dios, ya es tener mala suerte.- sin duda, eso era tener mala suerte, y justo donde se encontraba más todavía, le miré como mira una madre a su hijo cuando este se abre las rodillas después de haberse caído, tan frágil, tan sensible.

-¡Oh! Permitidme, así dudo que la hemorragia cese. – cogí su brazo, pensé lo juro coger un pañuelo y cubrirle la herida, pero no pude evitarlo, solo quería probarlo, ¿qué malo podía pasar? En un movimiento tuve la herida a escasos centímetros de mis labios, abrí lentamente la boca, “¡dios!”, ¿podría ser peligroso aquello?

Solté su brazo, me levanté un poco la falta para dejar al descubierto la falda blanca de algodón que tenía debajo de la tela dorada. Rasgué la tela, y se le rodeé la herida haciéndole un nudo, no muy fuerte para no cortarle la circulación.- Sí, mucho mejor así. Suspiré, haber lamido su herida podría haber sido craso error.- Tenéis que tener más cuidado, no sabía que una rama podría formar todo esto. No querréis desangraros, ¿no?- reí, era improbable que se hubiera desangrado, pero lo que si era probable es que yo le podría haber dejado seco.

- Sois el joven de las mil caras, ¿o algo por el estilo? Me gustaría veros disfrazado de todo lo que habéis contado, tenéis mucho
merito. Sería una pena que una genialidad como la vuestra acabara. Tenéis tanto que dar, o en vuestro caso quitar, y tanto que enseñar.
– Si, cada vez me acercaba más a él, otra vez, peligrosamente. – Pero, quizá seáis de los que no muestran sus trucos.- Con mi mano alcé su mentón para grabar en mi mente cada perfil que él mostraba, suspiré, dejé mi mano caer en la hierba, me puse de rodillas colocando las dos manos por delante de mí. Le sonreí inclinando la cabeza a un lado. No dudaba de que sería un buen vampiro, aunque nos dejara pelados, acumularía un gran tesoro, qué bribón más ambicioso.

¿Se asustaría si le contaba lo que yo era realmente? Eso ya lo iría descubriendo a lo largo de la noche. Podría tirarme encima suya en un segundo, sí podría estar realmente bien, seguí pensando este tipo de cosas mientras le miraba, como una leona mira a un cordero, solo que mi expresión era mucho más sutil, pero mi mente, en absoluto lo era.

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Mensaje por Arsène Lupin el Jue Jun 17, 2010 2:36 pm

¡Oh! Permitidme, así dudo que la hemorragia cese— dijo la señorita Kory mientras se acercaba a la herida. El joven observó con cara de inocente como parecía que iba a lamerla, aunque en el último momento cambió de opinión y se arrancó un trozo de la entretela para pararle el flujo de la sangre. El olor de la dama le embriagó cuando lo hizo y cerró los ojos disfrutando del momento, si bien todos sus instintos se pusieron alerta.

Sí, mucho mejor así—le dijo. Lupin abrió los ojos de nuevo— Tenéis que tener más cuidado, no sabía que una rama podría formar todo esto. No querréis desangraros, ¿no?

Muchas gracias, tendré cuidado la próxima vez —le contestó con una sonrisa pícara. Ella se rió suavemente y su risa le sonó como el canto de ángeles a sus oídos.

Sois el joven de las mil caras, ¿o algo por el estilo?—continuó la dama. A Lupin no dejó de hacerle gracia aquello, no era la primera vez que alguien le llamaba así.— me gustaría veros disfrazado de todo lo que habéis contado, tenéis mucho merito. Sería una pena que una genialidad como la vuestra acabara. Tenéis tanto que dar, o en vuestro caso quitar, y tanto que enseñar —él se rió en voz baja. Era extraño, a la vez que asombroso, que dijera eso justamente ella, cuando le había pillado infraganti robando en su mansión. Notó como sus mejillas se teñían de color al recordarlo. Para ella, en adelante, se hiciera lo que se hiciera de él, sería siempre el ladrón, un hombre que me te las manos en los bolsillos de los demás, el que violenta puertas y se introduce en las casas furtivamente.

Pero, quizá seáis de los que no muestran sus trucos—acabó diciendo mientras le alzaba el mentón con la mano, lo cual le provocó que tuviera, de nuevo, un escalofrío de frío pero placentero.

Tendría que ser alguien muy especial para que yo hiciera eso, tener una relación lo suficiente estrecha con esa persona como para que yo me descubra por completo. Ya sabe, madame, que un mago nunca desvela sus secretos excepto a sus iguales. —contestó él en una voz susurrante y sugerente. Se quedó mirándola unos minutos con los ojos entrecerrados, intentando adivinar lo que pasaría por su mente en aquel momento. Esperó que no pensara en delatarle y se dio cuenta, algo molesto, de que se había abierto totalmente a ella, hablándole de cosas que solamente comentaba con su amigo más cercano. Pero no había podido evitarlo, sabía que las mujeres eran su mayor debilidad puesto que en numerosas ocasiones le habían causado muchos problemas e incluso alguna había ido a la policía a espaldas de él. De hecho, toda su carrera como delincuente giraba en torno a ellas, desviándose de su camino sólo para complacerlas, haciendo cosas que jamás haría sino para una bella dama.

Decidió, entre otras razones para prevenir una posible confesión a las autoridades, dar un paso más en cuanto a la señorita Kory. Acercándose a ella, le pasó un brazo por los hombros y el otro lo alzó al aire como si quisiera atrapar la luna llena.

En la noche de los tiempos en que dominaba la nada, la Luna era la reina y mandaba sobre las cosas. Era la justiciera y era respetada por todos los habitantes. La Luna implantaba su mando. Era seria y casi siempre estaba triste. Había una bruja mala, muy mala, que no respetaba nada, ni tampoco las leyes que había impuesto la Luna. Una vez, la bruja fue por un bosque, cerca de Saja, allá en las altas montañas. La bruja encontró sobre un árbol una pila de madera, y ni corta ni perezosa lo cogió y se lo llevó a la espalda. La Luna le dijo que se portara bien, que lo devolviera, pero la bruja no quiso hacer caso y la Luna suspiró, y suspiro, y fue tanto su suspiro, por la desobediencia que a la bruja se la tragó. Desde ese momento en la Luna se ve como una persona vaga con una pila de madera, y está más triste que nunca. Por eso cuando es Luna Llena sale blanca y con un semblante serio —dijo él con la mirada perdida. Luego se giró hacia ella y quedaron los dos muy cerca del otro.

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default Re: El misterio de Lancaster (Kory)

Mensaje por Kory Bouguereau el Jue Jun 17, 2010 4:14 pm

—Tendría que ser alguien muy especial para que yo hiciera eso, tener una relación lo suficiente estrecha con esa persona como para que yo me descubra por completo. Ya sabe, madame, que un mago nunca desvela sus secretos excepto a sus iguales.- Susurró de una manera muy atrayente, aparté mi rostro sonriente. Él intentaba averiguar qué era lo que pasaría por mi mente, eso carecía de importancia. ¿Delatarle yo? Podría hacer millones de cosas antes de hacer semejante cosa, cosas realmente divertidas.
¿Era posible que yo le hubiese cautivado tanto que todo lo que me decía se debía a este poder que emana de mí inconscientemente? Eso si que no tenía merito.
Con que un trota faldas, un conquistador nato, hombre realmente, no me extrañó, yo me resistía a él, por mi inhumana fuerza de voluntad, quién sabe de lo que sería capaz de hacer en un momento dado ¡nadie lo sabe!


El muy inteligente señor Lupin, pasando su brazo por mis hombros elevo su mano a la luna llena ¿Qué intentaba hacerme? ¿Confundirme con sus cuentos? ¡Ay pecador! Con otra mujer sería posible, pero conmigo…yo que veía sus intenciones a leguas de distancia, pero ¡qué demonios!, quería saber cómo podría terminar todo esto.
Le miré mientras relataba su historia, sobre la luna y una bruja desobediente, me dejó desconcertada, menudos relatos se tenía guardados. ¿Era algún tipo de símil, tenía esa historia algo escondido entre línea y línea? Ni idea.

Se giró para mirarme demasiado cerca de nuevo, no sabía por cuánto tiempo podría resistir estos juegos, tanto los míos como los suyos.
– Selene. - dije con voz queda. –Yo me sé otra historia sobre la luna, una triste historia para mí.- Se la contaría, tenía que alargar el tiempo como fuera, debía hacerlo.- Hay varias versiones sobre este mito, os contaré una de ellas a mi manera. – Sonreí, porque iba a crear mi propia versión.- Endimión, un joven muy bello, solía acostarse en la puerta de una cueva, desnudo, tras un día de largo trabajo. Selene al verle no pudo sino enamorarse de él, así que se tendió a dormir junto a él, esto se repetirá noche tras noche.
Tras esto, ambos se enamoran. Y para que el joven no pudiera envejecer, Selene pide ayuda al dios entre los dioses, Zeus, él decidió que Endimión solo envejecería en los ratos que estuviera despierto, pero cuando él está despierto, su amada no está, así que él volvía a dormirse para encontrarse con ella, y jamás envejecer. – Suspiré- ¿Os dais cuenta de la paradoja?- Romántico sin duda.
Spoiler:
Le sonreí tan solo un instante, estarían juntos, pero sería tan frustrante, pobre Selene. Me encantaban los mitos, me sabía multitud de ellos por mis largas horas de lectura en diversas bibliotecas del mundo, comparando un mito con otro, para fusionarlos a mi manera.


Observé el cuello del caballero, me atraía tanto. Levanté la mano y liberé su cuello dejándolo al descubierto, con la otra mano agarraba su rostro delicadamente, la mano que quedaba libre dibujaba pequeños círculos en su cuello, con mis uñas le provoqué un cosquilleo, “tan humano”acerqué mi boca a su cuello, y sin poder evitarlo saboreé su perfumada piel una y otra vez, levanté mi pierna colocando mi cuerpo encima suyo, sentada en su torso, pero sin ejercer presión, con ambas manos agarré sus brazos por encima de su cabeza para inmovilizarle, sumisión. Seguí besando su cuello, cuando aparté mi rostro conteniéndome.

- Con esto será suficiente, Lupin. – Aún le tenía inmovilizado en él suelo, le miré sonriente. Bueno, no se me había ido de las manos, lo tenía bajo control, estaba convencida.

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Mensaje por Arsène Lupin el Sáb Jun 19, 2010 10:26 pm

El joven miraba profundamente a la dama mientras ésta explicaba el mito de Endimión y Selene, el cual no había oído antes. Era realmente bastante más romántico que el que él había contado y se sintió por un momento un poco ordinario, aunque lo de explicar historias nunca se le había dado demasiado bien. Pensó que si él hubiese sido Endimión, por las noches fingiría dormir para así disfrutar más de su amada. Bien que, de este modo, envejecería ya que estaría despierto y ella se daría cuenta de su engaño por las arrugas y el cabello cano. Odiaba el paso del tiempo, si por él fuera seguiría siendo joven hasta que muriese.

De repente, notó como la señorita le liberaba el cuello de la camisa y giró la cabeza hacia ella movido por la excitación. Su mano se deslizaba por la nuca mientras le hacía un pequeño cosquilleo que le estimuló por completo. Notaba como bombeaba con fuerza su corazón en el pecho y como le subía la temperatura corporal hasta llegar a sonrojarse. Tenía un nudo en el estómago por la emoción y le costaba respirar con normalidad ¿Cómo diablos podía causarle todo eso el simple contacto con ella? ¿Era acaso algún ser divino de otra dimensión? ¿Una diosa del Olimpo? Definitivamente para él lo parecía.

Entonces, ella se puso encima de él, colocando su pierna entre las del joven pero sin hacer presión mientras, cogiéndole el rostro con las manos, le besaba suavemente en el cuello. Sus sentidos parecían fuera de control y un sin fin de emociones le cruzaban por su cuerpo. Primero sintió frío pues la señorita estaba helada; luego calor, mucho calor; después se mareó por unos segundos sin saber muy bien lo que estaba pasando y finalmente se echó a temblar casi inapreciablemente, no supo muy bien si de miedo o de nervios.

Con esto será suficiente, Lupin —dijo separándose de él de golpe, aún en el suelo.

No pensareis en dejarme a medias —contestó él entre jadeos.

Entonces, súbitamente, atrajo su rostro al de él y le estampó un beso en toda la boca sin ningún pudor, impulsado por una necesidad desesperante. Cerró los ojos para disfrutar de aquel momento único.


fdr: disculpa por el caca-post

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default Re: El misterio de Lancaster (Kory)

Mensaje por Kory Bouguereau el Dom Jun 20, 2010 11:34 am

—No pensareis en dejarme a medias. – Dijo, dejándome sorprendida por aquella reacción suya. Libero uno de sus brazos de mis manos, para atraer mi rostro al suyo, podría habérmelo esperado, pero últimamente confiaba irracionalmente en los humanos, pensando que nada podrían hacerme. Yo me quedé con los ojos abiertos mientras me besaba, un beso con fuerza a pesar de todo.

Todo esto me lo había buscado yo, tentándolo, provocándole. Con una de mis manos ejercí presión en su torso para tumbarle nuevamente, no me costó demasiado. Le miré desde el cuello de su camisa hasta llegar a sus ojos, deteniéndome en ellos, él no tenía la culpa de hacer lo que hizo.

-Quizá no le gustaría saber cómo puede terminar esto. – dije sonriéndole. Él no podría imaginárselo.
Nuevamente volví a su cuello para hablarle-
Ver envejecer a tu amado, mientras tu sigues tan jovial como siempre ¿Qué mayor mal puede haber?- De un movimiento aparté la pierna que le retenía y me tumbé a su lado en la hierba. Giré mi rostro para verle, mientras mi mano agarraba la suya, como jugando con ella.
– Yo os diré algo si os atemoriza el paso de los años, bien podéis disfrutarlos, vivir cada día, como lo estáis haciendo, sintiendo el paso de tiempo, como solo vosotros podéis. O bien morir para este mundo y ser eternamente joven.- Acaricié su rostro, como si de un niño se tratase, sonreí.- No tenéis por qué responderme ahora, ni mañana, ni dentro de un mes, es una respuesta importante, simplemente por mi insatisfecha curiosidad. – reí abiertamente un momento.
Apoyé mi mano en mi mentón, colocando el codo en la hierba, así podía verle desde arriba, me gustaba esa vista. Pasé mi mano entre sus cabellos, en un intento de peinarlos hacia atrás, tenía distintos matices su color de pelo, me distraje distinguiéndolos.
Si había una próxima vez debía ponerme unos guantes, no me gustaba provocar esos escalofríos, no son benignos, pero quién sabe si en un momento dado…
Agache mi cabeza para darle un beso en la mejilla, su calida piel, era un manjar para mis sentidos. Aparté mi rostro, y con una mano limpié mi beso de su tez, no sé por qué lo hice.
Esta vez coloqué mi cabeza en su pecho, cerca de su corazón, latía con tanta fuerza, que parecía que le iba a explotar del pecho, debía calmarse, así no podría disfrutar de él.


Miré a un punto indefinido del inmenso jardín, solo sentía los latidos, se volvieron parte de mí, como si fueran los míos propios. Fue bonito imaginárselo. Latiente aunque fuera solo un día.
– Lupin, a parte de robar, y vuestras debilidades obvias, ¿qué os gustaría hacer? ¿Cuál es vuestro fin en esta vida?
- mis ojos continuaban deambulando entre árbol y árbol.

Off: Que ibas a hacer, si te tenia acorralada xD

Kory Bouguereau
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